Ciencia, fe y oraciones. Víctor Moreno

06/05/2020

Un cura, en el tejado de la iglesia. Foto Twitter

Ni por asomo iba a pensar que algunos sacerdotes de distintas diócesis se lanzarían a las calles de pueblos y ciudades con el hisopo en ristre hisopando todo lo que se encontraran a su paso, pretendiendo de esta guisa terminar con el bicho del coronavirus, al igual que quien, manejando una sulfatadora, rociase un patatal para matar la presencia del escarabajo.

Pero estos sacerdotes y los obispos que les permiten semejante actividad ridícula, ¿de dónde han salido? ¿Son de hoy? ¿No habrán sido trasladados desde la Edad Media a nuestros días por arte de una abducción?

¿Cómo es posible semejante disparate? Y la policía de los alrededores, ¿en qué alrededores se encontraban que no les echó la voz de alto, pues estaban infringiendo las reglas del confinamiento establecidas por el gobierno?

La performance de algunos sacerdotes es de la misma hechura que aquellas supersticiones que practicaban las tribus en los albores de la humanidad

He esperado a ver si algún obispo les ha dicho que su acción estaba fuera de lugar, no solo por el ridículo que estaban haciendo, sino porque su performance era de la misma hechura que aquellas supersticiones que practicaban las tribus en los albores de la humanidad y en la que un hechicero rociaba humanos, chozas y animales utilizando plantas de hinojo previamente hundidas en un recipiente de agua para ahuyentar así lo que llamaban malos espíritus.

Oigo el reproche. Los hechiceros antiguos usaban agua del manantial, mientras que los actuales brujos con bonete, perdón, los sacerdotes católicos de hoy utilizan agua bendita. Y es bendita porque previamente la bendice un sacerdote. Vale. Pero sigue siendo agua con un poco de sal ¿no? Pues que se sepa fue el Papa Alejandro I (papa desde el 106 al 115) el que institucionalizó el uso de agua “bendita” dentro de la iglesia católica. Y la primera composición de agua bendita estaba compuesta de agua del grifo y sal, no sé si fina o gruesa. Y, ahí, sigue la misma composición. Obviamente, nadie como el cura conoce cuál es la composición de esta agua. Y sabe, mejor que nadie, que es inodora, incolora e ¿insípida?- dejémosla estar- y que hay que ser un tanto covidiota para pensar que curará cualquier patógeno o enfermedad.

Y esta es la cuestión que subyace en el asunto: que la iglesia sigue creyendo en esta factoría de ficción y que el sirimiri del hisopo sí cura o predispone la voluntad del Altísimo a hacerlo. Y que, incluso, su poder curativo es superior al derivado de la ciencia, aunque no conste que ningún cura, postergado por el coronavirus actual, haya salido de dicha postración gracias a una buena rociada de agua bendita. Lo hubiesen pregonado urbi et orbi.

Ciencia y fe. He aquí un binomio que a la Iglesia le ha dado siempre dentera. Lo mismo que, históricamente hablando, el cloroformo, el éter, la penicilina, la vivisección y la eutanasia.

El papa actual es de los que consideran que “la fe y la ciencia no son incompatibles”, pero, a la hora de la verdad, ni debate, ni disputa. Escribe sus encíclicas, las publica y casi toda la jerarquía católica las acepta como si fueran palabra de Dios. Una curiosa manera de defender la compatibilidad entre la fe y la razón. Lo mismo sucede con los dogmas, sin los cuales la Iglesia se derretiría como un polo de menta.

¿Es posible un diálogo entre la ciencia y la fe? No. ¿Por qué? Porque ni la Fe ni la Ciencia existen. Existen creyentes y científicos.

Y cuando un creyente y un científico dialogan o disputan, no es la Fe ni la Ciencia las que discuten, sino dos seres humanos llenos de conocimientos, de prejuicios, de contextos, de intereses de clase o de talonario, de ideología y de servidumbres varias. La fe es inocua; no lo son los hombres que la profesan y la instrumentalizan. De la ciencia y los científicos se puede decir lo mismo. El uranio no tiene ideología; sí, quienes lo manipulan.

La ciencia no tiene por qué ayudar a la fe, ni la fe tiene por qué pedírsela a la ciencia. La ciencia no tiene ninguna relación con la fe, ni al revés. Ni tienen que ir juntas, ni ayudarse mutuamente. La fe es creer en lo que no se ve. O, como decía Tertuliano, “creo porque es absurdo”, que ya son ganas. La ciencia nada tiene que ver con semejante salto al vacío de la insensatez. En este sentido, fe y ciencia son incompatibles.

Un sacerdote puede ser un buen científico –lo fue Mendel -y un científico puede ser creyente –Newton y Galileo lo eran; también, Giordano Bruno.

Pero esto no significa que los ámbitos de la fe y los de la ciencia puedan ser trasvasados de un campo al otro, como si fueran dos vasos comunicantes. Y no lo son. Que hayan existido astrónomos valiosos como los sacerdotes Georges Lemaître, contemporáneo de Einstein, o como el P. Secchi en el siglo XIX, no confirman más que un hecho: que fueron astrónomos y sacerdotes. Pero es lógico considerar que, cuando ejercían como astrónomos, no lo hacían como sacerdotes; al bies, tampoco.

El hecho de que uno sea astrónomo y sacerdote no es ninguna señal de que ciencia y fe se complementen. Los conocimientos científicos ni consolidan ni hacen más débil la fe del creyente. Tampoco al revés, con excepciones. Porque la fe no se basa en conocimientos científicos; tampoco en conocimientos o razones anticientíficos. Se tiene fe o no se tiene. Como decía Pablo de Tarso, o te la da Dios, o no te la da. Cosa que no sucede con la ciencia, que hay que trabajársela empíricamente, sobre bases reales y objetivas. Nada que ver con la fe.

¿Y las oraciones que no cesan de rumiar los creyentes acuciados por sacerdotes en esas misas perpetradas en la clandestinidad, contadas y jaleadas por la web episcopal? Pues lo mismo habría que decir con relación al hisopo. Seré menos sarcástico, dejándome llevar por la opinión siempre ecuánime del filósofo Kant, que, como ya es sabido, no era ateo.

La reflexión de Kant acerca de las plegarias que se rezan a Dios no son muy comunes. Y produce mucha incomodidad en el creyente. De ahí que la Iglesia no le haya hecho mucho caso. Además de ser absurdo hablar con alguien a quien no se ve y que nunca contesta a nuestras preguntas y requerimientos -la buena urbanidad no parece ser una de las virtudes esenciales de este Dios-, concluye Kant que lo menos estimulante de las oraciones es que, tampoco, sirven para cambiar a Dios o inclinar su voluntad a nuestro favor, pidamos lo que le pidamos con cabezona insistencia para nosotros o para los demás.

Por todo ello, Kant sostenía que las oraciones son necesarias desde un punto de vista moral -eso si nos llevan a conocernos mejor-, pero nunca son necesarias desde un punto de vista pragmático, es decir, como un medio para mitigar nuestras carencias de orden material o sufrimiento coyuntural o permanente.

Desde este punto de vista, calificará las oraciones, no solo como una osadía irreverente, sino como un insulto a Dios, quien, dado que lo conoce todo, ya sabrá si nos conviene que sigamos viviendo o que el coronavirus nos lleve a su diestra. Y la voluntad de Dios, como sabe el creyente, es mucha voluntad. Así que ¿para qué andar importunándole con misas y vía crucis en estos tiempos si, pase lo que pase, él no ha de inmutarse lo más mínimo, pues esta inmutabilidad es parte de su esencia?

En definitiva, pensar que el asperges de un hisopo conmoverá sus entrañas divinas, no es cuestión de teología, sino de una estupidez sobresaliente cum laude. ¿Y quienes la practican unos imbéciles? Tú, mismo.

https://www.nuevatribuna.es/opinion/victor-moreno/ciencia-fe-y-oraciones/20200505123635174482.html

 


La Iglesia recauda 335 millones de euros anuales en donativos sin control fiscal, el 36% de su financiación. Jesús Bastante

03/09/2019

El presidente de la Conferencia Episcopal, el cardenal Ricardo Blázquez / EFE

335 millones de euros. Esta es la cifra oficial del dinero que la Iglesia española recibe como donativos de parte de los fieles cada año, lo que supone el 36% de la financiación de las diócesis, según la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia en España. Una cantidad sin control fiscal alguno -el dato ofrecido es de parte-, a la que hay que sumar otros 193 millones (el 20% de su financiación) en concepto de ‘Otros Ingresos Corrientes’, como por ejemplo pagos de expedientes matrimoniales, de bautismos o misas. Este dinero también está a salvo de impuestos y de investigación tributaria, en virtud de los Acuerdos Iglesia-Estado. Es decir, más de la mitad (el 56%) de los 933 millones de euros que supone el ‘presupuesto’ de la Iglesia española, está fuera del control del fisco.

¿Qué es un donativo? Es toda “aportación directa voluntaria de los fieles a las diócesis”, según explican desde la Conferencia Episcopal, que añaden que se trata “del modelo más deseable de autofinanciación de la Iglesia” y “la principal fuente de financiación de las diócesis, más de un tercio de los recursos disponibles”. Bastante más, en todo caso, que lo recibido en la polémica casilla de la Renta, y que en 2018 supuso 270 millones de euros.

Colectas, cepillos o herencias sin control

¿Qué se incluye en ese concepto? En primer lugar, las clásicas colectas en las misas, cada domingo o siempre que la Iglesia lo decida, ya sea para financiar unas obras, un proyecto solidario o un regalo para el seminarista que va a ordenarse sacerdote.

También las aportaciones a los cepillos de las parroquias. En este sentido, la Iglesia se está profesionalizando, y el clásico cajón con llave que sólo tenía el párroco está siendo sustituido, en decenas de templos, por ‘cepillos digitales’ promocionados por distintas entidades bancarias y que permiten cierto control del importe real, así como la posibilidad de aportar con tarjeta de crédito.

Legados, herencias y similares también forman parte del concepto ‘donativo’, al que hay que sumar la suscripción periódica (mensual, trimestral, semestral o anual), que permite a los gerentes de las diócesis “administrar el presupuesto de forma más eficaz para ir afrontando los distintos problemas que día a día van surgiendo en las distintas diócesis de nuestro país”.

“Una ayudita” para el sacristán o para el cura

Sin embargo, la cifra aportada por la Conferencia Episcopal -335 millones de euros- dista de ser la real. “El importe es mucho mayor”, admite un eclesiástico consultado por eldiario.es. “Nunca sabremos qué cantidad de lo que se recoge en todos los cepillos de todos los templos se envía a las diócesis, o se consigna en los libros de cuentas de las parroquias”.

Al menos una parte no cuantificable va para “pagar una ayudita” al sacristán o a la señora que abre y cierra la puerta, o a las mujeres que barren y limpian los templos de forma voluntaria. Y, admite, “todos los curas nos quedamos con alguna cantidad para imprevistos: desde el pobre que llega a tu puerta de noche, a la familia que no tiene con qué pagar la luz o qué llevarse a la boca”. O para que los párrocos -que cobran de media en España unos 900 euros- “lleguemos a fin de mes”.

Pese a que desde la Conferencia Episcopal se está trabajando desde hace años para sistematizar el modelo de recuento de donativos, todas las partes consultadas admiten que es “casi imposible” saber cuánto dinero se queda en el camino. Una cantidad que ni la Iglesia controla, y que se suma a los millones que sí reconoce, pero que tampoco pasan ningún control fiscal.

El Papa: “La misa no se paga”

A los donativos se unen los 193 millones que la Iglesia recibe de los fieles en concepto de pago por expedientes de bautismo, matrimonio, misas exequiales (de difuntos), etc… Una cantidad que sí está controlada por cada diócesis, que publica sus tasas administrativas, pero que cuestionan instituciones como Redes Cristianas y, en algunos casos, hasta el mismísimo Papa Francisco. ¿Se debe pagar por recibir los sacramentos, por casar a unos fieles, darles la primera comunión o bautizarles? ¿Debe costar dinero un funeral católico?

Durante una audiencia, en marzo del año pasado, Bergoglio era sumamente crítico con la costumbre, extendida en todo el mundo, de cobrar por las misas de difuntos, en las que se nombra al fallecido y se pide por su alma. “Nadie debe cobrarte por nombrar a tu familiar”, aseguraba Francisco. “Nada. ¿Lo habéis entendido? ¡Nada! La misa no se paga. La misa es el sacrificio de Cristo, que es gratuito. La redención es gratuita. Si quieres hacer una oferta, hazla, pero no se paga. Es importante entender esto”.

Sin embargo, la realidad es bien distinta, y varía según la diócesis. Así, la diócesis de Málaga publica en su web las ‘Tasas y estipendios’ de todos los obispados de Andalucía, con cifras concretas, basadas en una normativa de la Congregación para la Doctrina de la Fe de 1991. Así, los estipendios de las ‘misas manuales’ (normales) es de 10 euros, mientras que el de las ‘misas gregorianas’ asciende a 330 euros. Una “cifra indicativa para la aportación de los fieles como signo de su gratitud a Dios y a la Iglesia”, apunta el decreto, vigente desde 2012.

Una boda, 150 euros; un bautizo, 40; un funeral, 90

Todos los decretos a los que ha tenido acceso este diario (Andalucía, Madrid, Barcelona, Santander, Zaragoza o las diócesis vascas) prohíben al sacerdote quedarse con más de un estipendio por cada misa, aunque se nombre a varios fieles.

En el de Madrid (que cobra 8 euros por misa, y 300 en el caso de las gregorianas), se deja claro que “la acumulación de intenciones y estipendios en una única celebración de la Eucaristía constituye una excepción, que sólo está permitida si los fieles han sido advertidos y consienten en ello, y está limitada a un máximo de dos veces por semana en cada lugar de culto; en estos casos, el sacerdote sólo puede hacer suyo el estipendio fijado en la diócesis, debiendo entregar la cantidad restante a los fines determinados por las normas diocesanas”. Una norma que se hizo para evitar que algunos curas se dedicaran a las misas de difuntos, ganando mucho más dinero que el párroco que se dedica a las misas del día a día, que son gratuitas.

En cuanto a los sacramentos, las tasas medias de las diócesis (sin control alguno por parte de las autoridades públicas) son las siguientes. Los bautismos son 40 euros; los matrimonios, 150 euros; 70 euros por misa en fiestas especiales, 90 euros por las exequias; y los funerales de primer aniversario, 30 euros. Los ‘devocionales’ (misas que se dan antes o durante las fiestas), tienen otro coste. Así, los triduos o quinarios cuestan 35 euros por día, mientras que las procesiones se pagan a 100 euros.

A ello hay que sumar otros costes que, si bien no están regulados como obligatorios, en la práctica sí lo están. Casarse por la Iglesia no sólo cuesta los 150 euros de media por ‘sacramento’. A ello se suele sumar la decoración del templo o el fotógrafo oficial, que tiene un acuerdo con cada parroquia. En muchos casos, especialmente en los templos históricos, los párrocos prohíben a los fieles aportar la decoración de las flores y plantas, o contratar un equipo fotográfico para la ocasión.

https://www.eldiario.es/sociedad/Cepillos-colectas-donativos-Iglesia-centenares_0_936506605.html


El infierno está lleno de curas. Jose A. Pérez Ledo

28/08/2019

El Papa dice que la guerra y el terrorismo son pérdidas graves para la humanidad

Solo Dios sabe lo que pasa en el seno de la Iglesia católica. O tal vez ni Él.

Como en toda organización inflexiblemente jerárquica (el ejército, la mafia, las bandas terroristas), la Iglesia prefiere lavar sus trapos sucios en casa y con la puerta bien cerrada. El problema es que, según parece, no hay lavadoras en el mundo para tantísima mugre. Y, a medida que pasan los años, la porquería se va acumulando en la casa del Señor, desbordando las ventanas y derramándose a la vía pública. A la vista de todos.

Hace unos meses, la Fiscalía General del Estado recordó a la Iglesia que debe poner en conocimiento de la justicia cualquier denuncia o sospecha de abusos que llegue a sus oídos. La iglesia respondió con la omertá. Si realmente existe un registro con los abusos cometidos por curas españoles, permanecerá, como los códices litúrgicos de la Edad Media, tras una vitrina antihumedad en las catacumbas de algún templo sagrado.

En los últimos siete años, los abusos denunciados en nuestro país no han dejado de aumentar. Uno en 2012. Dos en 2013. Tres en 2014. En lo que llevamos de 2019 suman ya más de treinta. El coraje de las víctimas que se atreven a contar y a revivir su pesadilla está fuera de toda duda. El sufrimiento que han padecido y que todavía padecen es evidente para cualquiera salvo para la jerarquía católica, siempre del lado del débil salvo cuando el débil fue violado por uno de los suyos.

Que la Iglesia ha hecho y hace obras de enorme importancia social es una obviedad en la que se escudan quienes pretenden enterrar sus pecados. Tal vez hayan roto unas cuantas vidas, pero ahí está Cáritas. Es posible que cobijen a depredadores sexuales, pero Vicente Ferrer. No hace falta ser teólogo para ver las deficiencias éticas del razonamiento.

Se preguntan algunos, y es una pregunta legítima, cuándo se convirtió la Iglesia en un refugio de pederastas. Tal vez lo fue siempre, quizás está en su naturaleza. O tal vez sean solo unas pocas manzanas podridas entre una multitud de hombres y mujeres justos demasiado acostumbrados a mirar para otro lado. No hay manera de saberlo.

En dos mil años de historia opaca hay tiempo de sobra para cometer toda clase de tropelías. Tenemos un buen registro de las que perpetraron fuera de las alcobas, pero apenas intuimos lo que ocurrió dentro. Una cosa sí parece clara a estas alturas: el infierno debe de estar lleno de curas.

https://www.eldiario.es/zonacritica/infierno-lleno-curas_6_935866420.html


El Ayuntamiento de Segovia deja de ingresar este año 465.530 euros del IBI que no paga la Iglesia

20/11/2018

Iglesia de San Esteban. /A. de Torre

El colegio del barrio, la iglesia parroquial, monasterios, conventos, ermitas y algunos edificios y conjuntos históricos singulares de la ciudad están indultados. Sus titulares no han de pasar por la caja del Ayuntamiento de Segovia para pagar el Impuesto sobre Bienes Inmuebles (IBI). Para los vecinos pueden pasar inadvertidos, forman parte ya del paisaje cotidianamente monumental en el que residen, en el que compran y por el que pasean. Son parte importante de la piel de una ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Todos esos inmuebles no pasan desapercibidos para el Consistorio, que deja de ingresar en torno a 1,2 millones de euros como consecuencia de la exención del pago del IBI.

La Inspección de Hacienda del Ayuntamiento se ha puesto el mono de trabajo para elaborar un primer listado que recopile todos los edificios liberados de abonar el impuesto local. La concejala de Urbanismo, Patrimonio Histórico y Turismo de Segovia, Claudia de Santos, admite la complejidad que entraña la labor de cuantificar y trasladar a cifras la repercusión de la exención, cuyo paraguas ampara, por ejemplo, a los ‘bendecidos’ con la declaración de Bien Interés Cultural (BIC).

Primar el mantenimiento

«También hay otros inmuebles catalogados a proteger por tener unos valores o una antigüedad» cuyas propiedades tampoco abonan el IBI, añade la edil. De Santos concibe el beneficio para los propietarios como «una contraprestación y un modo de primar el mantenimiento» de esos bienes, que al fin y al cabo «es muy caro». Este primer inventario sitúa a la Iglesia como la propiedad más favorecida debido al formidable parque inmobiliario que gestiona y conserva y, por ende, la institución que más dinero se ahorra en el recibo del IBI, sin contar al propio Ayuntamiento de Segovia.

Según el estudio, en la ciudad hay 134 bienes de titularidad eclesiástica que no pagan el Impuesto de Bienes Inmuebles. El montante que deja este año de percibir el Consistorio por este concepto es de 465.530 euros, especifica la concejala. De Santos, lejos de querer cargar las tintas, precisa que no deja de resultar algo lógico que sea la Iglesia la que más propiedades tenga liberadas del IBI al poseer una parte importante del rico patrimonio inmobiliario con el que cuenta en la ciudad y que también ha contribuido a que Segovia luzca «con orgullo» el sello de Patrimonio de la Humanidad.

En este catálogo de 134 inmuebles caben edificios acreditados como Bienes de Interés Cultural debido a su alto valor arquitectónico e histórico dignos de estar amparados por esta figura de protección. La inmensa mayoría de estos templos mantienen el culto religioso habitual, como San Justo y Pastor, San Millán, el santuario de la Fuencisla o la ermita del Cristo del Mercado. Otros, los menos, no. Son los casos, por ejemplo, de las iglesias de San Esteban o San Clemente, que solo se abren para actos, conmemoraciones o ceremonias muy específicas. También están incorporadas al inventario de inmuebles de la Iglesia que no pagan el IBI las parroquias de barrio más modestas. modernas y austeras en sus construcciones.

Por otro lado, Claudia de Santos subraya que la disminución de ingresos que cada ejercicio afrontan las arcas municipales está íntimamente relacionada con el IBI que se deja de cobrar. Para muestra, el botón de los más de 465.500 euros que no abona la Iglesia. La edil precisa que también entran en la nómina de indultados otros bienes de carácter religioso que están dedicados a la enseñanza o corresponden a fundaciones, en alusión a los tres centros docentes concertados que hay en la capital y que administran diferentes congregaciones. Se trata del Claret, el colegio de las Madres Concepcionistas y Nuestra Señora de la Fuencisla de los Maristas.

Historial castrense

El pasado y presente castrense de Segovia también se asienta sobre un rico patrimonio arquitectónico en el que sobresale el Alcázar, que además acoge el Archivo General Militar de Segovia, que es el fondo histórico nacional más antiguo de las Fuerzas Armadas.

Y si se habla del patrimonio inmobiliario que posee Defensa en Segovia no hay que olvidar la Academia de Artillería, cuyas instalaciones de San Francisco dieron (y dan) continuidad a una tradición militar nacida en el Alcázar en 1764 y que arraigó con el Real Colegio de Artillería. Como enaltece la propia institución castrense, «esta instalación no solo representa una tradición viva, sino también un monumento ligado a la historia de Segovia».

El inventario de inmuebles liberados del IBI concreta que hay diez bienes de titularidad del Ministerio de Defensa que gozan de la exención. El valor de los recibos que el Ayuntamiento no gira a la propiedad es de 279.382 euros, añade la concejala.

A estos y los de Iglesia les faltan todavía un par de sumandos para completar la adición. Uno de ellos agrupa 24 bienes destinados a la enseñanza. Son los colegios e institutos de la capital, que entre sus gastos no está precisamente la factura del IBI. La cuantía que no ingresa al Ayuntamiento por el impuesto del que están liberados los colegios asciende a 341.742. Y por último, los Bienes de Interés Cultural, aval que protege a nueve edificios exentos, lo que supone otros 82.000 euros que no llegan al Consistorio.

La suma de los recibos del IBI de los 177 inmuebles disculpados de la obligación fiscal se aproxima a los 1,2 millones de euros. Este dinero es solo parte del ‘precio’ que ha de pagar Segovia por pertenecer al club selecto de la Unesco de Ciudades Patrimonio de la Humanidad. Es el valor del principal «sobrecoste» que acarrea la declaración, aunque Claudia de Santos insiste en destacar que «las ventajas son bastantes más que las desventajas».

Esos extras económicos y sociales están relacionados con «la propia estructura de las ciudades y sus entornos patrimoniales», concreta la edil. Por poner un ejemplo, la representante del Ayuntamiento cita el servicio de recogida de basuras, el cual acarrea un «sobrecoste» en forma de lugares a los que los camiones no alcanzan y, por tanto, la recogida se ha de hacer a mano. También la iluminación ha de ser «singular y más cuidada». La lista se alarga con el mantenimiento y conservación de ese entorno monumental. Para muestra, el botón del Acueducto, para el que el Consistorio reserva entre 15.000 y 20.000 euros anuales dedicados a esta labor. La muralla suele llevarse en torno a 10.000. Y a mayores están las inversiones que se hagan en rehabilitación y recuperación, añade Claudia de Santos.

https://www.elnortedecastilla.es/segovia/ayuntamiento-segovia-deja-20181119110937-nt.html


Un juez ordena la detención de Willy Toledo por insultar a Dios

05/09/2018

Un Juzgado de Madrid ha emitido una orden de detención contra el actor de izquierda Willy Toledo por no acudir a declarar en dos ocasiones tras la denuncia de la Asociación Española de Abogados Cristianos por supuesta vejación de los sentimientos religiosos, según informa esta organización.

“Yo me cago en dios y me sobra mierda para cagarme en el dogma de la santidad y virginidad de la Virgen María. Este país es una vergüenza insoportable. Me puede el asco. Iros a la mierda. Viva el coño insumiso”. Es la frase que indignó a su señoría.

La Asociación Española de Abogados Cristianos denunció ante la Fiscalía unos comentarios de Willy Toledo a través de Facebook en julio de 2017, que a juicio de esta organización vejaban los sentimientos religiosos.

Tras eludir el actor dos citaciones el Juzgado de Instrucción número 11 de Madrid ha ordenado su detención y puesta a disposición, de la justicia para el próximo día 13, concreta la organización denunciante en un comunicado.

Además, Abogados Cristianos anuncia que pedirá al juez que valore la existencia de un delito de odio.

Recuerda que «son palabras que dijo en directo durante un cara a cara con la presidenta de la asociación en el programa ‘Al Rojo Vivo’ de La Sexta».

En el comunicado la presidenta de la Asociación Española de Abogados Cristianos, Polonia Castellanos, defiende que «todos somos iguales ante la Ley» y que, por tanto, Willy Toledo «tiene la obligación de acudir al Juzgado si le cita un juez, aunque él crea que tiene privilegios especiales por su posición social».

http://insurgente.org/un-juez-ordena-la-detencion-de-willy-toledo-por-insultar-a-dios/


POR UN AYUNTAMIENTO LAICO SIN SUMISIÓN A NINGUNA CONFESIÓN

18/08/2018

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Foto Adelantado de Segovia.

 

No es de recibo que un año más la alcaldesa de Segovia acuda a renovar el voto a San Roque en la Iglesia de San Millán, no se entiende este sometimiento humillante en pleno siglo XXI de los poderes públicos a la Iglesia Católica. La alcaldesa de Segovia, ha sido elegida por l@s segovian@s con independencia de sus creencias personales. De igual forma no se puede entender que se pida a una imagen que nos proteja de la peste, máxime cuando está misión está garantizada por medio de las autoridades sanitarias, por los profesionales de la salud y por la ciencia, encargados de velar por salud y bienestar de tod@s nosotr@s y en la misma nada tiene que ver este tipo de supersticiones. Es necesario romper con este círculo vicioso y que de una vez por todas el Ayuntamiento se convierta en una institución laica, sin vinculación con ninguna confesión religiosa.

Colectivo Republicano Antonio Machado.


Carmena y la Virgen de la Paloma. Antonio Gómez Movellán Juanjo Picó

16/08/2018

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A Manuela Carmena, alcaldesa de Madrid, le encantan los boatos y celebraciones que organizan las confesiones religiosas, en particular la iglesia católica. Se vuelca en ello y participa de forma activa, en ocasiones acompañada por su admirado arzobispo de Madrid Carlos Osoro, en todos los ritos y liturgias religiosas que proliferan en nuestro calendario festivo: ya sea en los actos de la Virgen de la Almudena, en los de San Isidro, en los de la Virgen de la Paloma, y en otros similares. También, desde que llegó a la alcaldía, está persiguiendo un posado de fotos con el papa Francisco y con el más devaluado Dalai Lama; en Navidad organiza cenas para pobres, al estilo de las películas de Berlanga, con el líder indiscutible del marketing caritativo español, el transversal Padre Ángel, quien ha ido desde oficiar misas a Franco hasta participar en charlas con líderes de la izquierda.

Pero no solamente es la alcaldesa de Madrid la que participa en las liturgias católicas; este país está repleto de cargos públicos, de todo color político y a todos los niveles, sea en alcaldías, concejalías, diputados/as autonómicos, representación de instituciones y un largo etcétera que durante todo el año, y especialmente en el periodo estival, participan en centenas de procesiones, rogativas, imposición de medallas a vírgenes, otorgamientos de varas de mando y nombramientos de alcaldesas perpetuas, misas y otros ritos religiosos, muchos de ellos acompañados por funcionarios de cuerpos diversos de la administraciones, bomberos, policías, bandas municipales, incluso del estamento militar y otros, como en Madrid, el 15 de agosto, con el curiosísimo y estrafalario descenso del lienzo de la Virgen de la Paloma.

En otros lugares, como en Cantabria, se ha llegado al ridículo de fomentar peregrinaciones que estaban totalmente en decadencia, como el llamado Año Santo Lebaniego, donde incluso se han creado sociedades públicas para gestionar estos eventos ya que, todo este boato católico, tiene su derivada en los costes que suponen su celebración al erario público. El ridículo mayor lo hizo Miguel Ángel Revilla, que llevó a Santander, el año pasado, para promocionar el Año Santo Lebaniego, a Enrique Iglesias y todavía los santanderinos están esperando saber cuánto costó esta patochada.

Ante esta situación, cuando los representantes públicos participan, sin el menor rubor, en estas liturgias, seguir afirmando que estamos en un Estado aconfesional es, por lo menos, contradictorio.

Muchos de estos cargos públicos, para justificar lo injustificable, disfrazan su participación y la de la institución que representan como una obligación de presencia en una tradición popular o por considerar que tales eventos tienen un carácter cultural y no religioso. En general, si se estudian estas liturgias y celebraciones religioso-festivas veremos que la mayoría no tienen más allá de dos siglos y generalmente están unidas a la creación de un imaginario social ultrareaccionario frente al avance del liberalismo y la modernidad. Es el caso de la Virgen de la Paloma, una imagen de devoción popular y siempre muy protegida por la monarquía católica española, que en sus orígenes es escondida por miedo, primero, al liberalismo y la Ilustración, después a Napoleón y finalmente a los republicanos. Por eso, la escenificación de colgar y descolgar el lienzo de la Virgen conlleva un significado de protección. Se descuelga el lienzo y se esconde entre el pueblo, como medida de precaución cuando llegan las olas de progresismo, liberalismo o republicanismo para, después, cuando se producen las restauraciones monárquicas, tradicionalistas y católicas, volver a colocarlo en la basílica.

La asistencia y participación activa por parte de Manuela Carmena y otros cargos públicos en estas liturgias católicas tiene mucho de populismo buscando réditos electorales.

En contraposición a estas actitudes, hay un número significativo de nuevos alcaldes y alcaldesas que intentan impulsar el laicismo en las instituciones públicas. Es el caso del alcalde de Santiago de Compostela, Martiño Noriega, del grupo político En Marea, que nunca ha asistido a la fiesta patronal del apóstol patrón de España, manteniéndose en su postura pese a las presiones. O en otros muchos Ayuntamientos como los de Valencia, Gijón, Rivas-Vaciamadrid, que han suscrito acuerdos para adherirse a la Red de Municipios por un Estado Laico. O muchísimos otros cargos públicos que, en coherencia con los idearios de sus partidos políticos, promueven el laicismo institucional y la libertad de conciencia. No está siendo este el caso del Ayuntamiento de Madrid, ni por parte del equipo de gobierno de Ahora Madrid ni por su alcaldesa Manuela Carmela, que siguen participando en un sinfín de actos confesionales en nombre de todos los madrileños en clara contradicción con su propio compromiso electoral cuando de forma explícita la alcaldesa afirmó, en la campaña electoral, que no asistiría a ningún acto confesional.

Algunos pensaran que todo esto es sólo algo simbólico, que no tiene tanta importancia, pero la adopción institucional de una simbología religiosa, principalmente católica, suele ir también unida a la defensa y no cuestionamiento del statu quo dominante en la ciudad en ámbitos como la economía, el urbanismo o los servicios públicos.

__________________

Antonio Gómez Movellán y Juanjo Picó son miembros de la Junta Directiva de Europa Laica

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/plaza_publica/2018/08/15/carmena_virgen_paloma_85818_2003.html

El Reino de este Mundo por: José Antonio Naz Valverde

24/05/2018

 

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“Mi Reino no es de este mundo”, decía Jesús de Nazaret, reconocido como Dios hijo en la Religión Cristiana. Sus sermones instaban a no apegarse a las riquezas de este mundo, ya que el verdadero Reino está en el cielo, al que por cierto tienen mucha dificultad para entrar los ricos: “es más fácil que un camello entre en el ojo de una aguja”.

Luego Constantino creó la Iglesia Católica  como Religión del Imperio y desde entonces los jefes de esa Iglesia han creado y mantenido un Reino de este mundo, casi siempre cercano a los poderes económicos y políticos.

El caso De la Iglesia Católica de España es un claro ejemplo. Durante siglos ha reinado en España, junto a los reyes cristianos de la reconquista y de todos los gobiernos de la historia, con muy breves excepciones, siendo un bastión de las contrarreformas dentro de los reinos cristianos. La última se produjo en pleno siglo XX contra la República, colaborando en el sangriento golpe de Estado y el genocidio y la represión de los años de la dictadura. En el Estado nacionalcatólico su influencia era total sobre todos los poderes, dictando las leyes de las Cortes, marcando el código penal y las decisiones del gobierno; y teniendo a su cargo la educación y los servicios sociales y de salud de la mayoría de la población.

En cuanto a los privilegios económicos, han sido una constante en la historia, desde los “diezmos” medievales hasta el mantenimiento continuado del clero, pasando por exenciones de impuestos. Y en la actualidad, tras 40 años de una Constitución que declara el Estado aconfesional, aunque continúan los acuerdos con la Santa Sede (firmados a los pocos días del referéndum constitucional), y una ley de mecenazgo y otra de libertad religiosa, la financiación anual de la Iglesia Católica asciende en 2016 a 11.560M€, en partidas como:

  1. más de 5000M€ para educación: conciertos con centros privados de ideario Católico, 600M€ para catequistas que imparten religión en los centros educativos, y hasta 10 M€ para convenios de seminarios.
  2. 2000M€ para obra social y asistencial.
  3. Subvenciones a complejos hospitalarios de 900M€
  4. 600M€ para conservación del patrimonio que está registrado como propiedad de la Iglesia
  5. 300M€ en subvenciones de eventos.
  6. 40M€ en funcionarios capellanes y hasta 10 M€ de participación del gobierno en entidades católicas, como las obras pías.
  7. Exenciones de impuestos, por valor de 2000M€, de IBI, patrimonio, sociedades…

No se cuantifica el inmenso valor de los bienes patrimoniales y financieros, de las donaciones de suelo público y de las decenas de miles de propiedades inmatriculadas a su nombre, según el secretario de la Conferencia Episcopal 40.000.

Y por si no es bastante se permite detraer el 0,7% o el 1,40% del IRPF por el procedimiento de las casillas, lo que en 2015 supuso a la Iglesia Católica otros ingresos de 249M€ por su casilla y 100M€ por la de ONGs. Dinero que, en contra de la propaganda del Xtantos, se dedica mayoritariamente a gastos del clero o a mantener la TV13 y tan sólo un 2,5% a Cáritas.

Todo esto en momentos en que los recortes en sanidad en los últimos años asciende a 12.000M€ y los de educación a 9.000. Parece que datos tan abrumadores están empezando a ser conocidos por la ciudadanía y cada vez más personas conscientes reclaman la igualdad en los deberes económicos con el Estado. Hay católicos que defienden la libertad de la Iglesia y en consecuencia la no financiación por el Estado, basándose en las palabras del propio papa “el Estado debe ser Laico”. En las instituciones se empieza a proponer medidas de justicia en los impuestos: ayuntamientos, asfixiados por las limitaciones presupuestarias, que intentan cobrar el IBI a inmuebles que nada tienen que ver con el culto y que en muchos casos se dedican a actividades lucrativas; o el cobro del ICIO a todas las obras que no tienen función de culto, actuación refrendada por tribunales españoles y de la Unión Europea.

En nuestra ciudad, algunos grupos políticos presentan una moción en el pleno de Mayo tratando de restringir los privilegios y aumentar la recaudación para poder implementar medidas que ayuden a la población más necesitada.

Pero aún falta mucho para que una ciudadanía informad tome conciencia de que la igualdad y la justicia son derechos comunes y las ideologías o creencias son cuestiones privadas, que no deben en ningún caso ser financiadas con fondos públicos, por respeto a todas ls creencias en total libertad.

José Antonio Naz Valverde

https://laicismo.org/2018/05/el-reino-de-este-mundo/


EDUCA A TUS HIJOS EN VALORES. ELIGE EN LA MATRÍCULA “VALORES SOCIALES Y CÍVICOS”

22/05/2018

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Ante el próximo inicio de la matriculación escolar, en la que con la ley actual debe elegirse entre clase de religión o Valores Sociales y Cívicos (Primaria), o Valores Éticos (Secundaria), se llama a elegir esta segunda opción.

laicismo.org

 


Cinco motivos para no marcar la casilla de la Iglesia ni la de fines sociales y seguir siendo solidario

24/04/2018

Ninguna de las dos opciones de la declaración anual de la Renta ofrece un sistema real, voluntario y verdaderamente laico para la aportación a fines sociales de interés general. Te damos 5 razones para que no las marques sin dejar de contribuir a las causas solidarias.

La falacia del gasto

Si marcas cualquiera de las dos casillas no pagas más, simplemente el 0,7 de tu cuota íntegra (antes de deducciones) se destina a la Iglesia o a fines sociales o a los dos (1,4). Por lo tanto, si no señalas ninguna de las casillas tampoco pagas menos, simplemente el Estado se encarga de distribuir ese 0,7 por ciento directamente desde los Presupuestos Generales.

Según el manual de la renta para este año los que no señalan ninguna de las dos casillas destinan también su 0,7% a “fines generales” sin asignación concreta. La matización es que no se conoce la lista de proyectos, acciones u organizaciones beneficiarias. Ese 0,7 por ciento se puede destinar a carreteras, Sanidad o Educación. Si no marcas ninguna de las casillas participas también del funcionamiento y la construcción solidaria del Estado.

La iglesia, la gran beneficiada

Por este mismo motivo, si marcas la casilla de la Iglesia, ese 0,7% se arranca de la hucha común de todos los contribuyentes, no solo de los que ponen la cruz. No hay más dinero, se usa el que hay para todos. Y fueron 250 millones de euros en 2016.

Es decir, se produce un redistribución del gasto que podría ser de interés común y mejorar la inversión pública (Sanidad, Educación, carreteras) hacia la Iglesia, priorizando el interés de unos pocos sobre el general y restando financiación a otras necesidades prioritarias.

La financiación eclesiástica debería ser exclusiva de sus acólitos, aumentando la cuota en su IRPF y no restando de la hucha común de los presupuestos generales. Más en un Estado laico. Si el compromiso es realmente cristiano no habrá ninguna distinción de la partida actual porque todos los que apoyan a la iglesia pagarían gustosamente la cuota aumentada en su IRPF. ¿Verdad?

Pero el problema no es solo este, si marcas solo la casilla de ‘fines de interés social‘ para evitar la financiación de la Iglesia en un Estado laico, también participarás en la subvención de entidades religiosas adscritas a la lista de organizaciones beneficiadas por ese ‘interés social’. Concretamente 100 millones de los 280 recaudados para fines sociales irían a organizaciones afines a la Iglesia, según Europa Laica.

Organizaciones que hacen una labor solidaria pero siempre vestida de un proselitismo religioso y una cultura de la caridad vertical que no es del gusto de todos. El mismo derecho tiene el ciudadano a poder ayudarlas como a no querer hacerlo. Con el sistema distributivo actual el segundo caso es imposible.

¿De verdad es una opción no ser solidario?

La mera existencia de la casilla de fines sociales es ponzoñosa. El mensaje que se transmite a los contribuyentes es que existe una posibilidad para no participar en causas de interés social. Si no quieres ayudar, no marques la casilla. Bonita forma de promocionar la cultura de la fraternidad colectiva y que parece más bien una excusa para justificar (y dar otra opción) a la casilla de la Iglesia.

El epígrafe del manual de la renta de este año para la casilla de fines sociales dice textualmente: “…considerados de interés social los fines de atención a las personas con necesidades socio-sanitarias, educativas o de inserción laboral. La prevención de la delincuencia, protección del medio ambiente y la cooperación al desarrollo.

Negarse a participar en alguno de esos puntos teniendo recursos para ello no debería ser una opción, sino un delito.

La cultura del mínimo esfuerzo: dona tu tiempo, no tu dinero

Las casillas solidarias son un atajo para limpiar muchas conciencias. La verdadera acción social se practica de manera pro activa, no delegando. El orgullo por sentirse Vicente Ferrer por cruzar solo dos rayas de cinco milímetros al año es ponzoñoso para la conciencia colectiva.

La labor solidaria debe ser personal y de implicación diaria, leyendo la actualidad, siguiendo a tus ONGs de cabecera, aportando según necesidades, participando y apadrinando personalmente acciones,… no delegando una responsabilidad inherente en el ser humano a otros. En definitiva, donando algo más preciado que un 0,7 de tus impuestos: tu tiempo.

No hay ONGs pequeñas que no recibirían nunca ayuda sin el sistema actual de renta, sino irresponsables con orejeras que no se ocupan de conocerlas e implicarse personalmente en su causa. Una ONG que se curra año tras año el patrocinio o la cuota ciudadana será mucho más activa y efectiva en la conciencia social colectiva que una que espera sentada la subvención del Estado.

Está muy bien que el Estado dedique una partida variable a los fines sociales de interés general, pero no debe ser una opción supeditada a la frágil conciencia colectiva que se espanta del compromiso común con la corrupción, la desgobernabilidad o las crisis estacionales; debería ser una acción obligatoria, una política de Estado fija en los Presupuestos Generales y decidida por un Parlamento representativo, independientemente de las mareas de opinión ciudadana.

El compromiso personal aporta más valor a largo plazo

De nada sirve dejar vacías las casillas solidarias sin este compromiso personal de intervención continua. De nada sirve criticar la labor caritativa de la Iglesia si no participas de la construcción de una solidaridad horizontal que rellene su hueco. De nada sirve vocear contra subvenciones desperdiciadas en ONGs exóticas si no trabajas personalmente por construir una causa que consideres realmente justa.

En la era de las redes sociales, donde miles de proyectos cívicos echan sus lazos, es muy fácil implicarse para modelar continuamente esta conciencia solidaria personal, sin la necesidad paternalista de tener que esperar a que haga algo Papá Estado. La labor del Estado debería ser de mero agente educador y de financiación pública para las causas más difíciles y minoritarias, aquellas que carecen del carisma y proyección mediática que estimule nuestro gesto humano.

La motivación de hacer tuyo un proyecto solidario en el que gastas 10€ vale más que mil financiados de manera automática por el Estado, genera un poso mayor para seguir siendo donante y, tampoco lo olvides, puedes desgravarte su importe.

Haced la prueba.

https://laicismo.org/2018/04/cinco-motivos-para-no-marcar-la-casilla-de-la-iglesia-ni-la-de-fines-sociales-y-seguir-siendo-solidario/