¿Qué ocultan las estadísticas de desempleo?

03/10/2018

 

descargaLa publicación de las estadísticas relativas al desempleo son siempre objeto de controversia mediática y política. Quienes entran en liza, dependiendo de las posiciones que quieran defender -críticas o complacientes-, comparan los últimos datos con el mes o el trimestre del año precedente, o con los registros del año en curso, o con la serie histórica, o con la situación de otros países de nuestro entorno…

No es mi intención contribuir a este enredo, casi siempre poco clarificador. Pero sí quiero detenerme en la interpretación -evidente, en apariencia- del indicador que mide la tasa de desempleo: población desempleada en proporción a la población activa; se entiende están en esa situación aquellas personas que, estando en edad de trabajar (15-64 años), buscan activamente un empleo, sin conseguirlo.

Conforme a este criterio y siguiendo la información proporcionada por Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea, la tasa de desempleo de la economía española en 2017 fue del 17,3%, ciertamente muy elevada para los estándares comunitarios, pero unos siete puntos porcentuales por debajo del registro obtenido en 2012, el peor año de la crisis para nosotros. En cifras absolutas, en 2017 el número de trabajadores desempleados, aunque todavía superaba los 4 millones, era 1 millón y medio inferior al de 2012. 

En Alemania, por mencionar un país que se suele presentar como ejemplo de un buen balance ocupacional y como modelo a seguir, la ratio de desempleo era en 2017 del 3,8%, muy lejos de la española y unos cuatro puntos porcentuales por debajo del dato de 2008, el año más desfavorable para esta economía. En ese periodo, la cifra de desempleados se aminoró en, aproximadamente, 800 mil personas.

Llegados a este punto, me hago dos preguntas que traslado al lector: ¿Deben ser consideradas personas desempleadas o subempleadas las que trabajan a tiempo parcial de manera involuntaria, pero desearían estar ocupados más horas con un contrato a tiempo completo? ¿Pertenecen a la categoría de desempleados quienes -por cansancio, por frustración, por haber agotado el subsidio por desempleo- no aparecen estadísticamente como buscadores de empleo, pero estarían dispuestas a trabajar? 

La contestación que, en mi opinión, procede dar a ambas preguntas es claramente afirmativa. Desde esta perspectiva, en absoluto podemos dar por buenas las estadísticas oficiales, pues infravaloran (maquillan) la realidad del desempleo. Veamos qué sucede con las mismas si las rectificamos atendiendo a ambos criterios (gráfico). La tasa de desempleo e infraempleo de nuestra economía en 2017 casi se duplica, pasando desde el 17,3% (oficial) al 30,6% (real). El número de personas sin trabajo y subempleadas aumenta de manera sustancial hasta alcanzar en 2017 una cifra próxima a los 3 millones. Otro tanto sucede en Alemania. Ya no estaríamos hablando de una tasa de desempleo en 2017 del 3,8% sino del 10,7%. El número de personas desempleadas e infraocupadas en este año también se habría situado cerca de los 3 millones.

descarga

 

 FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA A PARTIR DE EUROSTAT

Téngase en cuenta que sólo he considerado el “desempleo oculto”, para el cual Eurostat ofrece información estadística. Para tener una visión más completa de la situación habría que considerar asimismo aquellas personas –sobre todo, mujeres– que cargan sobre sus espaldas con los trabajos de cuidados, realizados fuera de las lógicas mercantiles, que estarían en disposición de aceptar un empleo. Tampoco se contabilizan las personas en edad de trabajar -jóvenes en su mayor parte- que, ante la ausencia de un horizonte ocupacional para ellos, se han visto obligados a emigrar. El resultado de integrar estos planos situaría el desempleo en cotas todavía más altas.

El discurso oficial y dominante se entrega sin descanso, con el apoyo propagandístico de los grandes medios de comunicación, a presentar un escenario que habría dejado atrás la crisis; la reducción de la tasa de desempleo así lo confirmaría. La realidad, sin embargo, es considerablemente más sombría que lo sugerido por esta sesgada interpretación. El desempleo real -a pesar de que durante los últimos años se han creado un buen número de puestos de trabajo, precarios en su mayor parte- continúa siendo muy elevado. Por ello, urge poner en el centro de la política económica la creación de empleo decente: estable, dignamente remunerado, vinculado a actividades sostenibles, que atienda a la equidad de género y que garantice el derecho a la negociación colectiva. Nada que ver con la deriva actual.

https://www.lamarea.com/2018/10/01/que-ocultan-las-estadisticas-de-desempleo/

Anuncios

Las cifras que rebaten la imagen idílica de la Transición

12/09/2018

1536407739_283790_1536408682_sumario_normal_recorte1“En la Transición ni hubo ocultación, ni sometimiento, ni miedo. Hubo grandeza moral, sentido de la historia, reconciliación y concordia”. El nuevo líder del PP, Pablo Casado, describió así el periodo posterior a la muerte del dictador Francisco Franco en un tuit el pasado 2 de septiembre, el mismo día en el que anunció que impulsaría la “ley de la concordia” para “derogar la sectaria relectura de la Historia” impuesta, según considera, por la Ley de la Memoria Histórica. Sin embargo, los cientos de vidas que se cobró la violencia política en aquel periodo, que a falta de un registro oficial los investigadores calculan entre 600 y 700, rebaten esa imagen idílica de la Transición.

De sobra son conocidos acontecimientos como la matanza de Atocha, cuando el 24 de enero de 1977 un comando ultraderechista asesinó en Madrid a cinco abogados laboralistas, o los cientos de crímenes de ETA. Sin embargo, hubo muchas más víctimas. “¿Quién se acuerda hoy, con la excepción de quienes las vivieron en propia carne, de las incursiones, extremadamente violentas, e incluso letales, de los grupos de extrema derecha? ¿De las manifestaciones que degeneraron en disturbios? ¿De los asesinatos de refugiados vascos que perpetró el Batallón Vasco Español? ¿De los guardias civiles que mataron los GRAPO? ¿De los civiles segados por los disparos de la policía?”, se pregunta la investigadora Sophie Baby en el recién publicado El mito de la transición pacífica: violencia y política en España 1975-1982 (Akal, 2018).

Sin la existencia de un registro oficial de víctimas, el primer problema para determinar el número de muertos como consecuencia de la violencia política durante la Transición es, precisamente, el tiempo durante el cual se extendió este periodo. Aunque existe un cierto consenso en situar su comienzo en la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, no existe un acuerdo que especifique cuándo concluyó: algunos historiadores consideran que fue un periodo corto que se extendió hasta las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 o la aprobación de la Constitución (el 6 de diciembre de 1978), mientras que otros lo prolongan hasta el intento de golpe de Estado (el 23 de febrero de 1981) o incluso la primera victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en 1982.

El escritor y periodista Mariano Sánchez Soler calcula en una investigación publicada en el libro La Transición sangrienta (Península, 2010), que entre 1975 y 1983 “la violencia política” se cobró la vida de 591 personas. De ellas, ETA y el terrorismo de izquierdas fueron los responsables de 344 muertes (58,2%) y el GRAPO de 51 (8,6%). Además, según Sánchez Soler, otras 51 murieron en enfrentamientos policiales, 49 fueron asesinadas a manos de grupos de extrema derecha y 54 perdieron la vida a causa de la represión policial.

Sophie Baby, en El mito de la transición pacífica, eleva el número de víctimas mortales a 714, ocurridas entre las “más de 3.000 acciones violentas” que se produjeron en un periodo comprendido entre 1975 y 1982. De ellas, lo que la investigadora denomina “violencia contestataria”, es decir, los actores “que protestaban” fueron responsables de 536 muertes, mientras que la “violencia del Estado” causó la muerte de 178 personas. Dentro de la “violencia contestataria” figuran ETA, con 376 muertos, Terra Lliure (1), GRAPO (66), y la extrema derecha (67), de acuerdo con la investigación de Baby.

“La violencia política ocurrida a lo largo de la Transición constituye un fenómeno generalizado. Estas cifras, que no representan más que un volumen mínimo, aquel del que tenemos constancia fehaciente, son lo suficientemente abultadas para afirmarlo”, estima Baby. Según la investigadora, es preciso desterrar la idea preconcebida de que “la violencia terrorista vasca monopoliza la cuestión de la violencia durante la Transición”. Aunque fue el grupo más mortífero, es preciso tener también en cuenta “la violencia antiterrorista perpetrada por la extrema derecha y la violencia imputable a las fuerzas del orden”, considera.

¿Fue por tanto la Transición, como afirma Pablo Casado, un periodo en el que “no hubo ni ocultación, ni sometimiento, ni miedo”? Según Sophie Baby, “la violencia estatal es la que más se oculta” y, en el caso de la Transición, “una vez consolidado el marco democrático, no pareció ya pertinente centrarse en unos gestos que venían a poner en peligro los esfuerzos realizados en pro de la legitimación del nuevo régimen”. De este modo, “la violencia estatal se convirtió en un espacio de silencio”. En cuanto al sometimiento, solo en 1977 hubo cargas policiales en 788 manifestaciones en España, de acuerdo con los cálculos de Mariano Sánchez Soler. Medir el miedo no es posible. Pero la muerte de entre 600 y 700 personas como consecuencia de la violencia política, según los estudios de Sánchez y Baby, descarta la existencia de una sociedad libre de temores.

https://elpais.com/elpais/2018/09/08/hechos/1536407739_283790.html

 


El gasto por estudiante en España es un 14% menor que la media de la Unión Europea

12/09/2018

2015032212401680097

En 2015, el gasto total por alumno en instituciones educativas españolas fue de alrededor de 7.300 euros (8.432 dólares), una cuantía inferior al promedio de los países de la OCDE y al de la UE22, en un 14% y 12%, respectivamente.

Estos son algunos de los datos que recoge el informe anual ‘Panorama de la Educación 2018: Indicadores de la OCDE’ elaborado por esta organización con datos de 2015 a 2017 dados a conocer este martes por el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

El menor gasto en educación por alumno en España queda reflejado en el porcentaje del presupuesto público dedicado a la educación, un 8,4%, por debajo de la media de la OCDE (11,1%) y de la UE22 (9,5%).

La necesidad de que la educación en España gane en equidad y en recursos también se pone de manifiesto en la Formación Profesional, un área que el Gobierno quiere impulsar tal y como transmitió a los agentes sociales en una reunión celebrada este lunes en La Moncloa.

En un comunicado, el Ministerio que dirige Isabel Celaá, hace hincapié en que España se sitúa entre los 35 países de la OCDE con menor proporción de alumnos entre 16 y 18 años que eligen la Formación Profesional, un 35% frente a un 44% de la OCDE y un 48% de la UE22.

En los primeros puestos de la lista, se colocan Finlandia, Países Bajos, Italia y Reino Unido. Alemania lidera el ranking de la Formación Profesional Dual (modalidad que combina la formación teórica práctica recibida en un centro educativo con la actividad práctica en un centro de trabajo) con el 31% de alumnos matriculados en 2016, frente al 1% de España.

De entre los jóvenes españoles de 15 a 29 años, el 51,2% está estudiando, el 28,9% no estudia pero trabaja, y el 19,9% ni estudia ni trabaja, según datos de 2017.

En comparación con el promedio de los países de la OCDE, el porcentaje en España es superior en el caso de los jóvenes que están estudiando (OCDE 47,4%), inferior en aquellos que no estudian y están ocupados (OCDE 39,1%) y mayor en el caso de los jóvenes que ni estudian ni trabajan (OCDE 13,4%).

Un dato positivo para España es respecto a las tasas de escolarización, de las más elevadas, principalmente en educación infantil. En 2015, la escolarización en España era ya prácticamente total a los 3 años ya que alcanzó el 96%, mientras que la media de los países de la OCDE se situó en el 76%, y la de la UE22, en el 82%.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/presupuesto-educacion-espana-ue/20180911164950155564.html


¿Decreto dignidad? Fascismo en Italia (y aquí) artículo de Jovi Langa y Manel Marco.

11/09/2018

 

Captura-de-pantalla-2018-09-07-a-las-10.35.32

Illueca, Monereo y Anguita nos vuelven a iluminar con un artículo en cuartopoder.es en el que se preguntan retóricamente “¿fascismo en Italia?” y que inmediatamente responden con un rotundo “Decreto Dignidad”. Estamos ante una defensa del gobierno italiano formado por la derechista Liga Norte y el “apolítico” Movimiento 5 Estrellas, ante la acusación de “fascismo” como consecuencia de su comportamiento insolidario y xenófobo impidiendo la entrada de barcos cargados de emigrantes/refugiados.

Resulta curioso que los tres ilustres (jubilado, diputado e inspector de trabajo) no desmientan la acusación de fascismo mediante argumentos sobre el tema en cuestión. No dan ni una explicación de lo que ocurre en las costas italianas, ni buscan la causa de que miles de seres humanos circulen por el Mediterráneo con una mano delante y otra detrás, muriendo ahogados en muchos casos o sobreviviendo para acabar en la prostitución. Nada. No buscan el origen de la acusación sino justificar lo equivocado del adjetivo fascista para quienes a pesar de su execrable comportamiento fronterizo se dedican a “dignificar” la vida de la clase obrera con sus decretos. Estos tres elementos nos dicen: ¡mirad! aquel gobierno al que acusáis de fascista por cerrar las fronteras (eso no lo discuten) tiene un comportamiento digno, o más bien dignificante, pues legisla a favor de las clases populares. Concretamente defienden la labor del “joven” ministro Luigi di Maio como ministro de trabajo. Otra vez la juventud como justificación de lo moderno, de lo dinámico, como en los viejos tiempos. “Hasta los sindicatos han manifestado su oposición al Decreto” sostienen aquellos que nunca han perdido la ocasión de oponerse con sus argumentos a la organización de la clase obrera. Es decir, la labor de su “joven” ministro defiende los intereses de los trabajadores más allá de donde las propias organizaciones obreras están dispuestas a defenderlos. Con este intento de desmentir la tendencia fascista del gobierno italiano, el “trío cívico” da con una de las principales características del movimiento nacido en los años veinte del siglo pasado: el fascismo y su movimiento nacional que, al margen del movimento obrero, contrapone las necesidades y aspiraciones de la clase obrera nacional con las de la extranjera. Podríamos actualizarnos y sostener que este planteamiento tiene que ver con el “American First” de Trump. Esto sería equivalente a decir que aunque el tratamiento del fenómeno migratorio sea execrable, el gobierno de “la nueva política” defiende los intereses de los trabajadores como ningún gobierno, es más, mejor que las propias organizaciones de trabajadores.

Vayamos a los contenidos del “Decreto de la Dignidad” que escoge el “Trío Cívico” para combatir la acusación de fascismo sobre el gobierno italiano. En primer lugar nos hablan de una medida que obliga a las grandes empresas subvencionadas por el estado a devolver las subvenciones si optan por deslocalizar la producción. La medida nos puede parecer justa, pues si el estado subvenciona a una empresa es para que desarrolle las fuerzas productivas en su territorio y no para que aproveche esos fondos para irse a otro lugar. Se nos presenta como una medida que se enfrenta a los intereses de las grandes corporaciones pero realmente solo les resta libertad de movimiento. Sería un error confundir esto con los intereses de las clase obrera puesto que el cumplimiento de la medida persigue que las grandes empresas sigan explotando mano de obra (italiana, eso sí, la extranjera se supone que no ha desembarcado), y además recibiendo subvenciones estatales (si no deslocalizan la actividad). La medida introduce seriedad a la concesión de subvenciones a la actividad productiva privada pero no defiende los intereses de las clase obrera pues no supone ni la mejora salarial, ni la reducción de explotación, ni plantea la socialización de los medios de producción ni nada por el estilo. Pero insistimos, que los autores sientan simpatía por la medida no le resta un ápice de fascista a la misma puesto que el fascismo en lo económico fue un régimen exageradamente proteccionista. Estamos ante una medida que no se enfrenta al sistema capitalista sino que enfrenta dos visiones del mismo sistema, proteccionismo frente a librecambismo. Nada de defender nuestros intereses.

Otro de los contenidos “dignificantes” para el trío cívico que contiene el decreto es la prohibición de publicidad de las casas de apuestas. Se sugiere que el gobierno italiano va a impedir así que los obreros italianos pobres gasten su exiguo salario en el sucio juego en lugar de mantener y dar un futuro a sus hijos. Para los autores el juego es la “lacra social que golpea las familias italianas”, y por tanto la medida supone una “defensa de las clases populares frente a grupos de presión que controlan medios de comunicación, etc”. Esperemos que no sigan los adjetivos hasta llegar a decir que quienes criticamos la medida somos partidarios de la ludopatía. Si no llegamos a tal exageración goebbeliana podremos observar que la medida se limita a poner cortapisas a la publicidad, no al juego. Podemos observar que se ha reducido el tabaquismo desde que se prohibió su publicidad, aunque no se abordó la raíz del problema y millones de personas siguen fumando. No ocurrió lo mismo cuando se prohibió la publicidad de prostitución en los periódicos, pues ésta llenó aún más rotondas, polígonos y caminos cuando la crisis de 2008 trajo la miseria a los hogares de las clases populares. Por tanto, negar la realidad, esconderla, no resuelve problemas que tienen una raíz más profunda y que requieren de un enfrentamiento con el sistema. Las clases populares italianas podrán seguir jugando aunque las ganas de jugar no les entren mientras ven el partido de fútbol o la carrera de motociclismo. Eso sí, quienes se jueguen el pan de sus hijos podrán ser considerados tranquilamente como irresponsables por el Trío Cívico, porque un decreto prohíbe la publicidad y evita que se expongan al vicio. Les ha faltado decir que el juego es para los ricos, o que solo los pobres son irresponsables y por eso necesitan un “joven” ministro que sea responsable por ellos. Pero más allá del juicio moral que nos inspiren los obreros jugadores no se aborda la raíz del problema: el empeoramiento de las condiciones de vida provocado por la explotación y las falsas expectativas que genera el juego entre quienes tienen un exiguo acceso al reparto de la riqueza que producen. Independientemente de si el resto de gobiernos europeos se preocupen o se planteen el problema o no, esta medida tampoco sirve frente a la acusación de fascista. Otra de las características del fascismo clásico era negar u ocultar la existencia de los problemas sociales, el establecimiento de una doble moral.

Para terminar decir que aunque no dejen pasar barcos de migrantes/refugiados, por mucho que prohiban la publicidad del juego o tomen medidas proteccionistas, Italia va a seguir teniendo población inmigrante que vende su fuerza de trabajo en las condiciones más miserables, continuarán los problemas de ludopatía y seguirán explotando a trabajadores/as, sean de donde sean.

Al final lo que el “trío cívico” intenta es seguir confundiendo a la clase obrera. Impedir que los que trabajamos para vivir seamos capaces de identificar el fascismo. O lo que es más grave, darnos a entender que la violación de derechos humanos consumada en las costas italianas es justificable a cambio de “dignidades” distintas (que además están vacías). El “trío cívico”, o el Movimiento 5 Estrellas, Podemos o Syriza, que se reclaman espacios sin ideología, – y que sí la tienen como también la tenían los fascistas clásicos-, han conseguido confundir a la clase obrera y convertirse en intérpretes electorales de la voluntad popular, sin contar con la clase obrera ni con sus organizaciones políticas y sindicales. No debemos confluir con esto. Los trabajadores y las trabajadoras no podemos confundir al fascismo ante el cuál solo nos queda sacar las garras.

https://larepublica.es/2018/09/07/decreto-dignidad-fascismo-italia-aqui/


EN MEMORIA DEL HISTORIADOR JOSEP FONTANA. ARTICULO APARECIDO EN EL DIARIO CTXT.ES

29/08/2018

Prólogo al ‘Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, 1936-1978’, de Pedro L. Angosto
JOSEP FONTANA.
images-cms-image-000011630

La forma en que se produjo en España el pacto de la “transición” contribuyó a que se hiciera el silencio sobre la historia del franquismo, puesto que no se podían airear las responsabilidades de los mismos con quienes se pactaba, ni depurar las culpas de miembros de la jerarquía militar o judicial que seguían desempeñando sus cargos.

Y aunque ha habido en las últimas décadas un volumen considerable de investigación que ha permitido conocer a fondo la realidad de los crímenes y desmanes de la dictadura, se sigue manteniendo desde los organismos públicos y desde los medios de comunicación una especie de neutralidad que ha favorecido la aparición de un revisionismo histórico que pretende demostrar que la guerra civil no fue más que un enfrentamiento entre dos bandos igualmente culpables.

La confusión creada por esa indefinición explica escándalos intelectuales como el del Diccionario Biográfico Español, publicado por la Real Academia de la Historia entre 2009 y 2013, o la confusión que ha hecho posible que se difundiera recientemente por los medios la desgraciada ocurrencia de Daron Acemoglu de comparar la transición española con la “primavera árabe”.

Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros.

Pero así deben pensar quienes alientan esta ola de revisionismo, apoyada por autoridades tan dudosas como la de Stanley Payne, dispuesto siempres a apadrinar cualquier engendro contra la República y en defensa del franquismo.

Conocí a Payne en los años sesenta, en una ocasión que pasó por Barcelona y se reunió con un grupo de jóvenes historiadores. Era por entonces un autor de moda. Había publicado en 1962 Falange. A history of Spanish fascism, que Ruedo Ibérico tradujo en París tres años más tarde. Nos estuvo describiendo a los falangistas de los años de la Segunda república como un grupo de jóvenes intelectuales amantes de la poesía. Se me ocurrió preguntarle cuál era en aquellos años la fuente de ingresos de que vivía José Antonio y me contestó: “Eso no lo sé”. Me pareció poco serio que montase todo un tinglado interpretativo prescindiendo de asentarlo sobre la realidad y perdí desde aquel momento la confianza en la calidad de su investigación.

Pero es que la calidad de la investigación no cuenta en las valoraciones del revisionismo. Podemos verlo en la forma en que reaccionan contra quienes les contradicen. Uno de los objetos de su furor es, por ejemplo, Ángel Viñas, un investigador que tiene una obra posiblemente tan copiosa como la de Payne, pero que se distingue netamente de la de éste por la ingente cantidad de nueva documentación que ha sacado a la luz y ha publicado.

En un reciente alegato contra Viñas, Carlos González Cuevas, cuya interpretación del régimen franquista se expresa en afirmaciones como “Franco era, como aparecía en las monedas de la época, ‘Caudillo por la Gracia de Dios’; lo que suponía unos límites claros a su capacidad de decisión” o “el pluralismo inherente al régimen político nacido de la guerra civil”, se dedica sistemáticamente a la tarea de denostar las obras de Viñas, sin argumentos sólidos para fundamentar la crítica. Un ejemplo de ello lo tenemos en la condena de que haya publicado las memorias de Francisco Serrat Bonastre, “con el solo objetivo de fundamentar sus prejuicios antifranquistas”. Pero Serrat era un embajador al servicio de la República, que abandonó su puesto en Varsovia para unirse al régimen franquista, que le nombró Secretario de Relaciones Exteriores. Si tenemos en cuenta, además, que sus memorias no estaban destinadas a la publicidad, sino que permanecían en manos de la familia, para descalificarlas, y para criticar a Ángel Viñas por haberlas publicado, se necesita cuando menos aportar evidencias que lo justifiquen.

Lo que realmente necesitamos es más documentación y más conocimiento. De ahí que me parezca oportuno celebrar la publicación de este diccionario bibliográfico del franquismo que Pedro L. Angosto ha realizado con un notable esfuerzo de documentación. Si los grandes nombres cuentan con una bibliografía más o menos accesible, es difícil encontrar información de otros muchos cuya trayectoria vital se recoge en estas páginas. Será, en suma, una nueva herramienta que nos ayude a conocer mejor la historia de una época.

http://ctxt.es/es/20180516/Politica/19628/memoria-franquismo-josep-fontana-stanley-payne-dictadura-transicion.htm


Separar feminismo y clase lleva a Ana Botín a creerse “feminista”

22/08/2018

Cuando antes de verano Pepa Bueno me preguntó en su programa de la Cadena Ser si era feminista, de forma instintiva respondí que sí. Y la verdad no lo dudé. Curiosamente, mi respuesta ha causado sorpresa, apoyo, algunas críticas y ¡mucho y bienvenido debate!

De hecho, como le dije a Pepa en aquella entrevista, si me hubiera hecho la misma pregunta hace 10 años, probablemente habría contestado que no. Pero al contrario de lo que se ha especulado, en este tiempo no he pasado por ningún proceso de conversión.

Llevo muchos años como ejecutiva. Años en los que he visto suficiente como para saber que, en general, las mujeres no reciben un trato justo. Con frecuencia he escuchado al feminismo equipararse con el establecimiento de cuotas, algo que instintivamente a mí no me parecía la respuesta adecuada.

Porque puede ser injusto tanto para los hombres como para las mujeres. En parte sigo pensando lo mismo. No se trata de culpabilizar a los hombres. Ni tampoco se trata de dar ventaja a un género sobre el otro.

Es evidente que mujeres y hombres no somos exactamente iguales, ni física ni psicológicamente —aunque nos parecemos más de lo que algunos creen—. Lo más significativo es que las mujeres estamos expuestas a experiencias y expectativas muy diferentes a lo largo de nuestra vida. Aún así, considero que tenemos las capacidades intrínsecas para avanzar por méritos propios. En mi caso, opté por hablar claro y trabajar más que mis jefes, algo que aprendí durante mis años en un Banco Americano, la mayoría del tiempo en Nueva York.   

Esa defensa de una misma, sin embargo, no tiene por qué ser solo una defensa personal. En el fondo, tal y como apuntaba la poeta Maya Angelou, “cada vez que una mujer se defiende a sí misma, sin saberlo, sin pretenderlo, defiende a todas las mujeres”.

Sheryl Sandberg ha liderado recientemente este feminismo en su libro “Lean In” (“Vayamos adelante”, en su traducción al español). A menudo, dice Sandberg, cuando las mujeres no defendemos nuestras capacidades, dejamos de competir por llegar a posiciones de influencia y no logramos ascender. El feminismo de Sandberg defiende que las mujeres podemos ascender profesionalmente si trabajamos más, si hablamos claro y a la vez presionamos para conseguir condiciones de trabajo más flexibles, que nos permitan compaginar nuestra profesión y nuestra vida personal.

Es un feminismo autosuficiente, en el que te puedes valer por ti misma. No requiere una organización colectiva y, mucho menos, necesita la etiqueta pública de “feminista”. Por esa misma razón no es estrictamente político y, quizá por eso, es algo que a muchas profesionales como yo nos resulta atractivo de forma natural.

 Sin embargo, al reflexionar ahora sobre ello, mi conclusión es que mis ideas sobre la igualdad de género, también las de hace diez años, no son una variante de ese feminismo autosuficiente de Sandberg. Ya sabía entonces que, aunque las mujeres sí necesitamos aprender a defendernos mejor, y ser más asertivas, estos esfuerzos individuales no serían suficientes para lograr el cambio que necesitamos.

Ya entonces pensaba que, además de esa fortaleza individual, también necesitábamos cambios estructurales en la organización del trabajo, si aspiramos a un entorno laboral más justo.

He constatado esa necesidad de asertividad personal y de cambio estructural en todas las empresas en las que he trabajado. Hace más de diez años, en abril de 2008, cuando era presidenta de Banesto, pronuncié un discurso en la Escuela de Negocios de Deusto, en Bilbao, en una sala con gran mayoría de hombres. Ese discurso describe mi filosofía sobre un entorno laboral más igualitario.

Hablaba de la importancia de que las mujeres actuáramos con más confianza en nosotras mismas; y de que teníamos también que cambiar la cultura laboral —y en consecuencia la sociedad— si queríamos ver avances en materia de igualdad. Y lo que es más importante, desde entonces estas ideas se han reflejado en las políticas de igualdad que impulsamos primero en Banesto, después en Santander en el Reino Unido y más recientemente en el conjunto del Banco Santander.

En aquel discurso ponía énfasis en los beneficios de la diversidad en la empresa. Con datos de distintos estudios explicaba que tener una proporción más alta de mujeres en puestos directivos, además de ser justo, es bueno para el negocio.

Además de talento, las mujeres aportan al negocio competencias complementarias a las de los hombres: mejor comunicación interpersonal, cooperación, pensamiento horizontal y capacidad de escuchar de verdad. También mayor empatía y capacidad de priorizar. Ya en 2008 existían estudios que mostraban que, en los grupos de trabajo con una sana mezcla de mujeres y hombres, había mejor comunicación, estaban más abiertos a nuevas ideas y la confianza entre los miembros del grupo era mayor. Y el resultado era más eficiencia, mejor rendimiento. Todos ganamos.

Una parte del aumento de representación femenina, especialmente en posiciones de liderazgo, llegará por mujeres que sean autosuficientes (“Lean in”) y se valgan por ellas mismas. Pero, si de verdad valoramos la capacidad de escuchar y de colaborar en nuestros equipos, la opción no es siempre animarles a “usar los codos”. La respuesta es más bien asegurar que tanto las personas que son mejores en hablar claro como aquellas que saben escuchar de verdad, ya sean hombres o mujeres, puedan contribuir.

Con los años estoy más convencida de que no son suficientes los cambios de actitud de las mujeres, se necesitan medidas proactivas. Por ejemplo, un estudio de McKinsey de hace unos años demuestra que, cuando se abre una nueva posición en la empresa, muchos hombres que se postulan cumplen solo con el 50-60% de los requisitos del puesto. Las mujeres, sin embargo, se presentan cualificadas en un 100 o 120% en la mayoría de los casos. Es decir, incluso cuando están muy cualificadas las mujeres se muestran más inseguras y son menos insistentes que los hombres. Cuando se busca talento, por tanto, es importante contar con un sistema capaz de identificar a estas mujeres, ofreciendo formación para mejorar su asertividad y valorando estas diferencias entre hombres y mujeres.

Todavía hoy, un punto clave en el tema de igualdad de oportunidades es el trabajo doméstico, a menudo el segundo turno para la mujer. De nuevo, en mi discurso de Deusto utilicé como ejemplo los datos de la Encuesta Nacional de Salud de España de 2006, que mostraban que las mujeres dedicaban un número de horas a la semana muy superior al de los hombres, tanto en el trabajo doméstico como en el cuidado de los niños (13 y 25 horas más, respectivamente). Ésta sigue siendo una de las principales diferencias entre los dos géneros en Europa en la actualidad.

Para que cada vez más hombres puedan compartir esa responsabilidad doméstica, necesitamos políticas públicas que permitan mayor flexibilidad en el entorno laboral, dije entonces. Es muy difícil para las mujeres negociar estos acuerdos de forma individual. El impulso para lograr la igualdad es también un impulso para conseguir un mayor equilibrio entre la vida laboral y personal para todos, hombres y mujeres.

Para ello, decía, debemos medir los resultados de los equipos basándonos en datos y no en las horas que pasan en la oficina. El teletrabajo ha de ser una opción. Y los directivos tienen que ser capaces de priorizar, organizar, delegar y descartar malos hábitos —como largas comidas o reuniones de última hora convocadas al final del día—. Todo esto forma parte de una cultura que no favorece a las mujeres. Y estos cambios son más fáciles de abordar de forma estructural que de forma individual.

Hoy sigo creyendo en los cambios que implementamos. Estoy orgullosa de los avances que conseguimos hace 10 años en Banesto para mejorar las cosas. Y estoy orgullosa de los avances y actuaciones en marcha de los últimos años en el Grupo Santander.

Estos avances, lejos de ser una amenaza para los hombres, son una oportunidad de sumar talento laboral y desarrollo social. Todos ganamos.

Así que, si mi feminismo de hace tiempo iba más allá de la autosuficiencia de Sandberg, ¿qué ha cambiado para que entonces no me considerara públicamente feminista y ahora sí?

La tecnología digital tiene mucho que ver. Las redes sociales, en concreto, han modificado completamente el debate sobre la mujer. El movimiento viral #Metoo en respuesta a las acusaciones sobre Harvey Weinstein es el último y espectacular ejemplo del poder de las redes sociales para enfocar el debate y promover el cambio.

La socióloga Zeynep Tufekci, especialista en el impacto social de la tecnología, nos ayuda a entender el papel de las redes sociales como catalizador del cambio. En un artículo en el Financial Times, habla del poder del activismo público.

Los hashtags, dice, se parecen bastante a las manifestaciones. Sirven para hacerle saber a la gente que no está sola. Es decir, tú y yo no solo sabemos lo mismo. Ahora sabemos que otros también lo saben. Y esto es algo que cambia el cálculo de riesgo cuando haces una manifestación pública.

Hasta ahora, quienes cometían abusos sexuales se protegían por el aislamiento que generaban en sus víctimas y la cultura del sentimiento de vergüenza de la sexualidad y del cuerpo femenino.

No en vano, para prevalecer, los gobiernos autoritarios utilizan la represión, pero también el aislamiento. Esto, según Tufekci, “conduce a una espiral de silencio, ya que muchos dan por hecho que sus sentimientos de oposición y rebelión son una excepción y que sus silenciosos vecinos son defensores del régimen”.

Pero en 2017, dice Tufekci, estas dos formas de control, la represión y el aislamiento, se han vuelto más difíciles de mantener. “Se han abierto las compuertas de la conexión, online y offline, haciendo más difícil el control de la gente a través del aislamiento y el miedo”.

Los impactantes relatos de abusos sexuales que se han compartido en las redes sociales me han hecho ver que el aislamiento de la mujer es una de las razones que ha permitido el acoso. Y que hay mucho más por hacer de lo que creía. ¿Es éste el mundo que queremos? Me di cuenta de la cantidad de mujeres afectadas que habían guardado silencio por algo que, equivocadamente, consideramos excepcional: la amenaza de la violencia. Pero, al abrirse esas “compuertas de conexión”, creando un espacio para exponer el abuso y demostrando el enorme poder que tiene decir las cosas públicamente, quise ser parte de esa conexión.

Curiosamente, Sheryl Sandberg también ha defendido acabar con esa espiral de silencio. Después de las revelaciones sobre Weinstein comentó: “No se trata solo de él. Ni de los otros hombres que también lo hacen… Se trata de todas las personas a su alrededor que lo saben y que no hacen nada”. Así que sí, son admirables las mujeres autosuficientes, son significativos los cambios que algunos hemos puesto en marcha en nuestro entorno, pero es necesario hacer aún más para cambiar los cimientos de la sociedad; y hacerlo de forma colectiva.

Hoy soy consciente de que decir las cosas públicamente, de forma solidaria con otras mujeres, tiene el poder de cambiar. Soy consciente de estar en una posición privilegiada para hacerlo. Así que, cuando hablo, no lo hago solo por mí misma. Lo hago, junto con la gran mayoría de los hombres que nos apoyan, por todas las mujeres. Por eso mi feminismo es ahora público. Y quizá el tuyo también debería serlo.

http://insurgente.org/separar-feminismo-y-clase-lleva-a-ana-botin-a-creerse-feminista/


Pranan Technologies contraataca: Científicos al servicio de la pseudociencia

23/05/2018

maxresdefault

Hace ya un tiempo (en este post) hablé de Pranan Technologies, una empresa navarra que se dedica a vender unos cacharros que supuestamente protegen contra radiaciones electromagnéticas, como las emitidas por los móviles. Lo que más me llamó la atención en su momento fue la increíble verborrea pseudocientífica que utilizan para explicar el funcionamiento de su productos y que realmente no significa nada. No es que no se entienda, es que la mayoría no son más que un montón de incongruencias sin sentido, montadas alrededor de una supuesta tecnología cuántica. En serio, recomiendo leer aquel post, porque nunca he visto nada parecido.

Parece que los señores de Pranan vuelven al ataque y hace unas semanas organizaron una serie de ponencias con varios científicos, con el objetivo de demostrar que sus productos tienen ciencia detrás.

Estas ponencias están disponibles en Youtube y en su web y pretender reforzar las evidencias que ofrecen – también en su web – mediante estudios. Recomiendo ver los vídeos para poder presenciar un espectáculo que, como amante de la ciencia, me ha generado un considerable bochorno.

Y como en aquel antiguo post hablé de uno de los estudios (accesible en este enlace), realizado por la doctora Germaine Escames, en el que se afirmaba con mucha seguridad la eficacia de estos productos, voy a centrarme en su ponencia (puede verse en estos vídeos 5, 6 y 7).

Durante los tres cuartos de hora que dura su charla, la fisióloga dedica gran parte de la misma a explicar complejos procesos bioquímicos relacionados con el estrés oxidativo y otros temas, de los que sin duda es una gran experta. Tengo que reconocer que soy incapaz de valorar estos contenidos por su enorme y especializado contenido técnico y doy por supuesto que son correctos y precisos. Pero sí me voy a permitir hablar del estudio epidemiológico que presenta al final y que dirigió ella misma, en el que (supuestamente) se demuestra la eficacia de los dispositivos de Pranan.

Este estudio se basa en hacer llevar a 20 personas diferentes los dichosos dispositivos durante 30 días y medir diferentes indicadores, principalmente relacionados con el estrés oxidativo, antes y tras 30 días de su uso. Al final, como bastantes resultados indican un menor estrés oxidativo, Escames deduce con mucha seguridad (en el estudio utiliza el término fehacientemente) que los dispositivos son eficaces y durante la charla repite una y otra vez que, sin duda, todas las variaciones identificadas en los indicadores son a causa de los dispositivos.

¿Es eso cierto? Analicemos el estudio en cuestión y la información que contiene.

Para empezar, el estudio parte de varias premisas que son falacias. La primera es que las radiaciones electromagnéticas de la naturaleza comentada (móviles y similares) son dañinas para la salud. Sin embargo no hay ningún estudio que demuestre eso, como explica muy bien Luis Alfonso Gámez en su blog Magonia, por lo que yo no me voy a parar en detallarlo. En este sentido, la gente de Pranan también llevo a la sesión (estos son los vídeos 1, 2, 3 y 4) al fisiólogo Darío Acuña Castroviejo (habitual en la web de pseudomedicina Discovery Salud), polémico defensor de que estas ondas afectan a la salud. Durante su ponencia, a pesar de hablar durante una hora y plantear una gran cantidad de hipótesis, estudios dudosos, predicciones catastrofistas y teorías, no aportó ni una sola prueba sólida de ello. Y mezcló continuamente correlación con causalidad, adornando su discurso con perlas como esta: “Cada vez vemos con más claridad, aunque no demostrado científicamente, la incidencia de enfermedades neurodegenerativas y exposición a campos electromagnéticos” (vídeo 2, minuto 9).

La segunda premisa trampa es que se da por hecho que los dispositivos de Pranan absorben radiaciones electromagnéticas. Un bloqueador de campos electromagnéticos es algo muy complejo y costoso y, con seguridad, no tiene nada que ver con los cacharritos que vende Pranan. Cacharritos cuyo mecanismo de funcionamiento, según explican en su web, no es más que un montón de palabrería sin significado alguno.  Este es un ejemplo: ” El dispositivo contiene una tecnología que interactúa con fuentes de radiación no ionizantes sin modificarla, induciendo de forma secundaria la reemisión de ondas electromagnéticas super débiles, que transforman la influencia de las radiaciones no ionizantes neutralizando los efectos nocivos que producen, facilitando el retorno de las células a su posición de equilibrio energético“. Hasta que no me demuestren con un estudio objetivo que son capaces de bloquear las radiaciones (independientemente de que haya personas o no), no puedo creerme nada.

Y ahora, veamos en concreto cuáles son los principales defectos del estudio de Escames, basándonos en la documentación y en la propia charla.

  1. Se realizó sobre solo 20 sujetos. Escames no explica cómo se realizó esa selección, ni sus criterios, sólo dice que eran sanos y personal de hospital.
  2. El estudio no tenía grupo de control, es decir, que no se compararon los resultados con un grupo de sujetos que no tuviera los dispositivos o, mejor todavía,  tuviera dispositivos “falsos”.
  3. No se hizo de forma que se evitara un posible efecto placebo (se hubiese logrado mediante un grupo de control con dispositivos falsos, sin que ellos lo supieran).
  4. Tampoco se previno el posible sesgo del experimentador, haciéndolo con “doble ciego” (sin que el experimentador supiera quién tenía los verdaderos o los falsos dispositivos).

En definitiva, desde el punto de vista de la epidemiología y el rigor científico, este estudio no sirve para demostrar nada. Al no haber grupo de control, los cambios de los indicadores podrían estar debidos a cualquier otra razón: Que el primer análisis se hiciera un viernes y el segundo un lunes, o que el primero hiciera sol y el segundo lloviese, que los equipos estuvieran descalibrados, que los sujetos cambiaran sus comportamientos al saberse observados (por ejemplo, hablando menos por teléfono, durmiendo más, comiendo mejor, estando más o menos estresados…), que la mano del analista estuviera poco fina… Por cierto, me hubiese gustado ver todos los datos, no solo los gráficos medios finales, para ver la dispersión. Es algo muy importante cuando hay tan pocos sujetos.

No sé si el diseño del estudio fue de Escames o de la gente de Pranan, pero tengo que decir que no pasaría ni el primer filtro de cualquier publicación científica. Espero sinceramente que no fuera de la doctora.

Por otro lado, en esa jornada tan pseudocientífica también estuvo un tercer científico, el psiquiatra Tomás Ortiz Alonso, explicando otro estudio del que es autor, también disponible en la web en este enlace. En el mismo se supone que se demuestra que los dispositivos bloquean de forma efectiva la influencia negativa de los teléfonos móviles en la actividad cerebral. Un estudio con lenguaje inaccesible, técnico y muy complejo, que parece muy científico, excepto por un pequeño detalle: Que tiene los mismas carencias de rigor en su sistemática que el de Escames: Solo 20 sujetos, sin grupo de control, sin análisis del efecto placebo, sin control del sesgo…

Hay que reconocer que desde Pranan se ha desarrollado una potente labor de marketing, rebuscando entre los pocos científicos españoles que probablemente estén dispuestos a seguirles el rollo. Y me pregunto si todo esto será consecuencia de una profunda ignorancia o se trata de una estrategia detalladamente planificada. Ambas opciones me parecen terribles.

http://elcentinel.blogspot.com.es/2012/10/pranan-technologies-contraataca.html