EL COMUNERO DESCONOCIDO, JUAN DE ZAPATA

22/04/2019

BatallaDeVillalar

Juan de Zapata fue un capitán comunero durante la revuelta de las Comunidades de Castilla, nació en Madrid y fue regidor de esta villa.

Al producirse el estallido de la revuelta de las Comunidades de Castilla, en verano de 1520 se unió, acaudillando a unos 500 comuneros madrileños (400 infantes y 50 jinetes), al capitán Juan de Padilla procedente de Toledo, con el fin de auxiliar a los comuneros segovianos que en ese momento estaban siendo asediados por las tropas realistas, al mando del alcalde Ronquillo, que viéndose superado en número, abandona el sitio al que estaba sometiendo al Alcázar.

Posteriormente, entró en Medina del Campo nada más ser incendiada por los fieles al rey Carlos I y participó junto a los capitanes de Toledo, Juan de Padilla, y de SegoviaJuan Bravo, en la expulsión de Tordesillas del marqués de Denia y en las posteriores conversaciones que mantuvieron los comuneros en esta misma villa con la reina Juana de Castilla con el fin de proclamarla como tal en detrimento de su hijo, pero sin obtener éxito alguno a causa de las reticencias mostradas por la reina madre.

Estuvo presente en la fatídica retirada de las tropas comuneras de Torrelobatón, que se dirigían a Toro buscando una mejor defensa, sin lograr su objetivo, pues las tropas imperiales les dieron alcance en la localidad de Villalar, sufriendo una definitiva derrota el 23 de abril de 1521.

El 28 de octubre de 1522 fue exceptuado del perdón real y, aunque conservó la vida, su residencia y escudo fueron arrasados, como arrasado fue el castillo de madera construido en lo que hoy es la madrileña Puerta del Sol.

Algunos investigadores, como Joseph Pérez, le consideran autor y responsable de la propaganda generada por el movimiento a favor de la insurrección.

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Crónica probable de una manifestación diferente. Domingo Sanz

20/03/2019

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Cuando aún está viva la foto de la Plaza de Colón que tan cara le puede salir a más de uno de los líderes de la derecha que decidieron posar con Abascal, recibimos el impacto de una convocatoria en las antípodas de aquella, transversal por territorial, pero también distinta a las que construyen el mapa de protestas civiles que proliferan en nuestro planeta, porque no es normal que quienes pueblan las manifestaciones políticas en una ciudad residan en otras ubicadas a 600 kilómetros de distancia, o más. Y son reincidentes, pues ya estuvieron en Bruselas

No hay que despreciar el hecho de que la manifestación se haya convocado con todas las urnas a fecha fija, lo que conduce al distanciamiento entre partidos políticos. En circunstancias normales es probable que Podemos hubiera participado por lo de dejar en libertad a los “políticos presos”, una preferencia que, no lo olvidemos, hemos oído en boca de líderes socialistas cuando tampoco se dedicaban a las listas electorales.

Un detalle también relevante procede de los medios de ámbito estatal, con muchos lectores en Madrid, ciudad anfitriona y, por tanto, única beneficiaria del gasto privado que acompañaría a tan inusual cantidad de visitantes extras. Pues bien, mientras a las 9 de la mañana del sábado 16 miles de madrileños hacían planes para ese día, ni InfoLibre, ni El Diario, ni El Mundo, ni ABC, ni OK Diario, ofrecían en sus pantallas la menor noticia titulada con la manifestación, al menos en las diez primeras pantallas que iban apareciendo tras otros tantos clics en el cursor de desplazamiento vertical.

El País fue el único que la eligió en portada, aunque con un titular que no animaba, precisamente, a acercarse al Paseo del Prado ni por curiosidad: “Más de 500 policías velarán por la seguridad en la marcha independentista de Madrid”.

En El Confidencial aparecía al tercer clic del cursor con un título informativo: “El secesionismo llega esta tarde a Madrid con el objetivo de reunir a 50.000 personas”. Zarzalejos se merece, esta vez, el premio a la profesionalidad.

La Razón, también al tercer clic, pero aprovechando para repetir un mantra habitual: “Falsa unidad secesionista en la marcha contra el Estado”.

En Público la noticia solo aparecía al cuarto clic, por lo que no se puede pensar que quisieran capitalizar el protagonismo de Patricia López, la periodista de ese digital que se encargó de presentar a los líderes que hablaron al final de la movida.

En ocasiones, los pequeños detalles redondean el argumento. Me consta que el viernes había madrileños que, aún interesados por la política, no sabían si la manifestación sería por la mañana o por la tarde del sábado.

Hubo más cosas dignas de comentario.

De los 500 autocares que viajaron a Madrid, 390 procedían de Catalunya. Solo sus ocupantes suman más personas de las que informaron los contadores de manifestantes de la Policía Nacional. Según algunos medios, hay fotos, varios autocares fueron detenidos por la Guardia Civil y registrados sus maleteros, quizás en busca de explosivos resbaladizos marca Fairy para consolar a Enric Millo, que se ha quedado sin puesto en las listas digitadas por Casado.

Durante la jornada los medios informaron que “Casado y Rivera cargan contra el silencio de Sánchez ante la manifestación independentista de Madrid”, acusando el del PP a los secesionistas de venir a Madrid a exigir a Sánchez un “pago al contado”, y el de Ciudadanos a Sánchez de estar callado “por miedo a que le quiten las llaves de Moncloa”. Parece que Rivera da por perdidas las elecciones generales, pues esas llaves ya se las entregó el socialista a las urnas. A recuperar el 28 de abril.

Busco con lupa y no consigo encontrar, en La Razón tampoco, la noticia relevante que cuentan desde Catalunya, y es que al señor Bosch le ha parecido muy bien que los independentistas se manifiesten en Madrid, por lo que significa de encuentro entre dos sociedades a las que se quiere enfrentar por una simple frontera. Se trata del presidente de Sociedad Civil Catalana, entidad que convoca manifestaciones españolistas a las que siempre acuden PP, Ciudadanos y PSOE. ¿Dónde hay más división de la que se traduce en ineficacia, señor Marhuenda, entre los secesionistas o en el bloque del 155?

Pero quien se ha llevado el premio de los excesos verbales esta vez ha sido Maroto, del PP, con su ya famoso twit: “Esto está pasando ahora mismo en Madrid. Carmena en Madrid y Sánchez en La Moncloa lo permiten. ¡Con Pablo Casado esto no volverá a suceder NUNCA!”. Atención, que está negando un derecho constitucional en un texto escrito, no en una frase enardecida en un mitin ni en una respuesta nerviosa a la pregunta provocadora de algún periodista que no se llame Montesinos, Claver, u otros parecidos.

También está pidiendo a gritos un pensamiento la frase de la pancarta que una veintena de ultraderechistas paseaban por el recorrido de la manifestación poco antes de que comenzara: “Matar a España tiene un precio”, decía. Y solo cabe pensar que, o ya están dando por muerta a España y el precio habría sido el juicio, o se trata, por fin, de una primera propuesta negociadora. Solo falta que alguien ponga “el precio”, pues los independentistas se sentarían a hablar de inmediato. De hecho, lo correcto es saber primero el coste de cualquier decisión y después poner las urnas para decidir con conocimiento de causa.

Para terminar con las reacciones de unos y otros, adversarios todos de esos turistas demandantes del derecho a decidir, no faltó una nota desde La Moncloa manifestando que “la misma democracia” que protege la libertad de quienes se han manifestado es la que “juzga a quienes se saltan sus normas”. Esta manera de simplificar la política me recuerda aquella película emocionante, “Un mundo perfecto”, de Clint Eastwood, y como va fracasando todo el entramado, hasta el desastre final.

Especularemos en libertad porque, de todas formas, las sorpresas se sucederán sin descanso. Y más teniendo en cuenta que Sánchez acaba de asegurar que con el PSOE jamás habrá independencia de Catalunya, así de importante se debe sentir. Como no ofrezca lo de sacar a Felipe VI de La Zarzuela y montar una República Federal en España, y siempre que el 28 A lo gane por goleada, no creo que pueda poner condiciones que no conduzcan a un fracaso que, como mínimo, le obligará a negarse a sí mismo. De nuevo.

Mientras, los catalanes siguen a lo suyo. Podría ocurrir que la manifestación de Madrid solo haya sido el aperitivo de otra acción igual de pacífica, también masiva pero mucho más organizada y bien blindada por la fiesta de la democracia. Si sale adelante la idea de enviar apoderados desde Catalunya a todos los colegios electorales para defender las papeletas de voto de las listas independentistas en las europeas del 26 de mayo, los resultados podrían sorprender. Puigdemont y el resto de exiliados no paran de moverse por Europa, el parlamento que deberá renovarse con esas elecciones.

https://iniciativadebate.net/2019/03/17/cronica-probable-de-una-manifestacion-diferente/


Te trataré como a una reina

14/03/2019

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Bajo el influjo violeta del día 8 de marzo y tal vez porque ambas somos mujeres, déjeme que le cuente una historia.

“Te trataré como a una reina, le dijo, si te vienes conmigo. Y ella imaginó un castillo en el aire sobre mullidas nubes, lejos del cotidiano barro que pisaban sus pies, que comenzó a ver más dignos de alfombras persas que de esteras de cuerda. Mientras, él, forjaba los barrotes de una cárcel de plata con el techo de cristal, para ella.

Qué engañoso espejismo cegó sus ojos, los de ella, qué engañoso egoísmo cegó sus ojos, los de él.

Y un día, casi sin darse cuenta, sus alas, las de ella, ya no pudieron volar, chocaron contra el cielo de cristal de su castillo de plata. Y un día, casi sin darnos cuenta, sus cadenas, las de él, habían amarrado demasiado fuerte la frágil garganta de su reina”.
¡Porque no queremos ser reinas con palacios, sino personas con derechos!

¡Por una igualdad real!

TERESA SANTOS BERNARDOS


LA CAZA DE BRUJAS

31/01/2019

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El macartismo, es un término que se utiliza en referencia a acusaciones de deslealtad, subversión o traición a la patria, sin el debido respeto a un proceso legal justo donde se respeten los derechos del acusado.

Se origina en un episodio de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre 1950 y 1956 durante el cual el senador Joseph McCarthy (1908-1957) desencadenó un extendido proceso de declaraciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. Los sectores que se opusieron a los métodos irregulares e indiscriminados de McCarthy denunciaron el proceso como una «caza de brujas».

Así se inició lo que sus oponentes denominaron «caza de brujas». Gente de los medios de comunicación, del gobierno y algunos militares fueron acusados por McCarthy de sospechosos de espionaje soviético o de simpatizantes del comunismo. Apoyándose en unas fuerzas de entusiastas anticomunistas, alimentándose de la delación, adquirió un poder considerable. Los métodos eran inconcebibles para una supuesta democracia. Olvidando el principio jurídico de la presunción de inocencia, ante cualquier denuncia el Comité del Senado, presidido por McCarthy, aplicaba la presunción de culpabilidad y era el acusado quien tenía que desmentir y probar su no pertenencia o simpatía por el Partido Comunista. Quienes reconocían su culpa, podían lavarla delatando a sus compañeros. Su actividad destinada a desmantelar eventuales infiltraciones de agentes comunistas en la administración pública se extendió pronto a los laboratorios de investigación y a Hollywood. Los empleados públicos debían hacer frente a un control de lealtad que costó la carrera a varios de ellos.

Algunas voces comenzaron a elevarse contra el macartismo y sus excesos. Por ejemplo, en 1953 se representó la obra Las brujas de Salem de Arthur Miller, un alegato eficaz para estigmatizar la política de su tiempo. Uno de los blancos de la inquisición política fue el mundo del cine porque, entre otras razones, los interrogatorios a directores y actores famosos proporcionaron a los miembros del Comité una extraordinaria publicidad.

Escritores (Bertolt Brecht, que escapó a Europa tras declarar su inocencia) y gente perteneciente al mundo del cine fueron algunos de los más afectados por este fenómeno, que creó las llamadas listas negras, o de escritores y guionistas para los cuales existía una ley no escrita que les impedía publicar nada en cualquier medio de comunicación, so pena de que dicho medio fuera acusado de trabajar a sueldo de los comunistas.

Hubo, sin embargo, una cierta resistencia, que se plasmó en la actividad de numerosas personas, incluyendo relevantes personajes del cine. Convocados a declarar 41 sospechosos, 19 de ellos se negaron a comparecer, entre otros el escritor Alvah Bessie, el guionista Dalton Trumbo y el director Edward Dmytryk. En apoyo de los que fueron motejados de «testigos inamistosos» se movilizó el denominado Comité de la Primera Enmienda, que integró a cerca de 500 profesionales del cine. En esa circunstancia defendieron la libertad figuras famosas, como Humphrey BogartLauren BacallGregory PeckKatharine HepburnKirk DouglasBurt LancasterGene KellyJohn HustonOrson WellesThomas Mann y Frank Sinatra o periodistas como Edward R. Murrow , que afirmaban que lo que en teoría era una actividad para proteger al estado no era sino una sistemática destrucción de los derechos civiles. Entre las protestas, la más significativa fue la de los llamados Diez de Hollywood, los cuales se negaron a declarar sobre sus afiliaciones políticas, siendo citados por el Congreso, instalados automáticamente en la lista negra y condenados a penas de cárcel por «desacato al Congreso».​ Entre los que colaboraron con el Comité y denunciaron a otros cineastas, pronunciando además discursos patrióticos de tono anticomunista, comparecieron Gary CooperRonald Reagan y Robert Taylor.

Pero esta ola represiva no solo se ciñó a las personas más relevantes de la sociedad norteamericana, sino que abarcó a cualquier personas de militancia o simpatías comunistas (como fueron la mayoría de voluntarios en las Brigadas Internacionales que lucharon en España defendiendo la democracia española frente al fascismo) fueron encarceladas y expulsadas de su trabajo, pasando a ser brutalmente silenciadas y marginadas en su propia sociedad.

Esta represión fue incluso más lesiva pues la sufrieron miles de personas desconocidas, es decir, la represión de gente normal y corriente, que no tenían la prominencia de los directores y guionistas de Hollywood. Entre estas personas la represión fue brutal.

Esta saña persecutoria como queda dicho unas líneas más arriba se cebó en los  miembros del Partido Comunista, y además como miles de ellos, habían acudido en ayuda de la República Española alistándose en las Brigadas Internacionales, su represión fue doblemente cruel. Más tarde, al volver a EEUU, los miembros de la Brigadas Internacionales fueron marginados y más tarde, perseguidos, en una represión que incluyó la cárcel en muchos casos, y la imposibilidad de encontrar trabajo. Fueron personas vetadas, además de marginadas, y muchas de ellas tuvieron que cambiar su nombre. La Guerra Fría, que más que fría fue caliente dentro de EEUU, supuso una persecución brutal hacia cualquier voz crítica con un sistema capitalista que dejo al descubierto su verdadero rostro, de una dureza que en muchas dimensiones superaba a una dictadura. Aunque por cierto esta labor represora y opresiva de la administración norteamericana continúa hoy en día por otras vías y otros métodos, quizá más sofisticados, pero igual de implacables.

Las técnicas de McCarthy se basaban en gran medida en lanzar incriminaciones falsas sobre los acusados (que nunca eran comprobadas), o incluir a determinadas asociaciones en su lista de organizaciones pro-comunistas (sin tener nada que ver). En ese sentido, y de ahí el nombre, se parecía bastante a la caza de brujas medieval, donde también las acusadas carecían de la posibilidad de demostrar su inocencia.

Inocentes perseguidos por simples sospechas, acusaciones infundadas, interrogatorios vergonzantes, ​ pérdida del trabajo y negación del pasaporte a los sospechosos de comunismo, o encarcelamiento de cualquier sospechoso, siendo todos ellos distintos mecanismos de control social y de represión con los que Estados Unidos bordeó peligrosamente el terrorismo de estado, acercándose al totalitarismo con los citados métodos fascistas.

Marcial Tardón.


El impacto del tiempo en la justicia, otro año más. Olivia Caballar

08/01/2019
El impacto del tiempo en la justicia, otro año más

 

Antes recurría las multas, ahora las pago. Antes comía cualquier cosa. Ahora no rechazo los táper de mi madre. Antes agotaba la ropa limpia hasta poner una lavadora. Ahora centrifuga todos los días. Antes disfrutaba de mis playlists en el autobús. Ahora me gasto lo que no tengo en taxis con tal de ganar unos minutos. Y sí, amantes de la cera, he dejado definitivamente de tenerle miedo a la cuchilla de afeitar. Han cambiado muchas cosas desde que tengo un hijo, entre el antes y el ahora. Y en su mayoría están relacionadas con el tiempo. Una vez, cuando él era aún un bebé y me dirigía a una cafetería con mi portátil para seguir trabajando, sin pensarlo, de manera instantánea, me metí en el cine que tenía de camino. Necesitaba esas dos horas para mí, para disfrutar de un tiempo que, de un día para otro, había desaparecido. Luego tuve que trabajar de madrugada. Pero no me importó. Literalmente, no tengo horas suficientes en el día para hacerlo todo, con lo que siempre renuncio a las horas de sueño. Así que los días finales de año, sin saber nuevamente de dónde sacar dos horas, huí literalmente de una reunión de amigos y amigas para ver una película que, como casi siempre me ocurre últimamente, temía quitaran de la cartelera.

“En esta causa hay varios protagonistas, pero uno de ellos es el tiempo. Y con eso juegan, con que el tiempo se vaya llevando a las víctimas”. Habla Ana Messuti, una de las abogadas en la querella argentina contra los crímenes del franquismo. Es un fragmento de El silencio de otros, el documental dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar, un viaje por la lucha contra la impunidad de estas víctimas. “El Estado va a tener la obligación de entregar [los restos]”, le dice Messuti en un pasaje a María Martín, otra de las protagonistas, junto al tiempo, de la cinta y de la historia aún silenciada de España, por mucho que hablemos ahora del Valle de los Caídos. “Cuando yo me muera”, le responde, con su vestido negro y su moño blanco en la cabeza, aquella mujer de voz ronca que un día contó en el Supremo que habían matado a su madre cuando ella tenía seis años. Era el 1 de febrero de 2012 y la primera víctima del franquismo que declaraba ante un tribunal. Tenía 81 años. Murió a los 83. Murió. Se muere de verdad. Se muere sin haber encontrado a su madre, sin haberla enterrado en un sitio digno, sin haber conseguido justicia, esperando a que las ranas críen pelo, que fue lo que le respondieron a su padre: “Tú te la llevarás al cementerio cuando las ranas críen pelo. No andes molestando no vayamos a hacer contigo lo que hicimos con ella”. La película recoge su propio entierro.

Ascensión Mendieta ha tardado 78 años en encontrar a su padre. Un número, el 19, junto a un cráneo. “Ese es Timoteo”, le informan a pie de fosa. “Ya me voy a morir a gusto”, dice ella. Tiene 91 años. Varias personas en la sala 5 de los Avenida Cinco Cines de Sevilla lloran ante esa imagen. Y ante muchas otras. “Yo quiero hablar con el juez porque me puedo morir”, cuenta que piden muchas víctimas José María Galante, Chato, otro protagonista del documental, denunciante de las torturas de Billy el Niño.

No fue hasta 2013, en un viaje a Argentina, cuando Ascensión Mendieta y muchas otras familias de víctimas se sentaron por primera vez en un juzgado a declarar. Paqui Maqueda, que escribió entonces un diario desde el otro lado del Atlántico, lo contaba así en En la silla del criminal: “Por primera vez he sentido que se me escuchaba con todo el respeto que el dolor acumulado de los míos se merece […] Y todo esto sentada en la silla donde un día la justicia argentina tuvo los reaños suficientes de sentar para tomar declaración y condenar a Jorge Rafael Videla, militar y dictador argentino, designado presidente de la Argentina por una Junta Militar entre el 1976 y 1981 […] Sentada en la silla de un criminal. Nerviosa, agarrada a la vieja foto de mis familiares. Con lágrimas que no paraban de caer”. Hay muchas Paquis en España, muchas Ascensiones, muchas Marías. Algunas han muerto ya, algunas llevan toda una vida esperando justicia, algunas acaban de recoger el testigo, como la hija de María Martín, como muchas nietas y nietos de este país.

Si no hay nadie que te recuerde, morirás definitivamente. Es el mensaje final de Coco, una película en la que un niño que no quiere ser zapatero emprende un viaje para conseguir lo que le gusta: la música. “Recuérdame, hoy me tengo que marchar, pero recuérdame”, le canta Miguel a su bisabuela Coco, una anciana que salva a su padre –el bisabuelo de Miguel– cuando estaba a punto de desaparecer del mundo de los muertos. Porque la memoria es lo único que puede salvarnos del paso del tiempo, que avanza implacable hacia el olvido.

Cuando terminé de ver El silencio de otros, volví a la reunión. Seguían en el mismo bar. “¿Pero dónde has ido?”, me preguntó un amigo. Otro, creo, ni se había enterado. Y a mi amiga le hice un spoiler como no está escrito.

https://www.lamarea.com/2019/01/08/el-impacto-del-tiempo-en-la-justicia-otro-ano-mas/

 


¿Qué ocultan las estadísticas de desempleo?

03/10/2018

 

descargaLa publicación de las estadísticas relativas al desempleo son siempre objeto de controversia mediática y política. Quienes entran en liza, dependiendo de las posiciones que quieran defender -críticas o complacientes-, comparan los últimos datos con el mes o el trimestre del año precedente, o con los registros del año en curso, o con la serie histórica, o con la situación de otros países de nuestro entorno…

No es mi intención contribuir a este enredo, casi siempre poco clarificador. Pero sí quiero detenerme en la interpretación -evidente, en apariencia- del indicador que mide la tasa de desempleo: población desempleada en proporción a la población activa; se entiende están en esa situación aquellas personas que, estando en edad de trabajar (15-64 años), buscan activamente un empleo, sin conseguirlo.

Conforme a este criterio y siguiendo la información proporcionada por Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea, la tasa de desempleo de la economía española en 2017 fue del 17,3%, ciertamente muy elevada para los estándares comunitarios, pero unos siete puntos porcentuales por debajo del registro obtenido en 2012, el peor año de la crisis para nosotros. En cifras absolutas, en 2017 el número de trabajadores desempleados, aunque todavía superaba los 4 millones, era 1 millón y medio inferior al de 2012. 

En Alemania, por mencionar un país que se suele presentar como ejemplo de un buen balance ocupacional y como modelo a seguir, la ratio de desempleo era en 2017 del 3,8%, muy lejos de la española y unos cuatro puntos porcentuales por debajo del dato de 2008, el año más desfavorable para esta economía. En ese periodo, la cifra de desempleados se aminoró en, aproximadamente, 800 mil personas.

Llegados a este punto, me hago dos preguntas que traslado al lector: ¿Deben ser consideradas personas desempleadas o subempleadas las que trabajan a tiempo parcial de manera involuntaria, pero desearían estar ocupados más horas con un contrato a tiempo completo? ¿Pertenecen a la categoría de desempleados quienes -por cansancio, por frustración, por haber agotado el subsidio por desempleo- no aparecen estadísticamente como buscadores de empleo, pero estarían dispuestas a trabajar? 

La contestación que, en mi opinión, procede dar a ambas preguntas es claramente afirmativa. Desde esta perspectiva, en absoluto podemos dar por buenas las estadísticas oficiales, pues infravaloran (maquillan) la realidad del desempleo. Veamos qué sucede con las mismas si las rectificamos atendiendo a ambos criterios (gráfico). La tasa de desempleo e infraempleo de nuestra economía en 2017 casi se duplica, pasando desde el 17,3% (oficial) al 30,6% (real). El número de personas sin trabajo y subempleadas aumenta de manera sustancial hasta alcanzar en 2017 una cifra próxima a los 3 millones. Otro tanto sucede en Alemania. Ya no estaríamos hablando de una tasa de desempleo en 2017 del 3,8% sino del 10,7%. El número de personas desempleadas e infraocupadas en este año también se habría situado cerca de los 3 millones.

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 FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA A PARTIR DE EUROSTAT

Téngase en cuenta que sólo he considerado el “desempleo oculto”, para el cual Eurostat ofrece información estadística. Para tener una visión más completa de la situación habría que considerar asimismo aquellas personas –sobre todo, mujeres– que cargan sobre sus espaldas con los trabajos de cuidados, realizados fuera de las lógicas mercantiles, que estarían en disposición de aceptar un empleo. Tampoco se contabilizan las personas en edad de trabajar -jóvenes en su mayor parte- que, ante la ausencia de un horizonte ocupacional para ellos, se han visto obligados a emigrar. El resultado de integrar estos planos situaría el desempleo en cotas todavía más altas.

El discurso oficial y dominante se entrega sin descanso, con el apoyo propagandístico de los grandes medios de comunicación, a presentar un escenario que habría dejado atrás la crisis; la reducción de la tasa de desempleo así lo confirmaría. La realidad, sin embargo, es considerablemente más sombría que lo sugerido por esta sesgada interpretación. El desempleo real -a pesar de que durante los últimos años se han creado un buen número de puestos de trabajo, precarios en su mayor parte- continúa siendo muy elevado. Por ello, urge poner en el centro de la política económica la creación de empleo decente: estable, dignamente remunerado, vinculado a actividades sostenibles, que atienda a la equidad de género y que garantice el derecho a la negociación colectiva. Nada que ver con la deriva actual.

https://www.lamarea.com/2018/10/01/que-ocultan-las-estadisticas-de-desempleo/


Las cifras que rebaten la imagen idílica de la Transición

12/09/2018

1536407739_283790_1536408682_sumario_normal_recorte1“En la Transición ni hubo ocultación, ni sometimiento, ni miedo. Hubo grandeza moral, sentido de la historia, reconciliación y concordia”. El nuevo líder del PP, Pablo Casado, describió así el periodo posterior a la muerte del dictador Francisco Franco en un tuit el pasado 2 de septiembre, el mismo día en el que anunció que impulsaría la “ley de la concordia” para “derogar la sectaria relectura de la Historia” impuesta, según considera, por la Ley de la Memoria Histórica. Sin embargo, los cientos de vidas que se cobró la violencia política en aquel periodo, que a falta de un registro oficial los investigadores calculan entre 600 y 700, rebaten esa imagen idílica de la Transición.

De sobra son conocidos acontecimientos como la matanza de Atocha, cuando el 24 de enero de 1977 un comando ultraderechista asesinó en Madrid a cinco abogados laboralistas, o los cientos de crímenes de ETA. Sin embargo, hubo muchas más víctimas. “¿Quién se acuerda hoy, con la excepción de quienes las vivieron en propia carne, de las incursiones, extremadamente violentas, e incluso letales, de los grupos de extrema derecha? ¿De las manifestaciones que degeneraron en disturbios? ¿De los asesinatos de refugiados vascos que perpetró el Batallón Vasco Español? ¿De los guardias civiles que mataron los GRAPO? ¿De los civiles segados por los disparos de la policía?”, se pregunta la investigadora Sophie Baby en el recién publicado El mito de la transición pacífica: violencia y política en España 1975-1982 (Akal, 2018).

Sin la existencia de un registro oficial de víctimas, el primer problema para determinar el número de muertos como consecuencia de la violencia política durante la Transición es, precisamente, el tiempo durante el cual se extendió este periodo. Aunque existe un cierto consenso en situar su comienzo en la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, no existe un acuerdo que especifique cuándo concluyó: algunos historiadores consideran que fue un periodo corto que se extendió hasta las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 o la aprobación de la Constitución (el 6 de diciembre de 1978), mientras que otros lo prolongan hasta el intento de golpe de Estado (el 23 de febrero de 1981) o incluso la primera victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en 1982.

El escritor y periodista Mariano Sánchez Soler calcula en una investigación publicada en el libro La Transición sangrienta (Península, 2010), que entre 1975 y 1983 “la violencia política” se cobró la vida de 591 personas. De ellas, ETA y el terrorismo de izquierdas fueron los responsables de 344 muertes (58,2%) y el GRAPO de 51 (8,6%). Además, según Sánchez Soler, otras 51 murieron en enfrentamientos policiales, 49 fueron asesinadas a manos de grupos de extrema derecha y 54 perdieron la vida a causa de la represión policial.

Sophie Baby, en El mito de la transición pacífica, eleva el número de víctimas mortales a 714, ocurridas entre las “más de 3.000 acciones violentas” que se produjeron en un periodo comprendido entre 1975 y 1982. De ellas, lo que la investigadora denomina “violencia contestataria”, es decir, los actores “que protestaban” fueron responsables de 536 muertes, mientras que la “violencia del Estado” causó la muerte de 178 personas. Dentro de la “violencia contestataria” figuran ETA, con 376 muertos, Terra Lliure (1), GRAPO (66), y la extrema derecha (67), de acuerdo con la investigación de Baby.

“La violencia política ocurrida a lo largo de la Transición constituye un fenómeno generalizado. Estas cifras, que no representan más que un volumen mínimo, aquel del que tenemos constancia fehaciente, son lo suficientemente abultadas para afirmarlo”, estima Baby. Según la investigadora, es preciso desterrar la idea preconcebida de que “la violencia terrorista vasca monopoliza la cuestión de la violencia durante la Transición”. Aunque fue el grupo más mortífero, es preciso tener también en cuenta “la violencia antiterrorista perpetrada por la extrema derecha y la violencia imputable a las fuerzas del orden”, considera.

¿Fue por tanto la Transición, como afirma Pablo Casado, un periodo en el que “no hubo ni ocultación, ni sometimiento, ni miedo”? Según Sophie Baby, “la violencia estatal es la que más se oculta” y, en el caso de la Transición, “una vez consolidado el marco democrático, no pareció ya pertinente centrarse en unos gestos que venían a poner en peligro los esfuerzos realizados en pro de la legitimación del nuevo régimen”. De este modo, “la violencia estatal se convirtió en un espacio de silencio”. En cuanto al sometimiento, solo en 1977 hubo cargas policiales en 788 manifestaciones en España, de acuerdo con los cálculos de Mariano Sánchez Soler. Medir el miedo no es posible. Pero la muerte de entre 600 y 700 personas como consecuencia de la violencia política, según los estudios de Sánchez y Baby, descarta la existencia de una sociedad libre de temores.

https://elpais.com/elpais/2018/09/08/hechos/1536407739_283790.html