Rota y confundida resiste, mortal, nuestra derecha franquista. Domingo Sanz

25/06/2019

Resiste aún, desde las posiciones conquistadas a lo bestia y legalizadas después sin que les tocaran ni una peseta. Ahí están los herederos del abuso, un hatajo riéndose de todos. Y enfrente, miles, los expropiados tras la guerra, siempre bajo amenaza.

Resiste, porque la luz del primer instante de libertad nos deslumbró tanto que hasta olvidamos que, para ser verdad, solo podía llamarse república.

Resiste gracias a obispos como Cañizares o Reig Plá, que cada día queman en su infierno imaginario unos miles de los que no les gustamos. Desde los mismos púlpitos donde justifican sus pederastias y las ocultan de la Justicia.

Resiste con jueces que les compran poder a políticos cobardes a cambio de las sentencias que saben que desean.

Jueces que tratan las leyes de las libertades grandes como si fueran reglamentos de Romanones pequeños. Jueces capaces de reconocer hoy a Franco cuando solo lo reconocían los otros asesinos, los fascistas italianos y los nazis germanos.

¿Es necesaria mayor prueba de franquismo para iniciar contra esos jueces expediente inmediato de expulsión de una Justicia que tiene que responder ante la de Europa?

Resiste desde el miedo colectivo a lo desconocido, el número de franquistas que se ocultan por los rincones de las fuerzas que manejan armas.

Resiste incluso huyendo, como siempre cobarde, borrando de los archivos públicos los nombres de los cómplices que asesinaron a nuestros mejores, como Miguel Hernández. Destruyendo memoria en pleno siglo XXI, y desde los templos de la educación superior.

Resiste desde el rey ex, un delincuente blindado que, en lugar de ayudar a limpiar de franquistas las cúpulas armadas, como jefe que era de todas ellas, no dudó en hacer lo que fuera necesario para robarle, a la sociedad que le paga un sueldo millonario, la voluntad de decidir sobre la forma de Estado.

Que Juan Carlos I, gracias a que fue nombrado por Franco, podía haber cesado a muchos altos mandos, lo demostraron los propios golpistas del 23F durante el juicio, que se habrían dejado cortar en pedazos finos y en vivo antes de confesar sus intrigas en las cercanías del monarca.

Pero precisamente no lo hizo por eso. Porque todo sucesor nombrado por Franco sabe muy bien que su verdadero poder consiste en poder activar la amenaza. Lo de las urnas ya, tal. Y según.

Resiste el franquismo en un rey Felipe VI borbón y asustado que, tras la valentía catalana, no quiere ver la lluvia fina de urnas rebeldes que van regando la geografía de ganas de libertad en versión republicana, mientras sus fuerzas del orden esta vez solo callan.

Nunca fue ni será legal apalear votantes. Las sentencias que prohíben urnas solo pueden estar escritas por manos franquistas.

Felipe VI debe atreverse a lo único que le hará digno: ser el último rey de España por su propia voluntad. Solo lo necesitamos para sentirnos amenazados, y de eso tenemos de sobra. Descompuesto por el miedo a terminar siendo el rey al que se le rompió España, es incapaz de darse cuenta de que, desde que le colocaron la corona, solo manda el desconcierto.

Resiste la derecha franquista porque sus portavoces solo mencionan la Constitución amenazando, tal como hacían los que sacaban a pasear los Principios del Movimiento Nacional, y golpista y asesino.

Resiste un hoy fantasmal Rivera, recién noqueado por el presidente de Francia, entre el silencio avieso de sus dos socios, uno amenazando con un nuevo dos de mayo y el otro, Casado, perdido en medio de la demagogia que le hundió hasta el abismo de los 66 escaños.

Resiste la triple derecha franquista porque, si la más franquista de las tres llama “puta” a una ministra las otras dos no se atreven a condenarla.

Resiste porque los no franquistas han desperdiciado durante trece legislaturas sus varias mayorías, hasta de 230 diputados, y no han aprobado leyes que prohibieran los enaltecimientos del franquismo. Y también desperdiciarán la actual de 199. Y seguirán jugando con fuego. O, lo que es lo mismo, a la polémica suicida de si es antes la gallina o el huevo.

¿O se darán cuenta alguna vez de que, en España y hablando de seguir derrotando franquismos, cada oportunidad es vital?

Por ejemplo, por que no, antes de jurar o prometer la Constitución, no se obliga a todos los políticos a jurar o prometer también su renuncia personal al franquismo, a sus pompas y a sus obras, y a denunciarlo y a perseguirlo hasta la última gota de sus vidas.

¿Cómo es posible en un país como el nuestro, con tanto asesino premiado y tanto inocente mal enterrado?

¿Es que cientos de miles de víctimas del franquismo no se merecen ese compromiso especial de quienes, además de ganar en urnas tantas veces corrompidas, quieran ser considerados demócratas?

Y que no se diga que la Constitución ya implica rechazo del franquismo, porque lo que sí que implicó fue colocarnos a la fuerza una monarquía restaurada por Franco.

Resiste nuestra derecha herida, ahora con sus ideas e insultos al aire, porque en un solo día de 2017 dos millones de catalanes han conseguido sacar a miles de franquistas de sus escondrijos en el Titanic del 78, desde donde se han estado burlando de todos durante cuarenta años.

Resiste, hablando de barcos, en la diplomacia socialista de un Borrell en funciones, convocando este mismo 23 de junio nada menos que una jura de bandera a bordo del Juan Sebastián Elcano, casualmente de escala en Kiel, en el estado alemán que rechazó la entrega del presidente Puigdemont a España.

Nada mejor, para medir la sensación de odio y derrota de los franquistas, que este rey rabioso y asustado, capaz de dejar tuerto a cualquier adversario, o no pedirle perdón, y enfrentar para siempre a dos mitades de catalanes a cambio de seis minutos de barra libre en pantalla.

Muchos son los bastiones que permiten que resista nuestra derecha franquista. Pero también es mortal, como lo fue aquel, su verdadero fundador.

¿Qué le costaría cambiar para dedicarse a ser normal, productiva, liberal de verdad, europea y pacífica, vasca o catalana, nuestra derecha hispana? Miles de personas vivirían más tranquilas.

A partir de hoy regresaré siempre a esta prosa sencilla.

Quiero medir cada día

lo que siga quedando de Franco

en nuestra derecha franquista.

Rota y confundida resiste, mortal, nuestra derecha franquista

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Cinco años enchufado. David Bollero

19/06/2019

Hoy se cumplen cinco años del enchufe de Felipe VI como Jefe de Estado. ¿Sus méritos? Ninguno, más allá de ser Borbón. Desde 2015, el barómetro del CIS no ha tenido el coraje de preguntar a la ciudadanía, temerosa de que los escándalos de toda índole que rodean a la Casa Real y el pírrico beneficio que reporta a España -si es que aporta alguno- afecten al sentir popular.

Dado el silencio del CIS -que parece que podría volver a preguntar, precisamente, con motivo del quinto aniversario del enchufe-, la prensa del corazón saca sus propias encuestas. Imaginen el resultado sin necesidad de consultarlo: ¿se imaginan de una república para este tipo de publicaciones? Sería el adiós de páginas y páginas analizando la barba del Borbón, los zapatos de Ortiz, el mohín de la infanta o cuántas niñas en España se llaman ‘Letizia’ con ‘z’.

Sí, lo han adivinado: según la prensa del corazón, España es monárquica… algo que ni siquiera en su propia encuesta está tan claro, porque aplicando el margen de error hay un virtual empate casi al 50%. Viendo cómo titulan a favor de los Borbones o cómo califican a los nacionalismos como “el enemigo”, no cuesta mucho imaginar la objetividad de las preguntas formuladas en la encuesta.

Ante la intolerable ausencia de una encuesta del CIS sobre el modelo de Estado -y no sobre si la reina es elegante, como llegó a preguntar en el pasado-, hay quien se abraza a la prensa del corazón que no duda en enunciar “España es monárquica y sobre todo felipista”. De ese modo, trata de pasar la mano por el lomo a quienes diseñaron la operación de abdicación de Juan Carlos I, cercado por los escándalos, bien arropadito por el bipartidismo PP-PSOE.

No hay mejor encuesta que un referéndum sobre el modelo de Estado, dado que el monarca no tiene la honestidad de poner su cargo a disposición de la soberanía popular. Todas las que ha organizado la sociedad civil han demostrado que no se quiere la monarquía; algo lógico, por otra parte para quien se considere demócrata, puesto que nuestra monarquía no tiene ninguna legitimización democrática, es una mera magistratura hereditaria.

Por otro lado, el desconocimiento y la manipulación por parte de los poderes fácticos se encuentra detrás del apoyo con que todavía cuenta la Corona. En este punto, no puedo dejar de recordar, como ejemplo de ello, las palabras de un concejal de Rincón de la Victoria (Málaga), el que fuera miembro de Ciudadanos Óscar Campos, asegurando sin complejos que “el rey es quien decide si entramos en guerra o no”. Y se quedó tan ancho.

La Constitución es clara al dejar al rey al margen de toda decisión política y así lo dejó claro el mismísimo Tribunal Constitucional en sentencias como las 5/1987 y 8/1987. Que un cargo público ignore que las dos únicas funciones del rey son repartir los más de 8 millones de euros que le llueven del cielo de los Presupuestos Generales del Estado y el nombramiento de los miembros civiles y militares de la Casa Real es preocupante, esperpéntico e, incluso, ridículo. Imaginen el desconocimiento de quienes ni siquiera han asumido funciones públicas… y no les quepa duda del empeño de quienes mantienen al Borbón de extender tal desinformación.

https://blogs.publico.es/david-bollero/2019/06/19/cinco-anos-enchufado/


Sánchez + Rivera = Suárez… pero Catalunya . Domingo Sanz

06/06/2019

Metidos en el lío de los pactos malabares, la doble lectura de cualquier cosa que digan los políticos se impone como estrategia mental imprescindible para entender las geometrías variables de sus líneas rojas, cordones sanitarios y demás juegos con palabras.

Imposible escribir dos líneas sin regresar a Catalunya, y especialmente desde que la semana pasada alguien importante de la ONU le dijera a Sánchez que cuando se trata de Derechos Humanos no sirve escudarse en justicias locales ni en separaciones de poderes de las de andar por casa. Si la consecuencia de aplicar tus propias leyes, por muy democráticas que sean, es que se violan derechos principales, hay que cambiar las leyes y todo lo que sea necesario.

Por eso mismo, los “políticos presos” son presos políticos. Según la ONU, que es donde escriben el diccionario mundial.

Quienes, en medio de tanta confusión, lo tienen mejor son los republicanos independentistas. Perseguidos y discriminados por todos los demás, saben que con defenderse tienen bastante para seguir ganando moral y políticamente. Buscar, todo el españolismo, el mal menor en Barcelona, les está provocando tensiones sin cuento y, en cambio, nadie puede asegurar que los de Maragall vayan a salir perdiendo si la alcaldesa termina siendo Colau.

Incluso el continuo reparto de papeles entre los de Junqueras y los de Puigdemont, esta vez con lo de que ERC no acudirá a visitar al rey blindado, hace pensar que hay mucho teatro inevitable en lo de la división, pero que el lugar común asegura en cada lance el incremento de la suma.

Había que comenzar por el final del título porque, por lo que se refiere al eterno conflicto territorial en España, Suárez lo tuvo mucho más fácil de lo que lo tienen sus herederos al timón de este viaje a lo desconocido. Si algún día hay pipa de la paz, nadie duda que el tabaco será muy distinto.

Tampoco es posible escribir sobre la política de hoy sin recordar la de ayer, ambas tan inestables. No es casual que superar la dictadura se canalizara en Catalunya con el regreso del exiliado y muy neutralizado Tarradellas, y que la posibilidad de liberarnos todos hoy de esta monarquía, tan corrupta desde su blindaje, tenga mucho que ver con la actividad que despliega el exiliado y muy activo Puigdemont.

El día cinco de julio que viene se cumplirá el nuevo aniversario de una decisión de la que el rey, ese que se acaba de retirar desde una plaza de toros, no se arrepentirá nunca porque con sus borboneos consiguió evitar que se le volviera en contra.

Ya sabe usted que me estoy refiriendo al mismo día cinco de julio, pero de 1976, en el que Adolfo Suárez fue nombrado presidente del Gobierno. En marzo de ese mismo año las fuerzas del orden, ya sin Franco, habían asesinado a cinco trabajadores y herido a otros ciento cincuenta que solo celebraban una asamblea de huelguistas en una iglesia de Vitoria.

Ese es otro de los muchos misterios que aún nos ocultan, que tiene sumo interés para la historia y que se llevará a la tumba el rey jubilado: todo lo que le pasó por la cabeza durante los cuatro meses que transcurrieron desde aquellos crímenes aún impunes hasta que apostó por Suárez. Y ver hoy en Felipe VI el gesto de desprecio, sabiendo que todos le estábamos mirando, hacia sus inferiores por una tontería entre una bandera y un viento es más que suficiente para deducir que lo que a este peligroso le gusta es intrigar contra los presidentes del gobierno por muchas urnas que los avalen, una pena, debe pensar, que no pueda nombrarlos. Fue lo mismo que hacía su padre hasta que asustó a diestro y siniestro gracias a la chapuza del 23F, y lo mismo que hizo él cuando “pidió” pantalla contra los independentistas el 3 de octubre de 2017. Nunca debemos infravalorar la maldad de un Alfonso Guerra juntando ayer ambas comparecencias monárquicas en la COPE, un terreno de juego tan abonado para cualquier rabioso autoritario.

Porque es imposible hablar de política hoy sin mencionar los riesgos que supone la monarquía. De hecho, Catalunya y la contestación creciente contra el rey de España son los dos factores que conducen a una entente inevitable entre Sánchez y Rivera, volcada hoy en la práctica de tiras y aflojas que alumbrarán ejecutivos locales y autonómicos nacidos de pactos multicolores.

Una solución, la de Sánchez más Rivera, que hoy quizás no llega a tiempo para cumplir sus dos objetivos principales: asegurar la unidad territorial y fortalecer la monarquía. Nunca lo reconocerán quienes se negaron a esa opción en marzo de 2016, PP y Podemos, pero la renta que han conseguido en poder parlamentario es bien negativa: mientras la suma de ambos ha caído de 190 a 109 diputados, la del PSOE más Ciudadanos ha subido de 130 a 180 en el mismo Congreso, entre el 20D de 2015 y el 28 de abril de 2019. Y si recalculamos desde las generales de 2016 el desastre es aún mayor.

Mientras, los nacionalistas vascos y catalanes, más fuertes que nunca en medio de las crisis del españolismo, han aumentado casi un 30% entre ambas fechas. Y, por si fuera poco, Otegui acaba de declarar que ve cada vez más cerca la república vasca. Para no seguir con más datos, nos fijaremos en que el 30% de los votos recibidos desde fuera de Catalunya por la candidatura europea de Puigdemont han salido de solo un 3% del censo total, el electorado residente en las Islas Baleares.

El avance del independentismo y el miedo del poder establecido, hoy débil e inseguro, a conocer la estima real del pueblo por la Monarquía, explican por sí solos que, lo que hace cuarenta años pudo liderar el Suárez de los Pactos de la Moncloa hoy necesite de un medio Suárez, llamado Sánchez, más otro medio Suárez, llamado Rivera, para liderar la reacción ante un conflicto que, por fin, ha conseguido desmontar esa componenda llamada monarquía española. Aun así, no presumen de querer ser Suárez por separado, pues su manera de terminar en política no la pueden desear ninguno de ambos.

Un verdadero castillo de naipes España, cuya permanencia en el tiempo solo se explica gracias a unas élites que han seguido cuidando, como oro en paño y contra la propia sociedad que las mantiene, los traumas provocados por la guerra civil y la dictadura.

Pero, como siempre, el humor, y más que nunca en tiempos transitorios. Ayer, un chiste de éxito dibujaba a Casado y otros líderes populares buscando, desesperados y disfrazados, el “Manual de resistencia” de Pedro Sánchez.

Sánchez + Rivera = Suárez… pero Catalunya


Va a costar más sacar a Franco del Supremo que del Valle. Isaac Rosa

05/06/2019

El Supremo suspende la exhumación de Franco hasta que dicte sentencia

Exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos parece una tarea titánica. Pero en realidad es un juego de niños comparado con exhumar los restos del franquismo del poder judicial español. Y particularmente del Tribunal Supremo. La decisión de este martes es solo el último capítulo de una larga y estrecha relación.

Como curiosidad histórica, nada más terminar la Guerra Civil, Franco celebró su victoria allí mismo: en la iglesia de Santa Bárbara, que es parte del antiguo convento de las Salesas donde hoy tiene sede el Supremo. Allí teatralizó Franco la “entrega de la espada” el 20 de mayo de 1939. Acompañado por la guardia mora, vestido de capitán general y con mucha pompa fascista, fue recibido por las autoridades militares, religiosas y por supuesto judiciales del nuevo régimen. En el interior le esperaba un museo épico montado para la ocasión: habían traído las reliquias de don Pelayo, las cadenas navarras de las Navas de Tolosa, la lámpara votiva del Gran Capitán, una pieza de un barco de la batalla de Lepanto (lo cuenta todo con detalle Julián Casanova en La Iglesia de Franco). Oyeron un Tedéum, cantó el coro benedictino de Silos, Franco fue exaltado como caudillo victorioso, y finalmente depositó su espada a los pies del Santo Cristo de Lepanto. Luego reafirmó la “guerra santa y justa”, recibió bendición del cardenal primado, y abandonó la iglesia bajo palio, sin poder contener el llanto, según la prensa de entonces.

“Pero hombre, Isaac, esto fue hace ochenta años, ya habrán barrido los restos de aquel fiestón fascista, ¿no?” Espera, que seguimos: poco después Franco se trajo de Valladolid su propio Tribunal Supremo, y lo instaló en la actual sede, para que sirviese a la represión durante cuatro décadas. En las Salesas se celebraron los consejos de guerra sumarísimos que enviaron a miles de mujeres y hombres al paredón (allí por ejemplo fueron “juzgadas” las Trece Rosas). Años más tarde se instaló en el mismo lugar el siniestro Tribunal de Orden Público (TOP), sucesor del aún más siniestro Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Por el TOP pasaron en el tardofranquismo miles de demócratas, sindicalistas, estudiantes y antifranquistas de todo tipo, que en un simulacro de justicia eran condenados. Y las sentencias del TOP eran revisadas por el entonces Tribunal Supremo.

“Pero bueno, Isaac, son historias viejas, hablamos de otra época, llevamos ya más de cuarenta años de democracia…”. Espera, que hay más: en la Transición, el TOP se disuelve pero sus restos no son barridos con mucha energía que se diga: 10 de los 16 jueces con plaza en el TOP pasaron directamente a la recién creada Audiencia Nacional… y al Tribunal Supremo. Y con ellos, todo el aparato judicial que los acompañaba.

“Vale, pero biológicamente es imposible que los actuales miembros del Supremo sirviesen también en la dictadura…”. En efecto, hoy el poder judicial es totalmente demócrata. Pero eso tampoco tranquiliza, al contrario: significa que ciertas inercias de la dictadura se han consolidado en la democracia, y ya no son herencia franquista, sino normalidad democrática. No son pocos los juristas que denuncian las continuidades, el fuerte conservadurismo del poder judicial y su vínculo con la dictadura aún hoy. Desde los tribunales siguen cayendo condenas a quienes denuncian el franquismo, lo mismo un tuit que un documental, como la escandalosa sentencia contra Clemente Bernad por grabar sin permiso una misa fascista.

Pero centrándonos en el Supremo, desde 1978 hasta el presente su tarea con las víctimas del franquismo ha sido ejemplar, sí: ha sido ejemplar en frenar cualquier intento de anular condenas, dignificar a las víctimas o perseguir a los represores. Una y otra vez les ha dado con la puerta en las narices: a la familia de Salvador Puig Antich. A la familia de Miguel Hernández. A la de Julián Grimau. A quienes han pedido anular unos consejos de guerra que eran un simulacro de justicia (y que una y otra vez son validados por la sala militar del Supremo). A quienes pidieron que el Estado asumiese la apertura de fosas. Solo una vez abrió la puerta a las víctimas: para que declarasen como testigos en la defensa de Baltasar Garzón, juzgado por investigar los crímenes de la dictadura, lo que fue el  portazo definitivo del Supremo a cualquier pretensión de justicia en democracia. Y que se la busquen en Argentina.

El último capítulo este martes, al paralizar la exhumación de Franco. No les bastaba con atender el recurso de la familia extremando el garantismo: tenían que añadir en el auto una morcilla de cosecha propia, y de reconocible sabor franquista: afirmar a Franco como jefe del Estado, y hacerlo desde la fecha que el propio Franco decidió, contra el criterio historiográfico y contra todo principio democrático.

Sacar a Franco del Valle de los Caídos va a ser un camino largo y difícil, lleno de obstáculos. Pero más difícil parece barrer las pelusas del franquismo de las nobles estancias de las Salesas, y de los cerebros de algunos magistrados.

https://www.eldiario.es/zonacritica/franquismo_tribunal_supremo_6_906469374.html


La educación concertada es un fracaso. David Bollero

04/06/2019

El alumnado de la educación concertada crece en España. Lejos de parecer una buena noticia, es pésima porque si algo pone de manifiesto este hecho es el fracaso de nuestros gestores y gestoras, el fiasco de la Administración para hacer frente a las necesidades educativas de la sociedad. Quizás no le interese una educación pública gratuita de calidad, pero somos muchas las personas que la defenderemos hasta las últimas consecuencias.

La educación concertada crece a un ritmo de 20.000 alumn@s adicionales cada año. Y las subvenciones que recibe también: más de 6.000 millones de euros al año. Hoy, Raúl Bocanegra revela cómo los presupuestos de la tríada PP-Cs-Vox salen al rescate de la Iglesia católica y sus colegios concertados, dotándolos de más dinero que a la educación pública. A nivel nacional y bajo el Gobierno de Pedro Sánchez (PSOE) con los presupuestos del PP, la educación concertada también vio incrementada sus partidas.

Cada euro de dinero público que subvenciona a este tipo de educación es una prueba del fracaso de nuestros gobernantes. La única justificación que hay detrás de estas subvenciones es la falta de centros escolares en un área para poder cubrir toda la demanda que existe. De producirse este hecho, se evidencia que alguien no ha hecho bien su trabajo, no ha previsto una crecimiento demográfico en regiones específicas o no ha sido exquisito a la hora de dotar de recursos educativos al boom del ladrillazo. Sin embargo, se sigue dotando de suelo público a intereses privados para que hagan negocio con la educación. ¿Por qué no destinar ese suelo a levantar un centro público? Decisiones como las de la ahora defenestrada Manuela Carmena de no ceder suelo público a la Comunidad de Madrid para que ésta los entregue a la educación concertada es una medida tan valiente como necesaria. Ojalá tuviera más réplicas.

Quien quiera educación privada, que se la pague; y que absolutamente cualquier persona tenga derecho a una educación pública, gratuita y de calidad. Con esos más de 6.100 millones de euros que la educación concertada recibe de nuestros bolsillos, ¿se imaginan cuánto podría hacerse para mejorar la pública? No hay voluntad política para ello y sí, en cambio, muchas ganas de llenarse los bolsillos con la educación.

Este artículo no es un ataque a la Iglesia católica en esta fórmula educativa -la abominación que supone invadir el espacio educativo con religión merece una columna exclusiva-, sino en general, hacia esas otras cooperativas laicas que también chupan del bote del Estado.

La educación concertada jamás debió existir y es un exponente más de la torpeza o vileza, según los casos, de quienes han pasado por nuestras Administraciones Públicas. Ver cómo se segrega al alumnado con dinero público, como se bordea la ilegalidad cobrando cuotas o se aprovechen limbos legales para sacar aún más tajada es indignante. Piénselo cada vez que barajen esa posibilidad educativa para sus hij@s: Cada centro de educación concertada es un torpedo en la línea de flotación de la pública.

https://blogs.publico.es/david-bollero/2019/06/03/la-educacion-concertada-es-un-fracaso/


¿Resistirá Pedro Sánchez los borboneos de Felipe VI? Domingo Sanz

31/05/2019

¿O se intentará blindar con Europa, donde en un solo día ha conseguido ser importante? Porque no han pasado ni 24 horas y lo primero que ha hecho ha sido volar a París para cenar con Macron, que no se podía negar, para asustar a un Pablo Iglesias más que tocado enseñándole el muñeco de su odiado Rivera. Alguien que, por cierto, viene de fracasar en su particular intento de “sorpassar” al PP. Pero sin duda, y aunque no lo contará, Sánchez ha ido a defenderse de los independentistas catalanes, que estos sí que han avanzado el 26 de mayo. Por eso Merkel después de París, haciendo de ministro de Exteriores.

Como no recordar marzo de 2016 y lo mucho que aquella “cal viva”, tan antigua, sirvió para blanquear la maldad que hubo en una votación contra Sánchez, y “contra natura”, de consecuencias incalculables. Y que, tiene bemoles, aún justifican algunos de los hoy muy perdedores culpando a la demoscopia de los tiempos revueltos. Como si no tuvieran la obligación de desconfiar de las encuestas.

El título alternativo era parecido, pero no idéntico: ¿Se atreverá Felipe VI a borbonear a Pedro Sánchez?, pero tal duda implicaba poner en cuestión las investigaciones sobre la herencia genética. Y también despreciar uno de los lugares comunes más usados en castellano durante siglos, por mucho que la RAE, no aceptando el término, haga su aportación al oscurantismo en español.  Todo sea para no cuestionar un símbolo principal del peor autoritarismo.

Como no recordar, en este punto, a Franco restaurando la Monarquía en 1947, nombrando sucesor a Juan Carlos I en julio de 1969 y atando definitivamente España a su trayectoria asesina al conseguir que, más de 40 años después de muerto, nadie se haya atrevido a poner en cuestión la forma de Estado, como si tal cosa fuera una plaga divina.

No paro de reír desde que mi amigo FV, que me conoce y, por tanto, no lo ha podido hacer con otra intención, me ha enviado un chiste de 1.274 palabras titulado “La tercera República española y la izquierda” firmado por García Manrique, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona, que dice cosas como la siguiente:

“Los republicanos españoles estamos de enhorabuena. Después de dos intentos que se frustraron muy pronto, a la tercera parece que ha ido la vencida, y la República española está a punto de cumplir cuarenta años”.

En este punto me pregunto si el profesor es un enfermo mental. Más adelante, dice:

“Bien, pero… tenemos un rey. ¿No es esta la mejor prueba de que no somos una república? Pues no, porque no es cierto que tengamos un rey de verdad.”

Mientras me pregunto dónde viven los reyes de mentira, entiendo que García Manrique piensa que quienes queremos una República que no se llame Monarquía somos unos ignorantes, y creemos que Felipe VI es como Fernando VII o, en el mejor de los casos, como su bisabuelo, Alfonso XIII.

García Manrique, el profesor universitario, hace demagogia cuando confunde de manera consciente conceptos diferentes que comparten la misma palabra en el diccionario. Abusando, sin advertirlo, de la idea de “res pública” afirma:

“Una república, por si hay que recordarlo, no es otra cosa que una comunidad de ciudadanos”.

Pero para no dejar coja la lógica argumental, el autor termina confesando que no es sino miedo lo que le lleva a ofender a la inteligencia. Disculpe que con esta última cita no pueda ser tan breve, pero es la clave:

“Sin embargo, la política es una práctica compleja que ha de tener en cuenta factores múltiples, y bien pudiera ser que, en 1978 e incluso todavía hoy, la estabilidad o la salud de la república pase por mantener el nombre de monarquía (constitucional). Se trata, pues, de una cuestión estratégica que no cabe analizar aquí, pero que no puede empañar el hecho esencial de que España es una república, por muy coronada que se nos presente”.

He elegido este artículo, recibido al azar, porque crea la teoría necesaria, aunque simplista, para justificar la coartada mental que la izquierda española ha compartido desde la Transición. Sería un chiste si no fuera porque tal autoengaño colectivo ha envenenado de debilidad esencial la denominada España, hasta el punto de que hoy se encuentra en los prolegómenos de su descomposición.

A la vista de que, como decía al principio, el independentismo catalán ha vuelto a mejorar sus resultados electorales y, por tanto, Felipe VI ya tiene que estar otra vez que no se soporta a sí mismo, con todo lo que eso significa de peligro para vidas y haciendas de los españoles inocentes, para finalizar es imprescindible decirle cuatro cosas a Sánchez.

A ver, presidente, ¿vas a seguir compartiendo los esquemas baratos de García Manrique para no vaciar La Zarzuela, o vas a comprender de una vez que merece la pena desatar ese nudo envenenado que nos dejó el fantasma que aún vive en el Valle?

¿No te parece poco atreverte solo con el muerto?

No olvides que hubo uno, antes que tú, que también decidió salvar al rey, pero que ese mismo rey salvado no tuvo la menor compasión a la hora de intrigar contra él hasta conseguir que dimitiera. También con peligro para vidas de terceros en un 23 de febrero.

Se llamaba Adolfo Suarez, y ya sabes que quien acabó con él es el padre de quien intentará, puedes estar seguro, acabar contigo.

Porque nunca podrás ni intentar lo de Catalunya si antes no nos libras de él.

Tú mismo, Pedro, pero no será fácil que tengas una ocasión mejor que esta.

¿Resistirá Pedro Sánchez los borboneos de Felipe VI?


Huele a derrota de la peor España. Domingo Sanz

23/05/2019

ESPAÑA-NEGRA-INED21

La peor España es esa derecha de España que nunca se atrevió a condenar el crimen franquista con todas las consecuencias.

La peor España no soporta el fracaso, y la peor España está fracasando.

La peor España es la que perdió un 28, y volverá a perder un 26.

La peor España no está perdiendo porque esté rota. Está rota porque la división es el mapa de la derrota.

La peor España no se ha roto porque su tiempo acabara. Su unidad de pacotilla acabó con el tiempo de la España que conocimos.

La peor España eligió terminar cuando aplicó leyes viejas para responder a los españoles que pedían leyes nuevas.

La peor España comenzó a morir cuando prefirió fuerza en lugar de inteligencia contra una Catalunya que le obligaba a pensar.

La peor España no dudó en usar al rey que presumía de España para implicarse contra una parte de España que aún era España.

La peor España grita desde sus escaños para salvar a ese rey del trance de dar la cara ante los líderes de la España a la que amenazó en persona.

Una niebla extraña apagó la luz de la peor España el día tres de un mes de octubre, y ni siquiera su rey se libró de olvidar que volverían las urnas cargadas de vida.

La peor España quiere arrastrar a la España que no sabe elegir primero la libertad, y después todo lo demás.

La peor España ha tardado ochenta años en perder la paz, porque nunca será capaz de ganar sin guerra.

La peor España está confundida, porque ya nadie se la quiere encontrar.

Huele a derrota de la peor España