Las “Trece Rosas” y nosotros mismos. Domingo Sanz

09/10/2019

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Da mucha pena mirarse al espejo y que la plata te devuelva el odio dibujado en el gesto y las palabras de personajes como Ortega Smith.

Da miedo pensar en personas como él, o como Díaz Ayuso, que tienen poder en tiempo presente y que son capaces de poner trampas para que algunos terminen pensando que no fue tan malo el mayor asesino de nuestra historia.

Fue pronunciar “Trece Rosas” el diputado del Congreso que también se merece España, y volcarse el periodismo a por un clavo ardiendo. Han decidido agarrarse a una sentencia redactada por asesinos disfrazados de jueces, y así, con la buena intención de desmentir las acusaciones inventadas contra ellas por el diputado, han sembrado otra idea envenenada en millones de cabezas.

Una más: esta vez la de transmitir un aval subconsciente hacia aquellas sentencias, criminales todas, porque una de ellas, en su letra pequeña, permita llevar la contraria al diputado añorante del franquismo que, en esos momentos, buscaba cuota de pantalla para seguir informando del lugar donde están los que de verdad defienden que “con Franco se vivía mejor”.

Objetivo alcanzado y Ortega Smith durmiendo tranquilo.

A ver, ¿desde cuándo a un franquista le han importado las urnas, si no fue para destruirlas?

Ortega, Abascal y sus secuaces solo quieren llamar la atención provocando, como durante la II República, para que el rey, a quien cada vez defienden con más ahínco, y las fuerzas armadas, pierdan un día los nervios y decidan agarrotar una libertad que no pueden soportar. Esta vez no les hará falta asaltar el Congreso, pues tienen dentro a muchos diputados muy acostumbrados a ceder a determinadas presiones externas.

Creando este ambiente consiguen, estos diputados ultras, que los crímenes contra la humanidad cometidos por sus añorados parezcan menos, hasta el punto de que las víctimas tengan que recurrir a los mismos papeles con los que fueron ejecutadas, para emplearlos como escudos contras las advertencias y amenazas que no dejan de lanzar.

Todo esto nos está pasando porque los borbones restaurados por Franco, se llamen como se llamen, padres, hijos o nietas, se han convertido, o convertirán, en necesarios para los líderes cobardes de los dos partidos que han gobernado durante las últimas décadas, incapaces, durante más de cuarenta años, de ilegalizar las sentencias judiciales más execrables de nuestra historia.

Están, PP y PSOE y algunos más, defendiendo, a cualquier precio, el antes España que todo lo demás, y pensando en leyes que la protejan de los españoles, el único enemigo de siempre, el interior, más peligroso para ellos cuanta más libertad pueda disfrutar.

¿Cómo nos podemos extrañar hoy de que esos mismos políticos cobardes, Sánchez y Rajoy, o Casado y Rivera, llamen a gritos a la Justicia cada día para que condene ya, a toda prisa, esta misma semana mejor, pero siempre antes del 10 de noviembre, a los disconformes, independentistas y republicanos, en lugar de hacer política y sentarse a negociar con ellos?

La verdad es que, tanto en las películas como en la realidad, un chantajista con un buen secuestrado entre rejas puede pedir al chantajeado lo que quiera.

Es cierto que los juicios de hoy no son exactamente iguales a los sumarísimos tras el golpe de estado del 36, pero diputados del Congreso como Ortega Smith y presidentas de Asambleas de Madrid como Díaz Ayuso nos recuerdan que están preparados para el regreso de los “buenos” tiempos.

España, qué pena, la que nos devuelve el espejo, es lo mismo que decir amenaza.

Las “Trece Rosas” y nosotros mismos


Pablo Iglesias quiere ser un hombre de estado… monárquico. Domingo Sanz

16/09/2019

No hay como las comparaciones sin pies ni cabeza para que, a partir de ese momento, se dispare una especie de resorte cada vez que lo actual recuerda los elementos falazmente comparados por los demagogos.

Ya no abusan tanto, pero aún escuchamos lo del “golpe de estado” en las voces de los mismos que compararon las ametralladoras de Tejero y los tanques de Milans con los votantes catalanes del 1 de octubre de 2017.

Lo único que está probado es que, tanto el 23-F de 1981 como el 1-O de más de 36 años después, quienes pusieron en peligro vidas ajenas y libertades de todos vestían uniforme e iban armados.

Esa comparación aberrante en boca de los líderes del PP, de Ciudadanos, de Vox por descontado, pero también de algunos relevantes del PSOE, es la causa de que febrero de 1981 y todo lo que rodeó aquel tiempo regresen cada dos por tres a la memoria.

A pesar de que la Constitución se había aprobado en diciembre de 1978, vivíamos momentos muy inestables dentro de la compleja Transición, propiciados en gran medida desde La Zarzuela.

El rey de entonces, Juan Carlos I, por motivos que quizás nunca confesarán quienes los conozcan, había perdido la confianza en un presidente Suárez que ya no era quien él nombró para sustituir a Arias Navarro, sino el triunfador en dos elecciones generales. Pero el rey consiguió que dimitiera.

Primeras preguntas para hoy con el pasado llamando a la puerta:

¿Está pidiendo Pablo Iglesias que el rey vuelva a decidir el nombre del presidente del gobierno?

¿Está acaso insinuando que el pueblo español no sabe votar, y los políticos elegidos, se supone que todos menos él, no saben pactar, y que una monarquía sigue siendo necesaria para poner orden?

Orden, no nos engañemos, desde la amenaza de autoritarismo, y hasta de dictadura, que es lo que en España siempre ha representado cualquier rey.

El cinismo dibujado en las “críticas” sonreídas de los tertulianos de las cloacas y otros espacios de la derecha españolista no necesitan palabras y deberían ser suficientes para un buen entendedor.

Pero si eso no sirviera, las manifiestas dificultades para defender la ocurrencia que no son capaces de disimular ni los analistas más próximos a Podemos deberían ser una señal de alarma definitiva para que Iglesias corrigiera.

Es muy difícil, pero nunca es tarde para una primera vez.

Regresemos a algunos de los momentos que han cultivado la bomba de deficiencias que ha terminado por estallar y llenarnos de mierda.

Felipe González venía de triunfar en septiembre de la crisis interna que él mismo provocó en el PSOE en mayo, tras la derrota en las urnas del 1 de marzo de 1979. Mientras, el PCE había mejorado los resultados de 1977.

Las tensiones internas en UCD beneficiaban al PSOE, por una parte, y a los franquistas en fase de reconversión de Alianza Popular.

El PSOE había roto con los históricos en 1974 en el exilio (Suresnes) y en el segundo congreso de 1979 eliminó el marxismo de los estatutos.

Fueran cuales fueran los movimientos entre bambalinas que implicaron a dirigentes del PSOE en las intrigas del rey previas al 23-F, sí hay un consenso bastante amplio en que las relaciones entre Felipe González y el hoy emérito iban sobre ruedas.

Uno seguía siendo republicano y disfrutó de ocho años seguidos de mayorías absolutas en el Congreso para hacer su política sin excusas y no incumplir los estatutos.

El otro era un monarca restaurado por el asesino de masas Francisco Franco para que de ninguna manera regresara la República. Por supuesto, fuera cual fuera la voluntad del pueblo español.

Una interpretación parcial, pero plausible, de nuestro desastre presente podría consistir en que, sin las intrigas del rey que acabaron con Suárez, el PSOE de González no habría ganado nunca las elecciones generales.

Lo de Tejero y Milans, bueno, un riesgo colateral.

De regreso al presente, Pablo Iglesias es un político que cada vez recuerda más al Felipe González de los años 70. También por el personalismo a la hora de abordar las crisis internas en sus partidos.

El de Podemos aparece en TV declarando que va a solicitar al rey que se implique a favor de un gobierno de coalición, en lugar de declarar que lo que va a comunicarle es que la República será su objetivo prioritario desde este mismo momento.

Aunque solo sea por pragmatismo, que esto “es el mercado”, no los principios.

Sirve perfectamente un Pablo Iglesias en La Zarzuela, a solas con SM y sin dejar que le interrumpa:

“La Monarquía no da más de sí, majestad.

¿Disfrutó SM de aquel Juego de Tronos?

¿Estaría SM dispuesto a ser presidente de la República?

Si SM abdicara inmediatamente haría, al menos, cuatro grandes favores a esta España en una crisis de las de verdad.

En primer lugar, le ahorraría la división inevitable tras un referéndum sobre la forma de Estado que, a su vez, ante la resistencia a convocarlo de los partidos beneficiados, será fuente de inestabilidad política in crescendo.

En segundo lugar, ayudaría a la imprescindible creación de una derecha española democrática, en tanto que antifranquista, como la catalana o la vasca. ¿Porque supongo que SM no defiende el franquismo?

Además, con SM abdicada por propia iniciativa se romperían, por desaparición de la excusa, los vínculos franquistas que aún comparten muchos militares, un verdadero peligro para vidas, haciendas y libertades, que coincide cada día en conciliábulos fuera de control y se entrena con maniobras amenazantes, como son las declaraciones individuales o los manifiestos colectivos de apoyo a SM. Para pasar lista cada cierto tiempo, y por si hay que pasar a mayores.

Por último, la ausencia definitiva de SM abriría un paréntesis en el conflicto con Catalunya. Sobre esto, seguro que SM no necesita que me extienda”.

Pero no, Pablo Iglesias, solo busca, renuncia tras renuncia hasta conquistar el vacío, una coalición para navegar aguas turbulentas que ya, sin conseguirla, tiene agarrotado todavía más a un Podemos que podría estallar si se terminan convocando las del 10 de noviembre.

Solo para evitar este peligro, si fuera capaz de intuirlo, votará un gobierno monocolor PSOE sin condiciones, y pasando a la oposición al día siguiente. Para este viaje, no hacía falta tanto teatro.

Iglesias podría haber decidido ser el primer HERE (Hombre de Estado Republicano en España) y causar sensación.

El Iglesias de hoy, igual que el González de ayer, buscando en medio de sus respectivos fracasos la alianza conveniente con el rey contra el Sánchez de hoy y el Suárez de ayer, respectivamente.

Un político del PSOE y otro de UCD, ambos indeseables para dos borbones peligrosos, hijo y padre, y para dos políticos también otros, uno de Podemos y otro del PSOE, pero prepotentes ambos y con ganas de mandar donde los haya.

Me temo que esta vez el hueso en el que pincha Iglesias es más duro que el que pinchó González. Y el borbón, aún menos confiable.

Aunque los momentos históricos son siempre distintos, los viajes sin retorno hacia cada fracaso se parecen todos demasiado.

Pablo Iglesias quiere ser un hombre de estado… monárquico


Juan Carlos de Borbón: el heredero de Franco que impidió una democracia plena en España (II). José Antonio Gómez

13/09/2019

En la primera entrega de este análisis de la trayectoria no oficial de Juan Carlos de Borbón pudimos ver cómo, durante la Transición, se diseñó una democracia a la carta de los intereses del monarca.

Otro de los aspectos turbios del reinado de Juan Carlos fue el 23F, una operación que muchos autores y periodistas han catalogado como un golpe a favor del rey, no con la intención de que cambiar el modelo de Estado. El 23 de febrero no se salvó a la democracia, sino que se rescató a la monarquía. Hay demasiadas evidencias sobre la presunta implicación de Zarzuela en el intento de golpe, pero, de momento y hasta que se desclasifiquen los documentos, seguirán siendo evidencias. Cuando se intenta dar un golpe de Estado, uno de los objetivos principales de los conspiradores es el aislamiento del Jefe de Estado al que se pretende derrocar. Sin embargo, ese día desde Zarzuela se tuvo contacto con el exterior sin ningún problema. Hay que tener en cuenta que la situación política de aquel año 1981 era crítica y la ciudadanía podría rebelarse contra el monarca. Existía una crisis económica ante la que el gobierno de Suárez no podía hacer frente. A esto se sumaba la enorme división en la UCD y la desconfianza entre Juan Carlos de Borbón y el presidente. Para el Jefe del Estado, Suárez era ya una figura amortizada que había cumplido su función en la Transición. La propuesta realizada por el general Armada a Juan Carlos de Borbón en enero de 1981 de un gobierno de concentración encabezado por un general no pareció disgustar a Zarzuela. El que fue durante años uno de los mentores del rey mantuvo reuniones con los diferentes líderes políticos de la época y, evidentemente, Juan Carlos de Borbón era consciente de ello.

Sin embargo, a los españoles se les vendió otra versión: Juan Carlos de Borbón como salvador de la patria, un hecho que le reforzó en su posición. Hay que recordar que, durante el juicio de los golpistas, las defensas de éstos exigieron que el Jefe del Estado compareciera como testigo para que respondiera a las preguntas sobre su implicación en el golpe. Todo el aparato del Estado se movilizó para impedir que Juan Carlos de Borbón acudiera al tribunal. Además, Armada pidió permiso para exponer en el juicio el contenido de una reunión que mantuvieron ambos diez días antes del golpe. El Jefe del Estado no lo permitió. ¿Qué tenía que ocultar?

https://diario16.com/juan-carlos-de-borbon-el-heredero-de-franco-que-impidio-una-democracia-plena-en-espana-ii/


Del toreo considerado una de las bellas artes. David Torres

09/08/2019

 

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«Me gustan los animales, por eso los mato». Era una frase que decía el difunto Graham Chapman en un número hilarante de los Monty Python sobre un cazador profesional en África. El hombre iba por la selva armado de machetes, varios rifles y un bazooka, arrasando todo lo que encontraba a su paso, exterminando incluso a los mosquitos. Varias décadas después, la frase la ha repetido el diestro Enrique Ponce con una ligera mejora metafísica: «Yo amo al toro, pero tengo que matarlo para que exista». Dicen que los Simpson son el Nostradamus de nuestro tiempo pero no es verdad: tarde o temprano todo se convierte en un chiste profetizado por los Monty Python.

El toro bravo, para cobrar existencia, tiene que morir en la plaza, reventado por un estoque, acogotado a descabellos, para pasmo y deleite del respetable. Animal heideggeriano por excelencia, el toro es un ser-para-la-muerte en cuyo holocausto a pleno sol el torero encuentra su lugar en el mundo. Decía Juncal, aquel matador fracasado interpretado por Paco Rabal, que todo, absolutamente todo, gira alrededor de los toros: los poetas existen para cantar a los toreros, los arquitectos para construir plazas de toros, los músicos para componer pasodobles y las mujeres para amar y admirar a los toreros. El morlaco, evidentemente, no tiene otra razón de ser que su involuntaria contribución al espectáculo, como si su sufrimiento trascendiera hacia una órbita superior y la sangre derramada sobre la arena no fuese más que pintura caída del óleo. «Yo al toro lo veo como un colaborador para mi obra de arte, nunca como un enemigo» dice Ponce. «No hay que enfadarlo, sino ir a favor, moldeando el barro sin llevar una faena preconcebida».

Contemplar a un mamífero superior, con sus terminaciones nerviosas y su sistema límbico, como un trozo de barro que hay que ir «moldeando» (a base de capotazos, de puyazos, de los arpones de las banderillas), expresa perfectamente la falta de empatía, de piedad y de compasión necesarias a la hora de protagonizar y asistir a una corrida de toros. El razonamiento de Ponce -que es el mismo de cualquier aficionado- evoca de inmediato aquella fantástica insensatez proclamada por Karl Heinz Stockhausen, el Papa de la música contemporánea, cuando dijo que el atentado de las Torres Gemelas era «la mayor obra de arte de todos los tiempos: el hecho de que unos tipos se preparen como locos para un solo acto durante años y lo ejecuten una vez y mueran en la ejecución hace que sea algo único». Se lamentaba luego de que ni él ni ningún otro compositor podría hacer algo similar. Como mucho, joderte los oídos o amargarte una tarde.

El disparate de Stockhausen no sólo oculta una enorme ausencia de dolor por las miles de víctimas de la masacre sino también un asombro sin reservas por cierta estética de la destrucción que encuentra su correlato en las ejecuciones públicas medievales, en las intrincadas sesiones de tortura de los verdugos chinos, en el hongo atómico de Hiroshima, en las corridas de toros, en un niño orinando en un hormiguero. Arte -da un poco de vergüenza tener que descender a este nivel semántico- viene de artificio, de artificial, por eso mismo no se puede aplicar el adjetivo «artístico» a un crimen, a un atentado o a la coreografiada parafernalia de la matanza de un toro. No a menos que uno considere aquel glorioso título de De Quincey, Del asesinato considerado como una de las bellas artes, en sentido literal y no irónico.

En cuanto a la penúltima chorrada ontológica de Enrique Ponce, lo de que el toreo pertenece al ADN del pueblo español y que la Historia no se puede cambiar, lo que nos enseña la Historia, desde la abolición de la esclavitud a la igualdad de género, desde la Declaración de los Derechos del Hombre hasta el marcapasos, es precisamente lo contrario. La Historia se va haciendo a base de cambios, de avances, de progresos, y tarde o temprano -más temprano que tarde- la tauromaquia desaparecerá como un vestigio más de la Edad de Piedra.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2019/08/08/del-toreo-considerado-una-de-las-bellas-artes/


La inercia de la monarquía española. Javier Pérez Royo

08/08/2019

Felipe VI defiende "trabajo y salario dignos" para los jóvenes

Cuando una magistratura hereditaria penetra en la agenda política de una sociedad democráticamente constituida, el resultado no puede no ser perturbador para el funcionamiento del sistema político. El principio de legitimidad democrática es una regla que no admite excepción. La excepción no puede ser nunca confirmación, sino que es siempre contravención de la regla. Por eso, una magistratura hereditaria no debería existir en el Estado constitucional democrático. Pero, si por razones históricas, sean las que sean, existe, dicha magistratura hereditaria tiene que mantenerse al margen de la política, que es tarea de la que tienen que ocuparse los ciudadanos y las asociaciones por ellos constituidas en ejercicio de su derecho de participación política así como también los órganos constitucionales legitimados democráticamente por el ejercicio del derecho de sufragio.

Esto es lo que ocurre en las monarquías parlamentarias europeas, que se constituyeron como tales en el tránsito del Antiguo Régimen al Estado Constitucional en la primera mitad del siglo XIX, siguiendo el modelo de la monarquía inglesa. Todas las monarquías parlamentarias europeas son anteriores al sufragio universal y se han ido amoldando al advenimiento primero e imposición después de este último. El principio monárquico en cuanto al principio de legitimidad había dejado de estar operativo mucho antes de que el país se constituyera democráticamente y de ahí que no se hayan producido ni se produzcan en esos países tensión alguna entre la Magistratura hereditaria y las magistraturas democráticamente elegidas. La Monarquía, por utilizar la clásica expresión de Bagehot, es una “dignified” y no una “efficient” parte de la Constitución.

En España no ha sido así. La monarquía ha sido definida en nuestro constitucionalismo histórico como “monarquía española”. Desde la Constitución de 1812 en adelante. Y el principio monárquico-constitucional como principio de legitimación del Estado ha permanecido en competición constante con el principio de soberanía nacional/popular, que es el principio de legitimidad propio del Estado Constitucional. No ha habido ninguna Constitución monárquica española anterior a la del 78 en que ambos principios hayan podido convivir: o soberanía nacional (1812, 1837, 1869) o principio monárquico-constitucional (1845 y 1876) o negación del régimen constitucional (Fernando VII).

La Constitución de 1978 es la primera en la que la Monarquía y la Democracia conviven. El principio de legitimidad democrática en el art. 1.2 de la Constitución (CE). La monarquía parlamentaria en el art. 1.3 CE. Pero es una convivencia que tiene como punto de partida no una decisión constituyente del pueblo español, sino una restauración de la monarquía por el general Franco tras la Guerra Civil en que derivó el golpe de Estado contra la Segunda República. La restauración de la monarquía ha precedido a la introducción del principio de legitimidad democrática, algo que no ha ocurrido en ningún otro país europeo.

No es la monarquía lo que es incompatible con la democracia. Es el principio monárquico como principio de legitimidad que entra en competición con el principio democrático. Esto es lo que resulta insoportable. Y esto es lo que ocurre en la “monarquía parlamentaria de la Constitución de 1978”. El rey se considera con legitimidad para intervenir en el proceso político. No lo hace de manera continua, pero sí en los momentos decisivos, que son los que definen la naturaleza de un sistema político. Por eso lo hizo el 3 de octubre. Y por eso lo acaba de hacer esta misma semana, pronunciándose sobre el tema central de la agenda política, que no es otro que la investidura de Pedro Sánchez o la repetición de elecciones.

Poco tiempo le ha faltado al PP para utilizar las palabras del rey como un ariete contra el candidato del PSOE. No creo que Felipe VI las pronunciara para que pudieran ser utilizadas de esa manera, pero una vez que el rey interviene en política, pierde el control de sus palabras, que quedan a disposición de los diferentes actores para hacer uso de ellas a su conveniencia. Por eso, no puede decir nada.

En la monarquía restaurada, herencia del Régimen del general Franco, reaparecen, como cabía esperar, elementos de la vieja monarquía española.

https://www.eldiario.es/zonacritica/inercia-monarquia-espanola_6_928517141.html


Lo dice el ilegítimo jefe del Estado, el tal Felipe VI: «Lo mejor es encontrar una solución antes de ir a elecciones»

05/08/2019

Su “sesuda” reflexión la ha expresado mientras realizaba un duro trabajo (nos referimos al posado que ha protagonizado junto a su familia en el Palacio de Marivent de Palma.

Efectivamente, el ilegítimo jefe del Estado que a todo el mundo se empeña en dar clases de democracia, ha asegurado hoy mismo que «lo mejor es encontrar una solución antes de ir a elecciones», dada la situación de bloqueo político que vive el estado español para la formación de un nuevo gobierno.

La fallida investidura de Pedro Sánchez, el presidente “socialista” del Gobierno español en funciones, ha propiciado que Felipe VI dijera que espera que «haya margen para que los partidos que tienen la confianza de los ciudadanos» después de las últimas elecciones, puedan encontrar una solución. Y, a renglón seguido, ha añadido que si no la encuentran hay otra «dentro de los cauces constitucionales».

Será el próximo 7 de agosto cuando el monarca reciba la visita del “socialista”, “republicano” y “obrero” Pedro Sánchez.

Ya lo ven, trabaja tanto que hasta estando de vacaciones no deja de hacerlo por el bien de todos los españoles y españolas. ¿Que no se lo creen? Nosotr@s tampoco.

 

… ni vergüenza.

Lo dice el ilegítimo jefe del Estado, el tal Felipe VI: «Lo mejor es encontrar una solución antes de ir a elecciones»


La Fundación Franco aplaude al rey por otorgar el título de duquesa a la nieta del dictador

02/08/2019

Carmen Martínez Bordiú, nieta del dictador Francisco Franco. DANIEL PÉREZ / EFE

El tiempo no pasa para María del Carmen Martínez Bordiú, una de las descendientes del dictador Franco. 44 años después de la muerte de su abuelo, esta mujer acaba de cumplir con los últimos trámites necesarios para hacerse con el título de duquesa “con Grandeza de España”, una distinción que aún hoy sigue vigente pese a las promesas del Gobierno de Pedro Sánchez de tratar de impedirlo.

En las oficinas de la Fundación Nacional Francisco Franco (FNFF) lo tienen claro: hay motivos para celebrarlo. Así lo destacó el presidente de esa entidad ultraderechista, el general de división Juan Chicharro Ortega –quien además fue ayudante de campo del Rey Juan Carlos-, en un artículo publicado en la página web de la FNFF.

Primero, lo primero. Chicharro Ortega deja claro que la nieta del dictador se ha convertido en duquesa gracias a la orden emitida en mayo de 2018 por el entonces ministro de Justicia del Gobierno del PP, Rafael Catalá. En aquella orden se indicaba que “de conformidad con lo previsto en el Real Decreto de 27 de mayo de 1912, este Ministerio, en nombre de S.M. el Rey, ha tenido a bien disponer que, previo pago del impuesto correspondiente, se expida, sin perjuicio de tercero de mejor derecho, Real Carta de Sucesión en el título de Duque de Franco, con Grandeza de España, a favor de doña María del Carmen Martínez-Bordiú Franco, por fallecimiento de su madre, doña Carmen Franco Polo”.

La nieta del dictador ha cumplido con tales trámites y, por consiguiente, se ha hecho con el título. “La FNFF se congratula y felicita a doña María del Carmen Martínez-Bordiú Franco”, destaca Chicharro en su escrito, donde también lamenta que “las redes sociales que maneja la izquierda radical” han criticado por este tema al rey, “quien no ha hecho otra cosa que atenerse a la estricta legalidad y cumplir con su deber”.

A su criterio, el “ataque presente contra el Ducado de Franco -implicando a la Corona- no es más que un paso más como ya he expresado en la estrategia general de una izquierda sectaria y revanchista para subvertir el actual sistema político y retrotraernos a una legalidad inexistente: la de 1936”.

“Fiel seguidora de la técnica marxista del uso continuo de la mentira como herramienta política, la izquierda, hoy en el poder, alega que la concesión de este título supone una evidente ‘humillación y menosprecio a las víctimas de la guerra y de la dictadura, incluidas las de las personas desaparecidas forzosamente’. Mentira tras mentira”, critica Chicharro.

“En el fondo lo que nos encontramos es el odio a lo que el Generalísimo Franco representó: la unidad de la Patria, la tradición cristiana de nuestras raíces y la enorme transformación social y económica que España experimentó durante los 40 años de su mandato al frente de la jefatura del Estado”, sostiene.

El presidente de la Fundación Franco aprovecha para advertir que la izquierda tiene a la monarquía como “uno de los objetivos a derribar”. “No lo digo yo. Lo han dicho ellos. No hay peor ciego que el que no quiere ver y, hoy, al atacar a SM el Rey a propósito de la sucesión al título del Ducado de Franco vemos una estrategia clara y diáfana”, apunta.

En ese contexto, subraya que Franco “fue siempre un leal y fiel servidor a la monarquía que en su día encarnó Alfonso XIII y siempre contra toda marea tuvo claro que su sucesor no podía ser nadie más que el heredero legítimo de la dinastía heredera de Alfonso XIII”. “La familia real –subraya- siempre estuvo del lado del Generalísimo Franco: desde el propio Rey Alfonso XIII, su augusta esposa Doña Victoria Eugenia y hasta el propio Don Juan quien como todo el mundo sabe intentó alistarse en las filas del ejército nacional o en la Armada”.

Monarquía gracias a Franco

De hecho, Chicharro deja claro que si actualmente en España hay una monarquía es, precisamente, por obra del dictador. “Esto es pura historia y cualquiera que peine algunas canas sabe que de haber dispuesto Franco otra cosa como, por ejemplo, una República –partidarios no le hubieran faltado, incluso desde el propio Régimen, pues en aquellos tiempos los partidarios de la monarquía cabían en un autobús– así se habría materializado su sucesión”, señala.

No en vano, el presidente de la FNFF remarca que “el Generalísimo quiso que España fuera una monarquía y bien lo dejó expresado en su propio testamento”. Seguido, cita las siguientes palabras del jefe del régimen: “Os pido que rodeéis al Rey Juan Carlos del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis demostrado…”.

Subraya también que Franco “decidió que su sucesor fuera el Rey Don Juan Carlos I”. “Sabía el Caudillo que el Rey no podría nunca gobernar como él lo había hecho y esto es algo que todos deberían saber a la hora de juzgar a las personas”, defiende. En esa línea, Chicharro aprovecha la ocasión para transcribir algunos párrafos de los discursos más franquistas del Rey Juan Carlos, disponibles actualmente –sin matices– en el archivo digital de Casa Real.

https://www.publico.es/politica/fundacion-franco-aplaude-rey-otorgar-titulo-duquesa-nieta-dictador.html