El juicio de los siglos y el día que no se imaginó. Domingo Sanz

15/02/2019

col_10322

Son las 04:30 a.m. del 14 de febrero de 2019 y no puedo dejar de pensar en el juicio más importante de la historia de España, visto el juicio y vista España desde dentro y desde fuera.

Con la vista inevitablemente puesta en la última instancia que ya espera, la europea, he sentido tan contundentes, imprescindibles y justos los requerimientos formulados por las defensas en la primera sesión de previas, y tan a la defensiva, pobres y políticos los argumentos volcados durante la segunda jornada por las acusaciones, que no tiene sentido que los acusados se arriesguen a tropezar con sus propias palabras sobre detalles de un asunto que todo el mundo conoce. Es decir, que en todo el Mundo se conoce.

Porque son tan elocuentes las imágenes que han ido pasando por delante de cientos de millones durante los últimos años que cualquier sentido común de los que están puestos sobre los hombros debería coincidir en que la única “violencia”, concepto nuclear y decisivo de este juicio, que debería juzgarse, de tener que celebrarse tal ceremonia, fue la llevada a cabo por las fuerzas de seguridad del Estado contra personas que hacían cola para practicar un acto más de los que figuran en la lista de libertades básicas que caracterizan a cualquier democracia que se precie.

Pero aquí paz y después gloria, yo tampoco gastaría demasiados recursos públicos en deducir responsabilidades por aquellas agresiones de los uniformados, salvo las de los casos más evidentes. Están filmados.

No podemos perder de vista que aquel acontecimiento político, social y masivo que tuvo lugar el 1 de octubre de 2017, y sin el cual nada de lo que estamos viendo ahora estaría ocurriendo, solo podría tener consecuencias institucionales cuando los acuerdos fueran el resultado de las negociaciones que deberían estar manteniendo, desde hace mucho tiempo, los representantes legítimos de cada uno de los dos universos implicados en este lío, el español por una parte y el catalán por otra.

Por todo eso, esta madrugada me invade la convicción de que cualquier error, o duda, u olvido, que pueda contener cualquier palabra pronunciada por cualquiera de los acusados solo puede convertirse en clavo ardiendo al que los acusadores se agarrarán para cumplir su verdadero papel en este drama, que no es sino el de defender a los políticos con mando en plaza que, por activa y por pasiva, se han negado a cumplir con su obligación, que es la enfrentarse a los problemas políticos que una historia única en el mundo, la española, ha volcado sobre el escenario de todos nosotros durante las primeras décadas del siglo XXI.

Podrían haber sido otros problemas, pero han sido estos, y nos jodemos.

Pero lo que no se puede hacer es pasarle el muerto a nadie, porque no se puede salir huyendo. Y si los responsables le han pasado el muerto a “nadie”, lo que tiene que hacer “nadie” es devolverle el muerto a los vagos, y muchos de ellos también maleantes, que se lo han pasado.

Me gustaría que hoy, cuando se levante a declarar Oriol Junqueras, le diga al Tribunal Supremo que se acoge a su derecho a no responder a ninguna de las preguntas que le puedan formular el propio Tribunal, las acusaciones o incluso su propia defensa, hasta que las partes que son las verdaderas titulares de este conflicto no finalicen, con sus respectivas firmas puestas sobre un documento que a ambas satisfaga, las negociaciones políticas que están obligadas a celebrar.  

Y que lo mismo que Oriol hicieran todos y cada uno de los doce acusados.

Y que acto seguido todos fueran puestos en libertad, que nada tienen que hacer en las siguientes sesiones del juicio.

Y que solo fueran citados de nuevo para escuchar las sentencias que, gracias al cumplimiento de estos mis deseos, podrá ser dictada y leída por el Tribunal mucho antes de lo previsto, tras las declaraciones de los testigos y las elevaciones a definitivas de las conclusiones que defensas y acusaciones expongan.

Estoy convencido que todo esto el Tribunal podría hacerlo hoy mismo, esta misma mañana de Día de los Enamorados, creo.

Y, hasta podría suceder también que, al final de esta escapada irracional de todos nosotros, porque ninguno hemos sido capaz de pararla, nadie encontrara motivo bastante para elevar recurso alguno ante tribunales ni constitucionales ni europeos ni universales si existieran. Ni a ninguna otra clase de juicios finales.

Pero, ojalá no, tengo la sensación de que para que todo esto tan feliz que pido pueda suceder es necesario encender una luz que permanece apagada desde hace mucho tiempo. Me han recordado esta oscuridad los que, un día sí y otro también, evocan cierto pasado solo en beneficio propio.

Para encender esa luz es imprescindible que alguien con autoridad bastante, el juez Marchena, por ejemplo, llame a declarar a alguno de los dos únicos testigos que aún viven y también estuvieron presentes en la segunda de las dos reuniones más decisivas para nuestra historia de entre las muchas que se celebraron el 24 de febrero de 1981. Uno se llama Felipe González y el otro Juan Carlos I.

Si, fue aquella reunión en la que los asistentes “derogaron”, de facto, los Pactos de la Moncloa y dejaron grabadas, en sus cabezas poderosas, la única versión aceptable, la peor de todas las posibles, de la Constitución que se había aprobado por los españoles poco más de dos años antes.

Por eso pactaron no contar nada.

Por eso no invitaron a aquella reunión tan opaca a ningún vasco ni a ningún catalán.

Por eso hemos llegado al juicio que hoy celebramos.

Y por eso, también, podría ser el último acto de algo que hemos conocido de la misma forma durante siglos, pero que quizás nunca más sea lo mismo. Me temo que quedan pocos números para poder impedirlo.

https://iniciativadebate.net/2019/02/14/el-juicio-de-los-siglos-y-el-dia-que-no-se-imagino/

Anuncios

El golpe de Estado al revés. Juan Carlos Escudier

25/01/2019

Resultado de imagen de maduro venezuela

Ya no se dan golpes de Estado como los de antes, tan súbitos y uniformados. Los de ahora, como el que desde este jueves se vive en Venezuela, donde un señor al que hace una semana sólo se le conocía en su casa se ha autoproclamado presidente interino, se anuncian con días de antelación, se supone que para ir tanteando el terreno. La otra novedad es el orden de los factores, que cambia por completo. Frente al modelo tradicional, que consistía en tomar el poder y esperar el reconocimiento internacional, en el ensayado en Caracas ha ocurrido al revés: cuenta ya con muchas bendiciones externas y se está a la espera de que la fruta madura –perdón por el juego de palabras- caiga mansamente del árbol.

El golpe en Venezuela se anunció la semana pasada cuando la Asamblea Nacional de Venezuela, en manos de la oposición, aprobó una resolución en la que se calificaba a Nicolás Maduro de usurpador, se arrogaba las facultades del poder ejecutivo y se señalaba a Juan Guaidó como sustituto temporal. Se preparaba así el terreno para las protestas de este miércoles, animadas en vídeo por el vicepresidente de EEUU, Mike Pence –“Estamos con ustedes”-, y en Twitter por el senador republicano Marco Rubio, recibido por Trump en la Casa Blanca. “Mañana será un gran día para la democracia y el orden constitucional en Venezuela”, escribió proféticamente.

Dicho y hecho. Rodeado de sus partidarios, Guaidó juraba con improvisada solemnidad asumir las competencias del Ejecutivo como presidente encargado de Venezuela “para lograr el cese de la usurpación”. Minutos después obtenía el reconocimiento de Trump y, en cascada, el de Colombia, Brasil, Perú, Costa Rica, Ecuador, Chile y Argentina, además del de Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal -la Santísima Trinidad de nuestra derecha- y de Felipe González, que no podía faltar a la cita. Al margen se mantenía López Obrador en México y, casi al margen la Unión Europea, que se limitaba por el momento a pedir a Maduro elecciones libres. Rusia y Turquía, por su parte, se alineaban con el heredero de Chávez, que anunciaba la ruptura de relaciones diplomáticas con EEUU y ponía a Guaidó en busca y captura.

Una vez declarado a cámara lenta el golpe de Estado, el asunto ahora es materializarlo, lo cual no es fácil por dos razones: la primera, porque el Ejército, al menos en su mayor parte, no parece estar por la labor; y la segunda porque Maduro no ha perdido el tiempo y parece haber logrado convertir su permanencia en una cuestión geopolítica atrayéndose el apoyo de Rusia.

Así que la única manera de que el golpe triunfe es que se desborde la violencia, ya sea por la represión de las autoridades y de sus grupos armados que actúan como policía paralela, o por acciones de los opositores, que no son exactamente ancianitas de la caridad y cuentan también con paramilitares a sueldo para extender el terror. Por el momento ya se contabilizan casi 20 muertos y es de esperar que la cifra crezca en las próximas horas.

Definir los acontecimientos de Venezuela como un golpe de Estado no significa comulgar con Maduro ni dejar de reconocer que la situación a la que ha conducido a Venezuela es insostenible. ¿Quién puede sobrevivir con una inflación de un millón por ciento en un país desabastecido de alimentos y medicinas ¿Cómo se soporta esta crisis humanitaria que empuja a la emigración forzosa a cinco mil personas al día y que ha conducido ya al éxodo a cerca de tres millones? ¿Qué revolución es esa que se niega a dar pasos atrás cuando su pueblo se muere de hambre?

Mientras se despreciaba la mediación de Zapatero, al que de manera injusta se le ha ninguneado entre acusaciones de colaborar con Maduro y hasta de recibir mordidas de petroleras, Venezuela parece encaminarse a un enfrentamiento civil de consecuencias imprevisibles. Los que tan alegremente se congratulan del golpe son los primeros en olvidar esos muertos que no importan a nadie.

https://blogs.publico.es/escudier/2019/01/24/el-golpe-de-estado-al-reves/

 


El Sistema de todos los males, Víctor Arrogante

21/01/2019

En mi infancia nos asustaban con el Ogro, un monstruo de personalidad indefinida, que vivía en alguna cueva de paraje desconocido. Siempre estaba presente como amenaza, para llevarte, comerte o simplemente asustarte; para que hicieras esto, aquello o dejaras de hacer lo uno o lo otro. Hoy hemos creado otro monstruo: se llama Sistema y tiene como objetivo controlar, amedrentar y castigar. Un monstruo indeseable, avaricioso, cruel y corrupto, que queda representado en el Sistema de todos los males, institucional, político, judicial y económico; y lo alimentamos cada cuatro años.

El Sistema de todos males, se retroalimenta con sus propias inmundicias. La política se judicializa y la justicia se politiza; no existe independencia entre poderes. Se adoptan medidas, en muchas ocasiones, a sabiendas que son contrarias a la ley, rayando la prevaricación. La corrupción afecta a partidos y a los políticos sin escrúpulos, que se lucran y benefician, sin vergüenza, en el ejercicio de representación y gestión de los fondos públicos. Hay tenemos los casos PP, Bárcenas, Gürtel, Villarejo, de las comisiones ilegales y la financiación irregular, como culmen de la desvergüenza.

Las instituciones pierden su grandeza, al ser utilizadas en beneficio de aquellos que deberían protegerlas y que han prometido o jurado defender. La percepción que existe sobre la corrupción política y el deterioro institucional, van desde la monárquica, hasta el más pequeño ayuntamiento, pasando por gobiernos autonómicos o el propio Gobierno de la nación, parlamentos y poder judicial, sin olvidar a banqueros y empresarios. Monstruo de múltiples cabezas y garras, que amenaza con destruir todo lo que toca, y la policía a su servicio.

La separación de poderes, que caracteriza a un estado democrático moderno, no se produce en la realidad. El parlamento que representa a la soberanía del pueblo, está supeditado al gobierno. El parlamento, que elige al presidente, está bajo sus dictados. No hay independencia, como no la hay con el poder judicial, que está politizado. El gobierno manda y el pueblo soberano, representado en el parlamento, obedece; solo se cuenta con él para votar. Hemos creado un monstruo que identifica sufragio universal con democracia; cuando democracia es más participación y poder de decisión.

El imperio de la ley es la seña de identidad del estado de derecho. Decir que la ley es igual para todos, es otra gran mentira del Sistema de todos los males. Ni a todos se les aplica con el mismo rigor ni todos están por debajo de la ley. En el Sistema, el rey está por encima de la ley, lo dice el propio texto constitucional, y otros órganos, sin decirse, lo están también. La aplicación de la ley va a depender de la clase social a la que se pertenezca. Existen dos varas de medir. La justicia es clasista y castiga más a los que menos tienen. La democracia se ha degradado.

La administración de justicia es otro monstruo. Los jueces hacen cumplir las leyes, con escasos medios y regulares resultados. ¿Cuándo aparecerá un juez que no aplique las leyes injustas? ¿Cuándo se dará un político que haga leyes justas? El imperio de la ley, utilizado torticeramente es una trampa. Hay que cumplir la ley, aplicarlas justamente y hacerlas con criterios de justicia social. El Sistema, representado por el poder político, beneficia al poder económico, que es madre y padre del monstruo.

En un modelo en el que rige una economía social de mercado, se supone que el mercado manda, ordena y regula las tendencias; y el Estado corrige las desviaciones, con el objetivo de conseguir, con solidaridad, el progreso social. El mercado va a lo suyo, y los gobiernos, que debería impulsar esas medidas correctoras, están preocupados en fortalecer el sistema financiero, olvidándose de la economía real que crea riqueza y empleo. De nuevo el monstruo, que como Saturno, se alimenta de las necesidades y calamidades de la gente, a quienes tendría que proteger y amparar.

El Sistema de todos los males, adquiere su propia lógica y entiende que todo es justo si se hace en su morada; pero lo que es injusto, lo es por encima de su lógica. Dicen que el sentido personal de justicia, debe sacrificarse al orden legalmente establecido, aceptando la ley como es, sin detenerse a pensar, si es justa o es injusta. Y eso no puede darse en todas las circunstancias. No hay que confundir legalidad con legitimidad. Ésta no se adquiere por haber conseguido mayorías absolutas parlamentarias, si las leyes que aprueba son injustas socialmente, y perjudican a la clase trabajadora y a los sectores sociales más desfavorecidos. Frente a esta situación cabe la insubordinación.

Contra la desesperanza: indignación, protestas, manifestaciones y huelgas; que son buenos instrumentos para reivindicar los derechos que el Sistema de todos los males elimina y suspende. Los poderosos se han apropiado del Sistema.

Para acabar con este monstruo corrupto y poco democrático, se necesita una acción contundente y definitiva que destruya a la bestia en su guarida.


Este artículo, hoy algo retocado, se publicó con el título Monstruos en Diario Progresista (etapa anterior) el 21 de enero de 2013 e incluido en mi libro Reflexiones republicanas.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/victor-arrogante/el-sistema-de-todos-los-males/20190120151801159382.html


“Los españoles no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron”. Cándido Marquesán Millán

18/01/2019

Monumento al emigrante español, en Veracruz.

“Los españoles no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron”
Juan Goytisolo

Hay un artículo impresionante de 1998 de Juan Goytisolo titulado ¡Quién te ha visto y quién te ve!  Debería ser de lectura obligada en todos los centros educativos. Tiene plena actualidad. Es todo un aviso a los españoles, en el que describe la situación de la provincia de Almería en diferentes momentos de la dictadura franquista. Almería era entonces la Cenicienta de nuestras provincias. Una frase cruel, despectiva, abreviaba sus lacras y desdichas: “esparto, mocos y legañas”. En aquellos momentos se estaba produciendo el gran éxodo a Europa. En las ciudades alemanas, francesas, belgas, suizas, holandesas, millares de españoles identificables por su indumentaria, maletas y avíos se apiñaban en las estaciones de trenes y autobuses en busca de direcciones y contactos. La economía europea necesitaba brazos. Asistentas de hogar, albañiles, peones, camareros, obreros no especializados trabajaban en unas sociedades en crecimiento. Y hoy, en El Ejido, la fuerza más votada ha sido VOX, con casi el 30%., cuyo programa es claramente racista y xenófobo. ¡Qué contraste! ¡Qué de vueltas da el mundo!

Ahora quiero fijarme en un momento un poco anterior y que debería servir también de reflexión para muchas mentes españolas dormidas.

Es conocido que  una auténtica avalancha humana de exiliados republicanos pasó la frontera hacia Francia para huir de las represalias de la dictadura franquista. El trato de las instituciones francesas fue vergonzoso, como mostraré más adelante. Todo lo contrario que el dispensado por Lázaro Cárdenas, el presidente de la República de México de 1934 a 1940, que desde los inicios de la Guerra Civil española nos tendió una mano amiga. Dio asilo político en su embajada a los que padecían los rigores del conflicto, tomó a su cargo a más de 400 niños españoles (Morelia) y tras el conflicto, acogió cerca de 25.000 españoles del bando republicano. No sólo a los intelectuales de prestigio, los investigadores o los científicos. También los artesanos, los obreros, los agricultores.

Frente a la desvergüenza del gobierno francés de entonces y  de los dirigentes actuales de la UE, sobresale el siguiente comunicado de Cárdenas, de 23 de junio de 1940 a su embajador en Francia, Luis I. Rodríguez: “Con carácter urgente manifieste usted al Gobierno francés que México está dispuesto a recoger a todos los refugiados españoles de ambos sexos residentes en Francia. Diga usted que este Gobierno está tomando medidas conducentes para llevar a la práctica esta resolución en el menor tiempo posible. Si el Gobierno francés acepta en principio nuestra idea, expresará usted que desde el momento de su aceptación, todos los refugiados españoles quedarán bajo la protección del pabellón mexicano. Asimismo, de aceptar el Gobierno francés, sugiera usted forma práctica para realizar propósito, en la inteligencia de que en atención a las circunstancias, nos dirigimos a Gobiernos alemán e italiano, comunicándoles nuestro deseo. Conteste urgentemente”.

Rodríguez pese al cruento escenario tras la intervención nazi, cumplió su misión urgente en aquella Francia humillada y de gobiernos divididos, para lograr la salida de miles de refugiados. Además escribió un libro extraordinario sobre estos momentos trágicos de Francia Ballet de Sangre. La caída de Francia, con un prólogo precioso de Pablo Neruda, del que extraigo estas palabras: “Luis I. Rodríguez actúa cuando ya la araña feroz está engullendo y digiriendo la catástrofe. Ya ha terminado la comedia angustiosa de España. Franco está sentado sobre un millón de cadáveres; las cárceles están apretadas de seres humanos; el destierro divide a España con una cicatriz inolvidable, entre un pueblo famélico y martirizado que quiere salir y un río de desterrados que esperan el regreso. Nadie habla ya de civilización occidental defendida: España es la primera víctima de una conspiración criminal y Franco un pequeño lacayo, barrigudo y sangriento, poseído también de un odio recalcitrante por la cultura y la libertad. A la historia diplomática y pública de México, pertenece desde hoy este noble y elevado libro…. Este libro es una nueva enseñanza, agregada a las de cada día. Enseñanza más digna de ser tomada en cuenta que la noticia de una batalla perdida, porque esta sumersión en el torbellino, en el corazón traicionado de Francia, en la danza de la sangre, está hecha con la ternura, con la nobleza y la misericordia de un hombre que, como Luis I. Rodríguez, llevó a ese pueblo y a ese drama, con la representación de México, las manos acogedoras de América y las llaves de la Libertad”.

Rodríguez salvó además a Manuel Azaña y Juan Negrín. Merece la pena destacar su conversación mantenida con el general Petain, el cual le pregunta: “¿Por qué esa noble intención que tiende a favorecer a gentes indeseables?” Rodríguez: “Le suplico la interprete usted, como un ferviente deseo de beneficiar y amparar a quienes llevan nuestra sangre y nuestro espíritu”. Le replicó Petain: “Pero llamemos a esa actitud impulso de humanidad, mejor que auxilio a Francia, porque de sobra conocemos que en las grandes miserias las ratas son las primeras que perecen, y en el caso nuestro, los exiliados de España estarían obligados a llevar ventajosa delantera a mis compatriotas”.

Rodríguez nos describe con extraordinario realismo y crudeza los campos de concentración franceses, ofrecidos como albergue a españoles: “Deshonran al Gobierno francés y a un pueblo que creímos un positivo baluarte de solidaridad humana, de hospitalidad fecunda y limpia. No exageramos al decir que esas prisiones, ni siquiera dignas de enemigos, son claro exponente de almas retacadas de hollín, de cerebros enloquecidos por la ruindad y el miedo; son obra del desastre moral de Francia, del egoísmo, de la estulticia, de la falta de fe en el destino propio. En nombre de su trilogía vital, esgrimían y esgrimen la técnica de complicada tortura; en nombre de la Libertad, encadenan a sus hermanos de ayer, haciéndoles sentir, con refinada crueldad, el innoble peso de una esclavitud que no merecen; en nombre de la Igualdad los encierran en los campos de concentración —dantescas cárceles con verdugos senegaleses—, y los señalan con diversos colores puestos sobre el pecho, acorralándolos como bestias “infestadas” de rebeldía y pundonor. En nombre de la Fraternidad, los dejan morir de dolor y de hambre, frente a un horizonte de púas y de mugre; se burlan de su desgracia deshonrando la ironía; martirizan a los niños prisioneros cuando los ven jugando; la bayoneta del negro rompe la pelota de goma policromada; escupen contra los sabios su enano desprecio; ultrajan a las mujeres con su chata lascivia y persiguen a las adolescentes con sus ojos de batracio y sus gestos fangosos. Estos mezquinos sacristanes en esa “misa negra” de Francia, se empeñan en llenar de pesadumbre el corazón de los refugiados españoles; pero jamás podrán inocularles su cobardía. Quienes defendieron Madrid, escribiendo una heroica gesta que es un ancho respiro en esta cloaca de pasiones y de intereses bastardos, con sólo su presencia irritan a los que están dispuestos a pactar con el enemigo, pensando únicamente en el precio de la deshonra. Por eso les molesta ver tanta miseria material, pero tanta riqueza de espíritu; por eso les indigna contemplar una serenidad, una fortaleza, un egregio coraje y una dignidad que ellos, los opresores, han olvidado en esta hora de prueba para el mundo”.

¡Vaya ejemplo de la Francia de la libertad, igualdad y fraternidad!

La categoría moral de Rodríguez queda demostrada por la acción siguiente. La mañana del martes 5 de noviembre de 1940, el prefecto de Montauban quiso impedir la presencia de españoles en el cortejo y  enterrar al último presidente de la II República, Manuel Azaña, con la bandera de Franco. Rodríguez se enfrentó a él, negándose a semejante “blasfemia”, y al no poder hacerlo con la republicana, desafío al representante de las autoridades francesas con estas palabras: “Lo cubrirá con orgullo la bandera de México; para nosotros será un privilegio; para los republicanos, una esperanza, y para ustedes una dolorosa lección”.

Los españoles, sobre todo los que se autoproclaman republicanos, deberían recordar y homenajear de alguna manera a Luis I. Rodríguez, como por supuesto a Lázaro Cárdenas. Ya va siendo hora. Podría  reeditarse el libro Ballet de sangre. La caída de Francia, para su divulgación y reflexión especialmente en los centros educativos y también en la sociedad española.

Por si no fuera ya bastante, en el puerto de Veracruz entre los monumentos para conmemorar la llegada de emigrantes españoles, hay uno, una estatua de un hombre de mediana edad, vestido con traje rústico, gorra y con una maleta de madera en su mano derecha, con la siguiente inscripción “En recuerdo de todos los emigrantes españoles que llegaron a México por este puerto, en busca de un mejor futuro y que con su trabajo han contribuido a engrandecer esta generosa y hospitalaria Gran Nación Mejicana”.  ¿Existe algún monumento semejante en algún puerto español en agradecimiento a los inmigrantes, que cuidan a nuestros ancianos y niños, limpian nuestros portales, recogen nuestra fruta, nos traen los paquetes a casa…?

Termino con unas palabras del artículo de Goytisolo: “Como escribía Américo Castro, “vivir culturalmente exige estar siempre alerta, percatarse de que no basta con ser Consumidor o aplicador de la cultura ajena… Cuando los españoles se den cuenta de quiénes y cómo han sido, sus circunstancias mejorarán considerablemente. Porque la verdad es que hoy día no están habitando su propia historia; es decir, no saben en realidad quiénes son, pues ignoran quiénes fueron”.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/candido-marquesan-millan/espanoles-saben-realidad-quienes-son-pues-ignoran-quienes-fueron/20190110114326159108.html?fbclid=IwAR2wtpbMK8A9kXm75BDMKVu1CSe0VWAS9r-U5Ccwuxgr6z4kTiREnzd0MyEhttps://www.jcyl.es/web/jcyl/Portada/es/Home/1246890364336/_/_/_


¿DÓNDE ESTÁ EL VERDADERO MAL?

17/01/2019

Resultado de imagen de libertad religiosa

Estoy perpleja. Adoro mi ciudad, será por eso que salgo poco de ella, pero a veces me sabe tan rancia que se me pega a la garganta y me ahoga, me dan ganas de salir corriendo y no parar hasta llegar… no sé, a Nueva Zelanda, lo más cerca. Este es uno de esos días; pienso en la polémica que ha suscitado la estatuilla del diablo que el Ayuntamiento quiere colocar en la calle de San Juan y como he dicho, estoy perpleja. ¿En serio alguien piensa que con ese acto Segovia se convertirá en un centro de culto al mal? Entonces yo me pregunto ¿dónde está el verdadero mal? Es muy fácil de encontrar, salgan a la calle, pongan la radio, la televisión, visiten las redes sociales. El verdadero mal está en el casi un millar de mujeres muertas en quince años a causa de la violencia machista, en las manadas de violadores, en los casos de abusos a menores que van saliendo a la luz cuando ya las víctimas son capaces de afrontar ese horror, en las circunstancias que hacen que un padre dé una paliza a su hijo de dos meses; el verdadero mal está en quien vende alcohol a menores sin tener en cuenta que un día puede ser su hijo o su hija quien sea ingresado en el hospital con un coma etílico, en tener que abandonar tu casa por una orden de desahucio, en la falta de oportunidades de nuestros jóvenes, en quien atropella a otra persona y se da a la fuga, en el jefe que abandona en una carretera a su trabajador accidentado por que no le tiene dado de alta en la Seguridad Social; el verdadero mal está en quien envenena a los animales por considerarles molestos;  el verdadero mal es el que hace que cada vez haya más muertos flotando en nuestros mares, en que millones de personas tengan que abandonar su casa con un futuro triste e incierto… ¿quieren que siga?, la lista es interminable, todos lo sabemos. Ese es el verdadero mal, el tangible, el que duele todos los días, el que lacera nuestras espaldas y nos hace llorar de rabia y de impotencia. Espero, que al final, el sentido común gane esta batalla, que la estatuilla del diablo sea colocada, que los turistas se fotografíen a su lado (no la veo presidiendo misas negras ni bacanales);  porque si no, si después de todo, el sinsentido prospera y nos quedamos sin ella, no les extrañe que un día de estos se empiece a cuestionar la existencia de las mezquitas, que la judería vuelva a ser olvidada y que nuestra bella ciudad quede enterrada en el interior de sus murallas y con todas sus puertas bien cerradas. Y pidiendo permiso a mi querida amiga Elvira, no es Madrid, a mí, es Segovia la que me mata.

Teresa Santos.

 


SOBRE LA ESCULTURA DEL DIABLILLO

16/01/2019

Resultado de imagen de el diablillo cojuelo

Una asociación  católica consigue que un Juez de Segovia paralice la colocación una escultura del diablillo de la leyenda del Acueducto, considerando que ataca sentimientos religiosos. Pero hay segovianos de otras religiones que podrían reclamar:

-La retirada de hornacinas con santos y  vírgenes, abundantes en fachadas y calles. Su veneración se considera idolatría para protestantes, ortodoxos, musulmanes y judíos.

-La retirada de una sombría escultura  de un capuchón cargado con una Cruz que parece del Ku Klus Klan. Por extensión, que se prohíban las procesiones de Semana Santa, porque atacan las convicciones de los colectivos antes citados.

-Que se prohíban las catorcenas de origen racista antijudío en memoria de una leyenda segoviana y que se retire la estatua del Mesonero Cándido cocinando unos cochinillos, animal impuro para judíos y musulmanes.

O, mejor, ¿no sería más fácil dejar de hacer el ridículo?

Carmen Galán Luca


Impunidad y olvido: de Fraga a Vox. Julián Casanova

11/01/2019

Resultado de imagen de fotos fraga

En noviembre de 2005, en una entrevista publicada en Corriere della Sera, Manuel Fraga Iribarne hacía una desaforada defensa de Francisco Franco y de su régimen político, recordando a los italianos las excelencias del que fue durante tanto tiempo su jefe y los enormes beneficios que su sistema de gobierno (“ni fascista, ni totalitario“) dejó a todos los españoles.

Cuando Fraga murió, el 15 de enero de 2012, la mayoría de los medios de comunicación nos regalaron la vista y el oído con unas cuantas horas de música celestial. El disco solo tenía cara A: hombre de Estado, político extraordinario, uno de los más importantes del siglo XX español, padre de todo lo bueno que podía exhibir la derecha actual en el poder. Pocos hicieron sonar la cara B, la otra cara del mismo disco, inseparable, compuesta con anterioridad, cuando la música tenía un solo director.

Fraga fue ministro de Franco, desde 1962 a 1969, y ministro del Gobierno de Arias Navarro que se formó tras la muerte de su caudillo, desde el 12 de diciembre de 1975 hasta el 1 de julio de 1976. Nunca fue ministro con la democracia. Su autoridad nació de la dictadura y tuvo después en sus manos durante unos meses, como ministro de Gobernación, todo el aparato represivo intacto, ese que cargaba en las calles contra los manifestantes, detenía y encarcelaba de forma arbitraria y sin garantías, torturaba en los cuarteles y comisarías y, si hacía falta, disparaba mortalmente a los trabajadores, como en Elda, Tarragona, San Adrián de Besós, Basauri o en el asalto policial a la iglesia vitoriana de San Francisco de Asís, una masacre que dejó cinco muertos y decenas de heridos. Y todo ello en apenas medio año, cuando quedó al descubierto el talante reformista de los franquistas sin Franco, cómo trataban a opositores y huelguistas, “desórdenes callejeros” los llamaban, y la impunidad de las fuerzas armadas.

Más de cuarenta años después de la muerte del dictador, demostrada hasta la saciedad la venganza cruel, organizada e inclemente que administró a todos sus oponentes, todavía tiene que aparecer un diputado o político relevante del Partido Popular que condene con firmeza el saldo de muerte y brutalidad dejado por las políticas represivas de la dictadura y defienda el conocimiento de esa historia como una parte importante del proceso de aprendizaje de los valores democráticos de la tolerancia y de la defensa de los derechos humanos.

Todo lo que se les ocurre es recordar el terror rojo, y legitimar a los verdugos franquistas por los supuestos crímenes anteriores de sus víctimas, como si la función del relato histórico fuera equilibrar las manifestaciones de barbarismo. Es como si para explicar el gulag y los crímenes estalinistas tuviéramos que recurrir a la represión de la policía del zar o a las tropelías del Ejército Blanco durante la guerra civil rusa.

Y al mismo tiempo, se ríen de quienes “remueven tierra buscando huesos”, proponen pasar página, negar el recuerdo, cancelar el pasado. Aznar y Rajoy, voces autorizadas para millones de personas que piensan como ellos, lo repetían siempre que salía el tema: el Gobierno no puede dedicarse a tonterías como la memoria histórica o a la investigación sobre miles de desaparecidos en el pasado. Es la sombra alargada del legado ideológico de la dictadura de Franco, un legado pesado que regresa con diferentes significados, que actualizan desde la democracia sus herederos, políticos, periodistas o aficionados a la historia.

Desde la democracia, les produce una enorme incomodidad el recuerdo de la violencia franquista, ejercida desde arriba, durante 40 años, por el nuevo Estado surgido de la sublevación militar y de la Guerra Civil, que puso en marcha mecanismos extraordinarios de terror sancionados y legitimados por leyes hasta la muerte del dictador.

No resulta sorprendente, por lo tanto, que cada vez que se ha planteado en los últimos años la necesidad de políticas públicas de memoria, como se ha hecho en otros países, aparezca un enérgico rechazo de quienes más incómodos se encuentran con el recuerdo de la violencia, con la excusa de que se siembra el germen de la discordia y se pone en peligro la convivencia y la reconciliación. Acostumbrados a la impunidad y al olvido del crimen cometido desde el poder, se negaron, y se niegan, a recordar el pasado para aprender de él.

Las posiciones de Vox respecto a todos esos teman no son nuevas y estaban ya presentes en muchos sectores de la sociedad española, orientados por los políticos del Partido Popular. Se oponían a investigar los crímenes del franquismo, a averiguar el paradero de miles de desaparecidos, a que hubiera políticas públicas de memoria y educación. Tampoco tenían ningún problema en recordar o reinventar, para adaptarla a su gusto, la historia de la Reconquista, de los Reyes Católicos, del descubrimiento de América, de la grandeza de la monarquía imperial o de la gloriosa Guerra de la Independencia.

Lo que va a hacer Vox es unir todas esas ideas que se propagaban más en bares y en restaurantes, en las redes sociales, que en el Congreso. Dejar bien claras, sin complejos, como les gusta decir, esas airadas reacciones de la derecha política que ya existían. Y para eso necesitan también revisar la historia y situar en lugar sagrado los mitos nacionales.

Las declaraciones interesadas sobre la historia, ampliamente difundidas y manipuladas por medios de comunicación de diferente signo, contribuyen a articular una memoria popular sobre determinados hechos del pasado, hitos de la historia, que tiene poco que ver con el estudio cuidadoso de las pruebas disponibles.

Coincide esa ola de revisionismo, además, con un momento en que las democracias europeas se están volviendo más frágiles, la política democrática sufre un profundo desprestigio, traducido en el crecimiento de organizaciones de ultraderecha y de nacionalismo violento en casi todos los países, desde Holanda a Finlandia, pasando por Hungría o Francia, y la corrupción y los desastres económicos alejan a las nuevas generaciones de aquel ideal de Europa que sirvió para estabilizar al continente en las últimas décadas del siglo XX. La cosa va en serio.

https://www.infolibre.es/noticias/luces_rojas/2019/01/10/impunidad_olvido_fraga_vox_90555_1121.html