El rey, los militares franquistas y Catalunya. Domingo Sanz

17/08/2018

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A finales de julio muchos especulaban sobre los decibelios que alcanzaría el abucheo de cientos de miles de catalanes al paso de un rey que, acompañado de Sánchez y otras autoridades, desfilaría por Barcelona el viernes 17 de agosto, con ocasión del primer aniversario de los atentados de Las Ramblas y Cambrils. Cuando usted lea esto es probable que lo imprevisible ya haya ocurrido.

Pero, de repente, y como en nuestros tiempos más oscuros, un silencio espeso se abatió desde el primer instante sobre las personas, todas relevantes, concernidas por una noticia inesperada, enmudeciéndolas sin compasión a pesar de que su actividad principal es hablar. El día 31 de julio el digital OK Diario, de Inda, abría portada dejando constancia del renacimiento de un miedo viejo, pero que en España no se ha conseguido superar: “181 altos mandos del ejército en la reserva firman un manifiesto en el que piden respeto a Franco”.

Y como siempre que el peligro golpea primero y no encuentra la respuesta necesaria para ser conjurado, quince días después los menos de 200 militares de aquel día D se habían convertido en casi 700, o quizás sean aún más cuando usted esté leyendo esto.

Las primeras preguntas que golpean contra la lógica más elemental nos interpelan dudas como las siguientes:

> ¿Cómo es posible que, en un país tan organizado y con tantas cloacas del Estado como éste, y donde tanto se  presume de democracia consolidada, un grupo inicialmente pequeño, promotor de una acción como ésta, haya podido ir realizando de manera clandestina, uno tras otro, los contactos necesarios para conseguir el apoyo de 181 militares en la reserva, sin que ni el Capitán General del Ejército y también rey, ni el Gobierno, ni el CNI, ni nadie con mando en plaza se enterara y, si se enteró, no actuara con la diligencia necesaria para impedir que se materializara lo que no es sino una amenaza real, me río yo de todos los independentismos, contra el poder legal y legítimo constituido?

¿Es posible que ninguno de los invitados a sumarse a un manifiesto franquista se haya negado a firmar?

> ¿Y es también posible que ninguno de los que se negaron, si los hubo, o incluso de los que firmaron, quizás alguno de ellos por compromiso, haya sentido la necesidad imperiosa de informar de lo que se estaba tramando a las autoridades pertinentes?

Se trata de preguntas cuyas respuestas quizás no nos concedan jamás ninguna de las personas que las conocen. Salvo que los juzguen.

Pero, una vez manifestada públicamente la amenaza de los militares franquistas, ya conocemos el resultado de la insoportable pasividad mantenida por todos los políticos, sean del gobierno o de la oposición, incluyendo al rey. Se ha multiplicado el peligro contra la democracia porque se ha multiplicado el número de militares que intentan torcer decisiones legítimas de los únicos representantes legales de la voluntad popular. Y ellos sí, sin el menor miedo a aparecer con sus nombres y apellidos, retando al tan manoseado Estado de Derecho con la evidente amenaza que siempre representa cualquier fuerza que esté o haya estado armada y decida manifestarse colectivamente.

Citaremos algunas cosas de las que SÍ han sucedido, y otras de las que NO han sucedido, desde que se conoció la amenaza militar.

> NO ha ocurrido que, el mismo rey que salió por TV hace diez meses para ahondar en la división de los catalanes amenazando a una sola de sus dos mitades, desarmada y pacífica siempre, haya salido esta vez por TV para advertir a los militares franquistas que, no solo desautoriza su manifiesto, sino que estará en contacto diario con el Gobierno de Sánchez para que adopte y ejecute todas las decisiones que sean necesarias para impedir que hechos tan inaceptables como el manifiesto franquista vuelvan a producirse, con especial interés por la depuración de responsabilidades legales en que pudieran haber incurrido cada uno de los firmantes del documento.

> NO ha ocurrido que el Gobierno haya dicho esta boca es mía, ni se ha filtrado a través de los medios ninguna iniciativa de Sánchez y los suyos en relación con este peligro.

> NO ha ocurrido que algún político del PP, y menos aún su líder, un partido siempre en el centro de todas las miradas cuando surge cualquier iniciativa que apoye directa o indirectamente a los protagonistas de una dictadura que nunca han condenado, se haya manifestado contrario a la iniciativa de los miembros de las fuerzas armadas admiradores de Franco.

> O nos hemos perdido algo, o NO ha ocurrido tampoco que políticos relevantes y en activo del PSOE, de Podemos, de Ciudadanos o de los partidos nacionalistas hayan denunciado el manifiesto franquista, requerido al Gobierno en público o en privado para que actúe inmediatamente y se hayan puesto a su disposición en lo que sea necesario para derrotar esta amenaza.

> SI ha ocurrido en cambio, y salvo prueba en contrario no deberíamos creernos que ambas cosas no estén directamente relacionadas, que ha sido después del manifiesto de los 181 cuando el gobierno legítimo de Catalunya y los partidos y entidades independentistas han decidido rebajar la tensión ante la visita de Felipe VI para el día 17 de agosto, hasta el punto de que el día 11 anterior Pedro Sánchez no pudo evitar hacer pública manifestación de su satisfacción por el tono que estaban adoptando los republicanos catalanes ante la presencia del rey en su tierra.

> SI ha ocurrido también que, mediante excusas legales que para muchos expertos no son de recibo, el Gobierno de Sánchez ha informado precisamente en agosto que se demoraba la exhumación del cadáver de Franco, la otra reclamación concreta que, junto con la referencia al conflicto territorial, figura expresamente en la proclama de los militares.

Así que hemos pasado de contar los decibelios de una protesta necesaria, perfectamente legal y tan inofensiva como las voces que se llevará el viento, a sentir detrás de nuestros cogotes la amenaza, cargada de violencia en la recámara, de los de siempre. Y siempre contra las libertades y la democracia, porque ni soportaron, ni soportan, ni soportarán jamás que exista lo que no les gusta.

Pero NO es el momento de lamentarnos por la mentira de democracia que hemos vivido, y comprender por fin que no podía ser de otra manera si a la desaparición de Franco no se aprobó ni aplicó ninguna ley que sacara de la cosa pública, a cualquier nivel y para siempre, a los que colaboraron de manera más efectiva, voluntaria y consciente con un régimen que negaba la libertad y obligaba a vivir a las personas bajo un sistema que estaba en las antípodas de la democracia.

De lo qué SI es el momento, y sin pérdida de tiempo, es de que el gobierno investigue todo lo que ha ocurrido y, con especial interés, averigüe si Felipe VI estaba informado, y desde qué momento, de la iniciativa de los militares franquistas antes del 31 de julio, y si informó al Gobierno de Sánchez desde el minuto uno en que tuvo conocimiento.

De quedar probado, y no hace falta ningún juicio para que se demuestre, ni tampoco que un imponderable así esté previsto por escrito en la Constitución de 1978, que el rey no ha actuado en este gravísimo asunto con la lealtad obligada a la democracia, el Gobierno, más todos los partidos políticos y fuerzas sociales, deben certificar inmediatamente la incompatibilidad de una monarquía, restaurada por Franco, con la continuidad pacífica de un sistema democrático en el que toda amenaza sobre las personas debe proceder, única y exclusivamente, de las leyes aprobadas por sus representantes, democráticamente renovados en urnas libres cada cierto número de años y de los cuales ninguno de ellos es rey. Sería de vergüenza que, primero en los años 80 del siglo XX y después en pleno siglo XXI, dos borbones seguidos conspiraran contra las instituciones resultantes del ejercicio de la democracia. Entonces Juan Carlos I contra el presidente Adolfo Suárez, y ahora Felipe VI para afectar la acción política en libertad y democracia que desarrollen los representantes de la sociedad, únicos autorizados para construir nuestro futuro, sea cual sea el que decidamos. @mundiario

https://www.mundiario.com/articulo/politica/rey-militares-franquistas-catalunya/20180816142702130036.html

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Felipe VI, el arte de llorar a las víctimas y municionar a los asesinos. Luis Gonzalo Segura

17/08/2018

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Señor:

A día de hoy resulta harto notorio que vuestra venerada magnificencia tiene una particular debilidad por la venta de armas y por los sanguinarios opresores y sátrapas, a los que incluso place de recibir, reír y embellecer su salpicada imagen. Baste rememorar que, recién ungido soberano de esta su España, viajasteis hasta Arabia Saudí para reconfortar a los hermanos saudís ante la pérdida de su tan querido tirano. No colmado con aquella atención, que no pocas protestas desató entre sus súbditos más felones, hasta en tres ocasiones intentasteis repetir el periplo, esta vez con intención de trapichear con armas por cientos o miles. Expedición que se consumó con éxito, para satisfacción suya y desesperación de no pocos, a principios de 2017. Finalmente, como no hay dos sin tres, recibisteis al heredero a la corona saudí en nuestra grande y libre nación, retratándose ambos sonrientes y pajareros a principios de 2018. A carcajada unísona, para ser exactos.

Si sabido es que la máxima preocupación de una gran mayoría de sus súbditos, bien educados en los parabienes de la bandera, la nación y su persona, no excede de Sálvame, Playstation, fútbol y Netflix, no lo es menos que algunos millones de antipatriotas y malvados de diverso pelaje gozan de intereses algo diferentes. Abrigan estos pecaminosos ciudadanos una torticera interpretación en la que se entiende que su excelentísima santidad sois versado de las atroces ejecuciones que acontecen en Arabia Saudí por cientos al año (150 en 2017) y miles a la década. Ejecutados cuyos delitos oscilan entre la homosexualidad, el adulterio, el ateísmo o la tan terrible disidencia. Se cree, en todo caso, con la humildad y el no escaso margen de equivocación de los siervos, que quizá a tan altísima excelencia no le incomode en alguna forma tales ejecuciones, dado que bien pudiera ser que su regio estómago estuviera, por el bien de la Patria, todo sea dicho, acostumbrado e incluso agradecido de tales episodios. Alguno existe, extremista como pocos, que sostiene lo deleitoso que le resultaría de repetir en tierras no tan áridas como aquellas tales depuraciones si la coyuntura lo permitiera.

Porque a poco que se analice la historia reciente nadie podrá negar que el antaño rey, ese conocido como Campechano, tan querido y adorado por la villanía, se postró a un sanguinario dictador mientras este asesinaba, reprimía y estrangulaba a su pueblo. Todo ello por el único y expreso deseo de conseguir una corona que le permitiera vivir al margen de la legalidad, como así fue, y cometer delitos, uno tras otro, en una vida que ya hubiera querido para sí el mismísimo Al Capone, y que le han reportado según los conocedores en la materia casi 2.000 millones de euros.

Se duda, igualmente, no con pocos argumentos, que su regia y excelentísima persona desconozca las atrocidades y salvajadas que sus hermanos sentimentales del Oriente Próximo están cometiendo en Yemen, donde suman más de diez mil cadáveres, entre los que no resulta muy complejo contar niños y niñas, ancianos y ancianas. Gracias a la formación que sus pilotos recibieron en nuestra Gloriosa España disponen sus hermanos de un gran tino en aquello de arrojar bombas, las cuales tan pronto caen en un cementerio atestado de personas devastando, amputando y segando a aquellos que lloran a sus muertos; como abaten un mercado en el que perecen por cientos los que allí pretendían hacerse con un bocado con el que llenar los vacíos estómagos, no en vano más de 17 millones de personas están en riesgo de hambruna en Yemen (tres de cada cuatro ciudadanos); como impactan en un hospital en el que yacen en condiciones horribles y tortuosas miles de malheridos; o como derriban un colegio y lo rocían todo de mutilación, destrucción y muerte.

Dado que su ilustradísima majestad, más entendida y diestra que su progenitor, legitimada por los designios de uno de los mayores asesinos del siglo pasado y la cópula de uno de los mayores adúlteros de las últimas décadas, pudiera no atisbar los reparos de algunos de sus súbditos, aquellos más desagradecidos con su persona y su linaje, en la desfachatez suya de asistir a la conmemoración de los atentados del 17 de agosto le quisiera recordar que son precisamente sus hermanos sentimentales los que han financiado económicamente la expansión de las ideas más radicales, tanto allá, en el Oriente Próximo, como acá, en Europa, lo que no pocos atentados ha originado. Incluidos los que se dispone a convertir en acto laboral, cual plañidera.

Puede que esta certeza no le genere mayor fatiga que los bombardeos o las decapitaciones que comentábamos al principio de esta misiva o que tal vez saboree de todo ello por aquello de que tales acontecimientos podrían atestar sus bolsillos al igual que, según numerosas denuncias, se colmaban las múltiples y pesadas faltriqueras del amado padre suyo con las bombas y la muerte. Puede, porque ya casi nada parece imposible y algunos somos perversos por naturaleza, que brillase en su interior una cierta satisfacción cuando el pueblo catalán fue lacerado el pasado 17 de agosto por los mismos a los que financia por aquello de que las tragedias unen a las familias más encontradas. Y no conseguido este anhelo tan patriótico, muchos sospechan, no descabelladamente, que pudiera haber sentido una cierta satisfacción con el apaleo de ciudadanos acaecido el 1 de octubre, tal y como lo haría el padre que espera que el cinturón resuelva lo que su ejemplaridad (o falta de ella) no fue capaz de inspirar, dado que ni una palabra amable tuvo para los apaleados. Los cuales tienen menos consideración en su persona que los asesinos, los corruptos y los criminales.

Nadie puede descartar que no sea conocedor del reciente bombardeo, acaecido el 9 de agosto de 2018, en el que sus amados sauditas tuvieron la ocurrencia de aniquilar tres autobuses en los que viajaban niños que acudían a un campamento de verano, igual que nuestros hijos, con resultado de 29 niños asesinados y un mínimo de 30 menores heridos (para un total de 50 muertos y 77 heridos). No resulta muy difícil, pero sí muy hiriente, intentar evocar las escenas: niños y niñas cercenados, decapitados, segados, quemados, despellejados. Pequeños como los nuestros, esos a los que tanto amamos, esos a los que cualquier contrariedad nos conduciría a la desolación. Casi sesenta familias destrozadas, casi sesenta padres y madres entre los que jamás quisiera encontrarme.

Y lo hicieron, como gran cantidad de las tropelías hasta ahora relatadas, incluido el terrorismo acaecido en Barcelona, que tan beneficioso resulta para la industria armamentista con la que tan piadosa relación mantiene, merced a la munición (casi 200 millones de euros en los últimos años), las armas (casi 800 millones de euros) y el blanqueo de imagen que tanto usted como su padre ofrecen, no desinteresadamente según diversas informaciones, a los criminales sauditas. Obras que, si algún día fueran juzgadas, constituirían crímenes tan repugnantes que despacharían sus regias posaderas a una prisión internacional.

Son todas estas razones, estimo, las que, por si su atareada agenda de venta de armas no le permitieron percatarse, unidas a otras no menos trascendentales, como haberse convertido España en un antro de corrupción y un Parque Nacional y refugio meridional de franquistas, fascistas y ultraconservadores de diferentes familias, géneros y especies los que generan no pocos fastidios en cuantiosos súbditos suyos.

Por todo lo aquí relatado, mi admirado y querido Señor, quisiera solicitarle muy humildemente que cese la venta de armas a criminales; elimine la inviolabilidad jurídica y permita que tanto su padre como usted y no pocos familiares suyos puedan ser juzgados como lo sería cualquier otro ciudadano que tales acciones ha perpetrado; abdique y someta a discusión y referéndum el destino, los anhelos y la organización territorial de sus hogaño vasallos; sancione, repudie y permita juzgar el franquismo (y a los franquistas); y ponga a disposición judicial la documentación e información con la que cuente sobre cualquier actividad delictiva en la que tanto usted como sus familiares pudieran haber conocido o participado.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.

https://blogs.publico.es/un-paso-al-frente/2018/08/16/felipe-vi-el-arte-de-llorar-a-las-victimas-y-municionar-a-los-asesinos/


Carmena y la Virgen de la Paloma. Antonio Gómez Movellán Juanjo Picó

16/08/2018

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A Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, le encantan los boatos y celebraciones que organizan las confesiones religiosas, en particular la iglesia católica. Se vuelca en ello y participa de forma activa, en ocasiones acompañada por su admirado arzobispo de Madrid Carlos Osoro, en todos los ritos y liturgias religiosas que proliferan en nuestro calendario festivo: ya sea en los actos de la Virgen de la Almudena, en los de San Isidro, en los de la Virgen de la Paloma, y en otros similares. También, desde que llegó a la alcaldía, está persiguiendo un posado de fotos con el papa Francisco y con el más devaluado Dalai Lama; en Navidad organiza cenas para pobres, al estilo de las películas de Berlanga, con el líder indiscutible del marketing caritativo español, el transversal Padre Ángel, quien ha ido desde oficiar misas a Franco hasta participar en charlas con líderes de la izquierda.

Pero no solamente es la alcaldesa de Madrid la que participa en las liturgias católicas; este país está repleto de cargos públicos, de todo color político y a todos los niveles, sea en alcaldías, concejalías, diputados/as autonómicos, representación de instituciones y un largo etcétera que durante todo el año, y especialmente en el periodo estival, participan en centenas de procesiones, rogativas, imposición de medallas a vírgenes, otorgamientos de varas de mando y nombramientos de alcaldesas perpetuas, misas y otros ritos religiosos, muchos de ellos acompañados por funcionarios de cuerpos diversos de la administraciones, bomberos, policías, bandas municipales, incluso del estamento militar y otros, como en Madrid, el 15 de agosto, con el curiosísimo y estrafalario descenso del lienzo de la Virgen de la Paloma.

En otros lugares, como en Cantabria, se ha llegado al ridículo de fomentar peregrinaciones que estaban totalmente en decadencia, como el llamado Año Santo Lebaniego, donde incluso se han creado sociedades públicas para gestionar estos eventos ya que, todo este boato católico, tiene su derivada en los costes que suponen su celebración al erario público. El ridículo mayor lo hizo Miguel Ángel Revilla, que llevó a Santander, el año pasado, para promocionar el Año Santo Lebaniego, a Enrique Iglesias y todavía los santanderinos están esperando saber cuánto costó esta patochada.

Ante esta situación, cuando los representantes públicos participan, sin el menor rubor, en estas liturgias, seguir afirmando que estamos en un Estado aconfesional es, por lo menos, contradictorio.

Muchos de estos cargos públicos, para justificar lo injustificable, disfrazan su participación y la de la institución que representan como una obligación de presencia en una tradición popular o por considerar que tales eventos tienen un carácter cultural y no religioso. En general, si se estudian estas liturgias y celebraciones religioso-festivas veremos que la mayoría no tienen más allá de dos siglos y generalmente están unidas a la creación de un imaginario social ultrareaccionario frente al avance del liberalismo y la modernidad. Es el caso de la Virgen de la Paloma, una imagen de devoción popular y siempre muy protegida por la monarquía católica española, que en sus orígenes es escondida por miedo, primero, al liberalismo y la Ilustración, después a Napoleón y finalmente a los republicanos. Por eso, la escenificación de colgar y descolgar el lienzo de la Virgen conlleva un significado de protección. Se descuelga el lienzo y se esconde entre el pueblo, como medida de precaución cuando llegan las olas de progresismo, liberalismo o republicanismo para, después, cuando se producen las restauraciones monárquicas, tradicionalistas y católicas, volver a colocarlo en la basílica.

La asistencia y participación activa por parte de Manuela Carmena y otros cargos públicos en estas liturgias católicas tiene mucho de populismo buscando réditos electorales.

En contraposición a estas actitudes, hay un número significativo de nuevos alcaldes y alcaldesas que intentan impulsar el laicismo en las instituciones públicas. Es el caso del alcalde de Santiago de Compostela, Martiño Noriega, del grupo político En Marea, que nunca ha asistido a la fiesta patronal del apóstol patrón de España, manteniéndose en su postura pese a las presiones. O en otros muchos Ayuntamientos como los de Valencia, Gijón, Rivas-Vaciamadrid, que han suscrito acuerdos para adherirse a la Red de Municipios por un Estado Laico. O muchísimos otros cargos públicos que, en coherencia con los idearios de sus partidos políticos, promueven el laicismo institucional y la libertad de conciencia. No está siendo este el caso del Ayuntamiento de Madrid, ni por parte del equipo de gobierno de Ahora Madrid ni por su alcaldesa Manuela Carmela, que siguen participando en un sinfín de actos confesionales en nombre de todos los madrileños en clara contradicción con su propio compromiso electoral cuando de forma explícita la alcaldesa afirmó, en la campaña electoral, que no asistiría a ningún acto confesional.

Algunos pensaran que todo esto es sólo algo simbólico, que no tiene tanta importancia, pero la adopción institucional de una simbología religiosa, principalmente católica, suele ir también unida a la defensa y no cuestionamiento del statu quo dominante en la ciudad en ámbitos como la economía, el urbanismo o los servicios públicos.

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Antonio Gómez Movellán y Juanjo Picó son miembros de la Junta Directiva de Europa Laica

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/08/15/carmena_virgen_paloma_85818_2003.html

De esos franquistas que dirigen las Fuerzas Armadas.Luis Gonzalo Segura

16/08/2018

Militares franquistas

El manifiesto franquista, al que ya casi se han adherido 600 militares, no ha sido fruto de un brote psicótico contagioso, ni consecuencia del calentamiento global, ni tan siquiera ha sido producto de la estima, condescendencia y cariño con el que los monarcas, Juan Carlos y Felipe, han deleitado a los sucesores de Franco, como si de familiares suyos se tratase, sino que se ha debido a los cuidados favores y las meditadas dejaciones de una clase política, PP y PSOE, que, subyugada por las élites franquistas, jamás quiso demoler uno de los principales bastiones fascistas: el Ejército. Como jamás osó ni tan siquiera arañar el imponente edificio eclesiástico, hoy tan  resplandeciente como en tiempos más pérfidos.

Lo que ha sucedido, la masiva exaltación fascista de más de medio millar de militares, la mayoría altos mandos, muchos coroneles y generales, y uno de ellos el último que me arrestó estando en activo, ha sido germinado y cultivado con las cariñosas y ensangrentadas manos de los que empuñaron las armas contra la democracia mientras que los valientes militares que la defendieron fueron masacrados primero y olvidados después hace ochenta años (y purgados primero y humillados después hace cuarenta años). Porque el PP y, lamentablemente, el PSOE prefirieron ascender fascistas y vejar demócratas que justamente lo contrario, lo que la razón dictaba que deberían hacer y lo que Europa hizo.

Es por ello que todavía hoy muchos altos mandos militares ensalzan la figura de Franco como valeroso y profesional militar, comen uniformados en Casa Pepe -Restaurante Museo Franquista-, escriben artículos incendiarios contra la memoria histórica, amenazan a los ciudadanos con intentonas golpistas, exhiben orgullosos símbolos fascistas, saborean libros franquistas, rememoran a héroes franquistas, exigen a su comandante de las Fuerzas Armadas -el Rey- usar las armas contra los ciudadanos, escriben cartas amenazadoras a políticos, dirigen y financian fundaciones franquistas, utilizan las redes sociales de forma impune para insultar y amenazar a progresistas, leen proclamas franquistas en los patios de armas, solicitan la ilegalización de partidos políticos democráticos, ensalzan franquistas en las páginas web de los Ejércitos, persiguen y acosan a los representantes asociativos, escriben cartas fascistas a medios de comunicación, exigen la invasión militar de Catalunya o menosprecian públicamente los derechos humanos (todo ello documentado en ‘El libro negro del Ejército español’).

Son de una calaña tan miserable que en Alemania, Francia o Italia serían delincuentes, aunque aquí alcancen las cotas más altas de la cúpula militar, mientras una gran parte de la ciudadanía ignora que son muchos más los franquistas prudentes que aguardan en la madriguera que los estúpidos que firmaron.

Lo acontecido no habría sido posible sin reyes franquistas y sin políticos que no fueran franquistas, oportunistas o marionetas. Porque lo que hubiera correspondido habría sido penalizar cualquier tipo de exaltación franquista y perseguir hasta en el escondrijo más recóndito a todo franquista y/o cómplice fascista que hubiera vestido el uniforme militar para condenarle inmediatamente al desempleo y a la repulsa. Previo paso por prisión, claro está. Pero no habiendo hecho esto, irónicamente, es justamente lo que los franquistas hacen con los demócratas: purgarnos como si fuéramos los más viles delincuentes después de humillarnos y encerrarnos. Todo ello mientras Pedro Sánchez o Margarita Robles, actuales presidente del Gobierno y ministra de Defensa, miran al tendido como si aquí no pasara nada y todo se solucionara anulando convocatorias discriminatorias con las mujeres o desalojando al fiambre del palacio. Mal harán los gobernantes contentándose con tiritas cuando el negocio se resuelve en un lance a democracia o neofranquismo.

Porque las Fuerzas Armadas no pertenecerán al siglo XXI hasta que honren a los militares demócratas, que por miles murieron durante la sangrienta sublevación fascista y que por más de cien arriesgaron su vida antes y después de la plácida muerte del dictador en una democracia que jamás fue, que jamás se quiso que fuera. Son los militares republicanos y los miembros de la UMD los referentes que debieran idolatrar nuestros militares, pero sin embargo hoy ni les conocen. Es esa la herida que sigue y seguirá contaminando la Institución y la sociedad misma: la promoción del fascista y la censura del demócrata.

Nuestros militares deberían aprender en las distintas academias que Franco fue un traidor entre los leales, un trapacero entre los traidores y un genocida entre los asesinos, al que solo tales atributos le permitieron liderar la horda de sedientos criminales que bombardearon ciudades asesinando mujeres, ancianos y niños para perpetrar su crimen; fusilaron maestras, escritores, intelectuales o poetas para laminar sus deficiencias; violaron, torturaron y cercenaron penes y cabezas para encumbrar su inhumanidad; o robaron y traficaron con bebés para enmendar sus impotencias.

Pues resulta aceptado casi unánimemente que el fascista es un animal bruto, corrupto, salvaje, muchas veces alcohólico, machista, clasista, trapacero, homófobo, generalmente racista, particularmente inculto y mayoritariamente despiadado, siendo el franquista entre ellos una subespecie ibérica con algunos de estos atributos más pronunciados.

Todo ello debería haber provocado en nuestra clase política, en nuestros intelectuales más destacados y en nuestras personalidades más respetadas el más inquebrantable e infatigable repudio hacia estos primitivos despojos, pero en ausencia de ello, las Fuerzas Armadas exhiben su franquismo a plena luz del día, teniendo a la Legión, cuerpo militar fascista responsable de atrocidades que harían perder la cordura al corresponsal de guerra más curtido, como símbolo más destacado. Cabra incluida. Una exhibición que estremecería a cualquier país con unos aceptables parámetros democráticos pero que en la actual España es recibida con vítores, banderitas y aplausos.

En definitiva, son las Fuerzas Armadas de un país reflejo del mismo, así pues obsérvenlas con atención para concluir que es España lo mismo que estas: moderna en sus formas, corrupta en sus estructuras y franquista en su esencia.

 

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de ‘El libro negro del Ejército español’.

https://blogs.publico.es/un-paso-al-frente/2018/08/14/de-esos-franquistas-que-dirigen-las-fuerzas-armadas/


Dos detalles relevantes en medio de un caos contenido.Domingo Sanz

14/08/2018

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Podemos llamar caos contenido a una coyuntura en la que, aunque los semáforos funcionen, nadie se atreve a apostar sobre lo que seguirá en pie y lo que no de aquí a un año, incluso menos. Si no está de acuerdo, retroceda hasta la Semana Santa pasada y pregunte a los Sánchez, Rajoy o Casado que era lo que imaginaban que estarían haciendo a principios de este mismo verano. Precisamente por la confusión que rodea a muchos acontecimientos en circunstancias como la que vivimos, a veces no reparamos en todos los significados que desvelan.

Comenzaremos con el auto de la jueza que ha instruido, hasta donde legalmente podía, el ya denominado “Caso Casado”. Como es sabido, el nuevo líder del PP está protegido por uno de esos aforamientos que tantas ventajas han proporcionado a los delincuentes pertenecientes a unas élites que en España son muchos más que en las democracias que nos miran del resto de Europa. Pero lo relevante en este caso, y que no ha sido destacado en los medios tal como se merece, es que la jueza hace mención a unas declaraciones públicas de Casado que se refieren expresamente a algunas de las pruebas que han aparecido durante la instrucción. Ayer, jueves, uno de los tertulianos mañaneros de la SER afirmaba que, en virtud de no recuerdo qué reforma legal, la magistrada Rodríguez-Medel podría haber citado a declarar a Casado a pesar de su blindaje contra la Justicia que sí rige para el resto de contribuyentes. Ekaizer sostuvo que, si lo hubiera hecho, la guardia pretoriana del sucesor de Rajoy se habría lanzado a degüello contra la instrucción. Desde aquí, sin quitar razón al probablemente mejor conocedor de lo que pasa en el poder judicial en España, yo sostengo que la jueza ha considerado que, cuando una persona está hablando de blanco o negro, o de tener o no tener un ordenador, si la respuesta es SI, tiene que ser SI en cualquier sitio, sea ante la prensa o ante un tribunal. Con ello, ha demostrado tanto respeto por las palabras de Pablo Casado como responsabilidad les exige en cualquier circunstancia.

El resultado, en este momento, es que el sospechoso líder se haya ante la tesitura de reconocer que mintió a todo el mundo sobre su ordenador o, si dijo la verdad, debe proceder a entregar al Supremo la prueba de su inocencia. La feliz conclusión que podemos extraer es que, tras tantos decenios de hipocresía por parte de políticos exigiendo a los contrarios que digan la verdad, resulta que un simple Juzgado de Instrucción, el número 51 de Madrid, ha conseguido, con cuatro líneas en un auto dirigido al Tribunal Supremo, meter más miedo en el cuerpo a los bocazas que cobran del erario público que todas las leyes juntas aprobadas en el Congreso de los Diputados, en algunas de las cuales se han dedicado a consagrar los privilegios de sus señorías y colegas contra el vulgo que los elige cada cuatro años. Nos hayamos ante un más que interesante aviso a navegantes que, probablemente, ahorrará al ciudadano de a pie muchos momentos futuros de vergüenza ajena cuando escuche o lea lo que dicen los políticos, pues quizás se lo piensen antes de hablar. Y cómo no recordar que don José Castro solo fue, también, un juez de Instrucción de Palma de Mallorca, evidencia contra la que nadie puede asegurar que, si el Tribunal Supremo hubiera tenido que investigar el caso que más famoso ha hecho al juez recién jubilado, Urdangarin estaría ahora mismo en la cárcel y la hermana del rey hubiera terminado siendo condenada, aunque solo lo haya sido a título lucrativo.

El segundo detalle relevante de hoy, sobre el que también se han eludido las reflexiones más incómodas, ha sido la declaración del prior del Valle de los Caídos, afirmando que consentirá la exhumación del cadáver de Franco, pero solo si lo ordena personalmente Felipe VI. Rápidamente, algunos de los tertulianos más “espabilados” se han apresurado a salvar al rey de tal compromiso afirmando que firmará ese decreto, como todos los demás, y que eso es equivalente a lo que pretende el prior. Lo primero que me pregunto es si estos habituales del debate creen que el tal prior es tonto, y también que lo somos los millones de personas que los escuchamos diariamente.

Al margen de lo anterior, no parece que las actuaciones del nuevo rey le hayan granjeado excesivo respeto entre quienes sin duda le defienden. Tiene lógica, pues a la vista de como se dejó abusar por Rajoy tras el estruendoso fracaso que supuso para su gobierno la celebración del referéndum del 1 de octubre, la única conclusión posible es que este rey no se respeta ni a sí mismo ni a la institución que representa. No creo que haya nadie que pueda sostener que Catalunya estaría hoy un milímetro más lejos de lo que ya está de España si Felipe VI le hubiera dicho a Rajoy que eso era asunto del Gobierno y que, por tanto, no pronunciaría el discurso del 3 de octubre.

Hay que tener en cuenta los detalles que construyen el respeto que cualquier personaje público se va ganando entre quienes le rodean. Si a lo anterior añadimos el feo feísimo que el propio Rajoy le había hecho al rey al no trabajarse la investidura tras las elecciones del 20D, pues saque usted mismo la única conclusión evidente.

Además de este enfoque sobre la “maldad” del prior, si finalmente el gobierno consiguiera sacar ese cadáver y la monarquía no fuera derrotada, por casualidad, pues de otra manera no parece posible, antes de cuatro décadas más, una nueva confusión, sutil y pertinaz, volverá a infectar nuestra memoria colectiva, tan maltratada a lo largo de la historia. Siempre aparecerá quien defienda que fue Felipe VI quien consiguió derrotar al franquismo, esa especie de enfermedad mental española imposible de curar.

Ahora que sabemos quién era el padre de Felipe VI, como no recordar que desde el 23 de febrero de 1981 para millones de personas fue el, y nadie más que él, quien aquella noche salvó una democracia recién estrenada, pero que ahora muchos le añaden “con reparos”.

Y al constatar la manera tan aviesa que tiene de burlarse en público del rey y del gobierno alguien como el prior del Valle de los Caídos, nos viene a la cabeza como los militares Armada, Milans del Bosch, otros y también los de la trama civil vinculada, con tal de salvar la herencia más valiosa del cruel Francisco Franco, la Monarquía, guardaron silencio sobre lo mucho que sabían de la implicación de Juan Carlos I en el plan para acabar con Adolfo Suárez, alguien que entonces ya no era un político nombrado por ese mismo rey, sino que había sido elegido en dos ocasiones consecutivas en unas urnas, las de 1977 y 1979, en las que todos los españoles habían podido votar libremente. Un plan que se le terminó yendo de las manos al rey y desembocó en aquel golpe de estado de opereta, pero que resultó esencial para que regresara el miedo.

La prueba del triunfo a cara y a cruz de Juan Carlos I y los de Tejero, con suerte dispar, pero todos dispuestos a salvar “lo principal” cerrando el paso a una democracia que podría haberse desatado, es que hoy, tantos años después, la descomposición de aquel consenso en el alambre es de tal calibre que cualquiera puede reírse del gobierno enseñando los mismos fantasmas de siempre, y aunque la mayoría parlamentaria sea antifranquista, nadie se atreve a poner el cartel de “liquidación por reforma total” en la fachada del viejo entramado.


Pluralismo religioso y escuela laica. José Antonio Pérez Tapias

14/08/2018

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El patio está revuelto, incluso en vacaciones. Desgraciadamente no se puede decir que sorprenda, pues son por todos conocidos los personajes que se dedican a caldear el ambiente. Cuando el recién elegido presidente del PP se dedica a lanzar soflamas xenófobas contra los inmigrantes y cuando no faltan quienes constantemente refuerzan la conexión entre inmigración e Islam para denostar a ambos, presentándolos como peligros para nuestra sociedad, nadie puede decir que le extrañe que haya movidas en torno a las medidas encaminadas a introducir la enseñanza del Islam en algunos colegios. Unos ponen las premisas y otros sacan las conclusiones; unos preparan la mecha y otros encienden el fuego. Vemos así cómo padres y madres del alumnado de ciertos centros educativos, con medios de comunicación que los jalean y cargos públicos que los lanzan al ruedo, toman el altavoz para rechazar de plano esa propuesta, aduciendo que están en contra de la “imposición” de la obligatoriedad de la enseñanza de la religión islámica en las aulas.

El caso que de modo inmediato nos trae a este debate es el que afronta el gobierno de izquierda de la Comunidad Valenciana, el cual se ve en el trance de lidiar con esa protesta cuando precisamente trata de cumplir una normativa aprobada por el gobierno del Partido Popular, aplicada en otras comunidades autónomas y planteada además con carácter experimental antes de hacerla extensiva a más colegios de zonas con proporción significativa de población musulmana. No es fácil deshacer el embrollo, y no ya por el hecho de una islamofobia de todo punto rechazable, sino por el planteamiento desenfocado de la cuestión que encontramos en las mismas bases normativas desde las que el asunto se aborda, contando con la buena voluntad de un gobierno que quiere evitar discriminaciones entre estudiantes de confesiones diversas, a la vez que pretende cumplir la ley, aunque no esté de acuerdo con ella.

Los hechos comentados se cargan de paradojas cuando, a la vez que ocurren, los parlamentarios de Compromís, fuerza política coaligada en el gobierno de la Comunidad Valenciana, presenta una proposición en el Senado para que sea eliminada la asignatura de religión del sistema educativo. A ello se suma otra coincidencia en el tiempo no menos chocante: dicho gobierno de coalición, en el que participa el PSPV-PSOE, se dispone a implantar las mencionadas medidas a la vez que el gobierno socialista presidido por Pedro Sánchez, por boca de su ministra de Educación, anuncia que cambiará el articulado de la LOMCE relativo a la enseñanza de religión para que ésta no sea asignatura evaluable y no se ofrezca una asignatura alternativa sobre valores para que alumnos y alumnas tengan que elegir entre ellas. Cualquiera diría que se echa en falta un poco de coordinación, al menos, pues la oferta de enseñanza del Islam, y además, según se informa, de la doctrina de la Iglesia Adventista de los Santos de los Últimos Días, lo que hace es multiplicar la situación de la enseñanza de la religión católica cuyo estatuto se quiere modificar.

Del mismo relato de los hechos sobresalen dos aspectos ya señalados, uno de los cuales es muy negativo, y el otro positivo, aunque podemos decir que positivo a medias. Del primero hay que destacar cómo, al carácter xenófobo del rechazo al Islam, se añaden mentiras que contribuyen a la difusión del prejuicio antiislámico. Así, quienes se han concentrado para protestar contra la enseñanza del Islam han puesto de su cosecha que tal enseñanza es “obligatoria”, cuando no es el caso –como no es obligatoria la asignatura de religión para alumnado católico, sino sólo para quienes opten por ella–. No hace falta insistir mucho en que el discurso islamófobo se nutre de todos los prejuicios y juicios negativos habidos y por haber contra la religión musulmana, desde que es esencialmente fundamentalista hasta decir que es incompatible con la democracia, pasando por el subrayado de su machismo; y todo ello dicho sin considerar versiones del Islam que no responden a esos parámetros o pasando por alto la negra historia del catolicismo en su vertiente integrista, patriarcal o de apoyo a dictaduras.

Volviendo a lo positivo de los hechos reseñados, sobresale el interés puesto en juego para que no haya discriminación entre unas religiones y otras. Pero precisamente a partir de ello hay que poner el acento en otra cuestión fundamental, que es ingrediente que no puede faltar si se sostiene la aspiración a que tanto en el sistema educativo, como en el sistema político en su conjunto, se contemple de manera consecuente el principio de laicidad. Éste no exige sólo la no-discriminación por motivos de creencias, es decir, la igualdad de derechos se tengan unas convicciones u otras, sino que obliga a mantener diferenciadas, y en los espacios públicos separadas, la razón y la fe o, a otra escala, la política y la religión, o el Estado y las iglesias. Por ello, hacer que perdure el modelo de enseñanza de la religión del que se ha servido en situación de privilegio la Iglesia católica, extendiéndolo a otras religiones para que no se vean discriminadas, es una mala solución por ser una solución a medias, pues sigue implicando un déficit grave en cuanto a la laicidad consonante con una democracia constitucional coherente.

Poniendo premisas adecuadas respecto a laicidad democrática, lo suyo ha de ser lograr una escuela laica en la que no estén presentes las religiones en el modo de enseñanza confesional de las mismas –y menos con valor curricular en condición de evaluables y computables para media académica de expedientes-. Una y otra vez hay que insistir en que la laicidad que se propugna para el Estado y para la escuela no es antirreligiosa, sino exactamente contraria al confesionalismo en los espacios públicos, teniendo en cuenta por lo demás la diferencia entre el espacio público político que suponen las instituciones del Estado y el espacio público social que es la escuela. Ésta tiene un singular valor convivencial que va en la entraña de la tarea educativa, y es desde esa perspectiva desde la que ha de educar para una convivencia democrática desde la pluralidad, incluida la diversidad religiosa. Ello no se consigue con multiconfesionalismo en la escuela, sino aprendiendo a relacionarse desde las diferencias religiosas –como otras–, para lo cual es imprescindible una formación respecto a lo religioso que ha de ir enmarcada en una educación intercultural, en la cual ha de contar la perspectiva ecuménica que capacite para el diálogo interreligioso.

Es decir, en una escuela laica lo religioso no tiene por qué estar ausente, sino transversalmente presente, laicamente traído a la acción educativa, sin pretensiones de catequizar, sino de formar en relación a esas tradiciones de sentido de la humanidad que son las diversas religiones, valiosas en tanto llevan incorporadas en ellas exigencias éticas de justicia. Eso es lo que hay que aprender y, por ende, lo que ha de enseñarse respecto a lo religioso en una escuela laica, imprescindible para la convivencia en sociedades secularizadas, pluralistas y democráticas. Es laicidad que debe afectar a todo el sistema educativo, es decir, también a colegios regentados por instituciones religiosas, siempre que los haya; sus alumnos y alumnas no han de ser distintos de otros en tanto ciudadanos y ciudadanas. Y si se dice que se puede aprovechar el espacio escolar con su índole convivencial para transmisión de una fe, debe ser fuera del horario escolar, sin valor curricular y sin el abuso de privilegio alguno.

¡Poco confían en su mensaje de salvación quienes para difundirlo necesitan de ilegítimo apoyo político y de injustificable cobertura legal! ¡Y poco testimonio de fe, aparte de ostensible muestra de carencias democráticas, ofrecen quienes para supuestamente defender su religión tienen que atacar o marginar a otras! Así, pues, por razones de justicia –esas sin las cuales no hay validación alguna de creencias religiosas – y por exigencias democráticas, vayamos hacia una escuela laica. Para ello, háganse los cambios legislativos necesarios (incluyendo la denuncia de los acuerdos del Estado español con la Santa Sede, constante piedra de tropiezo en nuestra España democrática, que ha de ser removida sin dilación).

 


A un año de los atentados, ¿actos despolitizados con el rey de España? Sin Permiso

14/08/2018

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Con motivo del primer aniversario de los atentados en la Rambla de Barcelona y Cambrils del pasado agosto, están programados una serie de actos en Cataluña. No han sido invitados, pero está prevista la asistencia del presidente del Gobierno español y del jefe del Estado, el rey Borbón. También estarán el presidente de la Generalitat catalana y la alcaldesa de la capital catalana. Se han alzado voces, desde la derecha ultranacionalista española con conexiones fascistas de Sociedad Civil Catalana (con apoyo de Ciudadanos, PP, Vox, entre otros), hasta la de distintas voces de izquierdas para “no politizar los actos de homenaje a las víctimas”. ¿Cabe delirio más profundo?

El rey que realizó un discurso a principios de octubre del año pasado después de las cargas de la policía española y la Guardia Civil a la ciudadanía que quería votar por la autodeterminación el 1 de octubre, que dejó sorprendidos hasta a muchos monárquicos por su bestialidad, viene a Barcelona y “no hay que politizar este hecho”. Se puede tener imaginación, hasta una delirante imaginación, pero ¿es posible tenerla hasta tan estratosférico grado? Incluso un dirigente de Podemos ha llegado a decir que es normal el hecho de que Felipe VI acuda como monarca a este tipo de actos que “tienen que ver  con un terreno que no es el de la política”. ¡Qué imaginación tan desbordante! No han sido invitados ni el rey ni el presidente del gobierno. Y vienen. Como explica un artículo que reproducimos en Sin Permiso, el mensaje es claro: “Este territorio es nuestro y vosotros sois nuestros súbditos, lo queráis o no”. ¡Y no hay que politizar este tipo de actos!

El homenaje a las víctimas más generoso será en la medida en que menos hipócritas sean políticamente los actos en su honor. Desde los atentados del 17 de agosto de 2017, han pasado muchas cosas en Cataluña y en el Reino de España. Entre otras muchas, el impresionante 1 de octubre que recorrió el mundo con las imágenes de la policía apaleando a la ciudadanía pacífica. Entre otras muchas, la aplicación del artículo 155 de la Constitución española. Entre otras muchas, la convocatoria de unas elecciones en Cataluña por parte del gobierno español para que fueran ganadas por los partidos constitucionalistas monárquicos y contrarios al derecho de autodeterminación, y la mayoría fue ganada por partidos que defienden el derecho a la autodeterminación y la república catalana.

Entre otras muchas, el encarcelamiento de presos políticos catalanes y el exilio de otros. Entre otras muchas, se ha impedido (votos del PSOE y PP mediante) formar una comisión específica en el Congreso sobre los movimientos del imán de Ripoll, su relación con el CNI y la Guardia Civil. Entre otras muchas, el presidente del Gobierno español ahora es del PSOE. Y si se siguieran las consignas de la extrema derecha, la derecha dura y alguna izquierda, parece ser que no hay que politizar un acto en el que vienen sin ser invitados algunos de los protagonistas directos de todas “estas cosas”. Una imaginación estratosférica.

Sin Permiso publicó con motivo de los atentados en Cataluña y de la posterior gran manifestación (medio millón de personas que nadie discutió… esta vez) en la que fueron abucheados el Borbón y el presidente del Gobierno español de entonces, Mariano Rajoy, el editorial que a continuación volvemos a reproducir. Tiene un valor añadido además para nosotros porque fue el último escrito que firmó como coautor Antoni Domènech. Fue publicado hace casi un año, pero hemos creído que mantiene una razonable vigencia, porque han pasado muchas cosas desde entonces, pero algunas realidades siguen vigentes con tremenda crudeza. Y el desenlace está completamente abierto.

Posdata al editorial: ¿Pero qué esperaban en Ripoll y en Barcelona?

Escrito por Antoni Domènech (editor general de Sin Permiso de 2005 a 2017), Gustavo Buster (editor de Sin Permiso) y Daniel Raventós (editor de Sin Permiso)

Las primeras maniobras en caliente del Gobierno Rajoy para el 1 de octubre se han saldado con una retirada, que no se ha convertido en desbandada por el rápido reconocimiento de su máximo responsable del alcance de la situación. Que Rajoy haya tenido que reconocer que la manifestación de Barcelona de repulsa a los atentados ha salido bien, después de la pitada colosal con la que fueron recibidos tanto él como el rey Felipe VI, ha debido escocer mucho.

Lo que parecían los flecos del extremismo fascista tras los atentados de Barcelona y Cambrils, -con sus ataques a la mezquita de Granada, pintadas en otros tantos lugares de culto musulmanes y paliza grupal a una mujer con hijab- se convirtieron en una “moderada” campaña de prensa orientada a golpe de argumentario desde los servicios de comunicación de La Moncloa. Aníbal Malvar da cuenta de ella y a eso nos atenemos.

Se les atragantó el mensaje impuesto desde la calle: ‘¡Barcelona, ciudad de paz!’ y ‘No tenim por!’ Porque en definitiva, la “moderada” estrategia del mal menor que ha desplegado desde hace meses el gobierno Rajoy contra el referéndum de autodeterminación catalán propuesto para el 1 de octubre, se basa en el miedo. En meter mucho miedo, de “manera proporcionada”, como solo sabe hacerlo quién tiene el monopolio de la violencia como última razón de estado.

Los atentados están para ser gestionados desde el miedo, imponiendo la seguridad sobre la democracia, la separación de las comunidades por precaución sobre la fraternidad republicana, y el opaco conocimiento de las cloacas propias y ajenas sobre la transparencia informativa. La aparición en primer plano de la mayoría de la población, imponiendo un mensaje muy distinto, y el sabio y prudente paso atrás haciéndose eco de él, primero del Ayuntamiento de Barcelona y después de la Generalitat de Catalunya, ha creado un escenario completamente imprevisto para el Gobierno Rajoy.

Intentó recuperar el control, manteniendo la campaña de prensa para al menos no sufrir mayor desgaste en su propio electorado fuera de Catalunya, organizando su presencia al más alto nivel institucional en la manifestación y agitando el fantasma de la “unidad”, es decir de la sumisión a su mensaje antiterrorista. Nada de esto, es evidente, sirvió.

A la manifestación de Barcelona del 26 de agosto acudió medio millón de personas. Nadie se ha atrevido a discutir las cifras. El gobierno Rajoy tuvo que aceptar la decisión del ayuntamiento de ceder la cabecera a quienes habían estado en la primera linea de actuación en los atentados: los Mossos d’Esquadra, los servicios de emergencia, el personal de los hospitales. La comitiva institucional tuvo que ser “encapsulada” y situada detrás, a una distancia suficiente, lo que no evitó el abucheo y los pitidos contra quienes se habían desplazado de Madrid en una interesada solidaridad y que no contaron con otro apoyo que el patético contingente organizado por la autoproclamada “Sociedad Civil Catalana”.

Que la denuncia masiva de la venta de armamento, intereses comerciales y corruptelas varias entre la monarquía borbónica y el Gobierno central con los regímenes antidemocráticos de Arabia Saudí, Qatar, Emiratos se hayan convertido en una demoledora respuesta popular frente al discurso islamófobo y antimigración que se apoya en la manipulación del terrorismo del Estado Islámico, ha desbordado incluso las expectativas más optimistas de la izquierda alternativa. Desde la Guerra de Irak en la que Aznar involucró al Reino de España -a cambio entre otras cosas tangibles de un sistema de escucha y registro masivo de llamadas telefónicas, redes sociales y correos electrónicos- la gente ha aprendido lo suficiente de geopolítica como para que no le den vecino musulmán por terrorista islámico ni confundir a los responsables últimos de la destrucción de Irak, Siria y Libia.

Pero tras los pitidos y los abucheos a unas autoridades a las que no se reconoce autoridad moral, el resto de la manifestación discurrió como un remanso de fraternidad republicana. Rajoy dixit: “un éxito”.

El “éxito” fue especialmente clamoroso en la solidaridad mostrada con los vecinos musulmanes que, como en toda Europa, representan un porcentaje significativo de la población. Efectivamente, son musulmanes, no terroristas. Y no tienen por qué estar justificando su opción religiosa, por mucho que haya un debate pendiente sobre las causas de la aparición de la “célula de Ripoll”. Precisamente en Ripoll se demostró, aun más si cabe que en la manifestación de Barcelona, que el ‘No tenim por!’ es no sólo una consigna, sino una sensibilidad y una estrategia global popular contra el terrorismo. El abrazo del padre de uno de los niños asesinados con el imán de la mezquita de Rubí y la denuncia del terrorismo islámico de la hermana de uno de los terroristas muertos demuestran hasta donde se puede llegar con ella.

Y sí, quedan algunas miserias más para la historia inmediata como los titulares de la prensa de la monarquía. Titular de El Mundo: “Independentismo por encima de las víctimas en la manifestación por los atentados de Barcelona”. Titular de El País: “El independentismo boicotea la manifestación unitaria de Barcelona”. Pura porquería e impotencia política.

Y sí, quedan muchas cosas más que discutir, desde el tema de la descoordinación entre cuerpos policiales, por evidentes motivaciones políticas, a la inspección y evaluación de la explosión del cuartel general de la “célula de Ripoll” en Alcanar, incluso si no hubiera sido posible la captura de alguno de los terroristas muertos. Pero el marco de esa discusión hoy es muy distinto del que se ha querido imponer, y no se ha conseguido, por parte del Gobierno Rajoy, que este miércoles, volviendo a la rutina, tendrá que declarar ante el pleno del Congreso de los Diputados por las corruptelas del “caso Gürtel” de su partido.

Y después queda la cuesta de septiembre, hasta llegar al pulso del 1 de octubre. Conviene recordar que lo que tendrá enfrente es a la misma gente que se manifestó el 26 de agosto en Barcelona. ¿Qué esperaban?

https://www.cuartopoder.es/ideas/opinion/2018/08/12/atentados-barcelona-cambrils-actos-despolitizados-rey-espana/