España no es país para jóvenes.

31/08/2021

La población joven española no consigue salir de la casa de sus padres. Sólo un 21% de los menores de 30 años ha encontrado la forma de emanciparse. La mayoría de los que sí lo han conseguido no han podido hacerlo solos. Únicamente un 16% de los emancipados en esta franja de edad han podido irse sin necesidad de contar con un compañero o compañera.

A todo ello hay que sumar un mercado laboral desregulado, gracias a las reformas laborales del PSOE y PP, que solo miran complacer a las empresas. Como consecuencia de todo ello la mitad de las personas menores de 25 años está en paro. Y los menores de 30 que han tenido la suerte de encontrar trabajo tienen que lidiar con contratos temporales, de los cuales un 44,9% duran menos de un año.

Se habla la mayoría de las veces de pobreza y exclusión social ligada al colectivo de los mayores de 65 años año o aquellos que han sido expulsados del mercado laboral a una edad temprana. También se hace hincapié en la pobreza infantil. Sin embargo, en pocas ocasiones los medios ponen su atención a, la juventud española que es el colectivo que más riesgo de pobreza tiene en la actualidad“. El 64% de la población juvenil no trabaja. Y el 60% de los que sí lo hace no llegan a cobrar los 1.000 euros al mes.

Todas estas dificultades se acrecientan con un mercado laboral, orientado a empleos de baja cualificación y una paupérrima inversión por parte de las Administraciones Públicas en políticas de I+D. Para ello es necesaria la derogación tanto de las reformas laborales del PSOE y PP y una política activa por parte del Estado que genere empleos de calidad y faciliten la inserción de la juventud en un mercado laboral de calidad.

Por todo ello sin un cambio de modelo productivo y político será difícil revertir el negro panorama de nuestra juventud.


¿Por qué se puede indultar a una dictadura que duró 38 años y no a una declaración de independencia que duró 38 segundos? Benjamín Prado

02/06/2021
Sobre la democracia representativa y el voto en blanco

Los indultos siempre son discutibles, aunque unas veces lo sean más que otras –poca gente entendió en Estados Unidos el de Ford a Nixon y mucha más el de Carter a los desertores de la guerra de Vietnam– y a menudo resultan sospechosos, porque es inevitable que se puedan entender como una injerencia descarada del poder ejecutivo en el judicial, un ángulo muerto de la ley que permite al Gobierno de turno enmendar una sentencia de los tribunales y que los políticos saquen de la cárcel a quienes han metido en ella los magistrados. En España han recurrido a ese instrumento la derecha y la izquierda de forma alterna, y tal vez ese hoy por ti y mañana por mí sea uno de los puntos en contra del bipartidismo que vuelve.

Al Partido Popular le toca ahora el papel del indignado, aunque en tiempos de AP y Fraga no se opusiera al perdón a los golpistas no arrepentidos del 23F, Aznar le otorgara la medida de gracia a terroristas de Terra Lliure e ideólogos de la guerra sucia del Estado contra la ETA y su partido tengan el récord de concedérsela dos veces a los mismos condenados, que eran cuatro mossos de Esquadra a quienes el Tribunal Supremo sentenció por torturas, el Gobierno mandó liberar y, tras oponerse a ello la Audiencia de Barcelona, volvió a hacerlo, a reducir sus penas y darles así la oportunidad de evitar la prisión. Hay muchos más ejemplos, pero estos tres valen como muestra.

Al PSOE le corresponde en este caso defender lo contrario de lo que el presidente Sánchez defendía en el año 2014, cuando estaba en la oposición: que “los indultos políticos deben acabar en nuestro país”. Por no hablar de sus enemigos íntimos de su propia formación, dirigentes históricos como Felipe González, que en el pasado reclamó sin descanso y puerta a puerta el indulto a Barrionuevo y Vera, encarcelados por el macabro asunto de los GAL, y que si hace poco se mostraba favorable al perdón a los reclusos del procés, en una entrevista con Jordi Évole, en estos momentos sostiene lo contrario. Naturalmente, tiene su derecho a pensar y decir lo que quiera y también a cambiar de opinión según las circunstancias, pero las hemerotecas también lo tienen a recordarle sus equilibrios morales y saltos mortales ideológicos.

El PP de Pablo Casado basa su clamor en una falsedad, que es la de seguir llamando golpe de Estado a lo que el Tribunal Supremo dejó en menos que sedición y pese a los continuos reveses que los jueces de Europa han ido dando a los de nuestro país cuando han solicitado la extradición de los fugados Puigdemont y compañía. Tampoco es cierto que a los implicados en aquella flagrante infracción de nuestras normas legales y de convivencia les haya salido barata la gamberrada, hay que recordar que llevan más de cuatro años de cumplimento de su pena, entre la cautividad y el tercer grado, y tampoco sobraría poner sobre la mesa lo discutido que fue aquel veredicto dentro y fuera, ni que prestigiosos analistas y medios de comunicación internacionales lo consideraron “draconiano” –The Guardian–; “extremadamente severo” –Frankfurter Allgemeine–; “muy duro y con penas muy altas” –La Stampa– o “castigo sin piedad y de tal dureza que no había sido aplicado en España desde el retorno de la democracia”, según Libération. Recordemos que estamos hablando de un castigo de entre nueve y trece años de reclusión.

Es verdad que el abanico de la derecha que componen el PP, Cs y Vox puede volver a abrirse en la plaza de Colón, en Madrid, para manifestarse contra esta iniciativa, pero también es cierto que la medida viene avalada con determinación por el Congreso, dado que la votaron ciento noventa de sus trescientos cincuenta diputados, y que, por poco que les guste a sus críticos, los acuerdos que suman mayorías sirven para esto de la misma forma que sirven para que Díaz Ayuso gobierne en Madrid o Moreno Bonilla en Andalucía. El argumento de que Pedro Sánchez compra con esto su permanencia en la Moncloa otros dos años no se sostiene, porque no resulta muy verosímil un pacto de los independentistas, los nacionalistas y los conservadores que pudiera relevarlo mediante una moción de censura. Y también es verdad que existe una gran diferencia sobre Cataluña entre el PSOE y el PP: este último es allí un partido residual y aquel, primero ha ganado las últimas elecciones con Salvador Illa, que fue el más votado, y segundo tiene esa autonomía y en la andaluza sus dos puntos fuertes electorales, sin los cuales es muy difícil que alcance el poder.

Sin duda, el Gobierno y quienes lo secundan en este caso tendrán que explicar sus motivos y motivaciones y por qué este indulto se ampara según su criterio, como marca la ley, en “razones de justicia, equidad o utilidad pública.” El indulto, por otro lado, tendrá que ser parcial, es decir, que sus beneficiarios no van a ser rehabilitados y no podrán ocupar cargos oficiales, más aún mientras sigan con su cantinela “lo volveremos a hacer”, y no es descabellado, incluso, que se supedite el mantenimiento de la clemencia a que quienes la reciban cumplan la ley. También se sopesa una reforma del Código Penal para modificar el delito de sedición, y no sólo para atenuar su gravedad, como sostienen algunos, sino también para impedir con ello los referéndums ilegales como el del 1 de octubre de 2017.

En cuanto a la oposición, tal vez lo más importante sería que dejase claro por qué ahora y para esto no cabe la reconciliación entre españoles que tanto alaban de la Transición y el poder analgésico del olvido. ¿Se puede ser tan generoso con una dictadura sanguinaria que duró treinta y ocho y tan poco con una independencia que duró treinta y ocho segundos, los que tardó el huído Puigdemont en declararla y dejarla en suspenso? Igual si lo piensan así no les salen las cuentas.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2021/05/31/por_que_puede_indultar_una_dictadura_que_duro_anos_no_una_declaracion_independencia_que_duro_segundos_121155_1023.html


Feminismo y laicismo: Análisis sociológico desde la época de la constitución del 78 del papel de la mujer determinado por la religión católica en España. Alicia Alcalde Villares

24/05/2021

Para entender la influencia de la Iglesia católica en la construcción social del papel de las mujeres en España tras la Constitución de 1978 debemos retroceder a la determinación de dicho papel por parte del nacionalcatolicismo. El modelo de feminidad que estableció como normativo la dictadura franquista utilizó como instrumentos a la Sección Femenina y a la Iglesia católica. Se adecuó perfectamente a los intereses de ambas y siguió el modelo establecido por la doctrina católica que se basaba en los siguientes principios:

“Las mujeres son inferiores a los hombres por naturaleza. Su dignidad proviene del sometimiento al varón así como la Iglesia se somete a Jesucristo. El modelo a seguir para todas las mujeres es la Virgen María, sumisa, obediente, anulada, que se ofrece como gestante altruista. Su hágase en mí Tu voluntad es la expresión máxima de sometimiento y desigualdad.

El papel de las mujeres, aquél para el que deben prepararse desde niñas y al que deben entregar sus esfuerzos y desvelos es el de ser fieles y amantes esposas y madres, ya que tal como establece el Génesis, la mujer fue creada por Dios para proporcionar compañía y ayudar al hombre.”

Estos principios del modelo de feminidad, donde convergen el franquismo y la Iglesia católica, se articularon en leyes y normas sociales de obligado cumplimiento.

El único matrimonio válido era el católico que además era, por supuesto, indisoluble.

“Las mujeres estaban sometidas en todo a la autoridad marital y eran las encargadas y responsables de mantener la paz del hogar, con espíritu de sacrificio y resignación cristiana como única alternativa si el esposo resultara imposible de pacificar. El adulterio era un delito por el que se condenaba a las mujeres casadas, nada decía de los varones casados, ya que la pena impuesta era en función del agravio que padecía el varón. Hasta 1963 el marido tenía derecho a matar a su mujer adúltera. Por supuesto eran delito el aborto o las prácticas sexuales fuera del matrimonio, así como las consideradas contra natura, que son todas las que no tienen finalidad reproductiva”

La enseñanza, tras el breve intervalo de la II República, retornó a las manos de la Iglesia católica, con hegemonía absoluta. Estaba segregada por sexos y diferenciada para niños y niñas. Según el propio Pío XI no había ningún motivo «para que pueda o deba haber promiscuidad y mucho menos igualdad de formación para ambos sexos». El mismo papa Pío XI en su encíclica Casti Connubi escribía que la emancipación de la mujer «es corrupción del carácter propio de la mujer y de su dignidad de madre; es trastorno de toda la sociedad familiar, con lo cual al marido se le priva de la esposa, a los hijos de la madre y a todo el hogar doméstico del custodio que lo vigila siempre». Los roles diferenciados por sexo debían quedar marcados desde la más tierna infancia y la función de la educación resultaba fundamental.
El franquismo liberó a las mujeres del trabajo para que pudieran dedicarse a su misión esencial: cuidar de su hogar, de su esposo y de sus hijos. Solo era aceptable que trabajaran ayudando a sus maridos en las tareas del campo, o si eran solteras, como maestras o enfermeras, profesiones que parece ser no afectaban a su feminidad ya que se consideraban una prolongación de su función esencial de ayuda a los demás. Se trataba de alejarlas de las fuentes del poder económico que podría llevarlas a la independencia y al feminismo.
En los años 70, el incipiente movimiento feminista se va a revelar como una forma de dar respuesta a las necesidades de igualdad y libertad que se negaban a todos los españoles, pero de una manera especial a las mujeres por el hecho de serlo. Las reivindicaciones feministas van a requerir que las propias mujeres se organicen, en ocasiones desde dentro y otras veces desde fuera de los partidos que luchaban contra el franquismo, y que en muchos casos no eran conscientes de la discriminación estructural que sufrían sus compañeras por el hecho de ser mujeres y del machismo imperante en sus propias agrupaciones.

A principios de los 70 seguía sin ser posible el divorcio, y el adulterio continuaba siendo delito. Tampoco las mujeres podían comprar un piso y necesitaban el permiso del padre o del marido para cualquier gestión administrativa. Los anticonceptivos estaban prohibidos y abortar podía llevarte a la tumba o a la cárcel. Gays y lesbianas podían ser encarcelados por aplicación de la Ley de vagos y maleantes. Tras la muerte del dictador y la aprobación de la Constitución de 1978, la legislación española comienza a reflejar los avances en convivencia y tolerancia de la sociedad, así como un desapego creciente a la doctrina y a los dogmas de la Iglesia.

Todo ello a pesar de la oposición cerrada de los sectores más conservadores, con la jerarquía católica a la cabeza, que a través de movilizaciones, homilías y maniobras de todo tipo intentaban dificultar estos avances e influir en que la constitución y las leyes que se habían de aprobar, no se desviaran de sus intereses y de su profunda misoginia. La Ley del Divorcio, la del Aborto, la del Matrimonio Igualitario, aprobaron contando siempre con la frontal oposición de la Iglesia católica.

Las opiniones de la Conferencia Episcopal de defensa de los estereotipos de género más machistas, en contra de los avances del feminismo y las críticas feroces que el movimiento feminista les merece, son publicitadas por sus medios de comunicación, pagados con cargo a los presupuestos del estado y propagadas por el resto de medios y redes sociales, obteniendo una repercusión mediática inmensamente superior a los escasos fieles que asisten a sus homilías en los templos. Así a la sociedad española, cada vez más secularizada, se la mantiene permanentemente informada de que el aborto es un crimen execrable, la violencia machista es una consecuencia de vivir en pareja sin estar casados, el matrimonio homosexual va a acabar con la familia, la mujer debe casarse y ser sumisa y mostrarse lo más femenina posible, los argumentos para la huelga feminista chocan contra la esencia cristiana, la Educación para la Ciudadanía es un adoctrinamiento intolerable de nuestra infancia, mientras que la Religión Católica es imprescindible para su desarrollo como personas.

Todos los tibios intentos de los gobiernos más progresistas de reducir el horario de religión católica o restar financiación a los colegios privados católicos, se han dado de bruces con las airadas protestas de los obispos que han encabezado y convocado manifestaciones utilizando a las AMPAS de sus colegios privados, financiados con dinero público, para mantener su privilegio de adoctrinar a nuestras niñas y jóvenes. A través de asociaciones, sectas y organizaciones de todo tipo persiguen, atacan y denuncian a clínicas que practican abortos legalmente. Y en suma, utilizan todos los medios a su alcance para revertir los avances que en materia de derechos humanos se han conquistado a lo largo de estos años. Avances que suponen, especialmente, una enorme mejora de la situación de las mujeres en España y que claramente amenaza frontalmente los pilares de la patriarcal Iglesia católica.

En estos momentos en los que el movimiento feminista gana terreno entre las más jóvenes y se están implementando medidas para luchar contra la violencia machista y la brecha salarial y a favor de la paridad en los puestos dirigentes y políticos, es cuando nos encontramos a la jerarquía católica y al mismísimo papa Francisco denostando al feminismo y a las feministas, acusándolas de ser unas machistas con faldas y de querer propagar la que ellos denominan ideología de género, a la que llaman también ideología de la muerte y que consideran va a acabar con las familias y con la sociedad en su conjunto. La beligerancia de la Conferencia Episcopal Española les ha llevado a declarar que uno de los principales problemas de nuestra sociedad es el apoyo de los Gobiernos a las reivindicaciones del feminismo.

A ello se añade que la actual involución a la que nos quieren arrastrar los partidos políticos conservadores y de extrema derecha está inspirada por los argumentos y principios de la Iglesia católica. La misma Iglesia católica que en su día bendijo e inspiró al nacionalcatolicismo. Desde el rechazo a la asignatura de Educación para la Ciudadanía hasta cambiar la calificación de violencia machista por violencia intrafamiliar. O la estrategia de burla y humillación a las personas feministas, o el menosprecio y ridiculización de las políticas de igual[1]dad. Ya desde el pontificado de Juan Pablo II, la Iglesia católica, consciente de que las sociedades democráticas no ven con buenos ojos el sexismo descarnado, ha decidido crear un nuevo feminismo, un feminismo cristiano, que asume derechos formales para las mujeres pero cuya única motivación es contrarrestar los avances de la lucha feminista, del para ellos, feminismo malo. El esfuerzo realizado desde la primera mitad del siglo XX por actualizar su modelo de feminidad, ha permitido a las mujeres que se implicaran en la defensa del marco cultural católico y que se expresaran y desarrollaran fuera del hogar, eso sí, siempre y cuando fuera para defender la ascendencia social de la Iglesia y que no cayeran en las garras del Manifestación contra la ley del aborto, 2010. Foto de Cristóbal Manuel para El País.45 LAICISMO Cuaderno de laicismo III 44 Cuaderno de laicismo III Feminismo. Esta estrategia no puede hacernos olvidar que su concepción del papel de las mujeres sigue siendo el mismo de siempre, relegado al ámbito privado, como esposas y madres, auxiliares y ayudantes del varón, papel que no cesan de recordarnos en cartas, homilías y encíclicas.

La Iglesia católica, como todas las religiones, es muy consciente de que el feminismo es una amenaza a sus intereses y al mantenimiento de su poder. Solo un Estado laico libre de injerencias religiosas puede garantizar que podamos continuar avanzando hacia una igualdad real y efectiva, en España y en el mundo.

Alicia Alcalde Villares
Vicepresidenta de MHUEL y vocal de Europa Laica


Cuatro balas y los autores intelectuales. Antonio Maestre

26/04/2021
Carta con amenazas a Pablo Iglesias

Una amenaza terrorista y su banalización. Ese ha sido el detonante que ha cambiado el paradigma de la percepción en la opinión pública mayoritaria del fascismo descarnado que representa Vox y que mostraba a destellos. Una concepción que hasta ayer solo advertía la vanguardia antifascista en medios y activismo. El escenario que se vivió rompe cualquier precepto democrático vivido desde la desaparición de la banda terrorista ETA. Cuatro balas amenazantes, una para Pablo Iglesias, otra para Irene Montero, otra para su padre, otra para su madre. Dos misivas con el mismo contenido para Fernando Grande Marlaska y María Gámez. Un partido que niega las amenazas y que toma como objetivo frontal de sus ataques al receptor de la amenaza. Cuatro balas y una autoría intelectual. 

La amenaza terrorista contra un ministro del Interior, contra la Directora General de la Guardia Civil y el candidato de Unidas Podemos a la Comunidad de Madrid no es un episodio más sobre el que pasar de puntillas. Es un punto y aparte en la normalización y justificación de la violencia política. En otro periodo de nuestra democracia hubiera sido la noticia principal de diarios e informativos y la sanción social y mediática sobre el que osara ponerse de perfil hubiera sido devastadora. Puede que incluso penal. Pero el periodo de normalización fascista que hemos vivido en los medios de comunicación españoles alcanzó un hito el día en el que se conocieron la existencia de las amenazas. Ninguno de los grandes periódicos de tirada nacional llevaron en su primera ninguna mención a la amenaza terrorista contra los máximos responsables de la seguridad española y un candidato a las elecciones. Ninguno. Una mancha que les acompañará mucho tiempo pero que muestra de manera clara cómo la amenaza de extrema derecha no solo no es su prioridad, sino que para muchos de ellos era preceptivo invisibilizarla. Tomaron posición, de forma contundente. 

Cuando el huevo de la serpiente empieza a moverse y temblar existen tres posiciones morales posibles a la hora de confrontar el discurso de odio fascista desde el periodismo. El antifascismo, el filofascismo, y los equidistantes. Los procesos de aprendizaje históricos sobre la conformación de periodos de barbarie nos muestran las identidades de estos tres tipos de comportamiento en los medios de comunicación. Los equidistantes fueron aquellos que por convicción ideológica, cobardía o por no evaluar de manera correcta la situación, se posicionaron en medio de los discursos de odio y de aquellos que los combatían. Son la mayoría en España. Una posición de punto medio entre el totalitarismo y sus combatientes que en la actualidad se intenta ocultar bajo el paraguas de una falaz neutralidad. Algunos se dieron cuenta tarde del error, otros nunca lo admitirán e intentarán transmitir que siempre estuvieron comprometidos contra el fascismo, los más se pasarán al bando ganador. Las otras dos posiciones son diáfanas. El filofascismo mediático consistente en la asimilación, colaboración y distribución de esos mensajes de odio desde su ámbito de actuación. No mienten ni engañan. El periodismo antifascista es la única posición moral decente, la que busca utilizar su pluma para combatir la degeneración democrática que implica el triunfo de ideas barbáricas. A veces hay que elegir entre ser Fritz Gerlich o Ernst “Putzi” Hanfstaengl. Es una simple posición dilemática entre el bien y el mal, entre el fascismo y la democracia. No hay que mirar a los años 20 en Europa para tener que tomar decisiones deontológicas de ese tipo. Estamos en esa coyuntura, llevamos tiempo en ella. 

La responsabilidad del envío de las balas y las amenazas a Iglesias, Marlaska y Gámez es única y exclusivamente del que la haya enviado. Pero el ambiente social que propicia la sensación de impunidad y la legitimación moral para llevarla a cabo viene inducido por actores políticos y mediáticos que han contribuido de manera sustancial a que eso pueda ocurrir. Existen determinados elementos que forman parte de la autoría intelectual que permeabiliza las resistencias morales para ir más allá y pasar a la acción directa contra el adversario político. Los autores intelectuales del envío de las cuatro balas no necesitan poner el sello porque lo lacraron con palabras. El proceso de conformación del odio es paulatino, se conforma mediante la palabra. El discurso de odio es performativo, precede a la acción. Una lluvia fina de mensajes, constantes, ruidosos y repetidos crea el ambiente necesario para que existan unas manos que se sientan legitimadas para actuar contra el objetivo de ese odio. 

La persecución mediática contra Pablo Iglesias se asemeja a la que se construyó sobre cualquier otro colectivo perseguido a lo largo de la historia. El bulo como constructor de la conspiración que justifique la violencia política contra el líder de Podemos. La amenaza le acusaba de la muerte de los ancianos en la residencias, porque las mentiras calan en cerebros esponjados. La imagen deshumanizada de Pablo Iglesias que los libelos digitales ha contribuido a crear justifica que cualquier patriota actúe contra él. Medios de comunicación caracterizándolo como una garrapata, a la que poder pisar. Es una rata, como los judíos para los nazis, es una cucaracha, como los tutsis para los hutus. Coletas rata, le llama una diputada. Cierra al salir, escribe el PP. No merece respiro. Meses de persecución sistemática y constante frente a su hogar, donde viven sus hijos, celebrada y aceptada de manera natural por medios y adversarios políticos. Periodistas que festejaron que Iglesias tuviera que abandonar sus vacaciones en Asturias. Perseguirle hasta echarlo de España, que no tenga descanso. Los autores intelectuales llevan tiempo creando las condiciones para que se envíen balas. La carta llega al amenazado. Palabras justificándolo, un partido fascista banalizándolo, los palanganeros riendo. Un editorial acusando a la víctima. Mañana se recogerán casquillos manchados de sangre, fingirán llorar. Tendremos memoria. 

https://www.eldiario.es/opinion/cuatro-balas-autores-intelectuales_129_7856090.html


Los barrios, una vez cada cuatro años. Quique Peinado

07/04/2021

Nací y viví hasta los 35 años en el Pueblo de Vallecas. Hace siete, antes de que empezara a ganar pasta en la tele, nos cambiamos a Tetuán, otro barrio del estilo (en algunas cosas mejor pero en otras peor) porque nos salió una casa muy barata y la familia iba a crecer. Mis hijos serán de Tetuán y yo seguiré aquí al menos hasta que ellos sean mayores. La idea, si no consigo mi objetivo de huir de esta ciudad, sería volverme a vivir a mi barrio, que es donde soy y un lugar que echo sorprendentemente de menos. No me sorprende extrañarlo, pero sí hacerlo tanto. No tiene ninguna explicación más que la melancolía irracional. Es de donde eres y donde quieres estar. Le pasará a mucha gente.

Estaba acabando el instituto cuando llegó a mi barrio el Metro, que ya estaba en demasiados sitios. Era una vieja reclamación vecinal y se nos dio por desistimiento, yo creo. Como ese detalle podría dar otras decenas: la sensación de que a los barrios las cosas llegan por agotamiento. Que nunca son el centro de las preocupaciones de nadie importante. Todavía recuerdo cuando nos trajeron unas fuentes al Paseo Federico García Lorca, que decía mi madre que ese lujo nos había llegado porque Juan Barranco, el alcalde entonces, era de Vallecas. No volvió a haber otro alcalde ni de cerca de allí, claro.

En los barrios la gente está harta, y con razón, de que los políticos se acuerden de ellos solo para pedirles el voto cada cuatro años y de que izquierdistas de salón les echen la culpa de todo por no ir a votar. No voy a sacar el chorro de datos que apoyan que la sensación de abandono es real, solo decir que la esperanza de vida en el sur de Madrid es bastante más baja que en el norte. Te quita, literalmente, años de vida nacer allí. Porque, y tampoco os voy a aburrir con datos, el que nace en un barrio del sur tiene muchas menos posibilidades de mejorar su existencia material que uno del norte de mantener su estatus.

Solo hay una cosa peor que acordarse solo de los barrios cada cuatro años: no hacerlo ni en campaña electoral. Unidas Podemos ha basado su suerte en lograr el voto del abstencionismo del sur de la ciudad y barrunto que será la única manera de desbancar a Ayuso que lo consiga. La mejor forma de lograrlo hubiera sido que el Gobierno central del que forman parte hubiera llevado a cabo acciones que efectiva y palpablemente mejoraran la vida de las personas de esos lugares, o que cuando la izquierda ganó la alcaldía de Madrid hubiera hecho lo propio, pero (y esto es un brochazo gordo, lo sé) eso no ha pasado. Lleva sin ocurrir décadas. Revertir lustros en una campaña del partido con menos representación en la Asamblea parece un disparate, pero también es verdad que es el intento más honesto que hemos vivido en mucho tiempo.

¿Funcionará? Pues posiblemente no. Para ello, las buenas gentes del sur tendrán que volver a mesarse los cabellos, pasarse la mano por la cara y empezar a creer en algo otra vez. No es sencillo. Y, sobre todo, es bastante posible que si lo logran el mayor beneficiado sea un partido que ya ha dicho que no le va a tocar los impuestos a nadie en esta Comunidad mientras busca los votos de gentes muy distintas a las de mi barrio.

En cualquier caso, es un pequeño baño de autoestima ver que alguien ha decidido remangarse. Creo sinceramente que así se ve y que quedará reflejado en las urnas, aunque partir de un espacio en disolución como era Unidas Podemos en Madrid hace apenas un par de meses no permite pensar en grandes registros. Ahora, advertencia: todo voto será fruto de la fe más que de la razón.Para que les den un apoyo sólido, duradero y de corazón hay que dejar de engañar a las buenas gentes del sur. Y hacer que los miles de conciudadanos que nacieron en otros países y que no tienen derecho a voto, lo tengan, y para eso hay que regularizarlos. No parece que sea mucho pedir. De no ser así, en dos años eso no lo movilizará ni Dios desde la izquierda. Y vendrán unos señores a caballo dispuestos a hacerlo. Y lo pueden conseguir.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2021/04/06/los_barrios_una_vez_cada_cuatro_anos_118892_1023.html


Los planes de estudio «técnicos y prácticos» de Celaá siembran una nueva generación de incultos. José Antequera

31/03/2021

La ministra Isabel Celaá quiere adelgazar los “contenidos enciclopédicos” de los planes de estudio y sustituirlos por un saber “práctico y técnico”. Su frase “no queremos cabezas llenas sino mejor estructuradas” es toda una declaración de intenciones de hacia dónde va la escuela light del futuro. Ahora bien, ¿se puede imbuir de cultura a nuestros escolares negándoles el saber memorístico y acumulativo? Difícilmente. Desde hace años, y por influencia de los psicólogos y pedagogos posmodernos, hemos asistido a un lento y progresivo adelgazamiento de esas enciclopedias necesarias que no le gustan a la señora ministra y a fuerza de adelgazar los libros y los planes de estudio hemos terminado por enflaquecer también el intelecto de nuestras criaturas. La prueba de ello es que seguimos estando a la cabeza en todas las listas de fracaso escolar de la OCDE, lo cual debe llevarnos a pensar, inevitablemente, que algo estamos haciendo mal.

Por lo visto, con los nuevos planes educativos se trata de transmitir conocimientos fáciles de digerir, conceptos claros y sencillos, cuatro ideas básicas para que los niños no se hagan un lío, sean buenos mecánicos de la globalización y tengan tiempo para las llamadas actividades extraescolares (artesanías con barro, inglés comercial o judo). Es decir, se impone la educación a píldoras, la educación líquida para tiempos líquidos.

En España lo hemos intentado todo sin éxito: el conductivismo, el aprendizaje cognitivo, el cognitivismo social, el enfoque constructivista, el cibernético y otras moderneces pedagógicas. Nada ha dado resultado. Por alguna razón, nuestros jóvenes escolares pierden el interés por los estudios a las primeras de cambio y acaban arrojándose a las aguas peligrosas del mercado laboral en oficios mal remunerados que exigen poca o ninguna cualificación. La sociedad ha instaurado el único valor del dinero, el éxito rápido y fácil, relegando el esfuerzo intelectual y la cultura como antiguallas del pasado. La mejor prueba de que la formación humanista no garantiza el éxito es Ángel Gabilondo, un filósofo que se sabe de memoria El discurso del método de Descartes pero que probablemente nunca llegará a nada, al menos mientras Isabel Díaz Ayuso siga vendiendo bulos, mezquindad, trumpismo y pan y circo a raudales, que es lo que piden los madrileños.   

El fracaso de un país hay que buscarlo en la escuela y desde los tiempos de aquella exitosa EGB de la Transición sin duda hemos ido para atrás. Desterrar el conocimiento memorístico de los planes de estudio fue un grave error porque al final los niños salen del colegio sin saber cosas esenciales para la formación del espíritu y los valores humanistas, como la teoría de las ideas de Platón, quién escribió el Quijote o qué fue eso de la dictadura franquista. Hemos arrinconado la filosofía, la literatura y la historia en el desván polvoriento de nuestras escuelas, tratamos las lenguas clásicas como muertas y las humanidades como asignaturas inútiles solo porque exigen dedicación y memoria y porque no sirven para colocarse en una compañía de seguros o en un banco y ganar mucha pasta. Al final, siguiendo esa concepción de la instrucción pública, pasa lo que pasa, que llega un señor engominado con el brazo en alto, lo cuenta todo al revés, tergiversando la historia, y acaba convenciendo al personal de que Las Trece Rosas eran unas malvadas que torturaban valientes españoles en las checas y que Franco fue un gran defensor de los derechos humanos. Nadie le rebate porque nadie sabe nada sobre nuestra Guerra Civil.

Primero sacamos la lista de los reyes Godos de las aulas (amputando una parte esencial de nuestra historia); después decidimos que leer a los clásicos aburre a los niños y sustituimos La Celestina por Harry Potter (que es más divertido y menos trágico); y al final, en el lento y progresivo proceso de aligeramiento de contenidos (más bien estupidización, alienación cultural o promoción del analfabetismo integral) hemos terminado por enseñarles lo justo para que no se cansen, no se esfuercen, ni se frustren. Hemos dejado de impartir filosofía, humanismo y civismo del bueno en las aulas y ahora nos encontramos con que nuestra muchachada, que lo ha tenido todo en la vida sin esfuerzo, huye de la Policía como los gánsteres de Chicago para refugiarse en el piso turístico y montarse el fiestón suicida y sin mascarilla que puede matar al padre o a la abuela al volver mamado a casa. Las imágenes de los agentes sacando a niñatos insolidarios hechos y derechos de debajo de la cama o de un armario empotrado dicen muy poco del futuro que nos aguarda con esta “generación covid”, más bien “generación botellón”.

A cambio de desterrar lo bueno de la cultura, gran alimento del espíritu, hemos asumido lo técnico sin rechistar (ahora lo llaman innovación), o sea el lenguaje digital, las computadoras, las tablets, las app y cómo manejarse en Twitter o Instagram, que está muy bien porque es el nuevo lenguaje planetario, pero que nunca debería sustituir a la enseñanza clásica y convencional, sino en todo caso complementar lo esencial. Lo que el maestro es, es más importante que lo que enseña, decía el psiquiatra Menninger, y ninguna clase de nuevas tecnologías producirá jamás el efecto cautivador e hipnótico de un buen profesor con una tiza y con sensibilidad leyendo en alto un verso de Machado o Federico.

Puede que el éxito de la educación no esté en memorizarlo todo, como en los tiempos de la escolástica medieval, ni en volver a aquello rancio de la letra con sangre entra. Pero a fin de cuentas uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes y con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos, ya lo dijo Jung. Recordar una poesía puede salvarnos la vida. Leer 1984 puede librarnos del fantasma del fascismo. No hay aprendizaje solo con técnica y habilidad, es preciso que el niño memorice, que sude tinta delante del libro, que se empape y ame la cultura, que interiorice esa visión global de la existencia humana y la haga suya, que imprima los nobles principios en la mente porque de lo contrario estamos perdidos. Una cabeza llena de ideas siempre será menos manipulable que otra hueca aunque especializada en apretar tornillos, como aquel Chaplin de Tiempos Modernos.

Olvidar siempre es desaprender. Una de las escenas más emocionantes de la historia del cine está en Esta tierra es mía, la maravillosa película de Renoir en la que un lúcido maestro (Charles Laughton) aprovecha sus últimos momentos en la escuela pública (antes de ser detenido por la Gestapo) para dar a sus alumnos la más importante lección: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A cada niño le inculca un artículo mientras le acaricia el cabello o la frente; a cada uno de ellos le ilumina con un soplo de humanismo en su corazón. Y entonces el espectador comprende que esos pequeños serán verdaderos demócratas ya para siempre. “Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, reza el más hermoso texto que haya alumbrado la especie humana y que todos deberíamos haber memorizado en nuestra más tierna infancia. Nada de eso se aprende en una clase de robótica.


La deriva antidemocrática. Javier Gallego

24/03/2021
PP y Cs habrían quedado por delante de Vox el 14-F si se hubieran  presentado juntos - Elecciones Catalanas - COPE

La moción de censura en Murcia por casos de corrupción ha terminado con el PP comprando a tres tránsfugas de Ciudadanos y regalando a Vox la Consejería de Educación para que impongan el pin neanderthal que ellos llaman “parental”. La ultraderecha impedirá a los niños y niñas murcianos recibir formación en valores como la diversidad sexual o la igualdad de género. La enseñanza pública garantiza precisamente el derecho de los menores a tener una educación democrática más allá de sus familias. Vox ya había entrado en las instituciones, ahora también en las aulas. Lo siguiente es la invitación de Ayuso a entrar en el gobierno de Madrid. 

Los talibanes van colonizando espacios paso a paso, se infiltran en el discurso y calan en las mentes. Hace sólo unos años daban risa sus desvaríos desfasados, hoy millones de españoles jalean a esta manada de misóginos, racistas, clasistas y homófobos. Vuelve la rancia retórica reaccionaria que creíamos desterrada después de siglos de represión católica y cuarenta años de franquismo. Como en Estados Unidos, Brasil o Hungría, la extrema derecha se ha normalizado. Ya no les da vergüenza mostrarse, al contrario, ahora lo cacarean. Ya no dan risa, dan miedo. 

Una amiga me contaba asustada cómo gente diversa a la que sigue en redes ha pasado de posturas plurales y moderadas, a defender a estos extremistas con vehemente intolerancia. Todo se pega, también sus maneras. Los algoritmos que rigen las redes, los medios y los partidos están favoreciendo el regreso a ese fanatismo de aire fascistoide. Parece increíble que suceda después de las heridas que dejó el fascismo en España y en el mundo. La Historia se contagia pero no vacuna. 

Lo que aterra es la pasmosa pasividad con la que nos deslizamos por esa peligrosa pendiente. Leía hace bien poco la novela gráfica Irmina, en la que la autora alemana Barbara Yelin cuenta, a través de la biografía de su abuela, cómo la sociedad germana acabó aceptando, acatando y en su mayoría, abrazando el nazismo.El cambio se produce de manera gradual, en sigilo aunque ruidosa, por el bombardeo de mensajes que primero se desprecian, después se popularizan y finalmente se generalizan. Por miedo a la autoridad y a quedarse fuera que termina convirtiéndose en convicción. No creo que se repita, pero sí que se replica con formas menos bélicas, más sutiles, más capitalistas, pero tan ultranacionalistas como antaño. Igual que no pretendo trivializar un pasado tan atroz, creo que no deberíamos banalizar la deriva antidemocrática que recorre el planeta. 

Leía también al escritor Andrés Trapiello anunciar en tuiter de forma rotunda que no pensaba votar pero que Pablo Iglesias le había hecho cambiar de opinión para votar en su contra. Habrá que felicitar al Coletas por promover el voto, pero resulta inquietante que un intelectual caiga tan groseramente en la burda propaganda que ha convertido a Iglesias en el mismo demonio. No encuentro expropiación o nacionalización que explique tanta inquina en el escritor. Tampoco el tuit de Trapiello abominando del vulgar trumpismo de Ayuso y su alianza con Vox.   

Así se normaliza la anomalía que significa dar entrada a la extrema derecha en las instituciones. A través del discurso. Se llama ‘golpe de Estado’ a un proceso plenamente democrático como es una moción y ‘juego político’ a la compra de diputados, al tiempo que se acepta que el pensamiento ultra, valga el oxímoron, fiscalice la educación pública. En Madrid, Ayuso desprecia a quienes lucharon por devolver la democracia y celebra a quienes quieren limitarla y lo hace en nombre de la ‘libertad’. Podemos, un partido a lo sumo reformista, que gobierna sin que se rompa España y defiende derechos básicos como la vivienda, es poco menos que el Anticristo, pero al neofranquismo se le invita a gobernar. 

Llamar a esto democracia plena, a un sistema con cloacas políticas, mediáticas, policiales y judiciales, es tener un concepto muy estrecho de la democracia y hacerle el caldo gordo a la extrema derecha. Un día nos preguntarán cómo permitimos que llegara al poder un partido homófobo que niega la violencia contra las mujeres, ataca al feminismo, criminaliza a la inmigración pobre, señala entre ellos a los menores y quiere adoctrinar a los niños en la intolerancia y la desigualdad. Como Irmina, la abuela de Barbara Yelin, muchos no sabrán qué contestar. 

https://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/deriva-antidemocratica_132_7335468.html


Nueva asignatura de cultura religiosa: otro troyano religioso en la escuela. Antonio Gómez Movellán

10/03/2021
Religión y escuela pública: un conflicto de valores - La Réplica

Nueva asignatura de cultura religiosa: otro troyano religioso en la escuela.

La  frustrada reforma educativa  que ha supuesto la denominada Ley Celaá no  solo no ha acabado con el adoctrinamiento confesional de los menores,  manteniendo dentro del currículo el catecismo católico  y a más de 18.000 catequistas sufragados con fondo públicos ( unos 800 millones de euros al año ), además de favorecer la incursión de imanes y pastores evangélicos,  sino que también ha consolidado el segregacionismo escolar que supone el mantenimiento de un sistema escolar concertado, mayoritariamente católico, huyendo del concepto, que habrá sin duda que recuperar, de una escuela universal, pública  y laica. Cada año se verá con más claridad que es necesario acabar con esa superchería de utilizar el concepto de la libertad de educación para justificar un sistema escolar segregado. Como dijo recientemente filosofo Emilio Lledó “El permitir que el poder económico pueda determinar la calidad de la enseñanza o, lo que es más sarcástico, que el Estado subvencione con dinero público ciertos intereses ideológicos de una buena parte de colegios más o menos elitistas parece, en principio, no solo una aberración pedagógica sino una clamorosa injusticia(..). El mal más terrible que puede instalarse en la consciencia democrática es, por el contario, el cultivo solapado e hipócrita de la diferencia y la desigualdad”.

Los legisladores, con esta chapuza de reforma educativa, han dado una buena patada en el trasero a nuestro insigne filósofo.

Pero esta ley no solo ha mantenido, como decimos, el catecismo en la enseñanza, sino que, además, pretende obligar a todos los menores a estudiar una nueva asignatura con el extraño nombre de “cultura religiosa”.

¿Pero qué historia es ésta de la “cultura religiosa”? y ¿por qué se aprobó a última hora, en una enmienda transaccional entre el PSOE y ERC, la posibilidad de esta extraña asignatura que vino precedida de declaraciones favorables de portavoces de la Conferencia episcopal?

¿Se quiere decir que los menores tienen que aprender los ritos religiosos de las religiones o que se tiene que conocer los libros sagrados y los valores religiosos? ¿o que se quiere decir con eso? En realidad, esta asignatura de cultura de las religiones es un nuevo caballo de Troya confesional en el currículo escolar. En aquellos países donde las iglesias han sido relegadas donde deben de estar, es decir, a la puerta de los colegios, la Iglesia católica no se ha conformado y ha comenzado a desarrollar la idea de que había que estudiar el “hecho religioso”, expresión típicamente criptoconfesional, que quiere remarcar, en una expresión, el carácter material y no meramente espiritual de la religión; ¿pero por qué no se habla, por ejemplo, del hecho ateo o del hecho humanista y si del hecho religioso?   En verdad lo que se pretende es dar más relevancia a la religión como si fuera esta imprescindible para el ser humano como si éste no pudiera vivir sin religión.

Por eso se quiere dar la importancia de la religión desde la infancia, como un campo epistemológico aislado e imprescindible, incluso benéfico y civilizatorio, y por eso se asocia a la cultura. Es decir, se pretende incrustar, en el currículo escolar, una asignatura que supuestamente también va a educar en la supuesta tolerancia de los valores religiosos; se trata de introducir al alumno en una especie de nuevo ecumenismo promovido por el Estado para fomentar el respeto a las religiones. No, muchas gracias; si se impone este descabellado proyecto como obligatorio no faltarán los abstencionistas y desobedientes a esta patraña pseudoconfesional y desde aquí llamamos a los profesores de humanidades y a sus colegios profesionales y a los sindicatos a que se rebelen contra tamaño desatino. Desde luego que las religiones, como fenómeno social, se pueden y de hecho se estudian en las asignaturas ya establecidas de humanidades, como la historia, la filosofía o la literatura y ello desde una deontología humanista, pero, por el contrario, el estudio aislado del “hecho religioso” o de la “cultura religiosa” etc en el currículo escolar significa la introducción de un troyano multiconfesional en la escuela, con la complacencia de las jerarquías eclesiásticas. El que lo hayan colado, en esta última reforma educativa, indica también la penetración del lobby religioso en los partidos políticos de nuestro país, en este caso en el PSOE y ERC, que son los que promovieron la enmienda de la mano de la conferencia episcopal española.


¿Encarcelar a Pablo Hasél es “normalidad democrática”? Javier Valenzuela

15/02/2021
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Pablo Casado ha acusado a Pablo Iglesias de hablar de España como si fuese “una dictadura” y ha pedido que Pedro Sánchez le cese por ello. Casado ha vuelto a mentir –o, al menos, tergiversar la verdad– para excitar a la parroquia conservadora e intentar desviar la atención sobre el regreso a la escena informativa de la corrupción del PP con motivo del comienzo de un nuevo juicio a Luis Bárcenas.

Con frecuencia, la diferencia entre la verdad y la mentira está en los matices. Iglesias no ha dicho que España sea “una dictadura” o “como una dictadura”. A Iglesias se le pueden reprochar tales o cuales errores, pero no uno tan grosero como calificar de “dictadura” un sistema en el que él ha alcanzado la vicepresidencia. Iglesias es más perspicaz que eso: lo que ha dicho es que no se puede considerar “normalidad democrática” el hecho de que un puñado de dirigentes independentistas catalanes sigan encarcelados. Pienso que tiene razón.

España no es una dictadura, pero tampoco una democracia irreprochable. De hecho, no hay democracias irreprochables; la presidencia de Trump acaba de evidenciar las carencias de la que se proclama la mejor de todas, la estadounidense. La democracia es un ideal hacia el que caminar, y la española necesita abandonar el inmovilismo y la autocomplacencia de determinadas élites, y reanudar la marcha. Así opinan unos cuantos millones de compatriotas.

Ni me alarma ni me indigna el comentario de Pablo Iglesias. Desde el nacimiento mismo de infoLibre, y en sintonía con lo que expresaban en las calles los pacíficos manifestantes del 15M, creo que España es una democracia manifiestamente mejorable. La Transición consiguió el nivel de libertades y derechos que permitía la correlación de fuerzas de entonces, pero nuestros hijos y nietos no pueden vivir de su constante adoración. El mejor homenaje que se puede hacer a la Transición es considerar que sus conquistas son perfectibles.

El encarcelamiento de los independistas catalanes no es la única “anormalidad” de nuestra democracia. Ahora mismo el rapero Pablo Hasél va a tener que mudarse al trullo por unos comentarios sobre la monarquía o el terrorismo que no han provocado el menor daño a la libertad, la vida o la hacienda de nadie. Por zafios o desafortunados que le parezcan tales comentarios, ningún demócrata puede aplaudir el encarcelamiento de Hasél. La inoportunidad o el mal gusto no pueden ser penalizados. La libertad de expresión es un pilar básico de la Europa democrática.

Aplaudo el manifiesto en contra del encarcelamiento de Hasél difundido estos días. España no es Marruecos ni Turquía, pero se equipara a esos países cuando encarcela a cómicos, raperos, humoristas, tuiteros o periodistas por tales o cuales frases de sus textos o espectáculos. La penalización de opiniones diferentes de las mayoritarias es una espada de Damocles que pesa sobre nuestros escritores y artistas.

Recordemos que el de Hasel no es un caso aislado. En los últimos años, un puñado significativo de disidentes –Valtonyc, Hasél, La Insurgencia, los titiriteros del Gora Alka-ETA, Cassandra Vera, César Strawberry, El Jueves, Billy Toledo, Coño Insumiso…–han sido acosados por sus opiniones sobre la monarquía, la religión o la Policía. Algunos han dormido entre rejas, los más han sido absueltos al final, todos han sufrido angustia y dolor, gastos económicos y daño a su reputación.

No creo que esto sea “normalidad democrática”. Como tampoco que el anterior jefe de Estado se largara a un emirato para no tener que dar explicaciones sobre supuestas corrupciones y evasiones fiscales. En todas partes cuecen habas, por supuesto, pero en España a calderadas. ¿Es normal que, desde La Zarzuela a cientos de ayuntamientos, pasando por partidos que han gobernado o gobiernan comunidades autónomas y hasta España entera, la corrupción sea aquí habitual, si no crónica? ¿Es normal que un Consejo General del Poder Judicial partidista y caducado hace dos años le diga al Parlamento lo que tiene o no que hacer, siga nombrando cargos y continúe disfrutando de prebendas en vez de volver a sus anteriores ocupaciones? ¿Es normal que militares jubilados chateen sobre golpes de Estado y fusilamientos masivos?

Isaac Rosa recordó ayer en elDiario.es que el cuñadismo celtibérico pretende justificar el encarcelamiento de políticos independentistas o artistas irreverentes con aquello de que han sido juzgados y condenados por tribunales que aplican las leyes vigentes. Exactamente igual que en Turquía o Rusia, donde los disidentes son “condenados por tribunales, aplicando leyes elaboradas por sus parlamentos”, añadía Rosa”. Y concluía sabiamente: “Así que como argumento en sí mismo no es gran cosa, tiene que ir acompañado de algo más. Ese algo más se llama democracia”.

España es una democracia, sí, pero, como el vino, la literatura o los teléfonos inteligentes, las democracias tienen diferentes calidades. ¿Cuál es el nivel de calidad de la nuestra? Mejorable, manifiestamente mejorable en su protección de las libertades y los derechos, en la independencia e imparcialidad de su justicia, en su rigor contra la corrupción. Y también, como escribía Isaac Rosa, “en su capacidad o incapacidad para resolver por medios políticos un conflicto político, en vez de cerrarlo en falso por la vía policial, judicial y penitenciaria.” Aunque a su inteligencia se le escape esta diferencia, señor Casado, decir esto no es decir que España sea una dictadura, ni mucho menos.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2021/02/11/encarcelar_pablo_hasel_normalidad_democratica_116540_1023.html


¡Aprovecha el día sin IVA y sin servicios públicos! Toni Mejías

22/01/2021
Iglesia Católica pide recorte del gasto y cobrar impuestos existentes

La decisión del youtuber El Rubius de mudarse a Andorra para pagar menos impuestos ha vuelto a poner sobre la mesa el debate de si es demasiado elevada la carga fiscal en España. Por suerte para las arcas públicas, también hay creadores de contenido audiovisual en contra de salir del país para pagar menos y entienden que aporten más al estado del bienestar asumiendo que, igualmente, viven “de puta madre”, como decía el famoso streamer Ibai Llanos.

Podríamos hablar sobre si pagamos muchos impuestos, pero sólo hay que recurrir a los datos, los cuales lo desmienten, ya que estamos por debajo de la media europea, pero entre los muchos debates que se han generado alrededor de la noticia, existe la queja de que El Rubius tiene un público muy joven al cual le está dando un mensaje negativo con este movimiento de residencia. Sin entrar de lleno en quiénes deben ser los agentes socializadores de nuestros hijos e hijas, son numerosos los factores que, a menudo, nos hacen alejarnos de la idea de que pagar impuestos es positivo.

Entre las celebridades, estos creadores asociados a las nuevas tecnologías son los últimos en sumarse al cambio de domicilio para pagar menos. Muchos deportistas españoles lo han hecho durante años, sobre todo aquellos asociados a deportes sin residencia fija (motor, ciclismo, tenis…). Podría poner aquí una larga lista de deportistas que miran al cielo con la bandera de España en el podio mientras suena el himno, pero que no dejan ni un euro en impuestos al país que tanto dicen amar. Incluso el que es casi una bandera andante, Rafa Nadal, tuvo sus empresas registradas en el País Vasco para pagar menos impuestos. Aunque hubiera sido gracioso verlo en Roland Garros con la ikurriña, la Justicia se encargó de terminar con esos chanchullos hace años.

No es la única trampa que utilizan los deportistas de élite para pagar menos. Algunos futbolistas, que tienen más difícil justificar un domicilio en el extranjero, han gozado de leyes a medida para pagar menos. Por ejemplo, la conocida como “Ley Beckham” que permite a los extranjeros que se muden a España a trabajar el tributar como no residentes. Podéis leer más detalles en la red, pero básicamente es beneficioso para las rentas altas. No somos los únicos. En Italia han reducido al 30 % (aquí es el 50) el porcentaje que pagan los futbolistas al fisco. La idea es hacer más apetecibles las ofertas a grandes estrellas y mejorar el nivel del Calcio, lo cual está sucediendo. Muchas voces están sugiriendo hacer lo mismo aquí ante el declive La Liga en competiciones europeas. ¿Lo respaldarían los aficionados? Esperemos que no decidan los mismos que aplauden a futbolistas en la puerta de los juzgados.

Lo mismo ha sucedido con políticos, empresarios, folclóricas… Cuentas en Suiza, apropiación indebida de dinero público y otras artimañas para pagar menos en la declaración. Aunque en algunos casos han pagado condenas, a otras de estas personas se les ha hecho lavado de cara en medios televisivos y acaban siendo casi las perjudicadas de estos casos. Ahí tenemos a Isabel Pantoja, por ejemplo, decidiendo en un programa televisivo qué niños cantan bien mientras todavía tiene cuentas pendientes. Por no hablar del vanagloriado Amancio Ortega, el ídolo de masas de los que tienen mascarilla con bandera.

Muchos ejemplos que hacen dudar al ciudadano sobre la importancia de los impuestos. Por un lado, los políticos que despilfarran hacen pensar que no vale para nada. Por otro lado, deportistas, youtubers o empresarios que fijan su residencia en el extranjero y nos dan a entender que aquí se paga mucho. También famosos que salen en la televisión en contra del régimen fiscal español y convencen a sus seguidores de lo malo de los impuestos. ¿Pero son los únicos? ¿Nos libramos la clase trabajadora?

No. Rotundamente no. En el día a día tenemos muchos estímulos cercanos que nos hacen detestar los impuestos. Por poner un ejemplo, durante mis 10 años trabajados en fábricas distintas de mi zona, nunca me pagaron las horas extras dentro de la nómina. Y no soy una excepción, conozco mucha gente así. No voy a decir que sea la norma general, aunque me dé esa sensación por la gente de mi entorno, pero, aunque fuera una mínima parte, es un gran número de dinero que dejamos de ingresar para el bien común. Otro ejemplo es que todo el mundo conoce la expresión “¿lo quieres en A o en B?”. Igual que, cuando se nos ofrece esa posibilidad, el B suele ganar por goleada.

También las grandes tiendas (y algunas pequeñas) suelen atraernos con la posibilidad de no pagar impuestos, como si esa negación nos hiciera más felices. La realidad es que les funciona. Cuando grandes empresas nos ofrecen sus productos “sin IVA” es publicidad engañosa. Es una artimaña publicitaria que empezó una cadena de electrónica, pero que ahora es más común en más tiendas. La realidad es que no puedes dejar de pagar el IVA. Lo único que te ofrecen es un descuente equivalente. El IVA, por fortuna, se paga siempre. Pero ofreciendo esa posibilidad de burlar los impuestos, se ha demostrado que venden más, aunque también se ha demostrado las trampas que hacen aumentando precios durante los días anteriores. Pero la adrenalina que nos aporta no pagar a Hacienda compensa todo.

¿Qué podemos hacer para cambiar esta dinámica? Si la mayoría de grandes figuras mediáticas han dimitido de hace pedagogía en este asunto (es normal, defiende a su clase social), tocará hacerla en otros ámbitos. Desde hace unos años la educación en finanzas se está comenzando a implantar en las escuelas, pero si se hace desde una mirada neoliberal y de economía de mercado seguiremos en las mismas. Además de este tipo de enseñanzas, es prioritario recordar lo parte positiva de los impuestos, así como perseguir el fraude, a los evasores, a los que malgastan y rechazar al que se fuga a otro país para no contribuir al bienestar de la mayoría. Que compitan con Andorra, que lo mismo pasa a ser una potencia mundial deportiva. Quién sabe.

Porque la realidad diaria es que pedimos que haya más atención primaria y más personal para hacer pruebas PCR y vacunar, pero esos sueldos se pagan con nuestros impuestos. También pensamos que faltan profesores para bajar la ratio por clase y atender correctamente a nuestros hijos e hijas y estos se pagan con impuestos. Los que han sufrido el temporal Filomena también querían las calles limpias y las basuras recogidas, pero esos trabajadores también se pagan con impuestos. Es el estado del bienestar, amigo. Y si tenemos una derecha que quiere cargárselo y compramos y abrazamos su mensaje, terminaremos con él.

El Partido Popular lanzó hace unos meses una campaña que decía “El dinero está mejor en el bolsillo de los ciudadanos”. Cuando necesites asistencia médica mira tu bolsillo. Cuando necesites un profesor vuelve a mirar. ¿Tenéis un médico o un profesor? ¿Tenéis dinero para pagar la sanidad o educación privada? ¿No? Pues sale de los impuestos. Y cuanto menos se ingrese, peores serán los servicios. Así que deja de aplaudir a quienes no contribuyen, porque no será quienes te salven ni te eduquen.

https://blogs.publico.es/memento/2021/01/21/aprovecha-el-dia-sin-iva-y-sin-servicios-publicos/