La mentira, ciertos negocios y el fascismo, aliados objetivos. Domingo Sanz

12/12/2018

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Hoy estamos más cerca de un “fascismo siglo XXI” que cuando gobernaba Obama, por poner un nombre equivalente al de Trump en cuanto a poder global. El blanco es un ejemplo, que deseamos sea insuperable, del uso continuado de los insultos y las mentiras contra cualquier adversario que, en su boca, será siempre “el enemigo”. Y también del abuso de las posiciones dominantes contra el débil. Sus dos principales pautas de comportamiento durante esta vida que nos ha tocado sufrirle.

Entre nosotros, Vox es el partido que inmediatamente ha apostado por conseguir que los medios lo identificaran como el mejor aliado de Trump, hasta el punto de que los enviados por el americano para debilitar Europa, fortaleciendo a los partidos ultraderechistas que proliferan en Italia, Alemania y otros países, no han dudado en declarar que Abascal es su hombre de más confianza en España, aunque han indicado que “también” se reunirán con Casado. Mientras, nos preguntamos qué puede significar “dura”, o “durita”, si esa opción existiera, cuando el líder de Vox acusa al del PP de ser la “derecha blandita”.

Soy de los que defienden que el eje del mensaje de Vox, para proliferar en Andalucía muy por encima de lo que anunciaban todas las encuestas, ha sido el del binomio inmigración/delincuencia. El asunto Catalunya no ha estado tan presente en su lista de odios y simplezas electoreras por una cuestión muy sencilla: el monopolio del anti independentismo se ha fundamentado por parte de PP y Cs en la defensa de la Constitución, y las reformas que propone Vox son incompatibles con el texto del 78.

He leído artículos desmontando las mentiras de Vox sobre la violencia de género, o sobre la inmigración, en este caso desde el punto de vista del impacto en lo laboral pero no en relación con la delincuencia y, en cambio, sí he escuchado a Abascal agitar insistente ese muñeco. Por eso, he acudido a la verdad que se contiene en el cuadro con los datos de delincuencia de los años 2010 y 2017. Los años intermedios están en el siguiente enlace (estadística):

La información es de total confianza, pues procede del Ministerio del Interior. Se trata de un organismo que, si tuviera algún interés en falsearlos, no podría ser a la baja, pues Hacienda podría aprovechar para recortar su presupuesto.

Ni uno solo de los diez epígrafes aumenta entre ambas fechas. Ahora es cuando nos sorprende la incoherencia entre el esfuerzo inversor en publicidad de ciertos sectores empresariales y sus expectativas de negocio.

Que sepamos, las empresas que venden alarmas e inundan nuestros oídos con un alarmismo desaforado de miles de anuncios que diseñan como si fueran noticias, han de cumplir también con la ley de la oferta y la demanda o, si sobreviven, es que hay gato encerrado. Y, cuando el negocio baja, tal como demuestra el cuadro anterior, si aumentan las ventas es porque distintos fenómenos se cruzan y fabrican una más de las burbujas, que cuando estallen nos llevarán al infierno de hielo sin dinero para calefacción, ni tampoco para seguir pagando las cuotas mensuales de la seguridad familiar.

Abriremos uno de nuestros habituales paréntesis constructivos para proponer a los creativos publicitarios que, en los códigos éticos que dicen que cumplen, se “autoimpongan” un respeto mínimo por la verdad: La inevitable deformación publicitaria de la realidad podría resolverse con una frase de inserción obligatoria, como en el caso del tabaco, pero que dijera algo parecido a lo siguiente:

“Antes de comprar cualquiera de estos productos de seguridad, compruebe las estadísticas de delitos del Ministerio del Interior”.

De esta forma, estas empresas seguirán colaborando objetivamente con los partidos fascistas, y otros de derechas más o menos autoritarias, en su obsesión por divulgar masivamente la inseguridad, es decir, el miedo, entre la ciudadanía, aunque lo harán con la conciencia tranquila, al haber advertido a los usuarios de que quizás estén haciendo una tontería.

Hablando de fascismo, me ha gustado mucho el artículo titulado “Vox siempre ha estado ahí”, firmado en Diario de Mallorca por Antoni Aguiló, filósofo político del CES de la Universidad de Coimbra. Sin más, por el momento, porque habrá más sobre lo mismo.

https://iniciativadebate.net/2018/12/11/la-mentira-ciertos-negocios-y-el-fascismo-aliados-objetivos/

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Los resultados del Referéndum en la UAM se decantan por abolir la Monarquía e instaurar una República

30/11/2018

Los resultados del Referéndum en la UAM se decantan por abolir la Monarquía e instaurar una República

El Referéndum sobre la monarquía convocado en la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para hoy jueves 29 de noviembre, ha sido valorado como un rotundo éxito en cuanto a participación por parte de los convocantes.
La jornada electoral tuvo lugar entre las 10:00 y las 20:00 horas, sin ningún incidente reseñable. Siendo la primera vez que la Comunidad Educativa ha tenido la oportunidad de decidir sobre una cuestión que hasta ahora se mantiene inviolable en nuestro Estado, se ha contando con el optimismo y la emoción propias del momento histórico generacional.
La consulta consistió en las siguientes cuestiones: ¿Estás a favor de abolir la Monarquía como forma de estado e instaurar una República? Sí/No. En caso afirmativo, ¿Estás a favor de la apertura de procesos constituyentes para decidir qué tipo de República? Sí/No
Los estudiantes, ya anunciaban que no estaban dispuestos a heredar este régimen impuesto, “¡Ya es hora de que podamos decidirlo todo!”, avanzaban, demostrando que es posible una consulta pacífica, cívica y de futuro.
El Referéndum de la UAM ha contado con la colaboración de los medios alternativos que han difundido esta convocatoria a través de las redes sociales, siendo obviada por la mayoría de los medios oficiales.
Desde la cuenta @ReferendumUAM en Twitter han difundido los siguientes resultados:
Total de votos emitidos: 7.303 

Votos a favor de la República: 6.111 

Votos a favor de abrir procesos constituyentes. 6.038
Puedes seguir leyendo el resto de la entrada en la siguiente dirección:
https://www.ecorepublicano.es/2018/11/resultados-referendum-uam-por-la-republica.html




Qué está pasando. Suso de Toro

26/11/2018

Imagen de la marcha de las antorchas nazi del pasado sábado en València

España está sumida en un proceso semejante al que se ejecutó en Brasil. Primero, los medios de comunicación crearon una distorsión de la realidad exagerando la corrupción del PT, que era real, y ocultando la de la derecha, generando ansiedad en el país y una demanda de acabar con la corrupción (del PT). Y, segundo, la Justicia procesó al carismático candidato de la izquierda, Lula Da Silva, lo encarceló y no le permitió presentarse a las elecciones. Un verdadero golpe de Estado ejecutado por medio de los medios de comunicación y la Justicia. Naturalmente, detrás estaban los EE UU de Trump, el Ejército y la oligarquía y la victoria de Bolsonaro se celebró con fuertes subidas en la bolsa.

No es casualidad que lo que ocurre en el principal Estado sudamericano le ocurra al Reino de España, que presume con altivez de hidalgo de ser Estado europeo, pero que en realidad ya se ha desnudado como el Estado corrupto y continuador del franquismo que es. Una democracia de una calidad muy parecida a la de algunos países del Este de Europa que se han integrado recientemente en la Unión.

Y lo que vivimos es una crisis de ese sistema político provocada y dirigida directamente por la oligarquía que desde una Corte que es un entramado de financieros, periodistas, militares, magistrados y políticos posee el Estado.

En España los medios de comunicación son el instrumento más claro de la oligarquía, que es su propietaria. Y así grupos como Prisa, Planeta (propietaria de Antena3 y LaSexta, La Razón y determinante en el capital de El Periódico) o Tele5 (Mediaset ), así como todas las cabeceras de Madrid colaboraron unánimemente en la etapa final del segundo Gobierno de Zapatero para llevar a Rajoy a la Moncloa. Lo que vino después fue la continuación, la demonización de los dirigentes catalanes y por extensión de la misma población catalana, el ocultamiento de la violencia contra la población allí y de las ilegalidades cometidas por policías, jueces y fiscales.

A pesar de todo, en parte gracias a algunos medios digitales como éste y a las redes sociales, que una vez y otra culpan y pretenden controlar, emerge la radiografía del Estado. Quien no sea rehén de la prensa y televisiones de la Corte sabe que el Ejército, la Policía y, de manera muy acusada, la Guardia Civil, mantienen una plácida continuidad con el franquismo. Y que, puede que lo más grave, la Justicia no sólo comparte esa cultura política sino que, además, es una parte fundamental de la corrupción política y económica. Es decir, este Estado es rigurosamente antidemocrático y pervierte el contenido democrático que pueda haber en esta constitución o en cualquier otra. Ya no hablo de la monarquía y de un rey, Felipe de Borbón, rigurosamente de extrema derecha y carente de la agudeza del padre.

La presencia en las redes y las calles de la derecha fascista primero fue en Catalunya, donde guardias civiles con coche de la Secretaría General de Seguridad se reúnen con elementos de extrema derecha y coordinan con logística grupos organizados y enmascarados. Ahora los fascistas campan obscenamente también por calles de Madrid, Valencia… No hay duda de que el lanzamiento de la extrema derecha, primero en Catalunya y ahora en toda España, es una operación que nace desde dentro del mismo Estado, con la cooperación, consentimiento o inoperancia de este Gobierno y de los anteriores. Pero eso es posible porque los medios de la Corte primero hicieron su trabajo, legitimaron a la extrema derecha en los periódicos y, sobre todo, en los platós de televisión. El papel que jugaron esas televisiones privadas algún día será estudiado en las facultades de periodismo, sentando y dando igual consideración a demócratas que franquistas. Ese espectáculo de debates entre contrarios en realidad legitimó a los fascistas.

Esto está siendo un proceso de deterioro del proyecto de Estado que continuó sin ruptura el régimen de Franco tras su muerte. En estos momentos nos encontramos en un momento agudo porque ha habido un cambio en el Gobierno que desplazó al partido que expresaba más legítimamente tanto al Estado corrupto como los intereses del IBEX y, además, el Gobierno no tiene una base suficiente ni estable. Eso explica el paroxismo y la cantidad de disparate que se acumula cada día.

¿Qué salida tiene esa situación que sea democrática? Ninguna nacida de la actual política, la de los cuatro partidos que hemos visto enredados en el chalaneo por los puestos del poder judicial y en el cuerpo a cuerpo de cada día. Solamente habrá esperanza desde la ética, solamente desde voces que nazcan dentro o fuera de esos o de otros partidos y que se sitúen fuera de ese juego y que se levante sobre la ética. Esas voces tendrán que reclamar la ruptura con el franquismo y abrir un período constituyente verdadero. Naturalmente tendrán todo en frente, los medios de comunicación más potentes de la Corte, el poder económico, las alcantarillas del Estado, los cuerpos policiales y la Justicia.

Únicamente podrán contar con nuestra escasa cultura democrática y el sentido de la decencia que todavía nos quede.

https://www.eldiario.es/zonacritica/pasando_6_837526260.html


La Iglesia de Franco. Julián Casanova

21/11/2018

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El 17 de abril de 1946 Francisco Franco envió una carta a Rigoberto Doménech y Valls, arzobispo de Zaragoza. El español “es el único Estado verdaderamente católico que hoy existe”, le decía el Generalísimo, y por eso le “acechan” la masonería y el comunismo, “por su condición de católico y anticomunista”.

No se trataba de una declaración aislada. Franco pudo comprobar muchas veces a lo largo y ancho de su dictadura lo útil que resultaba ese recurso al catolicismo. Gustaba mucho a los obispos, satisfechos con que los grandes problemas históricos de España hubieran acabado así, con el sueño cumplido de un Estado “verdaderamente católico“, en pleno siglo XX y después de todas las guerras y revoluciones imaginables.

El nacionalcatolicismo, como antídoto perfecto frente a la República laica, el separatismo y las ideologías revolucionarias, tuvo un significado específico para burgueses y terratenientes, para los militares y para un amplio sector de pequeños propietarios rurales y clases medias urbanas. El nacionalcatolicismo resultó una ideología eficaz para la movilización de todos esos grupos que se propusieron desterrar los conflictos sociales y darles una solución quirúrgica. El nacionalcatolicismo, pensaban sus defensores, tenía raíces profundas y lejanas en la historia de España, en la época imperial de los Reyes Católicos, en la Edad de Oro y en la Contrarreforma. De la decadencia posterior eran causantes las diversas herejías extranjeras, el protestantismo, el liberalismo y el socialismo, a las que los malos españoles se habían agarrado. Desde Menéndez Pelayo a finales del siglo XIX hasta los apologetas católicos del orden y la autoridad de los años veinte, esa visión fue repetida en manuales escolares, publicaciones religiosas, cartas pastorales y sermones.
La jerarquía eclesiástica participó desde el principio, en marzo de 1943, en la farsa de las  Cortes franquistas y su presencia se hizo también bien visible en los altos cargos consultivos del Estado. El primado figuraría entre los tres miembros del Consejo del Reino y, junto a otro obispo, en el Consejo de Estado. Además, según la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado aprobada por las Cortes el 31 de mayo de 1947, el “Prelado de mayor jerarquía y antigüedad” formaría parte del Consejo de Regencia en caso de que la Jefatura del Estado quedara “vacante”. Al prelado le acompañarían en ese Consejo de Regencia el presidente de las Cortes y el Capitán General en activo y de mayor antigüedad de los ejércitos de Tierra, Mar o Aire.

El catolicismo español salió triunfante y feliz de esa simbiosis e intercambio de favores que mantuvo con un régimen asesino, levantado sobre las cenizas de la República y la venganza sobre los vencidos. Ese aparato de poder político se mantuvo intacto, con la ayuda de los dirigentes católicos, de la jerarquía eclesiástica y del Opus Dei, pese a que sufrió importantes desafíos desde comienzos de los años sesenta.

Pero, pese a los cambios, la dictadura franquista mantuvo su identidad nacional católica hasta el final, la jerarquía y la mayoría de los eclesiásticos acompañaban con sus ceremonias a las autoridades públicas y tres obispos, nombrados personalmente por Franco, formaban parte del último acto de  las Cortes. El arzobispo Cantero Cuadrado, aquel combatiente de la guerra civil, siguió como miembro del Consejo de Estado y del Consejo del Reino hasta el último suspiro del Caudillo.
Francisco Paulino Hermenegildo Teódulo Franco Bahamonde murió bendecido por la Iglesia, sacralizado, rodeado de una aureola heroico-mesiánica que le equiparaba a los santos más grandes de la historia. El panegírico empezó en la Cruzada, arreció con fuerza en la posguerra y continuó hasta después de su muerte. Papas, nuncios apostólicos, obispos, curas, frailes, monjas y católicos de toda condición y sexo le rindieron pleitesía. Era el “enviado de Dios hecho Caudillo”, “el sol”, “el hijo todopoderoso”, “el niño Jesús en el portal de Belén”, y por saber, palabras de José María Pemán, sabía incluso “marchar bajo palio con paso marcial y exacto“.

Canonistas, benedictinos, dominicos y otros eclesiásticos pidieron después de su muerte “la instrucción de la Causa de Canonización de Francisco Franco”. José María García Lahiguera, arzobispo de Valencia en 1975, había dirigido los ejercicios espirituales a Franco y a su esposa en 1949 y 1953, un honor que también tuvieron el beato José María Escrivá de Balaguer y Aniceto Castro Albarrán, aquel canónigo de Salamanca que ya en 1934 publicara  El derecho a la rebeldía.  García Lahiguera en la homilía del funeral celebrado por Franco en Valencia resumió sus tres principales virtudes: “Ser hombre de fe; entregado a obras de caridad, en favor de todos, pues a todos amaba; hombre de humildad“.

Hombre de fe, de caridad y de humildad. Así era Franco, “Caudillo de España por la Gracia de Dios”, según la inscripción que llevaban todas las monedas acuñadas desde 1946.

La Iglesia y el Caudillo caminaron asidos de la mano durante cuatro décadas. Franco necesitó el apoyo y la bendición de la Iglesia católica para llevar a buen término una guerra de exterminio y pasar por enviado de Dios. La Iglesia ganó con esa guerra una paz “duradera y consoladora”, plena de felicidad, satisfacciones y privilegios. La religión sirvió a Franco de refugio de su tiranía y crueldad. La Iglesia le dio la máscara perfecta.

Por eso parece tan extraño, en una sociedad democrática, y a la vez tan lógico, dada esa herencia, que la Iglesia católica vea “inevitable” el entierro de Franco en la Almudena, darle cobijo como “cristiano y bautizado”, y que el Vaticano respalde al arzobispado de Madrid en ese tema.  Es una ocasión excelente para que la Iglesia, sin necesidad de tener que revisar ese pasado, rompa el cordón umbilical más de cuarenta años después del fin de la dictadura.

Ya honró a sus miles de mártires con ceremonias de beatificación. Si el cuerpo de Franco acaba en la catedral de Madrid, contribuirá a mantener viva la memoria de los vencedores de la guerra civil y a seguir humillando a los familiares de las decenas de miles de asesinados por los franquistas, quienes todavía no han encontrado la reparación moral ni el reconocimiento jurídico y político después de tantos años de vergonzosa marginación.

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Julián Casanova es miembro del Institute for Advanced Study de Princeton.

https://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2018/11/21/la_iglesia_franco_89017_1121.html

La larga y pertinaz construcción de una democracia basura

13/11/2018

Si en aquel momento lo hubiéramos denunciado a la prensa habríamos aportado nuestro granito de arena contra una corrupción naciente que ha terminado pudriendo todo el sistema.

Por Domingo Sanz

Se denuncia en el Diario de Mallorca que la diputada Ballester, de Ciudadanos en el Parlament Balear, se ausentó de la reunión cuando la consellera Gómez daba respuesta a sus preguntas sobre el presupuesto sanitario. En el párrafo siguiente el periodista advierte que tampoco acudieron los diputados de Més per Mallorca, no sé si estaban tan obligados a estar allí como doña Olga B. Estas noticias recuerdan las decenas y decenas de escaños vacíos en Congreso y Senado que tantas veces vemos en TV, ese deprimente paisaje político que diputados y senadores construyen casi cada día de manera voluntaria y sin que les cueste ni uno solo de los euros que cobran, todos nuestros.

En los años 80 del siglo XX, aunque presumíamos como nunca de nuestra modélica Transición, estábamos construyendo una democracia recién estrenada que nos había tocado en la lotería de la vida, pues no habíamos sido capaces de derrotar al dictador y mayor y más cruel asesino de la historia de España antes de que falleciera. Por aquel entonces, tres representantes de los sindicatos y otros tantos de las patronales se reunían una vez cada mes en unas Comisiones Ejecutivas con los máximos responsables de la Seguridad Social. Había tres por cada provincia, más las comisiones de ámbito estatal. Se trataba de una actividad por la que se pagaban “dietas” a las organizaciones representativas de trabajadores y empresarios y, dado que comenzaron a proliferar las ausencias de vocales a las reuniones, desde Baleares se envió a Madrid una propuesta para que se descontaran las dietas correspondientes a las faltas no justificadas, un acuerdo que aún figurará en el acta correspondiente. Aquella iniciativa, una de las pocas que circularon de abajo hacia arriba, fue rechazada. Me consta que algunos vocales de Madrid reprocharon a los dirigentes máximos de CC.OO., el sindicato que había planteado la propuesta, el no tener “controlados” a sus vocales de las Islas.

No sé si hoy siguen funcionando aquellos órganos de participación, ni cómo, pero sí estoy seguro de que, si en aquel momento lo hubiéramos denunciado a la prensa, aunque solo fuera para que las cosas se llamaran por su nombre, “financiación institucional” y no “dietas”, por ejemplo, habríamos aportado nuestro granito de arena contra una corrupción naciente que ha terminado pudriendo todo el sistema.

El tiempo atrás que contemplamos nos permite comprender que el autoritarismo de máxima violencia sufrido en este país durante generaciones, y los sucesivos fracasos de la mayoría pacífica contra sus propios criminales organizados, nos han convertido en un pueblo que intuye el peligro en cuanto asoma y lo convierte en un miedo cerval que, o bien le impide rebelarse para romper sus cadenas, o incluso lo envilece hasta el punto de formar tumulto cobarde, protegido por las fuerzas represivas y armadas para gritar “¡¡A por ellos!!” contra las minorías que se rebelan, sean humoristas, cantantes o catalanes.

Cuarenta años después es imprescindible desatar todo esto de una sola vez, y la única manera es cambiar la legalidad establecida, comenzando por debatir y aprobar una Constitución diferente. Un pueblo al que sus élites le impiden llevarse a la boca el sabor de un triunfo de la gran mayoría, aunque sea tan pobre como el de acabar cuarenta años después con una monarquía manchada por un origen autoritario que siempre encuentra la ocasión para dejarse ver, y por la corrupción que no cesa, no alcanzará jamás la sensación de comunidad.

Por eso, al no cambiar hacia mejor todos al mismo tiempo, es natural que los que están hartos y tienen la personalidad y valentía suficientes quieran hacerlo por su cuenta, aunque sea rompiendo amarras.


España avanza imparable hacia la III República. José Antonio Gómez

02/11/2018

Aún no hay fecha, aún la Monarquía permanece en su trono de oro y en su función irrelevante dentro de nuestra democracia. Sin embargo, lo que se está demostrando es que el pueblo español está cada vez más concienciado de que se les está hurtando una parte de la soberanía que ostenta, según dice la Constitución, al no poder elegir a través de los cauces democráticos del sufragio a la persona que ostente la Jefatura del Estado.

El referéndum organizado por los alumnos de la Universidad Autónoma de Madrid ha dejado de ser una anécdota para transformarse en un movimiento que podría convertirse en histórico. Otros centros universitarios españoles van a seguir el ejemplo del madrileño y van a convocar en breve nuevas consultas, universidades tan importantes en España como la de Zaragoza, la Rey Juan Carlos, la Carlos III, la Universidad de Barcelona o la Pompeu Fabra.

Las muestras de rechazo a la Monarquía por parte del pueblo son cada vez más importantes. A medida que pasa el tiempo son más las ciudades y localidades de España que se han unido a la Red de Municipios por la Tercera República. Ya no se trata de un movimiento de pequeños pueblos, sino que ciudades como Gijón, Éibar, Puerto Real, Xàtiva, Santa Coloma de Gramenet o Parla, forman parte de la Red.

Los partidos de la izquierda también han incrementado la presión para que los españoles tengan la posibilidad de elegir el modelo de Estado que quieren para nuestra democracia.

La realidad es que el movimiento republicano en España está aumentando de un modo en el que los poderes fácticos del país se van a ver obligados a ceder y propiciar que sean los ciudadanos los que decidan con su voto. Sin embargo, hay demasiadas presiones que lo están impidiendo ya que el modelo actual permite que toda la responsabilidad de lo que le ocurre al pueblo resida en un poder Ejecutivo que tiene la total libertad de implementar medidas o leyes que van en contra de los intereses de la ciudadanía.

La Monarquía ha demostrado que es una institución incompatible con la democracia. Mientras el pueblo sufría las consecuencias de la crisis, el anterior Jefe del Estado viajaba a Botsuana para una cacería junto con su amante o, a través de ésta, cobraba comisiones de grandes proyectos en los que había servido de intermediario con regímenes dictatoriales como Arabia Saudí. El New York Times calculó la fortuna del ciudadano Juan Carlos de Borbón en una cifra cercana a los 2.000 millones de euros, un dinero que no está obligado a desvelar, a diferencia del resto de representantes públicos españoles. Según la información del diario estadounidense «ha trabajado duro para generar su propia fortuna personal», más allá del presupuesto que tiene asignada la Casa Real. A todo esto hay que unir las sospechas sobre el patrimonio personal de la ciudadana Sofía de Grecia porque tampoco se explica el origen de la fortuna que, según distintas fuentes consultadas por Diario16, podría haber amasado con negocios iniciados junto con su hermano Constantino. ¿Por qué Sofía de Grecia renunció a la parte que le correspondía tras la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos en la que el Estado griego debía indemnizar a la familia real helena con 12 millones de euros? A esto hay que sumar los salarios desorbitados que cobran Elena y Cristina de Borbón en sus trabajos, empleos que, de no ser hijas de quienes son, no habrían alcanzado. Además, no podemos olvidar los casos de corrupción en los que se ha visto envuelta la familia Borbón, el más reciente el Caso Noos, en el que el yerno del ciudadano Juan Carlos está en prisión, Cristina estuvo imputada y fue procesada, aunque, como era de esperar, exonerada de las acusaciones que la llevaron al banquillo.

Todo lo anterior, unido a la ausencia tanto del ciudadano Juan Carlos de Borbón como de su hijo Felipe y el resto de la familia ante los problemas de los españoles generados por la crudeza de la crisis económica han provocado que el sentimiento republicano se esté extendiendo. Jamás se ha visto a la Casa Real apoyar a las víctimas de los desahucios, a las personas que tienen que acudir a los comedores sociales o al Banco de Alimentos para poder comer, a las víctimas de la violencia machista, a los trabajadores precarios o a los que sufren los abusos de los empresarios que han sido los triunfadores de la crisis económica o a las víctimas de los abusos de las élites. Sólo unos segundos en el mensaje de Navidad, eso es lo que dedica el ciudadano Felipe a los problemas de los españoles.

Esta es la razón por la que desde antes de la abdicación el Centro de Investigaciones Sociológicas no ha vuelto a preguntar a los españoles sobre la percepción de la Monarquía. Se quiere ocultar a los ciudadanos que el rechazo a la Casa Real ya está por encima del 50%, hecho que en un referéndum provocaría que el pueblo recuperara la plenitud de la soberanía que tiene reconocida en la Constitución que el actual Jefe de Estado ha jurado cumplir y hacer cumplir.

El movimiento republicano ya es imparable, ya no es una anécdota, es una realidad palpable que se ve en las iniciativas que los propios ciudadanos ponen en marcha y que se extienden a todas las partes del territorio nacional. Sólo hay que hacer lo que un monárquico convencido dijo una vez: llevar lo que a pie de calle es normal a la normalidad política.


Con la Iglesia y Franco hemos topado. Javier Gallego

30/10/2018

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La dificultad del Estado para deshacerse del cadáver de Franco explica por sí sola la herencia franquista de nuestro sistema. Sólo en un país que no ha roto con su pasado fascista se puede entender que haya un dictador enterrado en un santuario público. Sólo una Iglesia que no ha cortado sus lazos con el franquismo puede tener en su seno la tumba de un torturador y asesino. Si tenemos tantos problemas para quitarnos el muerto de encima es porque la Transición la ponen en marcha los sucesores del Régimen y empieza con una amnistía a sus crímenes. El viejo lo dejó todo tan atado y bien atado que aún lo llevamos a cuestas como una soga al cuello.

Ninguna democracia es digna de tal nombre si permite que se rinda culto a un dictador. Nos lo acaba de decir el Parlamento Europeo, que ha pedido expresamente a España que supriman todos los símbolos y grupos que exalten su figura. En Europa, no se entiende que en este país siga siendo legales la Fundación Franco, Hogar Social o Falange. En un momento en el que hay que luchar contra el neofascismo en el mundo, nosotros todavía no hemos acabado con el antiguo.

Y cuando lo intentamos, se hace tarde y mal. Las prisas de Sánchez por apuntarse un tanto han hecho que la familia del Caudillo le meta un gol. Anuncia que lo va a exhumar del Valle y los Franco responden que lo van inhumar en la Almudena. Porque pueden, porque tienen ahí una tumba, como tienen en Galicia un pazo, como tienen todo lo demás: por la fuerza.

Se habla de acceder a sus demandas patrimoniales. Lo que faltaba, un Estado democrático cediendo al chantaje de la familia de un dictador. En un país normal, todas las fuerzas políticas estarían de acuerdo en que un genocida no puede estar en un lugar público donde pueda ser objeto de glorificación. Se promulgaría una ley, el Parlamento lo aprobaría por unanimidad y fin del asunto.

Pero aquí no. Aquí la vicepresidenta Carmen Calvo se ha ido a pedirle ayuda al Vaticano donde le han dicho que no se preocupe, que no se van a oponer a la exhumación. No, si tendremos que darle las gracias a Su Santidad. El Arzobispo de Madrid, el progresista Carlos Osoro, dice que no le gustaría que se le enterrara en La Almudena, pero que no puede hacer nada. Que no le pueden negar sepultura a un bautizado, añade la Conferencia Episcopal. No es un bautizado, es un genocida. Pero con la Iglesia hemos topado. Lo mismo acogen a dictadores que a pederastas.

El gobierno podría recordarle a Roma que el Concordato de 1979 establecía que la Iglesia buscaría su propia financiación en breve tiempo. Han pasado 40 años, así que va siendo hora de eliminar la casilla de los impuestos y la exención del IBI. Va siendo hora de que Patrimonio Nacional recupere muchos edificios de los que se apropió la Conferencia y que deje de pagarle 2 millones de euros al año a la congregación que gestiona el Valle de los Caídos. No tenemos que pedir permiso al Papa sobre un complejo en el que los españoles hemos perdido 11 millones en los últimos 10 años.

Es el Papa el que tiene que pedir perdón por la vergonzante participación de la Iglesia Católica en la dictadura franquista, por el robo de bebés incluso en la democracia y por el encubrimiento de los casos de pederastia que se están descubriendo ahora. Puestos a pedir, le pido al Gobierno socialista que nos quite no sólo a Franco, también a la Iglesia de encima. No lo hará, aunque en su último congreso federal acordó acabar con los privilegios eclesiales. Como me ha recordado hoy Marta Nebot, ya lo dijo el cardenal Tarancón en 1981: “con los gobiernos menos católicos, la Iglesia vive mejor”.

https://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/Iglesia-Franco-topado_6_830177035.html