El futuro del republicanismo en España. Daniel Bernabé

18/04/2018

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Creo que corre la última parte del año 2001, ese inicio de siglo que apenas unos meses atrás se ha visto sacudido no por el terrorismo a secas, sino por la vuelta del integrismo religioso en los tiempos del integrismo neoliberal. Una manifestación de estudiantes recorre la calle Princesa en Madrid contra la enésima ley de enseñanza a cargo del primer gobierno del PP con mayoría absoluta, aznarato sin paliativos. Yo, como estudiante, participo en la marcha, llevo una bandera tricolor española, la única presente entre miles de jóvenes. Algunos chicos, quizá de instituto, quizá universitarios, se me acercan. Y en una parada, entre cántico y consigna, me preguntan a qué país pertenece, pero sobre todo por qué la ondeo, qué significa. Trece años después Juan Carlos de Borbón abdica, de mal grado, obligado por una repentina ola de noticias en torno a su persona, durante décadas intocable, y las ciudades de todo el país llenan sus plazas con esa misma bandera. Sin embargo, la pregunta de los estudiantes aún sigue presente y posiblemente irresuelta.

Que el republicanismo en nuestro país haya salido de su acotación histórica tiene que ver, paradójicamente, con el concepto de memoria histórica. La recuperación del justo recuerdo de los represaliados por el franquismo, la idea de restituir su dignidad, fue un intento de enfrentar un pasado que primero fue vilipendiado por el régimen fascista y luego sepultado por el consenso oficial del 78. La idea no era recuperar a los republicanos de los años treinta para la parte de la sociedad española que se siente afín a ellos, sino recuperarla para toda la sociedad: si el homenaje era conjunto, si la reivindicación era compartida, entonces la herida podría cerrarse.

Si bien la derecha, a mediados de los noventa autodenominada centro reformista, llegó al poder presentando los diarios de Manuel Azaña, uno de los presidentes de la Segunda República, pronto dejó a un lado las caretas y se decidió a combatir esa memoria histórica tirando del revisionismo más burdo y esperable: la guerra y el franquismo no fueron la reacción contra el aumento del poder de la clase trabajadora, sino una consecuencia inevitable del desorden de esa república, un caos, del que, por cierto, fueron los máximos instigadores. La batalla no era tan solo histórica, sino el inicio de un camino para que las raíces franquistas de nuestros conservadores dejaran de ser una mancha y, más allá, traer los valores del nacionalcatolicismo a nuestro presente.

Este revisionismo ha quedado, por desgracia, impreso en una parte sustancial de la ciudadanía, no en vano años de tertulias televisivas, ensayos pseudo-históricos y homilías salvajes de los radio-predicadores han dado sus frutos. Lo peor es que el republicanismo ha quedado anclado, por esta trampa que ha obligado a la izquierda al movimiento defensista, al periodo de los años treinta. Hablar de esta idea parece que nos conduce inexorablemente hacia 1936 y eso, obviamente, no es una buena carta de presentación para el futuro. Por otro lado los límites del debate, convertido en batalla, se estrechan, y no hay ni siquiera espacio para hacer una crítica desde la izquierda a los periodos más oscuros de una república que se pretendió defensora de la Edad de Plata de nuestra cultura pero que también fue Casas Viejas y Asturias ensangrentada.

De 1873 apenas nos queda memoria, pero también hubo una Primera República tras aquel peculiar, y profesional, rey italiano. El republicanismo del siglo XIX no es una anécdota de apenas un año de duración, sino toda una experiencia política de la que aún hoy se pueden extraer conclusiones. Por la presión popular que la hizo posible tras La noche del matadero, por el concepto moderno de ordenación de un país anclado aún en la servidumbre medieval, por los límites de la política ilustrada sin contar con la gente a la que se decía representar, incluso por el glorioso periodismo posible con las mordazas algo más flojas. Y por el tema que le dio cuerpo pero que a su vez la condenó al fracaso: el federalismo, el cantonalismo, el independentismo, es decir, la forma política geográfica del Estado y su relación con las nacionalidades ibéricas.

De algo nos suena, ¿verdad? El intento independentista catalán del otoño de 2017 ha vuelto a traer el republicanismo a primer plano de nuestra realidad política. La forma en que la secesión tendría lugar, y que de hecho la tuvo aunque solo lo fuera de manera simbólica, fue la proclamación de la República catalana. Y aquí podemos extraer una de las primeras conclusiones para lo que vendrá: la república no es tan solo una forma de jefatura del Estado contrapuesta a la monarquía, sino la vehiculación política que en España toman los cambios de gran calado. Sin embargo, estos cambios, si no van acompañados de un proyecto de envergadura social, acaban siendo un recambio de élites, una coronación de monarquías sin apellido nobiliario pero con aspiraciones parecidas.

No hay mayor error para el republicanismo que subestimar la figura del rey e incluso a su casa. Los Borbones no han acabado ninguno de sus reinados de forma tranquila, saben que su destino como estirpe está unido a las necesidades de la burguesía española, a los grandes poderes empresariales y financieros. La monarquía del 78 es el parapeto para que la jefatura del Estado finja ecuanimidad cuando no es más que una maquinaria de clase para mantener el orden social capitalista y, más específicamente, la forma del capitalismo español: especulación y sobreexplotación de la fuerza de trabajo como motores económicos, corrupción como manera de relación entre el poder político y empresarial y herencia de mando entre unas pocas familias patricias. Los Borbones saben que el cuestionamiento de este orden es también interrogación hacia su reinado, por eso contemplan con tanta inquietud cualquier reivindicación social, por eso su trono es representación de poder pero a la vez mascarada del mismo. Por eso históricamente suelen morir matando.

Cataluña y su independentismo han dado pie al otoño rojigualdo, pero no lo han creado. El plan viene de mucho antes, de Aznar y su patriotismo constitucional. El españolismo, que no es aprecio hacia el país sino imposición de su forma más reaccionaria, es la herramienta utilizada esta vez para cortar definitivamente las ansias de cambio del periodo 2011-2015 y de paso instaurar un sistema con apariencia democrática pero con formas autoritarias. Felipe VI no será el juancarlismo campechano que hizo amable desde el pelotazo del PSOE en los ochenta hasta el ladrillazo pepero de los dos mil, sino el rey que conducirá a España en el contexto internacional actual, uno en el que se mezclan la senilidad absurda del tardocapitalismo con el deslizamiento ultraderechista en gran parte del mundo occidental. Estamos más cerca de Turquía que de los Balcanes, no nos cansaremos de repetirlo.

Por eso el republicanismo es hoy mucho más que un debate en torno a la forma de la jefatura del Estado, mucho más que la justa reivindicación de la memoria histórica. El republicanismo, hoy y aquí, es la condición necesaria para el cambio, un excelente vehículo para unir todos los problemas, luchas y aspiraciones de cualquier ciudadano que crea que el nivel de encanallamiento de la política y la economía deben tener una respuesta. El periodo anterior de movilizaciones pudo parecer cerrado, más tras las banderas en los balcones como narración ultra de un pueblo que se situó tras su rey para frenar a los independentistas. Pero manifestaciones como las del pasado 8 de marzo demuestran que, respetando la autonomía del movimiento feminista, la salida a la crisis ha sido en falso, cargando sobre las espaldas de los que menos tienen el peso de la recuperación. La derecha como identidad política, bien azul bien naranja, su sistema económico y su monarquía tienen poco que ofrecer, más allá de insistir en España no como oportunidad y sí como cárcel.

El republicanismo puede, debe ser la respuesta que dé cobijo al modelo de construcción territorial, que dé forma de una vez por todas a un nuevo pacto entre las nacionalidades ibéricas e insulares. Debe ser una nueva forma de Estado que se blinde contra la corrupción no solo desde la deseable ética, sino desarrollando una economía que no se base en la extracción de capital público para enriquecer la promoción privada con sobrecostes.

La radicalidad republicana debe ser quien dé respuesta a la lucha constante de identidades que la trampa de la diversidad ha extendido contra la acción colectiva. Debemos ser ciudadanos en cuanto a nuestro deber de participar en política, no respecto a quiénes somos en relación con lo que podemos pagar o creemos poder aspirar. En tiempos de conflictos intergrupales, religiosos, étnicos, de género, el republicanismo debe ser lo que marque nuestra relación con las leyes civiles, nuestro pacto de convivencia basada en la igualdad, principalmente la social, aquella que dirime el conflicto capital-trabajo.

En el año 2008 la orquesta de Praga interpretó el himno de Riego en el Bicentenario del Sitio de Zaragoza. Los arreglos a la composición, elegantes, concisos, claros, otorgaron una nueva dignidad a la pieza, un aire de nueva Ilustración, de racionalidad, de modernidad sin imposiciones. Tres minutos que permiten imaginar un nuevo futuro en el que este país se decante, por fin, por esa senda alejada de la losa que Fernando VII nos dejó incrustada en nuestra tierra. Orden y progreso, libertad, igualdad y fraternidad, una tradición, también española, que espera a ser recuperada.

https://www.lamarea.com/2018/04/14/el-futuro-del-republicanismo-en-espana/

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MANIFIESTO UNITARIO LEÍDO AL FINALIZAR LA MANIFESTACIÓN DEL 14 DE ABRIL.

16/04/2018

FOTOPLAZAMAYOR

MANIFIESTO

De las organizaciones: PCE (m-l), Federación Republicanos, Colectivo

Republicano “Antonio Machado”, IU, PCE, UJCE, Segoentiende, Foro por

la Memoria y Equo

 

Segovia, a 14 de abril de 2018

 

Hace 87 años, un esperanzador 14 de abril de 1931 cerraba largos años

de opresión, abusos y oscurantismo, protagonizados por los Borbones y

su séquito de oligarcas, corruptos y espadones. Aquel día, se abrió un

período de avances democráticos, sociales y culturales.

La actual situación política muestra, una vez más, tanto la incapacidad

del régimen del 78 para resolver los problemas de nuestro país, como

sus vínculos con el fascismo del cual es directo heredero, a través de la

monarquía impuesta por el dictador Franco. Un régimen, por tanto,

doblemente falto de legitimidad democrática. Nuestros pueblos jamás

pudieron expresar su voluntad sobre la forma de Estado, Monarquía o

República.

 

El Estado monárquico, verdadera dictadura coronada al servicio del

capital (“los mercados”), muestra hoy su verdadera cara en medio de una

larga agonía de años. La abdicación exprés de Juan Carlos I, lejos de

resolver sus problemas como se pretendía, ha venido a demostrar que la

Corona es parte del problema. Así se puso de manifiesto en particular el

pasado 1 de octubre, cuando Felipe VI se alineó abiertamente, como era

de esperar, con la reacción, respaldando la violencia del Estado en

Cataluña contra un ejercicio de democracia que atacaba directamente a

las bases de su trono y del sistema oligárquico al que representa.

 

Pero el 1 de octubre fue tan solo un hito en el ya largo recorrido del

Estado (donde la ausencia de división de poderes es flagrante) por la

senda del autoritarismo y la fascistización: la implantación de las leyes

mordaza y su cada vez más asfixiante aplicación, en contra de artistas y

militantes de la izquierda, así como el papel cada vez más abiertamente

represivo de los tribunales –especialmente agresivos contra los derechos

de las mujeres trabajadoras-, junto a una creciente permisividad hacia las

bandas fascistas, muestran a las claras que el régimen monárquico es

irreformable y que la podredumbre afecta ya a todas sus instituciones. El

reciente acuerdo de los partidos del Régimen para hacer caso omiso de

la sentencia del Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo sobre la

libertad de expresión es todo un símbolo de esta realidad y delimita los

campos entre demócratas y reaccionarios.

 

Esta deriva autoritaria no se explica solo por el origen franquista del

régimen del 78, sino también porque responde a los intereses de la capa

de oligarcas que han venido utilizando al Estado para proteger sus

intereses y descargar el peso de la crisis económica sobre la población

trabajadora. A su dominio se deben la penuria de las pensiones, la

aplicación de las sucesivas reformas laborales, el desmantelamiento de

los servicios públicos como la sanidad y la educación, los salarios cada

vez más míseros, los desahucios de familias trabajadoras, un modelo

productivo basado en la especulación y el beneficio a corto plazo, la

emigración de centenares de miles de nuestros jóvenes, el

mantenimiento de un enorme fraude fiscal, etc. Mientras tanto, sí parece

haber dinero suficiente para rescatar bancos y autopistas, mantener

curas –pedófilos incluidos-, comprar armamento y enviar tropas a

colaborar en el asesinato de poblaciones inocentes. Una situación tan

terrible que solo pueden mantener incrementando la represión contra

cualquier voz disidente: huelguistas, tuiteros, cantantes o barrios enteros.

 

El régimen monárquico del 78 no tiene nada que ofrecer a los millones de

trabajadores y trabajadoras que padecemos su opresión económica,

política, de género, cultural o de cualquier otro tipo.

 

Sin embargo, todos sabemos que nadie nos va a regalar nada, que el

bloque de poder que sostiene al régimen no va a dejar paso

voluntariamente a un orden de cosas más democrático e igualitario. Es

necesario salir a la calle y plantarle cara en todos los ámbitos de la

sociedad y la política: en el barrio, en la fábrica, en las aulas, en los

ayuntamientos, en el ocio y en la cultura, en los polígonos, debemos

alzar la voz y organizarnos en torno al programa de 9 puntos:

 

  1. Plan de choque contra la crisis.
  2. Restablecimiento de la soberanía popular.
  3. Derecho de autodeterminación de los pueblos.
  4. Independencia Nacional.
  5. Apertura de un proceso constituyente.
  6. Recuperación de la memoria histórica.
  7. Rechazo a la UE de los mercados.
  8. Por la República una República de mujeres y hombres libres e iguales

en derechos, de ciudadanos y pueblos soberanos, que favorezca la

extensión de la cultura y haga retroceder el oscurantismo religioso. Una

República que dé respuestas efectivas a los graves problemas que están

atravesando millones de familias trabajadoras.

  1. Defensa de la lucha de liberación de la mujer, que hacemos nuestra.

 

Es necesario romper con este régimen podrido para construir esa

República sobre nuevas bases. Y un primer paso para ello, y para

desarrollar la organización y la lucha de las clases trabajadoras, puede

ser movilizarse en torno a una demanda básica: dar voz al sentir de

nuestros pueblos en contra de lo existente, organizar una consulta

popular sobre la opción entre monarquía o República.

Llamamos a todas las gentes que viven de su trabajo, mujeres y

hombres, jóvenes y mayores, obreros y estudiantes, a movilizarse para

poder darles voz en una consulta popular y a organizarse para seguir

peleando por construir un nuevo país, para hacer realidad la Tercera

República.

 

¡Viva la República!


TEXTO LEÍDO POR EL COLECTIVO REPUBLICANO ANTONIO MACHADO EN LA PLACA DE LOS REPRESALIADOS POR EL FASCISMO

16/04/2018

FOTO BIBLIOTECA

Un año más nos encontramos ante este monumento para honrar a los verdaderos demócratas, aquellos que dieron su vida por un país y una sociedad más justa. También un año más exigimos un verdadero reconocimiento para  ellos y sus familias por parte del Estado. Pero quizá esto es una quimera, porque qué se puede esperar de un Estado monárquico y reaccionario. ¿Qué se puede esperar de un Estado que tiene como Jefe del mismo a un linaje impuesto por un dictador y genocida? ¿Qué se puede esperar de un Estado que encarcela a tuiteros, músicos, sindicalistas…? Y en cambio mantiene con fondos públicos arrebatados al pueblo trabajador a una fundación que ensalza la figura del genocida Franco. Qué mantiene mediante suculentas aportaciones a la Iglesia que bendijo y glorificó la “cruzada” y a fecha de hoy sigue manteniendo enseñas y placas en sus templos las cuales enaltecen a los golpistas y asesinos.

Poca justicia podemos esperar de los que dicen representarnos empezando por el propio Presidente del Gobierno que se vanagloria de seguir llamando a una calle por el nombre de un golpista. Cuando las más altas instancias amparan y  protegen a “demócratas” como Martín Villa o Billy el Niño.

Por todo ello exigimos:

-Recuperación de una  Memoria Histórica que sitúe a cada cual en el lugar que le corresponda.

-Derogación de la Ley de Amnistía que pone en plano de igualdad a verdugos y víctimas.

-Reconocimiento por parte de todas las Administraciones Públicas de la memoria de los antifacistas que sufrieron cualquier tipo de represión.

¡¡¡Viva la lucha antifascista!!!

¡¡¡Viva la lucha popular!!!

¡¡¡Viva la República!!!


ASI FUÉ EL 14 DE ABRIL REPUBLICANO EN TODO EL ESTADO [FOTOS]

15/04/2018

Resumen fotográfico de las movilizaciones por la III República y contra la monarquía en todo el estado.

Madrid

 

Móstoles

Segovia

Elche

Torrevieja

Valencia

Jerez de la Frontera

La Línea

Murcia

Puerto Real

Pamplona

Madrid (Moratalaz)

Madrid (Cementerio del Este)

Eibar

Cartagena

Canarias

Algeciras

 

FEDERACIÓN REPUBLICANOS.


MANIFESTACIÓN 14 DE ABRIL EN SEGOVIA

15/04/2018

Después de unos días de lluvia la tarde del 14 de abril apareció radiante para celebrar la manifestación a favor de la república bajo el lema: “Lo llaman monarquía y no lo es: Hacia una  consulta Monarquía o República”. La misma se desarrollo desde la Plaza del Azoguejo a la Plaza Mayor con paradas en lugares emblemáticos para el movimiento republicano, como son la antigua Biblioteca Pública, cárcel durante el franquismo, la estatua del folklorista y fundador de las milicias antifascistas Agapito Marazuela y ante la estatua del poeta Antonio Machado. La misma transcurrió en un ambiente festivo, aunque también reivindicativo, para conmemorar el 87 aniversario de la proclamación de la Segunda República para reclamar un nuevo modelo de estado y la abolición de la monarquía.

Con la misma se pretende la reivindicación de la memoria histórica de la experiencia republicana truncada por el golpe fascista del general Franco. Pero también reivindicación de un nuevo modelo de estado como vía para solucionar los problemas estructurales que afectan a la sociedad. Los cuales tienen difícil solución en un régimen que ampara y protege a corruptos y vividores, bajo el amparo de la institución monárquica.

Se ha notado un  aumento de personas que han acudido a la manifestación del 14 de abril  que viene acompañada por un palpable descrédito y desencanto de la población con la institución monárquica. Un descrédito que la Casa Real viene arrastrando desde hace años, cuando los escándalos familiares y del anterior jefe de estado Juan Carlos I no ayudaron a mantener una buena imagen de la misma percibida como uno de los factores de la crisis política e institucional que atravesaba el país.

Con la coronación de Felipe VI en sustitución de su padre, la monarquía aspiraba a renovar su imagen y adquirir de nuevo popularidad entre la población. Sin embargo, las posiciones demostradas por el nuevo jefe de estado, su abierto posicionamiento en cuestiones políticas como en el caso de Cataluña o su imagen de nexo con regímenes autoritarios como la monarquía saudí han acrecentado el desencanto entre la población hacia un modelo de estado que se percibe de forma creciente como caduco y un lastre para solventar los problemas estructurales del país.

A las fuerzas políticas y sociales tradicionalmente vinculadas a la defensa de un modelo de estado republicano se comienzan a sumar espacios y sectores sociales que observan que bajo este sistema es imposible dar cauce y salida a los acuciantes problemas que padece la sociedad español. Es de destacar un gran número de jóvenes en la misma, que con su entusiasmo y alegría contagiaron al resto de los asistentes.


X JORNADAS REPUBLICANAS DE SEGOVIA. MANIFESTACIÓN 14 DE ABRIL.

13/04/2018

Este sábado 14 de abril queremos animar a toda la ciudadanía de Segovia a participar en la manifestación que saldrá a las 19:30 horas de la Plaza del Azoguejo hasta la Plaza Mayor. La misma tendrá el siguiente lema: “LO LLAMAN DEMOCRACIA Y NO LO ES: HACIA UNA CONSULTA, ¿MONARQUÍA O REPÚBLICA?

ENEKO

¡¡¡VIVA LA REPÚBLICA!!!


CRONICA Y VIDEO DE LA CONFERENCIA CELEBRADA EN SEGOVIA EL PASADO 7 DE ABRIL EN SEGOVIA POR MANUEL DELGADO.

12/04/2018

DELGADO1No conocía Manuel Delgado Segovia, y desde que bajó del AVE en Atocha, estaba muy intrigado de cómo en una ciudad como esta había interés por realizar unas jornadas sobre el Procés catalán.

DELGADO2

Centró su intervención en desgranar la raíz fuertemente popular e incontrolada del Procés y en desmontar, desde una perspectiva actual e histórica, ese mantra de que la izquierda y el nacionalismo no pueden ir juntos.

Precisamente, es la recuperación por parte de la izquierda española de los valores republicanos lo que podría constituir un sentimiento nacional con el que enfrentarse a la idea reaccionaria del actual nacionalismo español.

El problema, básicamente, está en la naturaleza última que ha tenido el nacionalismo español de ser radicalmente reaccionario. Esa época dorada que fue, justamente, el republicanismo español de izquierdas: Miguel Hernández, Rafael Alberti… ¡hostias! ¡Qué luchaban por España! La guerra contra el fascismo fue una guerra patriótica, contra el invasor nazi, contra el invasor italiano, fue, justamente, esa idea de España la que quedó derrotada. Ahora, ha quedado la España que han querido ellos, que es la España de la bandera roja y gualda.

DANI.