En memoria de Manuel Fernández Márquez

14/09/2021

A petición de la Coordinadora 14 d’abril el Ayuntamiento de Sant Adrià del Besos ha inaugurado, el pasado sábado 4 de septiembre, una placa de memoria en el lugar que fue asesinado. Memoria histórica de lucha a pie de calle, reivindicación a vida o a muerte, no en despacho o en salón.

Manuel Fernández Márquez 27 años, Manuel García Caparros 19 años, Yolanda González Martín 19 años, Cipriano Martos Jiménez 31 años, Pedro Patiño Toledo 33 años, Enrique Ruano Casanova 22 años, Francisco Sauquillo Pérez del Arco 30 años, Javier Verdejo Lucas 19 años y tantos y tantos otros, cada uno con su nombre y apellidos. Centenares de trabajadores, sindicalistas y estudiantes asesinados durante el franquismo y la modélica transición. Héroes anónimos la mayoría olvidados, pertenecientes a sindicatos y formaciones políticas combativas, dispuestos a luchar por la justicia y la libertad.

          “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños,

          haciendo cosas pequeñas, pueden cambiar el mundo”.

          Eduardo Galeano

Miraba una fotografía de Manuel, es en blanco y negro de los años 70, con las esquinas recortadas. Un hombre mirando con una sonrisa franca al fotógrafo. Un rostro feliz de un joven corriente vestido con americana oscura y corbata. Tiene el pelo rizado y lleva un clavel en la solapa, quizás del día de su boda. Un hombre que no pudo terminar su jornada laboral, que no pudo besar a su mujer y a su hijo pequeño. Un hombre que no sintió como aquella dictadura se terminaba en blanco y negro en una cama de hospital en Madrid. Un hombre que no vio la sangre derramada para dejar atrás el franquismo y conseguir una transición con una democracia tutelada.

Algunos acontecimientos del año 1973 marcaran el final del siglo XX. Están relacionados entre si y son de plena actualidad en estas fechas. El 29 de mayo Estados Unidos se retiró de Vietnam del Sur, hace una semana abandonaba Afganistán después de 20 años. El 17 de octubre se produce una crisis energética a escala mundial, estos días el precio de la electricidad se ha doblado. El 20 de diciembre murió en atentado el Presidente del Gobierno el almirante Luis Carrero Blanco, aun hay nombres franquistas en las calles de Madrid después de 46 años.

Hay un hilo conductor entre ellos. Manuel trabajaba para un prestamista de Construcciones Pirenaicas. En la obra de las tres chimeneas, para la central térmica del Besos de la empresa Fuerzas Eléctricas de Catalunya. Hoy las chimeneas son testigos mudos de lo que sucedió aquellos días, esculturas de hormigón que vigilan desde la playa la línea del horizonte.

Siguiendo el hilo, COPISA era una filial de FECSA empresa fundada, en 1952, por el banquero franquista Juan March, por la compra fraudulenta y especulativa de la Canadenca. Las reivindicaciones obreras venían de lejos, en febrero de 1919 la huelga de la Canadenca paralizó la actividad industrial en Catalunya, consiguieron la jornada laboral de 8 horas, el seguro medico, readmitir a los despedidos y otras reivindicaciones laborales. Desde los años sesenta se había incrementado las protestas en la calle. En 1973 la carestía de la vida movía las reivindicaciones de la lucha obrera que pedían: un aumento salarial, una jornada laboral de 40 horas, cobrar el salario íntegro en caso de enfermedad y tener derecho a reunirse en la empresa. La huelga no estaba permitida y la represión era muy dura. A principios del mes de abril las calles y las plazas olían a primavera. La muerte vino temprano entre las olas que bañaban la arena y las traviesas de madera de las vías. El martes 3 de abril, Manuel cayo por un disparo frente a los railes del tren en Sant Adrià. Al conocerse la noticia la protesta se extendió con rapidez por toda la zona, paralizando toda la actividad laboral y comercial.

“Morir en el mar,

          donde las olas rugen en tu cabeza

          y el agua balancea tu cuerpo

          como un barco perforado”.

          Abdel Wahab Yousif

joven poeta sudanés que, agosto de 2020, murió ahogado en el Mediterráneo frente a la costa Libia.

Posteriormente otro mes de abril, pero de 1979, el  nuevo ayuntamiento de Sant Adrià recién elegido en las urnas, decidió cambiar los nombres de las calles franquistas. La avenida del Capitán General de la armada Carrero Blanco, en la Mina, se llamará desde entonces calle de Manuel Fernández Márquez.

Hoy nuestras banderas rotas en las luchas ondean al viento. El tiempo derrota a los hombres y los nombres de las calles son olvidados. Por eso estamos aquí año tras año, quizás somos pocos, quizás estamos divididos no lo se. Pero no olvidamos la memoria de todos los que lucharon y dieron su vida por la libertad. Seamos serenos y alegres, valientes y osados, como dice la letra del himno de Riego y probablemente el futuro será nuestro.       

Salud y República a todos

Joaquín Soler, arquitecto

Vocal de la Junta Federal de Unidad Cívica por la República UCR.


La Transición española: Unión do Povo Galego

07/09/2021

Durante los últimos años del franquismo y los primeros años de la Transición actuaron dentro del Estado español, diferentes organizaciones políticas, que entendían que el aparato represivo y administrativo de la dictadura no iba a caer por la simple acción política. Por ello, dentro de su programa también incluían acciones armadas. Hoy todo ello se trata de ocultar deliberadamente por la nueva cultura política nacida tras la Transición, que intenta vender la misma como un periodo sin lucha, ni represión por parte del aparato franquista, el cual se negaba a abandonar el poder. Además de vendernos el falso mito que todos estaban por la democracia. Las consecuencias las seguimos pagando a día de hoy.

Dentro de este conglomerado de fuerzas, hoy nos detenemos en Unión do Povo Galego.

La formación de Estudantes Revolucionarios Galegos (ERGA) por parte de Manuel Mera en 1972 será el momento cuando la UPG comience a aumentar su base social, a lo que le siguió en primavera de 1973 la formación del Fronte Obreira de la UPG dirigida por Moncho Reboiras y al año siguiente Comisións Labregas.

Por otra parte, desde 1970 había voces dentro de la UPG que postulaban la necesidad de una fase armada en el marco de la revolución nacional-popular y con el apoyo de ETA (pm) la UPG formó un Fronte Armada con el que realizó algunos atracos, pero en agosto de 1975 la Policía franquista dio muerte a Moncho Reboiras y detuvo 4 miembros del grupo armado.

La dirección de la UPG pasó a establecerse en Portugal y aunque se realizaron aún algunos actos conjuntos con ETA la UPG dejó de realizar acciones armadas dando prioridad a la acción política para lo cual apoyó a la Asemblea Nacional-Popular Galega (ANPG), la cual se presentó públicamente en enero de 1976 y tenía como objetivo la formación de un gobierno gallego provisional tras tomar el poder.


Badajoz 15 de agosto de 1936, una de las mayores atrocidades cometidas por los franquistas durante la Guerra Civil.

12/08/2021

Extracto del famoso artículo de Jay Allen sobre los sucesos de Badajoz:

«Slaughter of 4,000 at Badajoz, City of horrors»

“Esta es la historia más dolorosa que me ha tocado escribir. La escribo a las cuatro de la madrugada, enfermo de cuerpo y alma, en el hediondo patio de la Pensión Central, en una de las tortuosas calles blancas de esta empinada ciudad fortificada. Nunca más encontraré la Pensión Central y nunca querré hacerlo. Vengo de Badajoz, a algunas millas de aquí, en España. Subí a la azotea para mirar atrás. Vi fuego. Están quemando cuerpos. Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que la legión y los moros del rebelde Francisco Franco treparan por encima de los cuerpos de sus propios muertos para escalar las murallas tantas veces empapadas de sangre. Intenté dormir. Pero no se puede dormir en una sucia e incómoda cama en una habitación que está a una temperatura similar a la de un baño turco, donde los mosquitos y los chinches te atormentan igual que los recuerdos de lo que has visto, con el olor a sangre en tu propio cabello y una mujer sollozando en la habitación de al lado”

“Miles fueron asesinados sanguinariamente después de la caída de la ciudad (.) desde entonces de 50 a 100 personas eran ejecutadas cada día. Los moros y legionarios están saqueando. Pero lo más negro de todo: la “policía internacional” portuguesa está devolviendo gran número de gente y cientos de refugiados republicanos hacia una muerte certera por las descargas de las cuadrillas rebeldes (.) Aquí [en la plaza de la catedral] ayer hubo un ceremonial y simbólico tiroteo. Siete líderes republicanos del Frente Popular fueron fusilados ante 3000 personas (.) Todas las demás tiendas parecían haber sido destruidas. Los conquistadores saquearon según llegaron. Toda esta semana los portugueses han comprado relojes y joyería en Badajoz prácticamente por nada (.) los que buscaron refugio en la torre de Espantaperros [torre medieval de Badajoz] fueron quemados y fusilados.”


“De pronto vimos a dos falangistas detener a un muchacho vestido con ropa de trabajo. Mientras le agarran, un tercero le echa atrás la camisa; descubriendo su hombro derecho se podían ver las señales negras y azules de la culata del rifle. Aun después de una semana se sigue viendo. El informe era desfavorable. A la plaza de toros fui con él. Fuimos entre vallas al ruedo en cuestión (.) Esta noche llegará el pienso para el “show” de mañana. Filas de hombres, brazos en aire. Eran jóvenes, en su mayoría campesinos, mecánicos con monos. Están en capilla. A las cuatro de la mañana les vuelven a llevar al ruedo por la puerta por donde se inicia el “paseíllo”. Hay ametralladoras esperándoles. Después de la primera noche se creía que la sangre llegaba a un palmo por encima del suelo. No lo dudo, 1800 hombres- había mujeres también- fueron abatidos allí en doce horas. Hay más sangre de la que uno pueda imaginar en 1800 cuerpos.”


“Volvimos al pueblo pasando por la magnífica escuela e instituto sanitario de la República. Los hombres que los construyeron están muertos, fusilados como ‘negros’ porque trataron de defenderlos. Pasamos una esquina, ‘hasta ayer había aquí un gran charco de sangre renegrida’, dijeron mis amigos. ‘Todos los militares leales a la República fueron ejecutados aquí, y sus cuerpos se dejaron durante días a modo de ejemplo’. Les dijeron que salieran, así pues, dejaron sus casas precipitadamente para felicitar a los conquistadores y fueron fusilados allí mismo, y sus casas saqueadas. Los moros no tenían favoritos.”

Chicago Tribune, 30 de agosto de 1936


Piden que la Ley de Memoria Democrática derogue la Ley de Amnistía de 1977

02/07/2021
Los responsables de Memoria de Podemos e IU insisten en que la Ley de Memoria Democrática debería derogar la Ley de Amnistía de 1977

El anteproyecto de la Ley de Memoria Democrática llegará al Consejo de Ministros “en pocos días” y servirá para que España “se homologue” a otros Estados que han sabido “reconciliarse con su pasado y cerrar heridas”, y es que España “no puede construir su futuro basado en el silencio y el olvido”. Al menos así lo aseguraba este martes Carmen Calvo (PSOE), vicepresidenta primera del Gobierno de coalición de PSOE y Unidas Podemos y ministra de Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática.

No obstante, todo apunta a que ese anteproyecto de ley no contemplará la derogación de ningún apartado de la Ley de Amnistía de 1977, que constituye uno de los pilares de la Transición del franquismo al régimen del 78, pues fue la que ha permitido y garantizado la impunidad de todos los criminales franquistas. Los responsables de Memoria de Podemos, Paco Gracia, e IU, Esther López Barceló, preferirían que sí la contemplara. “No abandonamos la posición de defender la necesidad de que se garantice la justicia a las víctimas del franquismo y seguimos considerando necesario que España se sitúe en el marco del Derecho Internacional y dejemos de ser una anomalía; para ello pedimos que eliminen los apartados de la Ley de Amnistía que para los tribunales suponen el obstáculo para investigar penalmente los crímenes franquistas”, ha declarado este miércoles, consultada por LUH, López Barceló. Unas declaraciones compartidas por Gracia, que ha destacado que “hoy en día sigue habiendo decenas de miles de familias buscando los cuerpos de sus padres, madres, abuelos y abuelas, víctimas de ese régimen criminal, en cunetas y fosas comunes”.

Por otro lado, sigue en el aire si la ley fialmente permitirá cerrar las fundaciones y asociaciones que hacen apología del franquismo –régimen de terror instaurado en España tras el golpe de Estado de 1936 y la posterior guerra civil, que ganó con el apoyo de los nazis de Hitler y los fascistas de Mussolini–, fundaciones y asociaciones de las que el Consejo General del Poder Judicial –órgano de gobierno del poder judicial en España– salió en defensa el pasado mes de junio al considerar en un informe que la apología del franquismo no constituye en sí misma un menosprecio ni una humillación a las víctimas de ese régimen de terror. Ese informe es necesario –es decir que la ley precisa que sea emitido–, pero no es vinculante, es decir que la ley no está obligada a asumir su contenido.

En cualquier caso, el CGPJ y su presidente, Carlos Lesmes, llevan ya dos años y medio en interinidad porque el PP –partido fundado a mediados de los setenta por siete capitostes franquistas y refundado a finales de los ochenta por el líder de todos ellos, Manuel Fraga, uno de los principales beneficios por la Ley de Amnistía– sigue bloqueando su renovación, a pesar de que la Ley Orgánica del Poder Judicial y la propia Constitución establecen que el presidente y los otros 20 miembros del órgano de gobierno del poder judicial serán nombrados por un período de cinco años y renovados cada cinco años.

Desde 1996 hasta 2004 –es decir durante los ocho años de gobierno del PP de José María Aznar, sucesor de Fraga al frente del partido–, Lesmes fue alto cargo del Ministerio de Justicia: de 1996 a 2004 –siendo ministra de Justicia Margarita Mariscal de Gante–, director general de Objeción de Conciencia, y de 2000 a 2004 –siendo titulares del ministerio primero Ángel Acebes y después José María Michavila–, director general de Relaciones con la Administración de Justicia.

“Libertad ideológica”

El borrador de Ley de Memoria Democrática de Calvo preveía el cierre de las entidades que hagan “apología del franquismo” o inciten directa o indirectamente “al odio o violencia contra las víctimas del golpe de Estado, de la guerra o del franquismo por su condición de tales”, pero el informe del GGPJ considera que ello “invade claramente el derecho a la libertad ideológica consagrada en la Constitución”, pues considera que la apología del franquismo, “sin el requisito adicional de menosprecio o humillación de las víctimas”, está amparada por la libertad de expresión.

La principal de esas entidades es la Fundación Nacional Francisco Franco, constituida un año después de la muerte de Franco y dos años antes de la entrada en vigor de la Constitución. Según la web de la FNFF, una de las finalidades de la fundación es “difundir y promover el estudio y conocimiento sobre la vida, el pensamiento, el legado y la obra de Francisco Franco Bahamonde, en su dimensión humana, militar y política, así como sobre las realizaciones de los años de su mandato como Jefe del Estado Español, Capitán General y Generalísimo de los Ejércitos” y una de sus actividades es la “participación en el debate cultural y político de la España actual, con el objetivo de poner de manifiesto la grandeza de la vida y obra de Francisco Franco y de la España que creó”.

El informe del CGPJ ha sido criticado duramente por el Grupo de Memoria Histórica del Parlamento Europeo –que asegura que su contenido vulnera la normativa europea– y por las entidades de memoria histórica, que agrupan a víctimas del franquismo y a familiares de estas. Entre las principales críticas, que una fundación como la Fundación Nacional Francisco Franco sería “inconcebible” en Estados como Alemania. O que el Estado español siga diferenciando entre “víctimas de primera”, las de ETA, y “víctimas de tercera”, las del franquismo; si para el CGPJ la apología de ETA sí constituye en sí misma un menosprecio y una humillación a sus víctimas, ¿por qué la apología del franquismo no?, se preguntan. O que no se asuma que las víctimas del franquismo no lo son sólo de sus familias sino “de toda la sociedad”. O, por supuesto, que a las víctimas del franquismo e incluso a sus familiares directos se les acabe el tiempo sin ver juzgados los crímenes de lesa humanidad del franquismo.

“En pocos días” podrá comprobarse hasta qué punto el informe del interino CGPJ presidido por el interino Lesmes informa el anteproyecto de Ley de Memoria Democrática que redacta el ministerio de Calvo.


Y las adúlteras eran siempre ellas… María Torres Celada

30/06/2021

«Hay que volver a poner al hombre los pies sobre la tierra. Y para la mujer la tierra es la familia. Por eso, además de darles a las afiliadas la mística que las eleva, tenemos que apegarlas con nuestras enseñanzas a la labor diaria, al hijo, a la cocina, al ajuar, a la huerta, tenemos que conseguir que encuentre allí la mujer toda su vida y el hombre todo su descanso»  Primo de Rivera, Pilar: Escritos, Circulares, Discursos

El 11 de mayo de 1942 se restablecía en el Código Penal el delito de adulterio, pero teniendo en el punto de mira a la mujer, ya que para el hombre el tipo delictivo era distinto: el amancebamiento. El marido siempre era el agraviado: «…sin perjuicio de distinguir en sus sanciones el adulterio de ambos cónyuges, idéntico en su esencia aunque diverso por la gravedad del daño mucho mayor en la infidelidad de la esposa…». 

Los delitos de adulterio y amancebamiento habían sido suprimidos por el Código Penal de 1932. La República estableció que la infidelidad era causa de disolución del matrimonio y para resolverlo estaba la Ley del Divorcio.

El franquismo estaba decidido a cercenar cualquier derecho alcanzado por las mujeres en el periodo republicano, estableciendo medidas destinadas a colocar a la mujer en una situación de sometimiento, existiendo una situación de desigualdad jurídica entre los cónyuges. Las leyes del matrimonio civil y del divorcio fueron derogadas con efectos retroactivos, se penalizó el aborto y el adulterio, se incrementó la mayoría de edad de la mujer a los 25 años, se prohibió el trabajo nocturno a las mujeres, y a las casadas se las «liberó» del taller y de la fábrica y se las impidió el acceso al ejercicio de profesiones liberales.

En el Código Penal de 1944, el artículo 449 disponía que «cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que no sea su marido y el que yace con ella sabiendo que es casada, aunque después se declare nulo el matrimonio». Por lo que respecta al hombre, el artículo 452 disponía que para que hubiese delito hacía falta que «El marido tuviera manceba dentro de la casa conyugal o notoriamente fuera de ella»

Eliminar este vestigio franquista no fué fácil. En España hubo que esperar hasta 1978 para que se derogaran los artículos 449 y 452 del Código Penal relativos al adulterio y al amancebamiento.


Las ‘malas mujeres’ para el franquismo: un estudio documenta al menos 800 represaliadas en Córdoba tras la Guerra Civil

14/06/2021
Mujeres rapadas en Montilla y obligadas a hacer el saludo fascista, en una imagen localidad por Arcángel Bedmar

Los perdedores de la Guerra Civil, aquellos que combatieron en el bando republicano, que se significaron políticamente durante los años anteriores o que simplemente no eran afectos al nuevo régimen, sufrieron una terrible represión física, moral y económica que está ampliamente documentada. La mayor parte de la historiografía ha centrado su trabajo en sus protagonistas, en su inmensa mayoría hombres. Pero la represión aplicó un castigo especial a las mujeres, que condicionaban una doble discriminación: “rojas” y mujeres. La historia no les ha prestado tanta atención como a los hombres. De hecho, su represión no está tan documentada. Muchas ni siquiera pasaron por consejo de guerra y otras eran abusadas o violadas, delitos que no dejaban huella penal y en la mayoría de las ocasiones ni siquiera un testimonio oral.

Una historiadora cordobesa, Carmen Jiménez Aguilera, ha documentado ampliamente cómo fue la represión hacia estas “malas mujeres” en la provincia de Córdoba, donde ha logrado identificar al menos 800 casos, pero reconoce que son “muchos más” por la falta de huella documental. Aguilera comenzó a investigar la represión económica con una beca en el departamento del profesor Antonio Barragán, en la Universidad de Córdoba. “Ahí empecé ahí a acercarme a las mujeres”, explica. “Pero esto es un atisbo. Es ingente”, detalla.

“Las mujeres como objeto de estudio en la represión no se había tratado nunca”, solo “de forma anecdótica, alguna mujer dirigente, la excepción”, relata, al tiempo que concreta que “la represión femenina es igual que la de los hombres” pero con algunas diferencias: “se juzga a mujeres en Consejos de Guerra que ni siquiera han cogido un arma, anteponiendo la jurisdicción militar por encima de la civil”.

“Es una cantidad enorme de mujeres represaliadas”, ha llegado a documentar Carmen Jiménez Aguilera, que cifra al menos en 800 de la capital y de la provincia. “Desde que se crea el Consejo de Guerra permanente de Córdoba en marzo de 1937 se juzga a hombres pero también a mujeres”, detalla. Algunas han sido destacadas militantes de la izquierda o del feminismo. Otras simplemente rompían con los esquemas de lo que para los golpistas deberían ser una buena mujer. Y otras eran familiares de republicanos, habían actuado con humanidad o simplemente prestaban ayuda a la guerrilla o a los defensores de la República.

“Se emplea sobre ellas una violencia igual en lo esencial a la de los hombres, pero distinta en su aplicación y su fin. Las técnicas propias de la represión femenina, de la violencia de género, se harán patente durante estos años del franquismo, ya sea a través del escarnio público (aceite de ricino y posterior paseo por el pueblo), o con toda una retahíla de delitos tipificados como propiamente femeninos por el nuevo Estado”, detalla Carmen Aguilera en su estudio, titulado Las pasionarias de Córdoba. Mujer y represión 1936-1945.

La “represión física” en Córdoba capital comienza prácticamente el 18 de julio de 1936. Jiménez Aguilera ha documentado la cantidad de mujeres fusiladas y enterradas en las fosas comunes de los dos cementerios de la ciudad, la Salud y San Rafael. “Se ha hablado de la eliminación de las mujeres y el fusilamiento por su relación con familiares, pero hay otras a las que se las coge por ser ellas mismas”, explica. De hecho, ha documentado el testimonio de la nieta de una mujer enterrada en la Salud. “A su abuela la cogieron por vender prensa comunista. Las cogen por lo que ellas mismas representan”, explica. 

La provincia de Córdoba estuvo partida por la mitad durante la Guerra Civil. Especialmente el norte se mantuvo dentro de la legalidad republicana. La capital, al principio, y muchos pueblos del sur fueron cayendo uno tras otro durante los primeros meses de la guerra. Eso hace que la represión sea distinta. Durante el conocido como “verano caliente”, se fusila de una manera sistemática a todas las personas no afines al nuevo régimen. Carmen Jiménez detalla que a partir de 1939, cuando cae el norte de Córdoba, las mujeres son represaliadas a través de consejos de guerra.

El origen está en muchas ocasiones en cómo la mujer, durante los años previos a la guerra pero especialmente durante la II República, empieza a ser un objeto activo de la vida pública y la política. En 1934 se aprueba el voto femenino. Aunque antes ya había muchas mujeres movilizadas políticamente y que luchaban por sus derechos, es a partir de 1934 cuando incluso la prensa comienza a dirigirse a ellas. “Es el germen, ese año, del grupo de Mujeres Antifascistas”, explica.

De hecho, “en Córdoba tenemos a la primera concejala, Antonia Fernández Serván, del Frente Popular. Formó gobierno con el alcalde socialista Manuel Sánchez Badajoz. Fue comunista”, explica Jiménez, quién ha rescatado su historia, absolutamente olvidada en el Ayuntamiento de Córdoba. En su toma de posesión, el propio Sánchez Badajoz “cambia el discurso y comienza diciendo mujeres cordobesas. La mujer ya había entrado de lleno en la política”.

Este grupo de Mujeres Antifascistas va a tener participación muy importante en la Guerra Civil. “Se consolidan como una de las principales asociaciones en el norte de Córdoba. Organizan la retaguardia. Refugiados que llegan a miles a la zona norte de Córdoba. Son ellas las que organizan con el Socorro Rojo”, explica Jiménez. Antonia Fernández no llegó a ser represaliada. Logró huir de Córdoba con su marido, el también concejal Aurelio Serván. Y no volvieron.

La primera concejala en el Ayuntamiento de Córdoba

Otra mujer muy politizada es Encarnación Juárez Ortiz, que se fue a la zona de Jaén. “Luchó durante toda la guerra. Fue detenida, pasó por Consejo de Guerra, le echaron 20 años y una vez que salió de la cárcel” volvió a militar en la clandestinidad en el PCE. Pero al final del franquismo volvió a ser detenida al caer en una redada. Eso demuestra cómo la represión a las mujeres también se alargó hasta prácticamente el final del franquismo.

El trabajo de estas mujeres en el norte de Córdoba es clave, algo que Jiménez ha estudiado con Manuel Vacas Dueñas en Mujer y represión en el norte de Córdoba. “También hubo mujeres milicianas en el norte de Córdoba. La prensa se hace eco y vemos muchas fotos de mujeres en el frente de Córdoba. En los consejos de guerra se les acusa de ser milicianas. Se le acusa de haber hecho guardias con los presos de derechas. De haberlos insultado, un delito típicamente femenino” como lo consideraba el franquismo, explica la investigadora de la Universidad de Córdoba.

Durante el “verano caliente” se documenta el fusilamiento de unas 300 mujeres. Pero Jiménez cree que son muchas más “de las que no se tiene registro”. Hay algunas que aparecen en los cementerios simplemente con su mote. El bando de guerra se aplica por igual en muchos municipios de la provincia que van cayendo en manos de los golpistas. “La orden es exterminar todo abismo de oposición”, relata.

Estas mujeres “no entraban en los cánones de los golpistas”. Eran “malas mujeres”. Muchas ejercían como comadronas. De hecho, hay un grupo importante de parteras a las que se liquida. También muchas profesoras, esa impresionante labor pedagógica que intentó la II República para alfabetizar a la población. En una aldea de Belmez por ejemplo se represalia a una profesora que había llegado de Burgos, a la que despojan de su profesión, que no puede volver a ejercer. “No perdieron la vida pero la separaron de su carrera de Magisterio”. 

“La represión no solo se quedó en la eliminación física”, explica la investigadora. “El estigma de la mujer roja que era lo peor de lo peor en el pueblo”, por ejemplo. A muchas se las rapa, se les da aceite de ricino y se les pasea por las calles para que se hagan sus necesidades encima, como la imagen que recientemente publicó el investigador Arcángel Bedmar de mujeres en Montilla. A otras se les separaba de sus hijos.

Las “mujeres rojas”

Las “mujeres rojas” de los pueblos “sufrieron doblemente, atendían a la familia y al marido preso. Esa represión no es cuantificable. ¿Cuántas mujeres de presos, o hijas de presos hubo? ¿O la violencia sexual? Las mujeres se avergonzaban de contarlo”, explica. 

“O el testimonio de una mujer de Villanueva de Córdoba, esposa del guerrillero el Perica. La cogieron presa y se la llevaron al cuartelillo. Estaba embarazada y le pegaron una paliza, la torturaron, se la llevan de madrugada al cementerio y simulan que la fusilan”, relata. 

Aunque pasó el verano caliente, los fusilamientos a mujeres llegan incluso al final de la guerra. Es el caso de Pozoblanco, un 23 de marzo de 1939. “Resiste hasta el final una mujer que antes de fusilarla es paseada” rapada y con aceite de ricino. “Su padre vendía prensa roja. Era un quiosquero”. Ese era su delito.

También hay muchas reprimidas por dar apoyo a los maquis. “Es el caso de la partida de Los Juubiles”, una famosa partida de Montoro, Bujalance y Adamuz. A las mujeres que los apoyan también las condenan e incluso reciben su apodo, “Las Jubilas”.

“Pero la mujer entró en política para quedarse”, concluye Carmen Jiménez. A pesar de la terrible represión sufrida, muchas de las que sobrevivieron se volvieron a organizar, incluso en la clandestinidad. Y poco a poco fueron recuperando derechos.

https://cordopolis.eldiario.es/cordoba-hoy/sociedad/malas-mujeres-franquismo-estudio-documenta-800-represaliadas-cordoba-guerra-civil_1_8032043.html



80 años desde Damasco. Miguel Ángel Fernández

09/06/2021
Red República 3 🟥🟨🟪 on Twitter: "Se cumplen 80 años de la Batalla de  Damasco. Allí, miles de exiliados republicanos se entregaron en la II  Guerra Mundial a la pelea por la

A principios de junio de 1941 comienza la operación Exporter con la que las tropas franco-británicas entran en Siria y Líbano para evitar que se convierta en trampolín del ejército alemán -el gobierno colaboracionista de Vichy ha cedido a Hitler sus bases en el protectorado-.

En el contingente de las fuerzas de la Francia Libre se encuentra la 13ª Demi-Brigade de la Legión Extranjera. Está compuesta, en gran medida, por excombatientes republicanos españoles que, en medio de un combate encarnizado, intentan abrir brecha hacia Damasco. Mezclados con el ruido de las bombas, a ambos lados del frente resuenan insultos, gritos de dolor y exclamaciones en un familiar castellano; también en otras lenguas de la piel de toro. Provienen de españoles que, tan solo dos años antes, han peleado en el mismo bando durante la Guerra Civil e incluso han compartido trinchera -también ideológica-, y ahora se enfrentan a muerte en tierras de Oriente Próximo. Una maldita paradoja que solo se puede explicar volviendo al final de la contienda española:

Tras la retirada hacia la frontera francesa de principios de 1939, decenas de miles de republicanos quedan amontonados en las playas de Argèles, Barcarès y otrasque pronto se convertirán en campos de internamiento en condiciones humillantes, sometidos al hambre, y a una severísima disciplina. Ante el hacinamiento y el peligro que supone tal contingente de refugiados, las autoridades francesas optan por medidas con las que paliar una situación que se torna explosiva por momentos. Por un lado, estímulos para regresar a España; por otro, facilidades para alistarse en la Legión Extranjera y aumentar así el contingente militar ante la perspectiva de una guerra con Alemania que se intuye próxima.

Frente a la evidencia de que la vuelta a España supone indefectiblemente la represión e incluso la muerte para muchos republicanos, una cantidad nada desdeñable opta por alistarse a la Legión, especialmente quienes se encuentran sin familia en Francia, llegando a alcanzar un volumen que Joaquín Mañes, autor del libro Españoles en la Legión Extranjera, cifra en algo más de un cuarto del total de efectivos a inicio de la Segunda Guerra Mundial.

El paso que van a dar no se encuentra exento de dificultades: la mentalidad de los españoles, que viene de una experiencia militar muy diferente, -especialmente en el caso de los cenetistas, más milicianos que militares-, chocará con la brutal disciplina legionaria. Tampoco los mandos militares franceses confían demasiado en esa patulea de españoles “anarquistas y comunistas”, cuya actitud les resulta claramente indeseable.

En todo caso, pronto se organizan en Francia los 21º, 22º y 23º RMVE (Regimientos de Marcha de Voluntarios Extranjeros) con exiliados de diferente procedencia: el segundo, compuesto en su mayoría por españoles y el tercero en su totalidad, según menciona el historiador Pons Prades en su fundamental Republicanos españoles en la Segunda Guerra Mundial. Y una situación similar se da en el norte de África, donde miles de refugiados acuden al cuartel de la Legión en Sidi Bel-Abbes, de los cuales cerca de 2.000 son españoles, que entrarán a formar parte de los RMVE 10º al 15º.

De ellos, el 11º, compuesto básicamente por españoles al mando del general Noker, embarcará en abril de 1940 y, previo paso por Francia, acabará destinado a la base de Baalbek en el Líbano, a escasos kilómetros de la frontera con Siria y a unos 80 km al norte de Damasco. Entre ellos va José Millán Vicente con el afán de poner tierra por medio de una Europa que “intuía acabaría sumida en el desastre”… pero a quien el conflicto alcanzará de manera inexorable pocos meses después.

Los “noruegos”

En paralelo, y ya comenzada la contienda, se organiza urgentemente la 13.ª Media Brigada de la Legión Extranjera (13.ª DBLE) con unos efectivos de 2.300 hombres. Según distintas fuentes, entre el 25 y el 45% de ellos son españoles. La unidad pronto marchará hacia Noruega como parte de una expedición aliada con el objetivo de desembarcar en el puerto de Narvik, ocupado ya por los nazis, y cortar el suministro del esencial hierro sueco que llega a través de la línea férrea conocida como “ruta del hierro”, antes de ser enviado a Alemania.

A mediados de abril de 1940 el contingente aliado batalla ya en una cruda campaña militar que va a hacer cambiar la concepción que los mandos franceses tienen hasta ese momento de los voluntarios republicanos. En palabras del capitán sanitario Lapie, recogidas por Pons Prades: “Los españoles encontraron sobre esas abruptas pendientes la dureza de sus sierras. Saltaban como gatos salvajes y no se fatigaban jamás. Los oficiales, que habían estado reticentes sobre la acogida de la Legión a los republicanos (…), estaban felices de reconocer su valor en combate”.

Pese a los encarnizados enfrentamientos, las fuerzas aliadas van progresando sobre la complicada orografía de los fiordos noruegos, y después de haber liberado el puerto y sus alrededores, empujan a los nazis hasta la frontera con Suecia. Pero, cuando todo parece decidido, las preocupantes noticias que llegan de Francia, siendo aplastada por la maquinaria bélica de Hitler, provoca la retirada urgente del cuerpo expedicionario el 2 de junio, dejando atrás la que puede considerarse la única victoria aliada en el aciago periodo 1939-1940.

La llegada de los legionarios a suelo francés se produce con el gobierno a punto de capitular, por lo que, embarcados nuevamente hacia Gran Bretaña, quedan acantonados en Trentham Park, donde se dará una rocambolesca situación que ofrece  pistas de lo que va a suceder más tarde en Siria: por allí aparece un general casi desconocido hasta entonces, Charles De Gaulle, que hace un llamamiento a los legionarios para sumarse a las Fuerzas Francesas Libres que está reorganizando con el fin de proseguir el combate contra los nazis. La situación es confusa, Gran Bretaña está noqueada y Churchill todavía no ha dado apoyo al francés, así que no es extraño que, días después de la alocución, también visiten el campamento dos coroneles de la War Office que les advierten de que, en caso de que opten por luchar al lado de De Gaulle, ello significaría un grave acto de rebeldía contra el actual gobierno de Francia.

En esa tesitura, se produce una fuerte controversia y unos 600 oficiales y legionarios, fieles al gobierno colaboracionista francés, son embarcados rumbo a suelo galo. Mientras, otros 900 legionarios, de los que 600 son españoles, deciden seguir a las fuerzas de la Francia Libre de De Gaulle. Por si la situación no fuera lo suficientemente caótica, un grupo de 300 legionarios españoles se amotina ante los rumores de que podrían ser devueltos a las autoridades franquistas una vez disuelta la Legión. Más tarde, estos españoles formarían una compañía de pioneros del ejército británico, la Number One Spanish Companypero eso forma parte ya de otra historia.

Siria y Líbano, lucha fraticida entre compañeros

Al otro lado del canal de La Mancha, los españoles que se encuentran enrolados en el ejército francés son desmovilizados tras el armisticio, pasando a formar Compañías de Trabajadores -destinadas básicamente a trabajos de fortificación y obras públicas- que, junto a los legionarios de los regimientos de marcha que han vuelto a Francia, son reorganizados con el 6º Regimiento de la Legión Extranjera, y destinados a los protectorados franceses del Levante en Siria y Líbano, donde acabarán atrapados en una tela de araña al servicio del gobierno colaboracionista de Vichy. Es el caso de Enrique Marco Nadal, que tras haber escapado clandestinamente de España a finales de 1939, y tras su paso por la Legión, acabará dando con sus huesos en Siria trabajando en la construcción de fortines.

Por su parte, los que han decidido seguir a De Gaulle en Inglaterra integran el cuerpo expedicionario de la Francia Libre en el que se encuentra una reorganizada 13.ª DBLE que, tras un agitado periplo africano en el que combatirán por la liberación de Eritrea de la ocupación fascista italiana, es finalmente acantonada en Qastina. Cerca de Gaza, esperan una campaña con la que el ejército aliado busca evitar la apertura de un segundo frente contra las tropas que se encuentran peleando contra Rommel desde Egipto, o incluso taponar una posible intervención alemana hacia el Cáucaso Sur y el peligro que ello supondría para las vitales instalaciones petrolíferas.

La ofensiva comienza el 8 de junio y se divide en varias columnas: una que avanza por la costa desde Sour hasta Lataquia, pasando por Beirut y Tartús; una segunda que va desde Marjayún hasta Homs pasando por Baalbek y una tercera que avanza por la gran carretera interior Deraa-Damasco-Homs. Es en esta última donde está integrada la 1ª División en la que combaten los españoles de la 13ª, denominados popularmente “los noruegos”. Les acompaña la 5ª Brigada de la India, con la que ya han peleado en Eritrea.

Más tarde, un destacamento anglo-árabe penetrará desde Irak con el objetivo de ocupar la zona este de Siria y en particular los aeródromos de Deir ez-Zor y Palmira. Amilakvari, teniente coronel de origen georgiano que comanda la 13.ª DBLE, es consciente de la importante presencia de españoles en 6º Regimiento Extranjero de Infantería de Vichy contra el que se dirigen, e intenta evitar el enfrentamiento entre compatriotas, pero la guerra impone sus propias reglas: la 1º División toma Izra el 10 de junio y ataca Al Kunaitra y la 13.ª DBLE se adentra en las colinas que circundan Al-Kiswa, puerta de entrada a la capital siria por el sur. En esos momentos, una de sus patrullas es capturada muy cerca de la avanzadilla del 6º apostado en la zona, extendiéndose la noticia de que a ambos lados del frente se encuentran soldados españoles, pero el enfrentamiento es ya inevitable, y las armas reparten fuego y muerte a discreción entre viejos compañeros de ideal.

Pese a la férrea disciplina militar y los peligros que acarrea la desobediencia, la intención de muchos de los españoles enrolados en las tropas de Vichy es la de pasarse a los aliados en cuanto ello sea posible. Es el caso del cabo José Millán Vicente quien, después de durísimos combates en Izra, será destinado junto con su compañía, la 1ª antitanques, al macizo de Suwaida, desde donde desertarán todos los compatriotas que la componen, para ser apresados por los australianos y trasladados a un campo de concentración cerca de Jerusalén a la espera de acontecimientos.

Más suerte tendrán otros como Enrique Marco Nadal que, según el testimonio recogido por Antonio Vilanova en Los olvidados. Exiliados españoles en la segunda guerra mundial, hace tiempo que anda buscando la manera de pasarse a los aliados y hace propaganda clandestina de ello entre los más cercanos. La ocasión aparecerá pronto: trasladado a Nabk, al norte de Damasco, aprovecha un bombardeo británico sobre sus posiciones que obliga a la fuerza en la que están enrolados a retroceder a Homs, para avanzar al mando de otros 41 españoles en sentido inverso, hasta encontrarse con las posiciones guardadas por compatriotas de la 1ª División de la Francia Libre, siendo interrogado por el propio general Cazaud, cuyo chófer y ordenanza son también españoles.

Pese a la feroz resistencia del ejército de Vichy, las fuerzas aliadas van imponiendo su supremacía militar, y la rendición definitiva se firma el 13 de julio en San Juan de Acre. Finaliza así una campaña que permanecerá prácticamente olvidada de las crónicas sobre la II Guerra Mundial debido, en buena medida, a la preocupación del alto mando aliado por la reacción que pudieran suscitar las noticias de un enfrentamiento entre “franceses”, lo que fuerza a reducir -incluso suprimir- en sus informes, detalles de la lucha que acaba de tener lugar.

Desde ese momento, el resto de los españoles del 11 Batallón de Marcha de Ultramar y los alistados en los regimientos de marcha del norte de África se incorporan definitivamente a la 1.ª División de Infantería de la Francia Libre (1.ª DFL), donde se encuentra la 13ª de “los noruegos” y los combatientes españoles comparten nuevamente destino en el mismo bando. De hecho, su división, ya rearmada, será pronto enviada a las arenas del norte de África para distinguirse en la épica batalla de Bir Hakeim, con la que retrasan el avance de Rommel y posibilitan el contraataque británico en El Alamein. El resto, será ya una sucesión de victorias en África, Italia y Francia… hasta la entrada en Alemania y la derrota final del nazismo.

Peripecias de leyenda, Enrique Marco Nadal

La experiencia vital de los republicanos españoles durante la Guerra Mundial y la posterior activación de la lucha antifranquista, forma parte de ese material con el que se forjan las leyendas. Paradigmático es el caso de Enrique Marco Nadal, cuya vida da para una frenética película de aventuras: fundador de la subsección de Valencia de la Federación Nacional de la Industria Ferroviaria de CNT, de la que sería el secretario general entre 1931 y 1936, se alista durante la guerra en la mítica Columna de Hierro como responsable de la información y la cartografía de la 215º Brigada Mixta.

Capturado en Alicante al final de la contienda, es internado en el campo de Albatera, de donde escapará con una orden de libertad falsa proporcionada por la CNT clandestina. Huye a Francia, es arrestado por la Gendarmerie e internado en el campo de Saint Cyprien, donde se alista en la Legión Extranjera para acabar, después del armisticio, sometido al régimen de Vichy y enviado al protectorado sirio.

Tras pasarse a las fuerzas de De Gaulle, es incorporado a la 1ª División de la Francia Libre, participando en los combates del norte de África, donde alcanzará el grado de sargento y, más tarde, en las campañas de Italia, Francia y Alemania, siendo prisionero de los alemanes en enero de 1945 y posteriormente internado en el campo de concentración de Langwasser hasta su liberación. Sus hazañas en la II Guerra Mundial le llevarán a ser condecorado varias veces por De Gaulle.

Acabado el conflicto mundial, retoma su actividad en la CNT y es nombrado secretario de propaganda del Comité Nacional. A mediados de 1946, se ofrece voluntario para introducirse en España y en mayo llega a Madrid, donde es nombrado secretario del Comité Nacional de Interior, reemplazando a Lorenzo Íñigo, detenido poco antes. Se verá envuelto en un intento de asesinar a Franco y destaca en el reforzamiento de la Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas, ANFD y la unión de todos los antifranquistas -llegando a contactar incluso, con algunos monárquicos antifranquistas-.

Capturado en mayo de 1947, comparece ante un consejo de guerra y es condenado a muerte, aunque finalmente la pena le es conmutada por 30 años de prisión después de que de Gaulle interceda por él. Durante su encarcelamiento el régimen le ofrece la libertad a condición de integrarse en la dirección del sindicato vertical, a lo que se niega. En 1964 es finalmente liberado y poco después se verá implicado en el Cincopuntismo. Tras la muerte del dictador, participa en la reorganización de la CNT hasta su fallecimiento el 13 de noviembre 1994 en El Vedat del Torrent (Valencia).

Su historia es una más entre las miles de exiliados republicanos que se entregaron a la pelea por la libertad -la real, no la banalizada con cañitas en tiempos de pandemia-, y que una sociedad sana y democrática debería estar obligada a rescatar para evitar así que queden sepultadas por el paso del tiempo y el peso de una narrativa franquista que se resiste a desaparecer.


La cárcel de la Trinitat de Barcelona: memoria de la represión franquista contra las mujeres catalanas. Sandra Vicente

07/06/2021
Autoridades franquistas visitan la cárcel de Trinitat Vella en su inauguración. - Pérez de Rosas / Arxiu Fotográfic de Barcelona

Nueve de julio de 1963. El ministro de Justicia, Antonio Iturmendi, acude a Barcelona a inaugurar la nueva cárcel de mujeres, en el barrio de la Trinitat Vella. “Sus características se acomodan al carácter cristiano y progresivo del régimen penitenciario español, que pone por norma la rehabilitación del individuo y la redención del delincuente mediante el trabajo alegre en un ambiente agradable”. Con estas palabras se presentaba la prisión en el NoDo, acompañandas de música enérgica y festiva e imágenes de la sala de maternidad, las grandes celdas compartidas o los patios. Pero la realidad de la cárcel de mujeres de la Trini –como se la conoce popularmente– es muy distinta a la que se mostró en el noticiario.

Por la cárcel pasaron centenares de mujeres, presas comunes y políticas, represaliadas por el franquismo por sus prácticas e ideologías o por el simple hecho de haber sido infieles, haber abortado o haber ejercido la prostitución. Siguió funcionando hasta 1983, cuando el recinto pasó a acoger a jóvenes de entre 16 y 21 años, siendo escenario de grandes manifestaciones y protestas por el encarcelamiento de quienes se negaban a ir a la mili, los insumisos.

No fue hasta 2009 cuando se derribó parte del edificio, quedando de él solo una zona que ahora se usa como centro penitenciario abierto para presos con el tercer grado. A pesar de sus casi 60 años de historia convulsa, esta enorme prisión –ocupa una cuarta parte de la Trinitat Vella–, es una desconocida para sus vecinos. “El barrio da la espalda a la cárcel. Tener un centro penitenciario cerca es estigmatizador: desde que se inauguró, la zona ha sufrido un proceso de decadencia y aún hoy cuenta con infravivienda, servicios públicos deteriorados y falta de inversión, que se traduce en mucha fluctuación de población”, explica Julia Montilla. Esta artista visual, nacida en la Trinitat, acaba de estrenar el documental Veïnatges forçats, que explica la historia de la cárcel y recupera su memoria.

La Trinitat Vella es el cuarto barrio de Barcelona con la renda familiar más baja. “Tus condiciones socioeconómicas determinan tu capital cultural y la importancia que le das a la memoria histórica“, argumenta Montilla. Por eso el documental busca explicar qué significa la cárcel para el barrio, así como reivindicar la figura y la lucha de las mujeres represaliadas. “La memoria histórica nos ayuda a empoderar y generar dinámicas de transformación”, asegura Xavi Camino, jefe de proyectos del Pla de Barris, un plan de choque municipal que busca reducir desigualdades en los barrios más vulnerabilizados. El Pla de Barris ha participado de la producción del documental junto con la Associació de la Recerca i Divulgació de la Memòria Històrica de Trinitat Vella y el Observatori per una Vida Digna.

El empoderamiento del barrio a través de la conexión con la cárcel es importante, sobretodo ahora que las relaciones con lo que queda del centro penitenciario son más que complicadas. Este descomunal edificio ha dividido la Trinitat Vella en dos. “Cuando llegas a la zona norte hay mucha más infravivienda y las calles están más deterioradas”, explica Camino, que añade que el vecindario espera la reforma de la prisión desde hace más de 20 años. La promesa del derribo y de la construcción de vivienda social se va alargando en el tiempo. Por la zona se siguen viendo placas con nombres de destacados miembros del régimen engastadas en paredes que se desconchan por el paso del tiempo. “La Trinitat está alejada de todo, pero los vecinos y vecinas sufrimos estas afrentas; sigue habiendo hijos y nietos de represaliados”, lamenta Montilla.

“La prisión fue una imposición para un barrio con una fuerte identidad anarquista. La cárcel se colocó allí para castigar esta esencia, recordando que el régimen estaba vigilante”, opina Camino. Centenares de mujeres pasaron por esas celdas, en las que dormían hasta 24 reclusas, colocadas en una disposición que recordaba a la de un hospital de campaña. El NoDo no hacía justicia a la represión que sufrían quienes eran encarceladas. Magda Oranich, abogada, visitó decenas de veces la prisión como letrada. Y, al final, ella misma fue encarcelada en 1973, después de la detención de 113 miembros de la Assemblea de Catalunya en la iglesia de Santa Maria Mitjancera.

“A mí la prisión no me impresionó tanto porque ya la conocía, pero era un lugar atroz“, recuerda Oranich, a quien se le dio a escoger entre pagar una multa o ir a la cárcel. “Jamás hubiera dado ni un céntimo a los fascistas”, añade. La prisión de la Trini era la única que no estaba regentada por funcionarios, sino por las Cruzadas de Cristo Rey, una congregación de monjas que “hacían lo que les daba la gana”, asegura la abogada, y añade que “no había una represión física, sino religiosa, psicológica, moral y política”. Las monjas obligaban a las reclusas a ir a misa y prohibían a las presas comunes relacionarse con las políticas. A estas, a pesar de lo beneficioso que era el “trabajo alegre” para los reclusos, no se les tenía permitido trabajar ni casi leer. “Ninguno de los libros que nos traían pasaba los filtros de moralidad. Incluso La Vanguardia llegaba recortada”, recuerda Oranich.

Las comunicaciones con el exterior estaban altamente restringidas. “Yo tenía un compañero y, para que le dejaran venir, tuvimos que hacer unos votos de precompromiso estando yo en la cárcel, con la ayuda de un cura que era amigo”, recuerda Mercè Garriga, que entró en prisión en julio de 1973. La sala de visitas dejaba fuera de la ecuación el contacto y la proximidad: era una estancia con verjas y cristales, dividida por un pasillo que era atravesado por una monja que vigilaba que las conversaciones fueran “adecuadas” y siempre en castellano. “Una vez vino mi abuela y cuando nos dijeron que estaba prohibido el catalán nos pusimos a llorar, porque mi abuela casi no sabía hablar castellano y porque era un castigo, para nosotras y para nuestras familias. Una humillación”, explica Garriga en una de las escenas del documental.

Las Cruzadas de Cristo Rey abandonaron la prisión dejando paso a las funcionarias en 1978. No sin antes asegurar que “no estaban dispuestas a cumplir con las normas de la democracia”. La pequeña dictadura de las religiosas llevó consigo malos tratos a muchas presas y negligencias graves. Se suspendió a un médico que no atendió un parto y que se negaba a visitar a las prostitutas. “Muchas de ellas padecían de sífilis y no eran atendidas. Yo llegué a meter antibióticos a escondidas, gracias a la ayuda del Colegio de Médicos”, asegura Oranich.

La prisión se convirtió en reclusorio de jóvenes en 1983. Pero las mujeres siguen siendo ninguneadas y maltratadas en los centros penitenciarios, que, aún hoy, están pensados para hombres. “Tenemos una deuda con las represaliadas políticas, y también debemos reflexionar sobre la utilidad que tiene la cárcel hoy y cómo sufren las mujeres”, apunta Montilla. Ese es el trasfondo de su documental, que, con una mirada al pasado, recuerda que hay cosas que hemos superado, pero otras que no quedan tan lejos. “Todavía hay muchas victorias que se nos escapan, y no podemos permitirnos el lujo de dejar de defender lo que hemos ganado”, añade.

https://www.publico.es/sociedad/represion-trinitat-barcelona-carcel-trinitat-barcelona-memoria-represion-franquista-mujeres-catalanas.html


Entre el olvido y la memoria: 40 años del ‘caso Almería’ Alfons Cervera

05/05/2021

Ya sé que en este país no somos muy aficionados a la memoria. Al revés: creo que nos va más el olvido. Cuando la dictadura franquista, estaba prohibido hablar del pasado republicano. Llegó la Transición y no era conveniente hablar de ese pasado. Gobernó el PSOE de 1982 a 1996 y hablar de ese pedazo grande de nuestra historia seguía siendo una inconveniencia. Pura arqueología, dijo Alfonso Guerra que era ese pasado. Como las momias de Egipto o las profundidades luminosamente oscuras de Atapuerca. La Segunda República, el golpe de Estado contra esa República, la guerra y la dictadura que siguió a la victoria del fascismo y duró casi cuarenta años: todo enterrado en los eriales de la desmemoria para quien fue tantos años vicepresidente del Gobierno y ahora va de aquí para allá como un patético personaje de Walking dead. También Felipe González, en el año 2001, dijo sin que le temblara la voz. “Nosotros decidimos no hablar del pasado”. Chapeau, pues, señor presidente. Somos el país de Nunca Recordar, como si viviésemos en un cuento habitado por el miedo a convertirnos en memoria. Lo decía Jean Cassou, intelectual de origen vasco, luchador contra los nazis en Francia: estamos hechos de memoria. Pero aquí, como si oyéramos llover. Sordos como la tapia centenaria del cementerio de mi pueblo. ¿Hacer memoria?: para qué. Para reabrir heridas, dijeron siempre las derechas. Luego llegó Vox y se puso a canturrear los viejos, anacrónicos, himnos de su patria. Claro, los de Vox y el PP no reabren esas heridas cuando hablan a todas horas de Franco y sus gobiernos ejemplares llenos de muertos durante cuarenta años. Aquellos sí que fueron gobiernos honorables, no como el de ahora en España: ilegítimo, etarra, bolivariano, comunista. Digan lo que digan las derechas, no podemos reabrir heridas, sencillamente porque nunca se cerraron. ¡Ay, la Transición! Tan modélica, tan ejemplar, tan exportable como las naranjas de mi tierra. ¡Ay, la Transición!

No sé si se acuerdan de esta historia. Mes de mayo de 1981. El mes de las comuniones entonces. También ahora. Hay cosas que no cambian. En Cantabria, tres jóvenes emprenden viaje en coche hacia Almería. Se llaman Luis Cobo, Luis Montero y Juan Mañas. Son amigos y viajan a Pechina, un pequeño pueblo de Almería. Allí va a tomar su primera comunión el niño Francisco, hermano de Juan Mañas. Ellos van a la fiesta de celebración. Después de muchas vicisitudes provocadas por el viejo auto en el que viajan, llegan al pueblo. Dejan los trastos en la casa de Juan. Se van a Roquetas de Mar, un pueblo próximo. Allí los detiene la Guardia Civil. Unos días antes, ETA ha atentado contra un coche donde viajaban tres militares. Mueren dos. Otro queda malherido. Los tres jóvenes son sospechosos de haber cometido el atentado. Se los llevan a un viejo cuartel abandonado. Al día siguiente, 10 de mayo de 1981, aparecen sus cuerpos torturados, asesinados y calcinados en un barranco. Las declaraciones de la Guardia Civil: los llevaban en su coche (en el de los jóvenes: qué raro, ¿no?) y en un momento del trayecto quisieron escapar. Los guardias saltaron, el coche fue culebreando hasta el barranco y allí se incendió. Todos los cuerpos quedaron calcinados. Ésa es la versión oficial del llamado desde entonces caso Almería. ¿Se acuerdan?

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Esas declaraciones no se sostenían. Fueron una manera de demostrar la eficacia de la Guardia Civil contra ETA. En el cuartel abandonado habían torturado a los tres jóvenes hasta la muerte. Los metieron en el coche. Al llegar a un punto de la carretera, ametrallaron el coche y a los cuerpos que yacían en el interior. Lo rociaron todo con gasolina y le pegaron fuego. En el juicio sólo fueron condenados tres guardias, de los once que componían el grupo. Condenas livianas —en comparación con la monstruosidad del crimen— de las que cumplieron menos de la mitad. El Estado pagó sus quebrantos con fondos reservados. Entonces, cuando tuvo lugar ese pago, ya gobernaba el PSOE y dijeron que ese detalle benevolente obedecía al argumentario de una Ley aprobada en tiempos de la UCD. Sea como sea, tengo la ligera sospecha de que siempre ganan los mismos. Y que siempre pierden también los mismos. Antes. Ahora. Siempre. ¡Vaya gracia, ¿no?!

Hace tres años supe de un colectivo de Santander que se llama Desmemoriados. Curiosa paradoja ese nombre: no han parado de hacer memoria de aquel acontecimiento deleznable. Y de otros muchos. Los conocí y estuve con ellos y con mucha otra gente en la librería La Vorágine, hablando de libros, haciendo memoria, echando pestes del olvido. Allí conocí a Javier, sobrino de Luis Montero, y a Lola, sobrina igualmente de Luis Cobo. Poco tiempo después también tuve la enorme satisfacción de conocer en Valencia al niño que tomó aquellos días, en Pechina, su primera comunión. Me contaba Francisco que vivió muchos años pensando que Juan y sus amigos habían muerto por su culpa. Y que el cura le preguntó que qué quería que hiciera Dios por él y que él le dijo que lo que quería era que volviera su hermano. No sé si Dios puede conseguir algo, pero desde luego Juan Mañas no pudo estar en la primera comunión del pequeño Francisco. ¡Ay, eso tan raro de los milagros, ¿no?! ¡Ay, los milagros!

En 1983 Pedro Costa hizo una película sobre aquellos hechos. Su título: El caso Almería. Salían Antonio Banderas, Iñaki Miramón y Juan Echanove interpretando a los jóvenes asesinados. Un cine de Granada donde se estrenó la película sufrió un incendio (¡qué coincidencia, ¿no?!) y las familias de los jóvenes y sus abogados recibieron amenazas de muerte. Las cartas y las balas amenazadoras de ahora tienen sus antecedentes. Unos meses antes del crimen tuvimos el 23-F. Un golpe de Estado que no salió triunfante (nos salvó el rey, no sé si lo sabían), pero que tampoco fracasó. Mucho de lo que venía del franquismo se quedó a vivir en la nueva democracia. Los más crueles torturadores, por ejemplo. Y ahí siguen esos restos, cada vez con más protagonismo. Una democracia plena, dicen sus aduladores. Igual me he perdido algo y no me he dado cuenta de que vivimos en una democracia tan fuerte, tan entera, tan a salvo de esos energúmenos que cada vez dan muestras más contundentes de su ideario fascista. O neofascista. O como se llame eso que ahora representan Vox y Díaz-Ayuso con sus desplantes a la democracia y sus violentas verborreas. Y ahí Pablo Casado, incapaz de condenar sin añadidos esa violencia escrita con balas. No puede condenar esa violencia. Viene de ahí, de los suyos de antes, de esa historia violenta que nunca explícitamente ha condenado. Del cultivo y la prédica de esa violencia antigua vino, ya en democracia, el terrible crimen del caso Almería.

Hace unos años, los tres jóvenes recibieron el reconocimiento del Ayuntamiento de Santander y del Parlamento cántabro. En el barranco de Gérgal, donde fueron encontrados los cuerpos calcinados, hay un monolito recordando los asesinatos. Hasta hoy no les ha sido reconocido por el Estado su condición evidente de víctimas del terrorismo. Aquí parece que las únicas víctimas con solvencia para recibir honores institucionales son las de ETA. A las demás, ni agua para hacer justicia y refrescar nuestra memoria.

Han pasado cuarenta años desde aquellos días de mayo de 1981. El crimen conocido como caso Almería casi ha desaparecido de nuestra memoria. O sin el casi. Hay más crímenes que ustedes pueden añadir al que acabó con las vidas de Luis Montero, Juan Mañas y Luis Cobo aquel día fatídico de primavera en un sórdido cuartel abandonado. Los guardias civiles que los detuvieron sabían que no pertenecían a ETA. Lo sabían desde el primer momento. Pero les importó un pito la verdad. Lo importante era llenar una buena hoja de servicios en la lucha antiterrorista. Cuando hablaban de lucha antiterrorista se referían sólo a ETA, no a los asesinos de tantos hombres y tantas mujeres que cayeron impunemente bajo las balas de la policía y de la extrema derecha en los años setenta y ochenta del pasado siglo. Si quieren, vayan escribiendo aquí los nombres de esos hombres y esas mujeres. Igual no hay bastante espacio en infoLibre para una lista tan larga. Ojalá que todos esos nombres, y los de Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas no se vayan nunca de nuestra memoria. Ojalá que no. Ojalá.

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Alfons Cervera es escritor. Su último libro es Algo personal (Piel de Zapa, 2021)

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2021/05/04/entre_olvido_memoria_anos_del_caso_almeria_120019_2003.html


1º de Mayo de 1931 en Madrid – Día del Trabajo y cesión de la Casa de Campo al pueblo. María Torres Celada

03/05/2021

El primer día del mes mayo de 1931 no fue un día cualquiera. Se celebraba en España el Día del Trabajo. El Gobierno provisional de la República constituida apenas dos semanas antes, había aprobado por decreto de 22 de abril declarar el primero de mayo fiesta oficial del Día del Trabajo.

Ese viernes el paro en la ciudad fue total. No circularon tranvías, taxis, metro ni cualquier otro vehículo, no se publicaron los diarios y se cerraron todos los comercios, oficinas, talleres y fábricas. La bandera de la República engalanaba tanto edificios oficiales como particulares.

Cerca de cien mil madrileños se concentraron a primeras horas de la mañana en la plaza de la Cibeles. Vendedores ambulantes ofrecían insignias de la República, lazos tricolores y gorros frigios. A las diez y media salió la manifestación desde la Plaza de Cánovas hasta la de Colón. Al frente de la  misma iba el ministro de Trabajo, Francisco Largo Caballero, el alcalde de Madrid, Pedro Rico y  Miguel de Unamuno cogidos del brazo. A su lado caminaban otros ministros como el de Hacienda, Indalecio Prieto. Tras un gran mitin, se hizo entrega a Niceto Alcalá Zamora de los acuerdos adoptados: “concesión del voto a los 21 años; ratificación de la jornada de ocho horas; solución a la crisis de trabajo; intensificación de la construcción de casas baratas; implantación de seguros sociales, creación de escuelas, ley de cooperativas, legislación agraria y ley de control sindical de las industrias”.

El sentir general de los madrileños era esperanzador ante el cambio y la alegría desbordaba las calles, al contrario del sentimiento de la Iglesia, que ante ese primer primero de mayo se manifestó con gran imprudencia. En su nombre, el Cardenal Segura  realizó una incesante campaña antirrepublicana. Insistió en la gratitud hacia Alfonso XIII, que durante su reinado supo conservar las antiguas tradiciones de fe y piedad de sus mayores, haciendo un llamamiento a los católicos para que no permanecieran “quietos y ociosos” y se unieran para defender los derechos de la Iglesia organizando cruzadas de oraciones y sacrificios debido al gran peligro que corrían con la llegada de la República.  El mismo día 1 de mayo el Gobierno ordenó la expulsión de España de este cardenal.

La gran fiesta del 1º de mayo tuvo lugar en la Casa de Campo y Campo del Moro, que hasta entonces pertenecían al patrimonio real y que ese año y por primera vez eran de uso y disfrute del pueblo de Madrid. Fueron incautados por decreto del Ministerio de Hacienda del nuevo Gobierno republicano de 20 de abril de 1931 y cedidos al Ayuntamiento de Madrid para ser destinados a solaz y recreo de sus habitantes, con la justificación de que la ciudad no disponía entonces de bosques, parques y jardines en la proporción  que exigía la densidad de su población.  También había condiciones en la cesión como la obligación de mantener las instalaciones de la Asociación General de Ganaderos y no dedicar los terrenos a usos distintos a los expresados, y con la «absoluta prohibición de cercenar las áreas actuales de aquellos inmuebles»

Una riada de madrileños, según algunas fuentes más de trescientos mil, desfiló desde primeras horas de la mañana camino de la Casa de Campo. Miles de familias provistas de la comida para pasar el día en ese inmenso pulmón verde de 1800 hectáreas que antes fuera coto de caza y territorio privado de la familia real.

Cinco días después, el 6 de mayo, a las doce de la mañana, se realizó la ceremonia de entrega oficial de la finca real por parte del Ministro de Hacienda, Indalecio Prieto al alcalde de Madrid, Pedro Rico, ante el notario de Madrid Pedro Tobar con los acordes del himno de Riego y el desfile de una compañía de carabineros. Tras el acto, la Casa de Campo quedó temporalmente cerrada hasta que se realizaran las obras necesarias que la convertirían en parque público, pero el pueblo de Madrid que tanto había disfrutado el primero de mayo de aquel oasis, quería seguir haciéndolo sin esperar, por lo que no dejó de presionar al alcalde que optó por abrir el parque algunos domingos hasta el 23 de junio, fecha en la que se inauguró definitivamente.

El uso del parque por parte de los madrileños se vio interrumpido a consecuencia de la Guerra, ya que la Casa de Campo fue frente durante casi toda la contienda. La línea del frente cruzaba el Parque desde el Puente de los Franceses y la Ciudad Universitaria, hasta la zona del actual Alto Extremadura, continuando hacia el entonces municipio de Carabanchel bajo. En el conocido cerro de Garabitas, estuvieron emplazadas las posiciones artilleras de los sublevados que bombardearon diariamente la ciudad durante 30 meses.

Tras la Guerra Franco suprimió el Primero de Mayo y se inventó el Día de la Exaltación del Trabajo (18 de julio, que conmemoraba la fecha de su rebelión). Y cuando el papa Pío XII declaró en 1955 el Primero de Mayo como la festividad de San José Artesano, obligó al régimen franquista a buscarle un lugar en el calendario. La celebración se disfrazó de actuaciones folclóricas en el estadio Santiago Bernabéu.

También decidió cerrar al público la Casa de Campo hasta el año 1946. En 1948 la propiedad es cedida a Patrimonio Nacional aunque el usufructo sigue en poder del Ayuntamiento. No será hasta 1963 cuando se inscriba en el Registro de la Propiedad como espacio de uso público y hasta el 5 de octubre de 1970 no se formaliza el registro de la Casa de Campo como propiedad del pueblo de Madrid, pese a ser de su patrimonio desde el año 1931.