2018. Si no lo evitamos, más de lo mismo. Agustín Morán

16/01/2018

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Los grandes partidos de la monarquía, ensimismados en su corporativismo, hacen su política desde las leyes del mercado al margen de los problemas que agobian a la población, bloqueando cualquier posibilidad de cambio y degradando el orden social y la democracia.

La disciplina neoliberal del euro es incompatible con la soberanía política, económica y alimentaria de los países miembros. El cruel castigo a Grecia por desobedecer los requerimientos del BCE, la Comisión Europea y el FMI y la mansa entrega del PP y el PSOE subordinando la economía española a dichos requerimientos en noviembre de 2011, intentan clausurar cualquier alternativa democrática a la Europa del Capital. Pequeñas victorias en defensa de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales mediante sentencias favorables del Tribunal de Justicia Europeo o Dictámenes del Comité de Derechos Humanos de NNUU en materia de vivienda o abusos bancarios, con toda su positividad, no pasan de ser una gota en un océano.

La trama de complicidades políticas, económicas, judiciales y consumistas, explican la impunidad de los de arriba. Una parte de los de abajo trata de salvarse colaborando con la ferocidad de los que mandan, pero no todos lo consiguen. Cuando los movimientos sociales hacen visible la magnitud de los problemas, las políticas que los originan y la identidad de los culpables, las mayorías silenciosas frustradas aplauden la resistencia popular. En ese momento, los políticos, las corporaciones y sus fundaciones se ponen a la cabeza de las denuncias e invierten en intervenciones paliativas para aparentar que quieren resolver los problemas que ellos mismos han creado.

Pero, si el movimiento crece y consigue respaldo electoral, el poder lo califica de populista, lo equipara con la extrema derecha xenófoba y lo trata como enemigo de la democracia. Los sectores socialdemócratas que proponen aliarse con las fuerzas populares, anticapitalistas, soberanistas y democráticas, acaban siendo neutralizados por la corporación de políticos que llevan 40 años en una gran coalición monárquico-neoliberal.

La tecnología en manos del capital, destruye recursos naturales difíciles de recuperar y más empleo del que crea. El capitalismo global es una máquina de creación destructiva. Al mismo tiempo que se forma una nueva burbuja inmobiliaria con el empuje de nuevos operadores internacionales, los índices bursátiles y los resultados de las grandes empresas crecen de forma sostenida. El PIB español en 2017 ha crecido por encima del 3%, pero el empleo creado es precario (18 millones de contratos, muchos de ellos con menos de 5 días de duración) y peor pagado (disminuye la proporción de rentas de los salarios respecto a las de capital). El IPC de 2017 ha sido del 1,2% pero las pensiones han subido solamente el 0,25%. Con los parados sin ningún tipo de ayuda, aumenta la pobreza y la exclusión social. Simultáneamente el gobierno del PP acuerda incrementar el presupuesto de defensa hasta 18.000 millones de euros (un 80%) entre 2018 y 2024 para cumplir el Acuerdo de la Cumbre de la OTAN en Gales en 2014, situando los gastos de defensa de los países aliados en el 2% del PIB, tal como exige EEUU.

A escala mundial, el crecimiento del PIB durante 2017 ha superado el 3,5%, pero a costa de desequilibrios financieros muy importantes. El 50% de este crecimiento procede de China e India, el 25% de EEUU y la UE y el otro 25% de Indonesia, Vietnam, Malasia, Thailandia y Filipinas. China basa su crecimiento actual en la inversión, la demanda interna y el equilibrio fiscal y exterior. EEUU reduce su déficit exterior a la mitad y estimula la inversión bajando los impuestos a los grandes inversores, lo que aumentará el déficit público, el déficit exterior y la deuda pública que ya es superior al 100% del PIB. La burbuja financiera china, las catástrofes climáticas, bélicas y alimentarias, la multiplicación de los refugiados, la lucha por los recursos escasos y la injusticia armada del capitalismo global, suponen un oscuro porvenir.

El único camino hacia la paz, la seguridad, la sostenibilidad, la justicia y el bienestar social es la autodeterminación de los movimientos sociales contra la Europa del Capital, la Globalización y la Guerra y su convergencia en una Reforma Constitucional profunda.

http://www.loquesomos.org/2018-no-lo-evitamos-mas-lo/

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Juan Carlos I: 80 años chupando del bote. David Bollero

08/01/2018

Juan Carlos I cumple 80 años y la prensa conservadora, entre la que se encuentra el periódico que en otro tiempo fue adalid de la izquierda, se vuelca en elogios al rey emérito. Quienes me sigan pueden imaginarse que no puedo compartir ninguna de esas palmaditas hacia un personaje que, una vez abdicado, ni siquiera ha tenido la honestidad de dejar de chupar del bote, disfrutando de lujos y un sueldo de casi 16.000 euros al mes, a pesar de que ni siquiera tiene unas funciones reguladas.

Todos esos medios afines a los Borbones, que comparten ese apego al calor Borbón al que se arriman partidos que dicen ser de izquierdas como el PSOE, olvidan multitud de detalles de la biografía del rey emérito que dicen muy poco de sus valores, de sus principios.

Cuando su familia salió por pies de España porque llegaba al país uno de los momentos de mayor esplendor, la II República, los Borbones buscaron abrigo nada menos que en la Italia fascista de Mussolini. Esta circunstancia, de la que no tiene culpa Juan Carlos I porque, de hecho, él nació en Roma, da una idea muy clara del clima en el que se educó.

Tiende a omitirse que el padre de quien nos reinara por espacio de 39 años no perdió ocasión de ofrecerse para aportar su granito de arena al Golpe de Estado de 1936, que terminaría desembocando en la Guerra Civil que traería 40 años de dictadura.

Cuando escucho decir al Borbón que aceptó ser el sucesor de Franco para poder acometer la Transición, se me antoja que el tipo cree que somos idiotas o algo parecido, porque antes de que aceptara tal cometido, bien se benefició del tren de vida que le reportaba la Dictadura.

Una persona con principios rectos, honestidad real y nobleza, entendida ésta como lo opuesto a la vileza y no a contar con títulos nobiliarios, se habría mantenido en el país o, incluso, en el exilio (en un país democrático y libre), combatiendo una dictadura, en lugar de, como ha admitido el propio Juan Carlos I, hacer reír a Franco.

El rey emérito nunca combatió el Franquismo, sino que vivió de él. Mostró su admiración por él, como prueba aquella entrevista en 1969 en una televisión suiza, tantas veces viralizada y que parece tener tan poco efecto entre quienes un día hablan de sacar cuerpos de las cunetas y otras se van de recepción con un tipo que, mientras se arrojaban esos cadáveres a las fosas, se tomaba un licor con Franco.
En su 80 cumpleaños y ya sin ser Jefe del Estado, sigo teniendo la sensación de que Juan Carlos I me roba, nos roba, no sólo el dinero de nuestros impuestos con el que podríamos reducir la pobreza, sino que con su misma figura y lo que representa nos hurta la verdadera democracia, la igualdad entre personas que todos esos medios que hoy lo elogian entierran con paladas del clasismo más recalcitrante.

Salarios de hambre, pensiones en el aire. Emilio de la Peña

08/01/2018

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No hace muchos días escuché en la radio un titular que advertía de los riesgos de nuestro sistema de pensiones por el envejecimiento de la población. Lo decía el último informe de la OCDE.  Se refería a las dificultades que se atisbaban para el año 2050. Está bien divisar el horizonte lejano, aun a riesgo de apreciarlo de forma confusa y casi siempre equívoca. Pero desde luego es más realista  observar lo que tenemos  delante. Ahí no hay predicción posible, son hechos ciertos.

Desde que Rajoy llegó al Gobierno, no ha pasado un año sin que lo que ingresa la Seguridad Social haya sido insuficiente para pagar las pensiones. Es la primera vez que esto ocurre de manera continuada. El 83% de lo que ingresa la Seguridad Social proviene de las cotizaciones por los salarios. Y ahora estas cotizaciones no dan para el pago de las pensiones. Cabría pensar que esto se debe a la combinación de dos cosas: Cada vez hay más pensionistas y la crisis provocó que hubiera menos trabajadores cotizando a la Seguridad Social. Es, digamos, la explicación oficial, por llamarla de alguna manera, aunque la realidad es que desde los discursos oficiales nada de esto se dice. Se repite tan sólo el mantra de que se crea más empleo que nunca, por lo que la recuperación es un hecho.

Pero hay cosas que no cuadran. Por ejemplo, en 2010, el año en que se inauguraron los recortes y reducciones salariales, el número de afiliados a la Seguridad Social era muy semejante al del año pasado: cotizaban 17.660.000 personas frente a los 17.600.000 en 2016. Sin embargo, el año pasado, ya acabada la crisis, según el Gobierno, con un claro crecimiento, la Seguridad Social recaudó 1.400 millones de euros menos que siete años antes. La explicación es bastante obvia: los salarios han bajado, las personas que son contratadas ahora reciben sueldos claramente menores, y por tanto cotizan menos a la Seguridad Social para pagar las pensiones.

Más evidencias: Acudimos a los datos de la Seguridad Social y nos fijamos en lo que aportan las cotizaciones de los trabajadores del llamado Régimen General. Son la gran mayoría, en torno al 80% de los afiliados. Por término medio, en los 10 primeros meses de 2017, cada asalariado aportó 4.553 euros a la Seguridad Social. En el periodo equivalente de 2010, la aportación media por afiliado había sido mayor: de 4.628 euros, por tanto 75 euros más. Pero, el dinero no representa lo mismo ahora que entonces, porque sube el coste de la vida. Si calculamos los euros en el valor actual, la diferencia es mucho mayor: en 2010 lo que aportó cada salario fue 150 euros más que ahora. En 2017 esa recaudación por afiliado ha descendido un 3,2 por ciento. Lógico, porque los salarios son más bajos.

Esto no ha ocurrido en un año. Desde 2009 la aportación media de los afiliados a la seguridad social ha ido descendiendo, en euros de 2016, hasta llegar a ser 544 euros menos por persona, lo que supone una caída superior al 8%.

A la bajada de los salarios se añade otra cosa que resta recaudación. Ahora son más los parados que no cobran el seguro de desempleo y por tanto el Estado no cotiza por ellos a la Seguridad Social. En 2009,  el 75% de los parados inscritos en las oficinas de empleo recibían una prestación. En 2017 sólo el 55% de los desempleados recibe tal ayuda. Y el dinero que cobra cada parado, incluida su cotización a la Seguridad Social, es además menor en 2017: 807 euros al mes, mientras que en 2009 llegaba a los 994 euros mensuales.

No han sido sólo los años malos. La bajada de recaudación por afiliado ha continuado los años que el Gobierno considera ya buenos y con la crisis superada. ¿Está superada una crisis cuando los que trabajan no ganan lo suficiente para pagar como es debido las pensiones de los que ya no trabajan?

Esa escasez recaudatoria persiste y puede prolongarse a largo plazo. La bajada de los salarios no es un fenómeno de poco tiempo, incluso aunque en los convenios colectivos se proceda a partir de ahora a incrementar los sueldos algo más. Lo más grave de los  bajos salarios no es el recorte que han sufrido los que ya trabajaban cuando llegó la crisis, con ser esto negativo y empobrecedor. Lo peor ha sido y sigue siendo la sustitución de puestos de trabajo con sueldos aceptables por otros con salarios notablemente menores. Estos todavía son minoritarios, les toca sobre todo a los jóvenes que acceden a su primer empleo, pero con el paso del tiempo aumentarán. Por ejemplo,  gran parte de los trabajadores que se jubilan o prejubilan con sueldos buenos son relevados por otros con un salario mucho más bajo. Es una rueda de sustitución continua que no para. Se da así el fenómeno perverso de que  el nuevo contratado con salario mísero no puede con su cotización aportar suficiente para pagar la pensión del trabajador al que sustituyó. Si alguien piensa que su hijo debe asumir que gana menos de lo que ganó él, porque… así es la vida, debe recordar que el dinero de su pensión saldrá de ese raquítico salario.

El Gobierno lo sabe, ¡cómo no! La primera solución que encontró fue pulirse el dinero que había en el Fondo de Reserva, en la hucha de la pensiones. Dinero ahorrado con lo que sobraba de las cotizaciones en los años anteriores. En total, casi 53.000 millones de euros, que se aportaron incluso en 2008 y 2010, cuando arreciaba la crisis y el PP consideraba la situación insostenible. A  ello había que sumar los intereses que ese dinero generaba y que alcanzaban, cuando llegó Rajoy al Gobierno, los 14.000 millones de euros. En total 67.000 millones de euros es lo que se encontró Rajoy en la hucha. Sacó de ella en los años de recesión, cuando se destruía empleo, y la recaudación de la Seguridad Social cayó al mínimo, en 2012 y 2013. Podía parecer razonable: para eso estaba la hucha. Pero en 2014 volvió a crecer la economía y mucho más en 2015 y 2016. Aumentaba el empleo y no había razón para sacar más dinero. Si las cosas iban bien, ¿por qué se seguía recaudando poco? La explicación es la política de bajos salarios implantada por el PP. Al comenzar este año quedaban 15.000 millones y ni con eso ha bastado para pagar todas las pensiones. Tanto es así que el Gobierno ha puesto otros 10.000 millones del Presupuesto del Estado.

La otra solución es la de siempre: recortar. Ya se hizo con la última reforma de las pensiones. El argumento empleado es el que refleja también la OCDE: el envejecimiento de la población hace insostenible el sistema. Es el mirar a largo plazo y predecir mientras se oculta lo que la realidad, no la previsión, ha dejado patente: el envejecimiento de la población no se ha producido de la noche a la mañana y sin embargo la insuficiencia para pagar las pensiones sí. La recaudación de la Seguridad Social por cotizaciones sociales fue en 2016  un 4% más baja que en 2008, mientras que la renta total de los españoles fue prácticamente la misma. Eso sí, la renta ha estado peor repartida. Mientras que la de los salarios ha caído un 5%, el beneficio empresarial ha subido algo más de uno por ciento.

Para pagar pensiones dignas es necesario que trabaje más gente, reducir drásticamente el desempleo y salarios dignos. O lo que es lo mismo, un reparto más equitativo de la riqueza generada cada año.

http://ctxt.es/es/20180103/Politica/16770/pensiones-recortes-austeridad-salarios-emilio-de-la-pe%C3%B1a.htm

 


Querida Inés Arrimadas. Víctor M. Muñoz

26/12/2017

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Qué sería de ti sin el independentismo. En qué ciénaga oscura chapotearían tus ideas. Por qué traspatios sin luz resbalarían tus palabras. En qué desmontes de ceniza y barro hallaríamos la chatarra triste de tu prosa. Pero te ha caído el maná sagrado del unilateralismo estelado –no hay más que ver los resultados– y ese abono imprevisto ha reverdecido la rama seca de tu discurso.

Has sido la más deseada, doña Inés, y miles de catalanes –tenorios de fuet y barretina– se han rendido a tus pies en cada colegio electoral. Porque tú has venido a redimirlos de su pecado abstencionista, a salvar del infierno cuatribarrado sus almas impúberes, a purificar las aguas cenagosas de aquella apartada orilla. Poco importa tu ignorancia de las cosas más vulgares: el salario mínimo interprofesional, los refugiados, el modelo productivo, los desahucios, el grito solanesco del turismo. ¡Qué pedestre todo! ¡Qué zafio! ¡Qué antigualla ese jaleo radical y trasnochado! Tu alma angelical y comendadora sobrevuela cielos más altos y más puros. Tú predicas en otros conventos. Desde tu altar naranja y ciudadano tu voz abrillanta la plata ajada del centralismo.

En este mundo posmo y aideologizado, Inés, qué bien encajan tu programa reaccionario, tus eslóganes simples, el plástico azul de tus palabras. ¿Merece la pena enfangarse con los problemas del ciudadano medio? ¿Hace falta saber el número de parados, el precio de la lejía, la ratio de las aulas? Claro que no, ángel de amor. ¿No aprendimos con Baudelaire que los albatros pierden belleza si descienden de las alturas? Tú sigue planeando por los cielos opalescentes de lo abstracto. Que la unidad indisoluble de la patria siga siendo tu única bandera y que el sentimiento español siga siendo el único dogma. Aférrate a esas ideas como el náufrago a la tabla. Enfúndate la roja. Grita alto los goles de la selección. Di muchas veces la palabra democracia. Muéstrate indignada. Acude a todas las manifestaciones, aunque hayan sido convocadas por la ultraderecha. Qué importa eso. Cuando la tierra está en peligro, ¿vamos a mirar el origen de las armas? En la guerra y en el amor, ya sabes, todo vale. Y esto es una guerra. Y también un amor. Es, de hecho, una guerra por amor. Por amor a la patria, que no entiende de subidas de luz, de hospitales sin camas, de condenados dependientes a los que hay que darles su ayuda. ¿No mueren soldados en todas las guerras? ¿Valen por ello menos las victorias?

Tú, ya ves, has conseguido una enorme, que tu munición ha sido devastadora, sobre todo para Albiol, que iba a barrer Badalona y al final –qué cosas– el barrido ha resultado ser él. Pero no hay triunfo sin llanto ni conquista sin dolor. Ay, Inés, princesa jerezana, hija y nieta de Arrimadas, los suspiros se escapan de tu boca de fresa, que ha perdido la risa y que ha perdido el color. Porque has ganado y no has ganado. Has convencido y no has convencido. Treinta y siete escaños son muchos y no son muchos.

Son solamente –maldita poesía– la libélula vaga de una vaga ilusión presidencial.

https://www.digitalsevilla.com/2017/12/22/ines-arrimadas/


El tiro por la culata. Suso de Toro

22/12/2017

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La política autoritaria de Rajoy y, con su gobierno, de los otros dos partidos del 155, Ciudadanos y PSOE, con el respaldo del Rey y la implicación directa del IBEX, tuvo resultados paradójicos. El Titanic del estado posfranquista embistió con todos sus policías, jueces, fiscales, boicot a la economía, ataques diarios de prácticamente todas las televisiones y cabeceras madrileñas a un iceberg democrático, a una ciudadanía que tenía a su presidente y su gobierno en el exilio o en la cárcel.

Rajoy buscó un conflicto radical pensando que sometería y destruiría a su enemigo, no le dejó salida alguna a lo largo de los años, y creó dos polos, de un lado el independentismo fue visto como la única salida por un sector cada vez mayor de la población catalana y del otro, teniendo con él a los socialistas, alimentó el españolismo. El 155 fue un “¡a por ellos, oé!” en el que tocaron a rebato todas las radios, teles y prensa bombardeando a la población con mensajes que degradaban no solo a los gobernantes catalanes sino a la propia población, degradando la imagen de ese país en España, donde siempre se le tuvo antipatía, aún más. Estoy convencido de que esos daños no tienen reparación. El resultado es desastroso para Rajoy, Soraya y el PP, no para el españolismo más reaccionario que ahora representa Ciudadanos, un partido cebado descaradamente con el dinero del IBEX. El PP tendrá que pactar con Ciudadanos en el futuro, ya no podrá tratarlos como unos chicos advenedizos.

Alimentar el españolismo militante también es cierto que divide a la sociedad catalana, pero la ciudadanía de ese país ha realizado una gesta democrática, se ha enfrentado a un estado que la ha amenazado y castigado de todas las formas, la ha ofendido en lo más hondo y ha ganado, pues ha resistido en su posición. El Reino de España tiene que dialogar y entenderse con el republicanismo, con la nación catalana. No la han aplastado, ha resistido desarmada y libre. Una insumisión que la corte no entiende: no imaginaba que la gente pacífica fuese rebelde a la fuerza. ¿Volverá el Rey a amenazar a esos catalanes rebeldes? Lo dudo.

En el medio de la polarización pagan el precio merecido un PSC socialmente irrelevante y el partido de Podemos y Colau que jugaron al juego de los engaños y la sociedad entendió que eran inútiles, para votar el españolismo del 155 ya estaba el partido por el que apostaba el poder de forma evidente, Cs, y para enfrentarse a esa ofensiva, los independentistas.

http://www.eldiario.es/zonacritica/tiro-culata_6_720987909.html


Manos arriba: la lotería es un atraco. “El acento”

15/12/2017

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Llegan este viernes los bombos de la lotería al Teatro Real con la sugestión de un símbolo totémico. Y como si el alojamiento entre los muros del templo lírico aportara solemnidad a la estafa del Estado. Y como si los niños cantores de San Ildefonso —niños y niñas, de todas las razas, en una dramaturgia encubridora— revistieran de candor y pureza un manifiesto latrocinio institucional.

Y no aspira uno a convertirse en el señor Scrooge malogrando al prójimo la salmodia de los números mágicos ni la anestesia de la cabalística benefactora, pero conviene desengañar al ingenuo ciudadano de su hipnosis y expectativa: sépalo, no va a tocarle la lotería.

¿Y por qué no va a tocarle, si los angelotes de San Ildefonso, pulquérrimos, incapaces de robar en el cepillo, y no así en el Carrefour, están repartiendo hiperbólicamente el dinero número a número, tolva a tolva, enjaezando los euros a semejanza del maná en la tierra baldía?

No es verdad que la lotería caiga en Leganés o en Valladolid, como acostumbra a decirse en esta tentadora identificación de la ciudad y la administración que ha repartido un número. La lotería no cae muy repartida, sino muy restringida. Y la lotería no tapa agujeros. Que ese es el oficio de los enterradores. La lotería tapa los agujeros del Estado y los oídos de los telespectadores.

Mencionamos al enterrador y se nos aparece Montoro. El undertakerde una película del Oeste. El tipo facineroso y desgarbado que aprovecha el estupor, los sentimientos y la fe milagrera ajenos para hacer caja. Caja decíamos. Y caja hace el 22 de diciembre, extorsionando a los poquísimos premiados —podría tratarse de figurantes— con un impuesto voraz, añadido del 20%.

Añadido porque la lotería es en sí mismo un mecanismo recaudatorio y una gran estafa piramidal que organiza el Estado y que envuelve el propio Estado en propaganda de la esperanza, la ilusión y superstición. Nos hace soñar a los españoles como hacía soñar a los vecinos de Villar del Río en la expectativa providencial de Mr. Marshall.

Hay que reconocer al Estado la honestidad de esta edición. Y la campaña publicitaria. No lleva a equívocos. La lotería necesita un estímulo sobrenatural para hacerse carne. No toca la lotería, pero hay que fingir que lo hace. La lotería degenera pues en un juego cruel e inmoral. Un cuento de Navidad.

Porque un cuento es el placebo de la lotería. El Estado lo inculca, lo receta, lo impone, desde una posición de abuso cultural, institucional, publicitario. Y fomenta la religión de la ludopatía en un pueblo particularmente crédulo y milagrero, hasta el extremo de que el remedio a la decepción de otro año sin recompensa —la pedrea y el reintegro equivalen a la anorgasmia, a un premio de consolación vacuo— es la confianza ciega en la lotería del niño.

https://elpais.com/elpais/2017/12/14/opinion/1513237597_026652.html


EL VOTO DE LA MUJER EN LA SEGUNDA REPÚBLICA, POR VICTOR AROGANTE

12/12/2017

El 19 de noviembre de 1933, 1.729.793 mujeres (de un censo -1924- de 6.783.629 de electores), pudieron votar por primera vez, convirtiéndose en ciudadanas de pleno derecho. Poco duró la igualdad entre hombres y mujeres. Con la dictadura se perdieron los derechos, especialmente los de la mujer, que perdió derechos y poder de decisión, quedando excluida de la política, de la cultura y del trabajo remunerado.

Mujeres votando en 1933

«La única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad es caminar dentro de ella», decía Clara Campoamor, en defensa del sufragio femenino. Fue el 1 de octubre de 1931, cuando las Cortes aprobaron el derecho de voto de las mujeres, pero no fue hasta las elecciones generales del 19 de noviembre de 1933, cuando pudieron ejercerlo. Ocurrió que la izquierda perdió las elecciones; las mujeres ganaron en derechos y la sociedad en dignidad. La alegría igualitaria duró poco. Tras la Guerra Civil, llegó la dictadura que extinguió todo vestigio democrático y de derechos.

En 1948, Naciones Unidas aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El artículo 21 declara el derecho de toda persona a participar en el gobierno de su país directamente o por medio de representantes libremente elegidos: «La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público» y esa voluntad se expresa en elecciones periódicas, por sufragio universal, libre igual y secreto. Por su parte la Convención sobre los derechos políticos de la mujer (aprobada por la Asamblea General de la ONU el 20 de diciembre de 1952, adoptada el 31 de marzo de 1953), dispuso (artículo 1): «Las mujeres tendrán derecho a votar en todas las elecciones en igualdad de condiciones con los hombres, sin discriminación alguna». La República española se había adelantado en el tiempo.

El Gobierno constituido tras la proclamación de la República el 14 de abril, llevó a cabo una amplia labor legislativa provisional hasta la elección de las Cortes Constituyentes. Uno de los decretos aprobados en los primeros momentos fue el de reforma de la ley electoral, aprobada en mayo de 1931. Uno de los cambios fue establecer el derecho de sufragio pasivo para las mujeres; podían ser candidatas y elegibles, pero no podían votar. El sufragio femenino habría de esperar a ser debatido en las nuevas Cortes.

Muchos de los políticos de la época, temían que la mujer, tachada de «regresiva» y falta de espíritu crítico, pusiera en peligro a la joven República. Pese a todo, el 1 de octubre, hace ochenta y cuatro años, se consagró, por primera vez en la historia española, el derecho al voto femenino. En los debates parlamentarios, Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken −las únicas mujeres diputadas−, protagonizaron posturas contrapuestas y debates no exentos de polémica. «No es cuestión de capacidad, es cuestión de oportunidad para la República», sostenía Kent, representante del Partido Republicano Radical Socialista, propugnando aplazar el voto femenino. Campoamor, en contra de su propio partido, el Republicano Radical, apostó por el reconocimiento del derecho. Por su parte, Nelken, del Partido Socialista Obrero Español, se opuso al sufragio femenino, sosteniendo que la mujer estaba sometida a la voluntad e influencia clerical, y por tanto carecía de preparación para la acción política.

Para la mayoría, no era el momento del reconocimiento del voto femenino. Victoria Kent argumentaba: «No es que con ello merme en lo más mínimo la capacidad de la mujer. No es cuestión de capacidad; es cuestión de oportunidad para la República. «Cuando la mujer española se dé cuenta de que sólo en la República están garantizados los derechos de ciudadanía de sus hijos, de que sólo la República ha traído a su hogar el pan que la monarquía no les había dejado, entonces, la mujer será la más ferviente, la más ardiente defensora de la República» (Julián Santos, La Constitución de 1931).

La respuesta de Clara Campoamor, defensora de la concesión inmediata del derecho al voto a las mujeres fue categórica: «Precisamente porque la República me importa tanto, entiendo que sería un gravísimo error político apartar a la mujer del derecho del voto. He visto que a los actos públicos, acude una concurrencia femenina muy superior a la masculina, y he visto en los ojos de esas mujeres la esperanza de redención, he visto el deseo de ayudar a la República, he visto la pasión y la emoción que ponen en sus ideales». La mujer española, según Campoamor «espera de la República la redención suya y la redención del hijo. La única manera de madurarse para el ejercicio de la libertad y de hacerla accesible a todos, es caminar dentro de ella».

La exigencia del derecho de voto universal no era la primera vez que se debatía en España. Fue en el último cuarto del siglo XIX, cuando se pretendía ampliar el derecho de voto a los varones que hubiesen cumplido los 25 años –algo que ya se había intentado en la I República–. Suponía pasar de un electorado de un 5% de la población total a un 23 ó 25%. El debate continuó hasta el periodo de Primo de Rivera, en el que se planteó, dentro de las reformas de la ley electoral de 1907, considerar electoras a una parte de las mujeres, que no estuvieran bajo la tutela, patria potestad o autoridad marital.

El Anuario Facultad de Derecho 2010, en relación al voto femenino destaca que «en un ambiente tenso», se llegó a la votación definitiva del artículo 34 de la Constitución. Fue aprobado, nominalmente, por 161 votos a favor y 121 en contra. Votaron a favor el Partido Socialista (con la destacada excepción de Indalecio Prieto y los suyos), pequeños núcleos republicanos al servicio de la República (catalanes, federales, progresistas, galleguistas), y la derecha. En contra votaron Acción Republicana, el Partidos Radical y el Radical-Socialista. No votaron 188 Diputados, y estuvo ausente un 60% de la Cámara. La mujer adquiría, por un escaso margen, la condición de electora. «Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes». Tras un paréntesis de cuarenta años, con falta de derechos y libertades, no fue hasta 1976, cuando se recuperó el derecho al sufragio de las mujeres españolas.

Entre 1931 y 1936, nueve mujeres fueron diputadas en el Congreso. En las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 fueron elegidas: Clara Campoamor y Victoria Kent, del Partido Radical, por Madrid, y Margarita Nelken, del Partido Socialista, por Badajoz. En las elecciones de noviembre de 1933 fueron cinco las elegidas: Margarita Nelken y otras tres candidatas del PSOE (Matilde de la Torre y Veneranda García Blanco, por Oviedo; María Lejárraga, por Granada) y una candidata del Partido Agrario, Francisca Bohigas, por León. Cinco fueron las diputadas elegidas en las elecciones de febrero de 1936: Margarita Nelken, ctoria Kent, como candidata de Izquierda Republicana; las socialistas Matilde de la Torre y Julia Álvarez Resana, por Madrid, y Dolores Ibarruri, del Partido Comunista, por Oviedo.

Clara Campoamor fue la defensora de la propuesta de la Comisión constitucional sobre el derecho de voto para las mujeres frente a su propio partido y frente a las dos únicas compañeras parlamentarias. Lo hizo con una argumentación plenamente liberal-democrática y feminista. La República definía el principio de la igualdad de derechos y la no discriminación por razón de sexo, por lo que el principal argumento que sostuvo fue el de que no se podía negar algo que ya se había aprobado. «Si habéis afirmado ayer la igualdad de derechos, lo que pretendéis ahora es una igualdad condicional, con lo que no hay tal igualdad». Los sexos son iguales, por naturaleza, por derecho y por intelecto, «pero además lo son porque ayer lo declararon ustedes Señores Diputados».

El 19 de noviembre de 1933, 1.729.793 mujeres (de un censo -1924- de 6.783.629 de electores), pudieron votar por primera vez, convirtiéndose en ciudadanas de pleno derecho. Poco duró la igualdad entre hombres y mujeres. Con la dictadura se perdieron los derechos, especialmente los de la mujer, que perdió derechos y poder de decisión, quedando excluida de la política, de la cultura y del trabajo remunerado. La imagen de la mujer durante las décadas posteriores fue relegada a madre, esposa y guardiana del hogar y la familia. Algunos hoy pretenden recuperar las mala ideas.

Este año se cumple cuarenta años desde que se celebraron las primeras elecciones tras la dictadura de Franco. El 15J de 1977, no solo trajo la posibilidad para el pueblo español de elegir a sus representantes, sino que supuso la igualdad de la mujer en el ejercicio del derecho al voto. Por fin se recuperaba la tradición democrática de la Segunda República. Las mujeres ganaron en derechos y la sociedad en dignidad.

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