90 años del voto femenino

01/10/2021
Voto femenino

«La historia del sufragismo español es muy desconocida, hay una cuenta pendiente enorme con ella y sus protagonistas», asegura la autora Alicia Palmer. Con esa premisa decidió profundizar en un movimiento cuyo gran logro cumple ahora 90 años: la aprobación del voto femenino en las Cortes el jueves 1 de octubre de 1931. Palmer y la ilustradora Montse Mazorriaga han creado juntas Una mujer, un voto (Garbuix Books), una novela gráfica que repasa cómo la sociedad española llegó hasta ahí, junto a los debates que hubo alrededor del asunto, y reivindica a las figuras esenciales en la consecución de este derecho.

«Reinas, pero no electoras»

Una de las paradojas que analizan es la de que las mujeres pudieran estar representadas en el Congreso –las abogadas Clara Campoamor y Victoria Kent fueron las diputadas que protagonizaron el debate que acabó en la aprobación del voto femenino hace 90 años– pero no pudieran ser electoras. «Hemos intentado mirar atrás, buscar los otros intentos, muy limitados, que hubo de incorporar el voto femenino, como cuando se propuso que solo las viudas cabeza de familia pudieran votar [en 1877, cuando siete diputados conservadores pidieron esto para ese reducido grupo de mujeres]», explica Palmer. También hablan del precedente a favor del voto femenino de Emilio Alcalá Galiano, conde y diplomático, resumido en su frase de 1908: «Las mujeres en España pueden ser reinas pero no electoras».

Porque ese hecho, el de poder ejercer el poder pero no decidir quién lo ostentaba, fue objeto de muchos enfrentamientos dialécticos y titulares de prensa. Clara Campoamor fue la gran defensora de la aprobación del sufragio femenino ese 1 de octubre de 1931, con una intervención que estos días se recuerda en el Congreso de los Diputados con distintos homenajes. «Al preparar el cómic he descubierto la dureza del proceso para ella, que se encontró muchísimas voces en contra, y el carácter que mostró, su valentía al enfrentarse a un Congreso prácticamente en contra», subraya Mazorriaga.

«No es, pues, desde el punto de vista de la ignorancia desde el que se puede negar a la mujer la obtención de este derecho. Solo es en virtud de un derecho que habéis detentado, porque os disteis a vosotros mismos las leyes, pero no porque tengáis un derecho natural para poner al margen a la mujer», dijo Campoamor en su famoso discurso de ese 1 de octubre. Porque muchos otros políticos pedían retrasar la aprobación del voto femenino. «Los partidos republicanos, sobre todo, tenían miedo al voto de las mujeres porque pensaban que estaban muy unidas a la iglesia y que si votaban iba a arrollar la derecha. Por eso figuras como Victoria Kent querían posponer el voto», precisa Palmer.

Con nombres propios

Campoamor y Kent son dos de las figuras históricas principales de las que hablan Palmer y Mazorriaga, que hacen desfilar por sus páginas a muchas otras pioneras. «Es el momento de hablar de ello, ahora hay interés en saber qué ha pasado, la genealogía feminista de todas las mujeres que no están en los libros de texto», indica la escritora. «Hay gente a la que hablas de Clara Campoamor o Victoria Kent y les suenan los nombres», añade la ilustradora, «pero Benita Asas, que tiene mucho protagonismo en la lucha por el voto, sigue siendo una gran desconocida, muchos críos la primera vez que oyen hablar de las sufragistas es con la película de Mary Poppins, pero no tienen ni idea de la lucha sufragista española».

Asas, maestra que fundó el periódico El pensamiento femenino, es recordada en el cómic en una charla que impartió en 1930 en el Ateneo de Madrid con María Lejárraga, una de las creadoras de la Unión de Mujeres de España. «También mencionamos a la doctora Elisa Soriano, una de las primeras en estudiar en la Universidad Central de Madrid», señala Mazorriaga, y rescatan la labor de figuras como Carmen de Burgos, que en 1921 organizó la primera manifestación callejera sufragista en España, o María Cambrils, que en 1925 publicó el libro Feminismo socialista.

Las cigarreras

La lucha en la esfera pública de todos estos personajes históricos se entremezcla en el cómic con la vida de Maril Luz, una joven cigarrera que trabaja en la Real Fábrica de Tabacos de la glorieta de Embajadores. Palmer ha querido hablar así de las historias anónimas detrás del movimiento sufragista y además reivindicar a la figura de las trabajadoras de la época.

«Siempre he vivido en esa zona de Madrid y desde hace unos años hay un movimiento vecinal que quiere recuperar la figura de la cigarrera, y yo lo imaginé esta historia en paralelo, para poder hablar del tema del voto y de la lucha de estas obreras, y no solo en el tema laboral, sino explicar que las mujeres eran ciudadanas de segunda y estaban reclamando derechos civiles», concluye Palmer. Para ella, que en octubre publicará otra novela gráfica, esta vez reivindicando la figura de Emilia Pardo Bazán (con Cascaborra Ediciones), «no hay que darlo todo por hecho, hay mucha gente que se cree que los derechos conquistados los ha traído el tiempo, que no les da ninguna importancia, pero hay que poner en valor a todas las personas que se han dejado la vida en eso, en conseguir los derechos que disfrutamos ahora».


EL DIARIO DE LUIS. TERESA SANTOS

18/10/2020

El día 16 de marzo, el Gobierno decreta el Estado de Alarma y cierran el colegio. Luis estudia cuarto de primaria. Su tutora, Mónica, les ha propuesto hacer un diario. El sábado 21 de marzo, recibe el de Luis. A medida que lee, el dolor que le producen las palabras del niño le va subiendo a la garganta convirtiéndose en un grito de rabia.

Lunes 16. Esta mañana me he despertado porque mi madre lloraba muy alto. Bueno, todos los días llora. Me ha dicho que hoy quería llorar más bajito, pero que no ha podido. No me gusta que mi padre esté en casa, pero ahora no trabaja por culpa del bicho ese y encima no podemos salir, así que hemos tenido que aguantar sus gritos todo el día.

Martes 17. Me he despertado al oír un golpe muy fuerte en la cocina y he visto a mi madre en el suelo muy quieta y con los ojos cerrados. Mi padre me ha dicho que se ha caído y que está tumbada para que se le pase el dolor. Como me ha echado de la cocina, no he podido desayunar. Por la noche, mi madre me ha abrazado muy fuerte y ha llorado, esta vez muy bajito, con la cara apoyada en mi almohada.

Miércoles 18. Hoy mi madre no me ha dejado salir de mi habitación en todo el día. Dice que aquí estoy más seguro y que lleva puesta una mascarilla por si está enferma, para no contagiarme. Pero yo le he visto un moratón que le sale por encima y creo que debajo hay más, aunque no me deja verlo. ¿Se habrá vuelto a caer?

Jueves 19. Mi madre sigue con la mascarilla y el moratón se le ha puesto amarillo. Me ha dicho que, sin hacer ruido, vaya metiendo en mi bolsa de deporte la ropa que más me guste, el pijama y mis zapatillas preferidas y que prepare también mi mochila del cole.  Hoy tampoco he desayunado, pero no me importa. Mientras mi padre está en la ducha, mi madre y yo hemos bajado corriendo las escaleras. En la calle nos ha esperado mi abuelo con el coche. Hoy vamos a dormir juntos en la habitación que era de mi madre.

Viernes 20. Estoy escribiendo mi diario en la casa de mis abuelos. He desayunado muy bien y mi madre no ha llorado. Tengo más ganas de hacer los deberes y mi abuelo me ha prestado su ordenador. Por la tarde ha venido mi padre dando gritos y ha llamado al portero automático pero mi abuela no le ha querido abrir. A lo mejor, la policía viene mañana y nos dice que no podemos estar aquí. Pero mi madre y yo ya no queremos volver a casa.

Mónica apaga el ordenador y secándose las lágrimas, marca en su móvil el 016.


Santander: las políticas laborales del banco condenan a las mujeres que quieren ser madres. José Antonio Gómez

13/11/2019

Los testimonios que llegan a Diario16 de las empleadas (mujeres y madres) del Banco Santander que están siendo incluidas en el ERE por el hecho de priorizar el cuidado de sus hijos con la reducción de jornada a trabajar por las tardes son cada vez más crueles.

Hoy veremos un caso en el que el machismo se combina con la crueldad. «He sufrido también la invitación para irme voluntariamente del banco. Soy madre de dos niños pequeños y, desde que tengo a estos dos pequeños enanos, lo mejor que me ha pasado en mi vida, todo cambio en el banco», comienza a decir la empleada.

Son muchas las mujeres que quieren ser madres y, por problemas de salud, se les hace muy difícil. Esto es lo que le ocurrió a esta empleada. Tuvo dos abortos por un problema con la coagulación de la sangre. Sin embargo, gracias a la medicina pudo controlar ese problema y quedarse embarazada de sus dos pequeños.

Sin embargo, después del segundo aborto «el responsable de recursos humanos me indicó queNO es momento de ser madre”. Esta fue una de las muchas cosas que he tenido que sufrir», afirma a Diario16 esta trabajadora del banco presidido por una mujer que se autodefine como feminista, que habla del empoderamiento de las mujeres o que afirma que «la brecha salarial entre hombres y mujeres comienza en el momento en que decidimos tener hijos. Y la brecha nunca se cierra. Efectivamente, existe un impuesto sobre la familia que es pagado principalmente por las mujeres. Así que mi consejo es: desafiemos el statu quo todos los días. Nunca tengáis miedo. aprended a tomar decisiones. La situación está cambiando y seguro que tendréis más oportunidades que vuestras madres y vuestras hijas, si elegís tenerlas, tendrán aún más».

Es decir, Ana Patricia Botín criticaba la brecha salarial entre hombres y mujeres y el impuesto que tienen que pagar las mujeres por ser madres, mientras el Santander está utilizando los Expedientes de Regulación de Empleo (ERE) para despedir a las mujeres embarazadas o con reducción de jornada, tal y como pudimos comprobar en varios de los testimonios recogidos por Diario16.

Recordemos cómo una empleada que llevaba 14 años trabajando en el sector bancario, primero en el Banco Pastor y luego en el Popular, y que no podía trabajar por las tardes para poder cuidar a su hijo, cuando el Santander compró a la sexta entidad financiera de España llegó una nueva jefa de zona que «desde el primer día, sin conocerme de nada, me crucificó por el hecho de no quedarme por las tardes. Le expliqué mi situación: me era imposible quedarme porque no tenía con quien dejar a los niños. Sin embargo, le comuniqué que cada mañana empezaba a las siete para poder sacar la carga de trabajo que había y todas las incidencias generadas a través de la integración tecnológica de banco popular a banco Santander. Su respuesta fue: “está bien, pero no sirve de nada”», afirmó a Diario16 esta empleada.

Cuando regresó de vacaciones en el mes de septiembre de este año, esta madre trabajadora fue convocada a una reunión con el Departamento de Recursos Humanos en la que le dijeron «o firmas voluntariamente o después será forzoso sin la correspondiente indemnización».

También es reseñable el caso de la madre que se acogió al ERE porque priorizó el cuidado de sus dos hijos pequeños a la situación existente en el banco cántabro, hecho del que publicamos íntegra la carta que esta mujer dirigió a estos dos hijos:

Tampoco podemos olvidar el caso cruel de otra ex empleada del Santander que afirmaba que fue despedida por ser mujer y madre: «En plenas Navidades y tras casi doce años en Popular, me despidieron por ser mujer y ser madre a la vez. Por decir NO a prolongar ilegalmente mi jornada, por no doblegarme y por no aceptar amenazas. Di los mejores años de mi vida al Popular, trabajé lo inimaginable, pero cuando tuve que conciliar mi vida familiar con la laboral se me cerró la opción de seguir creciendo en la empresa. A mí no me relegaron de subdirectora a cajera, aunque me dijeron que lo harían, no, a mí me despidieron de forma improcedente y totalmente asumida, indemnización y a la calle de forma humillante».

La coherencia entre las palabras y los hechos es fundamental en el liderazgo y el Santander podrá ser muchas cosas, pero coherente entre lo que dice ser y lo que en realidad hace desde luego que no es. El caso de la defensa de los derechos de las mujeres queda demostrado con los hechos y las denuncias de las trabajadoras que tienen miedo a solicitar la reducción de jornada porque se pondrían en el punto de mira del Santander en el momento en que se inicie una reestructuración de personal.

Santander: las políticas laborales del banco condenan a las mujeres que quieren ser madres