Niños como perros. David Torres

21/06/2018

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Lo que le pierde a Trump son las formas. Deportar inmigrantes ilegales por millares está muy feo, por eso lo mejor que se puede pedir en estos casos es discreción y formalidad, como hacía Obama, que deportó más gente que cualquier otro presidente norteamericano en las últimas tres décadas, e incluso que todos los demás juntos, pero parecía que nunca hubiera roto un plato. Obama deportaba medio millón de inmigrantes y ni rompía a sudar el tío. Es más, a veces, con su pinta de cantor de jazz, parecía que el deportado era él, no se sabía si desde Hawai o desde Estocolmo, donde tendría que ir a revender el premio Nobel de la Paz que le dieron y devolver el importe íntegro del premio, ya que está sin usar. Trump, en cambio, se pone a vocear y a hacer el gilipollas, y claro, llama la atención.

Esta semana han salido a la luz ciertos detalles de la política migratoria de Estados Unidos, en concreto, las jaulas de aislamiento donde encierran a los niños separados de sus padres en la instalación “Úrsula” de Texas, un lugar infame al que por algo llaman “la Perrera” y que recuerda a los presos hacinados en el Granero de la comisaría de Farmington, en la teleserie The Shield. Las fotos han cabreado mucho al tipo que le escribía los discursos a Obama, Jon Favreau; al redactor jefe de The New York Times Magazine, Jake Silverstein; a la reportera de la CNN, Hadas Gold; y a un montón de gente importante e informada, de manera que las imágenes están dando la vuelta al mundo para que hasta el último ser humano con una pizca de sensibilidad se dé cuenta de la clase de canalla que es Trump.

Lo malo es que, entre las fotos actuales, se han colado algunas de 2014, cuando gobernaba Obama, y resulta que las jaulas, las penosas condiciones de reclusión e incluso los niños detenidos son bastante parecidos a los que hay ahora esperando en la zona del control de aduanas de la frontera mexicana. Unos cuantos curiosos, bastante impertinentes, han preguntado a Gold, a Silverstein y a Favreau por qué no se echaron las manos a la cabeza entonces, cuando los niños arrancados de sus padres los arrancaba Obama y no Trump, y no han obtenido más contestación que un carraspeo, un silbido y un vaya, qué calor hace.

No obstante, la respuesta está muy clara. El problema no son los niños hacinados como pollos, ni los emigrantes ilegales, ni las leyes inhumanas, ni las jaulas para perros: el problema es Trump. Si Donald Trump no tuviese ese bronceado de aperol ni ese pelo de cástor y además supiese bailar, se le perdonaría cualquier cosa, como se le perdonan a Obama sus muchos y sanguinarios pecados. Un golpe de estado en Honduras, una Libia desmembrada, un Guantánamo en funciones o un Yemen hecho mierda. Pero es que Trump va y le dice al presidente japonés, en plena cumbre del G7 en Canadá, que le va a enviar 25 millones de mexicanos por mensajería, para desequilibrar el mercado de mariachis, y claro, así no se hacen las cosas. Tú puedes meter a dos mil o tres mil niños en jaulas y devolverlos a su país a patadas, pero sin vacilar y haciendo como que te quita el sueño por las noches. Yes, we can.

Las formas lo son todo. Recuerdo una noche en que intentaba entrar a una discoteca y el portero, que bien podía ser islandés, me dijo que con esos calcetines blancos no podía dejarme pasar. Yo le señalé al tipo que caminaba ya hacia la barra, con su flequillo airoso, su jersey cruzado sobre el pecho, sus mocasines de cuero y sus calcetines blancos destellando bajo unos pantalones pesqueros. “Pero usted no es él” replicó el portero con una lógica irrefutable y no poco kafkiana. Me sentí un poco negro, como Trump al lado de Obama. En una de las fotos publicadas esta semana se especifica que los niños llorando tras los barrotes son hondureños. Estaría bien preguntarles a Obama y a Hillary Clinton por qué.

http://blogs.publico.es/davidtorres/2018/06/20/ninos-como-perros/

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¡Fascistas! David Bollero

20/06/2018

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Llevamos tiempo advirtiéndolo y muchos no nos tomaron en serio. Decían que éramos unos pipiolos, que nuestra bisoñez nos hacía hablar con demasiada ligereza, que empleábamos el lenguaje sin tener ni idea de lo que significaban ciertas palabras, de su brutal carga de significado. Pues bien, hoy, tras el comportamiento de Europa con el Aquarius -como si no hubiera sido suficiente lo vivido con el resto de regufiados y migrantes-, después de las abominables declaraciones del ministro del Interior de Italia, Matteo Salvini, podemos gritarlo y acallar a quienes nos tomaron a broma: ¡Fascistas!

Salvini es un fascista, claro que lo es, pero no se crean que se distingue tanto de otros líderes europeos. La diferencia es que tiene la desfachatez honrosa de decirlo a la cara. Como ya dije en su día de Trump, hay una cosa que no se le puede reprochar: nunca ocultó lo merluzo que es. Lo mismo sucede con Salvini, que a diferencia de otros xenófobos de nuestro entorno, como el popular Albiol, no tira la piedra y luego esconde la mano con medias tintas. Es un fascista y no se molesta en ocultarlo. Esa sinceridad, empero, no lo hace menos peligroso.

El sentimiento elitista, racista y xenófobo, a veces revestido de cifras macroeconómicas, es contagioso y recorre toda Europa. De manera velada, medidas como la deportación de gitanos que pretende ahora Salvini ya han sucedido… y Europa ha mirado para otro lado. No crean que hay mucha diferencia entre subastar al peso la cuota de refugiados a acoger, como hizo la Unión Europa (UE) para luego ni siquiera cumplir, con lo que hace Salvini. De verdad, no se lleven las manos a la cabeza cuando Salvini abre su bocaza fascista y olviden selectivamente a esa Europa que comerció refugiados con Turquía.

Lo que nos toca a nosotr@s, como ciudadan@s, es tomar conciencia de ello. Resultados de encuestas como la que publica ahora Oxfam Intermón , que revela que el 87% de l@s preguntad@s cree que los gobiernos europeos pueden hacer más por ayudar a las personas refugiadas son una muy buena noticia, aunque es preocupante ese otro 13%. Lo mismo sucede con que haya un 20% de la población, según este mismo estudio, que no se preocupa por el incremento de la xenofobia y el racismo.

Hay que hacerlo, hay que estar en guardia y no tolerar posturas de perfil. Cuando PP y Ciudadanos hablan de que necesitan, por ejemplo, consenso para  sacar los huesos de Franco del Valle de los Caídos es un error. El consenso debería darse por hecho. Escuchar ayer a Rivera defender las sensibilidades de quienes están del lado del dictador da una idea muy clara de quién es, de dónde viene y a dónde se dirige el líder de la formación naranja. Quien no entienda que acabar de una vez por todas con las prebendas que todavía a día de hoy tiene el franquismo en España está desacreditado como demócrata.

“¿Quién da los carnés de demócrata?” Seguro que hay algún espabilad@, por lo general aborregado, que salta con esa pregunta. La respuesta en sencilla, “quien no te lo da a ti”, porque el mero hecho de formular esa pregunta ya te excluye. Es la soberanía popular la que ha de defender la democracia, con sus representantes políticos como servidores y no como jefes y, en ese sentido, es preciso arrinconar a los fascistas, ya sea sacando los huesos de Franco del lugar que no le corresponde o con duras sanciones económicas, por ejemplo, a Italia y quienes sigan los pasos de Salvini. Otra cosa es cavar una fosa en la que tarde o temprano, caeremos de una patada si no nos defendemos. En esto, tampoco nos tomarán en serio.

http://blogs.publico.es/david-bollero/2018/06/19/fascistas/


Poco a poco hacia la República. Domingo Sanz

15/06/2018

República

Con una ignorancia casi olímpica constatamos que la prensa VIP responde a su obligación de informar sobre lo relevante cuando también aparece la palabra tabú, cosa que comienza a proliferar porque la causa republicana se está atreviendo, por fin, a cruzar el Ebro catalán y escarcea otros puntos de nuestra geografía a lomos de la democracia natural, esa que imaginamos en forma de urna y nada más. Mientras, los poderes del Estado están, quizás, calculando su respuesta para interpretar la legalidad de tal forma que la Monarquía sobreviva, como si no existiera otra manera de respirar.

En este contexto no es posible ignorar dos hechos recientes y decisivos: El primero es que la Justicia ha perdido muchas plumas, y las seguirá perdiendo en el gallinero europeo, al ser enviada por políticos sin escrúpulos a las trincheras de partirse la cara contra la mitad más uno que gobierna Catalunya. El segundo es que el rey actual se dejó usar y abusar el 3 de octubre de 2017 por los mismos de antes, un gobierno que ha sido expulsado de La Moncloa a causa de la corrupción del partido que lo sostenía, la misma cosa que aceleró la salida de La Zarzuela del rey anterior.

El caso es que, a nivel institucional, el primer paso en dirección republicana pero fuera de Catalunya lo ha dado la Junta de Portavoces del Parlamento de Navarra, que ha aprobado una declaración solicitando la celebración de un referéndum vinculante sobre la forma de Estado. Como era de esperar, PP, PSOE y UPN han votado en contra, pero el resto tienen mayoría. Por eso mismo gobiernan allí.

Pero también han aparecido las primeras acciones de algunos colectivos sociales. Están convocando por su cuenta a urnas como las de siempre para que se note, en fechas y lugares previamente anunciados donde quien quiera podrá dejar constancia de su deseo, república o monarquía. Es lo más parecido a una investigación demoscópica con autoselección de la muestra, por lo que sería extraño que las autoridades se atrevieran a prohibir tal ejercicio de las libertades básicas, a pesar de su natural tendencia a reprimir todo lo que se salga de lo corriente por la izquierda. Desde mayo, el digital “Cuarto Poder”, casi en exclusiva, viene informando de “Golpe a la Mafia”, un grupo con gentes de partidos de izquierdas y movimientos sociales y sindicales que ha convocado en Vallecas para el 23 de junio, teniendo prevista la instalación de 30 mesas de votación, que no son pocas. La iniciativa ha calado y ya hay otro grupo en El Campo de Gibraltar que hará lo propio en la semana del 18 de julio.

Iniciativas como las citadas seguirán proliferando en el futuro cercano, y mucho más si a la izquierda del PSOE la autoridad de Iglesias/Montero se sigue debilitando, lo que provocará que se radicalicen ellos mismos, en 24 horas las declaraciones de Pablo se han endurecido de manera notoria contra la Monarquía por lo de Urdangarín, o les obligará a contemplar como lo hacen algunos de los suyos, véase Andalucía. Por tanto, hasta las próximas elecciones un Gobierno de circunstancias como el de Sánchez, que cada día que pasa va confirmando su condición de bomba de relojería, se tendrá que enfrentar a una movida nunca oportuna en España, “arropado” por solo 84 diputados que se dedicarán a inventar equidistancias sin red cada vez que periodistas atrevidos disparen preguntas con dobles intenciones.

Para evitar tanto suplicio anunciado parece conveniente mojarse y presentar algunas propuestas, aprovechando que hoy nos preside alguien que está demostrando ser capaz de osadías sin trampa ni cartón, lo que nos anima a provocar. No teniendo miedo a equivocarse podría ocurrir que en algún momento metiera la pata a nuestro favor.

En primer lugar, deberá Sánchez atar en muy corto a Grande-Marlaska, un arribista que solo piensa en sí mismo según la voz mejor informada de los ambientes judiciales. Por tanto, debe decirle a su ministro que no solo no moleste a esos republicanos que convocarán cientos de actos contra la monarquía, sino que envíe a sus fuerzas del orden para protegerlos. Y que vigile con especial intensidad a los ultraderechistas, que sin duda reclamarán a lo bestia el ejercicio de la violencia del Estado contra quienes cuestionen la herencia mejor conservada de todas las de su Franco.

En segundo lugar, ante un tema tan de conciencia en España como el de la forma de Estado, alguien como Sánchez debería volver a sorprendernos, pues no solo está capacitado, en este momento puede hacer casi lo que quiera, sino también obligado. Tiene que conceder a todos los socialistas, sin excepción, la libertad absoluta de voto y de palabra, de tal manera que afiliados y dirigentes puedan cumplir por fin con los estatutos republicanos de su partido, y así votar o declarar lo que quieran en todas las ocasiones en que serán convocados. Y no estaría de más que el resto de partidos, siguiendo el ejemplo que esperamos del presidente, liberen también a todos los suyos de la disciplina de voto ante el asunto tabú por antonomasia. Cualquier intento de imponer disciplinas de voto sobre la forma de Estado convierte en papel mojado toda proclama de reconciliación social y política.

No creo que sean decisiones difíciles, pues son de Sánchez y ayudarán a recuperar libertades, tan maltratadas por una ley “mordaza” inadmisible que, aunque parezca mentira, aún no ha sido derogada.

Tampoco se está proponiendo, aún, la celebración de ese referéndum que tenemos pendiente desde hace más de 40 años, y ni siquiera una reforma constitucional será posible en esta legislatura. Para todos estos cambios será necesario conquistar el Senado en las próximas elecciones generales, que parece conveniente hacerlas coincidir con las municipales de 2019 y, además, llegar a ellas con un gobierno de coalición PSOE-Podemos en La Moncloa. Solo una colaboración así permitirá construir una candidatura de amplio espectro que sume bien todos los votos al Senado que procedan de la izquierda.

Para los defensores a ultranza de la Monarquía no solo recordaremos que la nuestra es la única que queda en el Mediterráneo europeo, salvo la de Mónaco. También nos haremos eco de lo que el catedrático Pérez Royo nos recuerda hoy mismo, que reproduciremos: “Esta es la singularidad más llamativa de la historia política y constitucional de España en relación con la de los demás países europeos. Tras la Revolución de 1848, en que se perfecciona la obra de destrucción del Antiguo Régimen que había iniciado la Revolución Francesa, no ha habido restauraciones de la monarquía. Al contrario. Los países que dejaron de ser monarquías y se convirtieron en repúblicas incluyeron en sus Constituciones cláusulas de intangibilidad, con la finalidad de hacer imposible la restauración de la institución monárquica. Francia lo haría en primer lugar en 1884 y después vendría Portugal, 1911, Alemania, 1919, Italia 1947.”

Despacio, poco a poco hacia la República. Aunque tiene lógica pensar que un país que en las mismas 24 horas es capaz de despedir a su entrenador de futbol dos días antes de que comience el Mundial, hacer dimitir a un ministro siete días después de su nombramiento y dar cinco días al cuñado del rey para ingresar en la cárcel, las tres cosas por causas plenamente justificadas, podría esprintar en cualquier momento.

http://diario16.com/poco-poco-hacia-la-republica/


La sentencia del caso Nóos: un indicador de un problema mal resuelto. Javier Pérez Royo

13/06/2018

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La monarquía española ha sido restaurada dos veces. Y en la misma dinastía. En el último cuarto del siglo XIX se produjo la primera Restauración. En la segunda mitad del siglo XX, la segunda. En los dos momentos decisivos en la evolución del Estado Constitucional en Europa desde la Revolución Francesa, en el momento en que se estabiliza el estado liberal y en el que se estabiliza el estado democrático, España en lugar de mirar al futuro, como hacen los demás países europeos, mira al pasado. La innovación para hacer frente al tiempo de cambio acelerado que se avecinaba tanto a finales del siglo XIX como a finales del siglo XX se expresa a través de la institución definitoria del pasado: la monarquía. Así nos ha ido.

Esta es la singularidad más llamativa de la historia política y constitucional de España en relación con la de los demás países europeos. Tras la Revolución de 1848, en que se perfecciona la obra de destrucción del Antiguo Régimen que había iniciado la Revolución Francesa, no ha habido restauraciones de la monarquía. Al contrario. Los países que dejaron de ser monarquías y se convirtieron en repúblicas incluyeron en sus Constituciones cláusulas de intangibilidad, con la finalidad de hacer imposible la restauración de la institución monárquica. Francia lo haría en primer lugar en 1884 y después vendría Portugal, 1911, Alemania, 1919, Italia 1947.

En España, sin embargo, hemos restaurado la monarquía en dos ocasiones. La generosidad de la sociedad española con los Borbones ha sido literalmente incomprensible. Tras el comportamiento de Carlos IV y Fernando VII en Bayona, tras la conducta de Isabel II a lo largo de todo su reinado, tras la connivencia de Alfonso XIII con Primo de Rivera, la sociedad española tenía motivos más que sobrados para rechazar la monarquía como parte de la forma de Gobierno de España.

Desgraciadamente, la Guerra Civil y la prolongación del régimen del general Franco durante casi cuatro décadas no permitieron que la sociedad española tuviera la posibilidad de tomar una decisión sobre la aceptación o no de la monarquía. La monarquía fue restaurada por el general Franco en 1947 mediante la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado y durante tres décadas se preparó minuciosamente el momento en que Juan Carlos de Borbón ocuparía la Jefatura del Estado tras la muerte del general Franco.

La monarquía restaurada sería la que dirigiría el proceso de transición de las Leyes Fundamentales a la Constitución de 1978, sin que en ningún momento del proceso constituyente de esta última, se pudiera extender el ejercicio del poder constituyente a la institución monárquica. La monarquía fue un elemento previo a indisponible para el poder constituyente del pueblo español. Tanto es así que el Rey Juan Carlos que sí había jurado las Leyes Fundamentales no juró nunca la Constitución. La monarquía española siempre se ha considerado que está por encima de la Constitución. No solamente en el siglo XIX en que las constituciones se definían como “Constituciones de la Monarquía Española” y no del Estado o de la nación española. También en 1978, aunque sin llegar a ese extremo. La fórmula de la promulgación de la Constitución es bien expresiva: “Don Juan Carlos I, Rey de España, a todos los que la presente vieren y entendieren, Sabed: Que las Cortes han aprobado y el pueblo español ha ratificado la siguiente Constitución”. Por encima y desde fuera es el Rey el que promulga la Constitución, subrayando que es él el que ha hecho posible la Constitución y no a la inversa.

De esta prelación de la monarquía sobre la Constitución proceden todos los comportamientos inaceptables de distintos miembros de la Casa Real, que han acabado conduciendo a la abdicación del Rey Juan Carlos I en 2014 de una manera nada respetuosa con la Constitución, dicho sea de paso, a que el Rey Felipe VI haya tenido iniciativas que son incompatibles con la monarquía parlamentaria como forma política, como fue su discurso a la nación televisado el 3 de octubre de 2018, que está haciendo más difícil todavía encontrar una respuesta al problema de la integración de Catalunya en el Estado y a conductas constitutivas de delito como la del marido de la infanta Elena, certificada mediante sentencia firme en el día de ayer.

Mientras el pueblo español no extienda el ejercicio de su poder constituyente a la Monarquía y pueda pronunciarse en referéndum sobre la misma, estaremos condenados a que se repitan comportamientos inaceptables. El caso Nóos aparentemente es una anécdota, pero en realidad no lo es. Es el indicador de un problema constitucional que no tenemos bien resuelto.

https://www.eldiario.es/zonacritica/sentencia-Noos-indicador-problema-resuelto_6_781531886.html


CONSULTAS REPUBLICANAS. VALLEKAS DECIDE, POR CARACOLA

07/06/2018

Es ilusionante que el pueblo tome la iniciativa ante la inacción o imposición de los gobiernos. Esa es la esencia de la democracia: el pueblo opinando, decidiendo, eligiendo… Y este es el caso. Corren vientos de consultas populares para que el pueblo opine y elija. En este caso, corren vientos de consultas populares republicanas.

El origen de la consulta

A finales de este pasado enero, la “Federación de Republicanos (RPS)” publica un llamamiento cívico para promover consultas republicanas en todo el Estado:

“[…] las fuerzas políticas y sociales y las organizaciones republicanas, junto a gentes que firmamos este llamamiento, acordamos promover la creación de Comités pro consulta Republicana, en todos las capitales, ciudades, pueblos y núcleos ciudadanos.”

Sea a raíz de esta invitación o por iniciativa propia, en distintos lugares del Estado comienzan a celebrarse asambleas para debatir sobre la necesidad de un Estado republicano y para formar grupos de organización de consultas populares sobre la decisión de ser una monarquía o una república.

Nunca nos han preguntado y ahora se esconden

Nunca en este país se nos ha preguntado qué tipo de Estado queremos, si preferimos una monarquía o una república. La monarquía nos la legó el dictador Francisco Franco y en la Transición hacia la democracia respetaron la voluntad franquista sin consultar al pueblo, precisamente porque sabían que si nos preguntaban perdería la monarquía.

Esto decía Adolfo Suárez: la mayor parte de los jefes de Estado extranjeros me pedían un referéndum sobre monarquía o república. Hacíamos encuestas y perdíamos. Entonces yo metí la palabra “rey” y la palabra “monarquía” en la ley [Ley 1/1977 para la Reforma Política] y así dije que había sido sometido a referéndum ya.

Y es que… si nos paramos a pensar… ¿Cómo podemos saber el grado de aceptación o rechazo que la ciudadanía siente hacia la monarquía? ¿Cómo podemos conocer el grado de deseo de ser una república? Pues está difícil lo cual es muy sintomático. El Centro de Investigaciones Sociológicas, CIS, un organismo público que periódicamente sondea nuestra opinión sobre distintos temas, incluía hasta 2015 una pregunta acerca del grado de aceptación que la población tenía sobre la monarquía. Si tenemos en cuenta los datos obtenidos hasta aquel momento, la opinión de la ciudadanía sobre la Corona descendía progresivamente hasta alcanzar su punto más bajo en 2013, con una nota de 3,68.

Tras la abdicación de don Juan Carlos, la valoración sobre la Corona experimentó una ligera mejoría; en 2015 tenemos el último dato que ofrecía una puntuación de 4,34 y desde entonces… Silencio absoluto. El CIS dejó de preguntarnos nuestra valoración sobre la Jefatura del Estado ¿Por qué? ¿No quieren saber o no quieren que sepamos? Sin duda, hay silencios muy elocuentes.

Recientemente, la empresa francesa Ipsos realizó una encuesta en 28 países del mundo en la que la ciudadanía valoró el grado de necesidad y satisfacción con su monarquía. El resultado para España es digno de tener en cuenta. Los datos que arrojan esta encuesta concluyen que la española es la monarquía europea con menos apoyo entre su ciudadanía.

Los datos de Ipsos Global Advisor, empresa privada y extranjera, dicen que más de la mitad de la población española, el 52%, está a favor de realizar un referéndum sobre la república; el 37% considera que abolir la monarquía sería positivo para el país… Son unos datos que se deberían tener en cuenta si no hubiese un interés implícito en mantener la monarquía en España.

Consultas republicanas en marcha

¿Por qué nunca un Gobierno nos ha hecho estas preguntas? Pues bien, ante esta situación el pueblo decide organizarse para opinar y partidos y organizaciones sociales republicanas están convocando ya las primeras consultas: Vallecas, Segovia, los ayuntamientos de la comarca gaditana del Campo de Gibraltar…

La primera consulta será en Vallecas. Distintos colectivos ciudadanos han formado la plataforma “Vallekas Decide”, que organiza para al próximo sábado, 23 de junio la consulta republicana en este barrio madrileño de unos 100.000 habitantes. Cuentan con poner unas 30 mesas para que los vecinos de este populoso barrio o las personas que lo deseen puedan emitir su opinión sobre la Jefatura del Estado respondiendo en una papeleta a estas dos preguntas: “¿Quiere usted poder decidir la forma de Estado?” y en caso de que la respuesta sea afirmativa la segunda pregunta es: “¿quiere que ésta sea una República?”.

Naturalmente, no se trata de una consulta con la que se pretenda ninguna validez legal, es simplemente una vía de expresión ciudadana sobre una cuestión de máxima importancia en nuestra presunta democracia: la Jefatura del Estado. Es una llamada de atención y una vía de reflexión sobre un modelo de Estado republicano, laico y federal para la ciudadanía. Es importante y normal en una democracia que como ciudadanas y ciudadanos nos cuestionemos el Estado.

La siguiente consulta será con toda probabilidad en Andalucía. La Plataforma Comarcal del Campo de Gibraltar, integrada en Andalucía Republicana, está organizando una consulta similar a la de Vallecas que se realizará a lo largo de la semana del 18 de julio en los siete municipios que componen esta comarca gaditana.

Segovia también está en esta lista. El pasado 21 de mayo distintas asociaciones cívicas y personas que se quisieron sumar, constituyeron el “Comité pro-Consulta ¿Monarquía o República?” que tiene como objetivo la organización de una consulta republicana en la ciudad segoviana. En su manifiesto de constitución definen como una de sus voluntades “poner en valor el modelo republicano, laico, democrático, popular y federal, que establecerá las premisas, condiciones y medidas legales y políticas al servicio de los trabajadores y de las clases populares”.

El comité segoviano ha trazado un plan de trabajo para preparar la consulta que tendrá una primera fase de toma de contacto con las asociaciones vecinales, sindicales y estudiantiles.

Vallecas, Campo de Gibraltar, Segovia están siendo punta de lanza. Es la ciudadanía en movimiento que se organiza para opinar, para escucharse y para hacer oír su voz; para cuestionarse lo que parece incuestionable: la monarquía en España. Y en democracia nada debe ser incuestionable salvo la voluntad del pueblo.

Viñeta Eneko – @EnekoHumor

Artículo de Caracola – @carolacaracola5

La.Política


Manual para hacer frente al nuevo gobierno (no apto para entusiastas). Emmauel Rodríguez

05/06/2018

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Estamos en uno de esos momentos en los que la máquina periodística demuestra músculo. Es tiempo de superávit de interpretación, de exceso de opinión. Probarse en estos momentos tiene algo de redundante. Esperemos que no mucho.

Sánchez llega a la Moncloa. Lo hace de forma del todo imprevista. Basta colocarse 15 días atrás: Rajoy aprueba los presupuestos y se dispone a apurar toda la legislatura. Lo hace por efecto de la larga crisis de la democracia española —la crisis de régimen—. Crisis compleja, en la que la indignación con respecto de la clase política, el escándalo frente a su corrupción, es solo uno de los elementos. Otro, también importante, es la permanente pugna dentro de la clase política, las luchas intestinas dentro de las “élites”, las guerras cainitas que han llevado a los tribunales a algo más de la mitad de los populares y a no pocos socialistas y cargos de IU. Anotemos: la forma de lucha interna por el poder, especialmente en el PP, es la puñalada trapera. La investigación judicial anticorrupción tiene mucho de vendetta interna, de desorganización del partido tras una crisis que ha hecho menguar las rentas políticas (muchas propiamente corrupción) y lo ha dividido en facciones enfrentadas. En un sentido real y concreto, el PP ha implosionado. Y en el último salto, el PSOE se ha presentado como el turno posible, el viejo turno, pues la otra opción eran unas elecciones óptimamente dispuestas para una victoria de Ciudadanos.

Primera conclusión. Frente al relevo en el gobierno, conviene huir de la doble tentación de las  izquierdas y las derechas en sus versiones más convencionales. Lo que viene no es obviamente el Frente Popular que arruinará España, la fuga de inversiones y las políticas económicas desastrosas. Las trompetas de la Guerra Civil no suenan por ninguna parte, por mucho que se hable de un gobierno apoyado por la izquierda radical, los independentistas e incluso “la ETA”. El underground de derechas es genialmente divertido, pero también harto bizarro. Pero lo que viene no es tampoco la oportunidad de un gobierno de izquierdas o de renovación democrática. El modelo portugués no vale para España; y eso que estamos hablando de un país cuya recuperación es harto dudosa y cuyo reformismo progresista se ha fundado en una increíble deflación salarial y una burbuja turístico-inmobiliaria, que aquí nos resultan también muy familiares.

En otras palabras, el gobierno de Sánchez es un gobierno de orden. Un gobierno “del turno” ante el desgaste de su viejo adversario, destruido internamente y expuesto a la luz pública como muestrario de los horrores del expolio público. Es además un gobierno avalado por Europa. Lejos de la incierta situación italiana, en la que Lega y Cinque Stelle prueban su mutua simpatía entre xenofobia y antieuropeísmo, aquí se decide por la continuidad: desde los presupuestos del PP hasta los dictados de la Unión Europea. Esto es importante. El año pasado Montoro cumplió por los pelos el déficit impuesto por la Comisión, cifrado en un 3 %. En este año se propone un 2,2 % , que puede suponer nueve mil millones más en recortes. Y el año que viene, bajo tutela europea, el estrechamiento podría ser mayor. Poco margen para programas sociales, poca holgura para giros imprevistos.

La coyuntura tampoco es favorable. Desde el crash bursátil de febrero en EEUU, la guerra comercial chino-americana se ha ido desplazando hasta convertirse en una guerra comercial contra la UE. El balanceo entre el dólar y el petróleo, con la devaluación del primero y el encarecimiento del segundo tienden a deteriorar la balanza comercial española, al tiempo que han detenido el crecimiento de la economía europea. Menos margen para el nuevo gobierno.

Además, los cambios recientes en la dirección del Banco Central y la presión alemana ya han logrado anunciar una retirada de la política de Expansión Monetaria y han puesto fecha final al programa de compra de bonos: diciembre. En lo que a España se refiere, una previsible subida de tipos empujará al alza el coste de la deuda pública. Y quizás desencadene una nueva oleada especulativa sobre los bonos, tal y como se ha visto con el amago de estas semanas a raíz de la situación italiana y el rápido aumento de la prima de riesgo de ambos países. Todavía menos margen para el nuevo gobierno.

Y aún podríamos considerar los efectos combinados de estos factores. En el escenario menos óptimo, pero también harto probable, se podría detener la reactivación del mercado inmobiliario, al tiempo que se contrae el consumo público y privado, se empuja al alza el paro y nos vemos de vuelta, en un plazo de 12 o 18 meses, a una situación más parecida a la de 2009 que a la de 2017. No parece que sea tan buen momento para un gobierno de izquierdas.

No obstante, podemos intuir la estrategia del nuevo gobierno para sortear con éxito este escenario. Del modo más obvio, se trataría de regular los tiempos, aprovechar la todavía buena coyuntura, dejar al PP tiempo para reorganizarse y vender algunos éxitos modestos. El año que viene, se anunciarían elecciones en mejores condiciones, y otra vez bajo la forma de un enfrentamiento PP-PSOE. Como casi siempre ocurre con el PSOE, esta estrategia tendría que pasar por una reedición de la “ceja” de Zapatero, esto es, “talante” y derechos civiles, cultura progre y cierto relajo en la deriva autoritaria de una parte de la judicatura. Y ¿en todo lo demás?, pues, una perfecta continuidad con las políticas de Estado, cada vez más determinadas por Bruselas.

Puede que para muchos esto sea suficiente. Si consideramos la política como una pantalla, como un juego estético, indudablemente es mejor un gobierno que aparentemente no esté formado por una caterva de ladrones, que detenga la deriva nacionalista y absurda que ha convertido en “gran problema de Estado” la homóloga deriva de las élites políticas catalanas, o que proponga toda clase de guiños (casi siempre con efectos más cosméticos que reales) en materia de memoria histórica, reconocimiento de minorías y derechos civiles. Pero esta es la forma de la política democrática en tanto escenario o teatro, en tanto representación empeñada en la sustancial despolitización de lo que podemos considerar las viejas materias de la gran política: la redistribución real del poder político (y por ende de la forma del Estado) y de la riqueza (y por ende de la forma de la economía).

Conviene considerar también que Podemos no supone un cambio en la forma teatral de la política, ni tampoco una suerte de control eficaz a la gobernanza progre que nos propone el PSOE. Antes al contrario, Podemos se va a situar a la izquierda en todas las guerras culturales que se desaten de aquí a final de legislatura y va a azuzar en todas la materias señaladas. Sin embargo, cuando se trate de plantear alguna de las cuestiones duras que atañan a las grandes políticas de Estado como la Unión Europea, la especialización de la economía española o simplemente la necesidad de armar a una sociedad inerme y desorganizada políticamente, difícilmente podrá ser más que otro factor de orden. Así lo ha sido en lo que se refiere a la organización de su área política, patente en la verticalización del partido y su nula ausencia de democracia interna. No cabe esperar que sea distinto si tiene responsabilidades de Estado.

No obstante, la situación se puede plantear también desde otra perspectiva. Y aquí quizás nos valgan palabra viejas, pero sólo si sabemos emplearlas de un modo que no sea cerrilmente ideológico. “Reformismo”, vieja palabra, sirvió durante décadas como peyorativo y despreciativo de la renuncia revolucionaria. También sirvió, y por eso nos interesa, para nombrar a aquellos partidos de la izquierda que, cada vez más encerrados en la lógica institucional, propugnaban una gestión progresista en materias irreformables. Curiosamente estos partidos practicaban unánimemente la soberbia de Estado, en tanto entendían poco o mal que solo mediante la organización de fuerzas sociales simétricas o mayores que las inercias de lo que se quiere cambiar se podía obtener algún éxito.

Hoy podemos decir que tenemos un gobierno de orden, que va a jugar al espejo del reformismo; en el caso de Podemos con toda su fuerza. La cuestión no está en desvelar públicamente su “mentira”. Ésta, como sucedió con Zapatero, González y con todos los gobiernos de la izquierda de este país (incluidos Carmena y Colau), se acabará imponiendo como decepción o impotencia. La cuestión está en construir una posición activa (de movimiento) capaz de empujarles mas allá de sí mismos. Las materias de esta posición están sobre la mesa: pensiones, control de la judicatura, libertad de expresión sin excepciones, reforma del código penal (en un sentido obviamente libertario), la agenda del 8M, inversión del rescate bancario en políticas de vivienda, recuperación de los sistemas de salud y educación frente a concertada y seguros privados, y más allá: renta básica, control financiero y un nuevo frente por la radical reforma de la Unión Europea. Materias todas siempre prometidas y siempre postergadas.

Pero la premisa de esta política (que considero la única posible) consiste en cortar de raíz y desde hoy mismo con toda adhesión y con toda ilusión respecto de un “cambio”, que si delegamos en ellos jamás se producirá. Como conspiradores cínicos frente a la izquierda en el poder y respecto al voto que alguna vez pudimos conceder, tenemos que empezar a elaborar un programa de conquistas concretas que necesariamente supondrá plantearles oposición, explotar sus contradicciones y obligarles a hacer aquello que prometen, pero que nunca están dispuestos a llevar a cabo. Hoy la situación está algo más abierta, pero solo a condición de que la sepamos aprovechar.

http://ctxt.es/es/20180530/Firmas/19968/mocin-de-censura-sanchez-rajoy-podemos-pp-gobierno.htm


Padres, mejor opten por una escuela pública y laica

04/06/2018

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En estos días se esta procediendo en muchas autonomías a la preinscripción de los niñosy niñas de tres años en los centros públicos, concertados y privados para el curso 2018/2019. Ante ello, y con lo que cada uno piense y el respeto a esos pensamientos y a la libertad que tienen los padres y madres de inscribir a sus hijos a un determinado centro, está claro que la inscripción en un centro público, desde mi punto de vista y como profesor que fui durante 39 años, es que ya que la religión continúa en nuestros centros públicos, debido sobre todo al concordato y a los acuerdos con el Vaticano, debemos matricular a nuestros hijos en los valores sociales y cívicos.

Con esta materia se aprende a pensar, con profesorado seleccionado por méritos y competencias educativas, y que han accedido al conocimiento crítico aportado por la ciencia, como objetivo primordial de la educación y sin adoctrinamiento. Porque a través de esta materia se reciben contenidos sobre los seres humanos, la vida, la muerte… de acuerdo con los derechos humanos y los avances científicos. Es la materia que se aprende juntos, sin discriminación, crea lo que crea cada uno; los contenidos son comunes para la convivencia solidaria en una sociedad plural en la que convivimos. Es una materia en la que se ejercita los valores cívicos y da a conocer los avances sociales recogidos en las leyes: divorcio, papel de la mujer, identidades sexuales, salud…

Por eso, y porque pienso que hay que contribuir a que las aulas sean el espacio del conocimiento y no de las creeencias, puesto que estas ya tienen su espacio en los templos, iglesias, mezquitas… es importante que nuestra decisión sea matricular a nuestros hijos en los colegios públicos que promuevan valores sociales y cívicos, con todo el respeto a los que piensen lo contrario.

https://www.elperiodico.com/es/entre-todos/participacion/por-una-escuela-publica-laica-179443