LA CAZA DE BRUJAS

31/01/2019

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El macartismo, es un término que se utiliza en referencia a acusaciones de deslealtad, subversión o traición a la patria, sin el debido respeto a un proceso legal justo donde se respeten los derechos del acusado.

Se origina en un episodio de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre 1950 y 1956 durante el cual el senador Joseph McCarthy (1908-1957) desencadenó un extendido proceso de declaraciones, acusaciones infundadas, denuncias, interrogatorios, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. Los sectores que se opusieron a los métodos irregulares e indiscriminados de McCarthy denunciaron el proceso como una «caza de brujas».

Así se inició lo que sus oponentes denominaron «caza de brujas». Gente de los medios de comunicación, del gobierno y algunos militares fueron acusados por McCarthy de sospechosos de espionaje soviético o de simpatizantes del comunismo. Apoyándose en unas fuerzas de entusiastas anticomunistas, alimentándose de la delación, adquirió un poder considerable. Los métodos eran inconcebibles para una supuesta democracia. Olvidando el principio jurídico de la presunción de inocencia, ante cualquier denuncia el Comité del Senado, presidido por McCarthy, aplicaba la presunción de culpabilidad y era el acusado quien tenía que desmentir y probar su no pertenencia o simpatía por el Partido Comunista. Quienes reconocían su culpa, podían lavarla delatando a sus compañeros. Su actividad destinada a desmantelar eventuales infiltraciones de agentes comunistas en la administración pública se extendió pronto a los laboratorios de investigación y a Hollywood. Los empleados públicos debían hacer frente a un control de lealtad que costó la carrera a varios de ellos.

Algunas voces comenzaron a elevarse contra el macartismo y sus excesos. Por ejemplo, en 1953 se representó la obra Las brujas de Salem de Arthur Miller, un alegato eficaz para estigmatizar la política de su tiempo. Uno de los blancos de la inquisición política fue el mundo del cine porque, entre otras razones, los interrogatorios a directores y actores famosos proporcionaron a los miembros del Comité una extraordinaria publicidad.

Escritores (Bertolt Brecht, que escapó a Europa tras declarar su inocencia) y gente perteneciente al mundo del cine fueron algunos de los más afectados por este fenómeno, que creó las llamadas listas negras, o de escritores y guionistas para los cuales existía una ley no escrita que les impedía publicar nada en cualquier medio de comunicación, so pena de que dicho medio fuera acusado de trabajar a sueldo de los comunistas.

Hubo, sin embargo, una cierta resistencia, que se plasmó en la actividad de numerosas personas, incluyendo relevantes personajes del cine. Convocados a declarar 41 sospechosos, 19 de ellos se negaron a comparecer, entre otros el escritor Alvah Bessie, el guionista Dalton Trumbo y el director Edward Dmytryk. En apoyo de los que fueron motejados de «testigos inamistosos» se movilizó el denominado Comité de la Primera Enmienda, que integró a cerca de 500 profesionales del cine. En esa circunstancia defendieron la libertad figuras famosas, como Humphrey BogartLauren BacallGregory PeckKatharine HepburnKirk DouglasBurt LancasterGene KellyJohn HustonOrson WellesThomas Mann y Frank Sinatra o periodistas como Edward R. Murrow , que afirmaban que lo que en teoría era una actividad para proteger al estado no era sino una sistemática destrucción de los derechos civiles. Entre las protestas, la más significativa fue la de los llamados Diez de Hollywood, los cuales se negaron a declarar sobre sus afiliaciones políticas, siendo citados por el Congreso, instalados automáticamente en la lista negra y condenados a penas de cárcel por «desacato al Congreso».​ Entre los que colaboraron con el Comité y denunciaron a otros cineastas, pronunciando además discursos patrióticos de tono anticomunista, comparecieron Gary CooperRonald Reagan y Robert Taylor.

Pero esta ola represiva no solo se ciñó a las personas más relevantes de la sociedad norteamericana, sino que abarcó a cualquier personas de militancia o simpatías comunistas (como fueron la mayoría de voluntarios en las Brigadas Internacionales que lucharon en España defendiendo la democracia española frente al fascismo) fueron encarceladas y expulsadas de su trabajo, pasando a ser brutalmente silenciadas y marginadas en su propia sociedad.

Esta represión fue incluso más lesiva pues la sufrieron miles de personas desconocidas, es decir, la represión de gente normal y corriente, que no tenían la prominencia de los directores y guionistas de Hollywood. Entre estas personas la represión fue brutal.

Esta saña persecutoria como queda dicho unas líneas más arriba se cebó en los  miembros del Partido Comunista, y además como miles de ellos, habían acudido en ayuda de la República Española alistándose en las Brigadas Internacionales, su represión fue doblemente cruel. Más tarde, al volver a EEUU, los miembros de la Brigadas Internacionales fueron marginados y más tarde, perseguidos, en una represión que incluyó la cárcel en muchos casos, y la imposibilidad de encontrar trabajo. Fueron personas vetadas, además de marginadas, y muchas de ellas tuvieron que cambiar su nombre. La Guerra Fría, que más que fría fue caliente dentro de EEUU, supuso una persecución brutal hacia cualquier voz crítica con un sistema capitalista que dejo al descubierto su verdadero rostro, de una dureza que en muchas dimensiones superaba a una dictadura. Aunque por cierto esta labor represora y opresiva de la administración norteamericana continúa hoy en día por otras vías y otros métodos, quizá más sofisticados, pero igual de implacables.

Las técnicas de McCarthy se basaban en gran medida en lanzar incriminaciones falsas sobre los acusados (que nunca eran comprobadas), o incluir a determinadas asociaciones en su lista de organizaciones pro-comunistas (sin tener nada que ver). En ese sentido, y de ahí el nombre, se parecía bastante a la caza de brujas medieval, donde también las acusadas carecían de la posibilidad de demostrar su inocencia.

Inocentes perseguidos por simples sospechas, acusaciones infundadas, interrogatorios vergonzantes, ​ pérdida del trabajo y negación del pasaporte a los sospechosos de comunismo, o encarcelamiento de cualquier sospechoso, siendo todos ellos distintos mecanismos de control social y de represión con los que Estados Unidos bordeó peligrosamente el terrorismo de estado, acercándose al totalitarismo con los citados métodos fascistas.

Marcial Tardón.

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El impacto del tiempo en la justicia, otro año más. Olivia Caballar

08/01/2019
El impacto del tiempo en la justicia, otro año más

 

Antes recurría las multas, ahora las pago. Antes comía cualquier cosa. Ahora no rechazo los táper de mi madre. Antes agotaba la ropa limpia hasta poner una lavadora. Ahora centrifuga todos los días. Antes disfrutaba de mis playlists en el autobús. Ahora me gasto lo que no tengo en taxis con tal de ganar unos minutos. Y sí, amantes de la cera, he dejado definitivamente de tenerle miedo a la cuchilla de afeitar. Han cambiado muchas cosas desde que tengo un hijo, entre el antes y el ahora. Y en su mayoría están relacionadas con el tiempo. Una vez, cuando él era aún un bebé y me dirigía a una cafetería con mi portátil para seguir trabajando, sin pensarlo, de manera instantánea, me metí en el cine que tenía de camino. Necesitaba esas dos horas para mí, para disfrutar de un tiempo que, de un día para otro, había desaparecido. Luego tuve que trabajar de madrugada. Pero no me importó. Literalmente, no tengo horas suficientes en el día para hacerlo todo, con lo que siempre renuncio a las horas de sueño. Así que los días finales de año, sin saber nuevamente de dónde sacar dos horas, huí literalmente de una reunión de amigos y amigas para ver una película que, como casi siempre me ocurre últimamente, temía quitaran de la cartelera.

“En esta causa hay varios protagonistas, pero uno de ellos es el tiempo. Y con eso juegan, con que el tiempo se vaya llevando a las víctimas”. Habla Ana Messuti, una de las abogadas en la querella argentina contra los crímenes del franquismo. Es un fragmento de El silencio de otros, el documental dirigido por Almudena Carracedo y Robert Bahar, un viaje por la lucha contra la impunidad de estas víctimas. “El Estado va a tener la obligación de entregar [los restos]”, le dice Messuti en un pasaje a María Martín, otra de las protagonistas, junto al tiempo, de la cinta y de la historia aún silenciada de España, por mucho que hablemos ahora del Valle de los Caídos. “Cuando yo me muera”, le responde, con su vestido negro y su moño blanco en la cabeza, aquella mujer de voz ronca que un día contó en el Supremo que habían matado a su madre cuando ella tenía seis años. Era el 1 de febrero de 2012 y la primera víctima del franquismo que declaraba ante un tribunal. Tenía 81 años. Murió a los 83. Murió. Se muere de verdad. Se muere sin haber encontrado a su madre, sin haberla enterrado en un sitio digno, sin haber conseguido justicia, esperando a que las ranas críen pelo, que fue lo que le respondieron a su padre: “Tú te la llevarás al cementerio cuando las ranas críen pelo. No andes molestando no vayamos a hacer contigo lo que hicimos con ella”. La película recoge su propio entierro.

Ascensión Mendieta ha tardado 78 años en encontrar a su padre. Un número, el 19, junto a un cráneo. “Ese es Timoteo”, le informan a pie de fosa. “Ya me voy a morir a gusto”, dice ella. Tiene 91 años. Varias personas en la sala 5 de los Avenida Cinco Cines de Sevilla lloran ante esa imagen. Y ante muchas otras. “Yo quiero hablar con el juez porque me puedo morir”, cuenta que piden muchas víctimas José María Galante, Chato, otro protagonista del documental, denunciante de las torturas de Billy el Niño.

No fue hasta 2013, en un viaje a Argentina, cuando Ascensión Mendieta y muchas otras familias de víctimas se sentaron por primera vez en un juzgado a declarar. Paqui Maqueda, que escribió entonces un diario desde el otro lado del Atlántico, lo contaba así en En la silla del criminal: “Por primera vez he sentido que se me escuchaba con todo el respeto que el dolor acumulado de los míos se merece […] Y todo esto sentada en la silla donde un día la justicia argentina tuvo los reaños suficientes de sentar para tomar declaración y condenar a Jorge Rafael Videla, militar y dictador argentino, designado presidente de la Argentina por una Junta Militar entre el 1976 y 1981 […] Sentada en la silla de un criminal. Nerviosa, agarrada a la vieja foto de mis familiares. Con lágrimas que no paraban de caer”. Hay muchas Paquis en España, muchas Ascensiones, muchas Marías. Algunas han muerto ya, algunas llevan toda una vida esperando justicia, algunas acaban de recoger el testigo, como la hija de María Martín, como muchas nietas y nietos de este país.

Si no hay nadie que te recuerde, morirás definitivamente. Es el mensaje final de Coco, una película en la que un niño que no quiere ser zapatero emprende un viaje para conseguir lo que le gusta: la música. “Recuérdame, hoy me tengo que marchar, pero recuérdame”, le canta Miguel a su bisabuela Coco, una anciana que salva a su padre –el bisabuelo de Miguel– cuando estaba a punto de desaparecer del mundo de los muertos. Porque la memoria es lo único que puede salvarnos del paso del tiempo, que avanza implacable hacia el olvido.

Cuando terminé de ver El silencio de otros, volví a la reunión. Seguían en el mismo bar. “¿Pero dónde has ido?”, me preguntó un amigo. Otro, creo, ni se había enterado. Y a mi amiga le hice un spoiler como no está escrito.

https://www.lamarea.com/2019/01/08/el-impacto-del-tiempo-en-la-justicia-otro-ano-mas/

 


¿Qué ocultan las estadísticas de desempleo?

03/10/2018

 

descargaLa publicación de las estadísticas relativas al desempleo son siempre objeto de controversia mediática y política. Quienes entran en liza, dependiendo de las posiciones que quieran defender -críticas o complacientes-, comparan los últimos datos con el mes o el trimestre del año precedente, o con los registros del año en curso, o con la serie histórica, o con la situación de otros países de nuestro entorno…

No es mi intención contribuir a este enredo, casi siempre poco clarificador. Pero sí quiero detenerme en la interpretación -evidente, en apariencia- del indicador que mide la tasa de desempleo: población desempleada en proporción a la población activa; se entiende están en esa situación aquellas personas que, estando en edad de trabajar (15-64 años), buscan activamente un empleo, sin conseguirlo.

Conforme a este criterio y siguiendo la información proporcionada por Eurostat, la Oficina Estadística de la Unión Europea, la tasa de desempleo de la economía española en 2017 fue del 17,3%, ciertamente muy elevada para los estándares comunitarios, pero unos siete puntos porcentuales por debajo del registro obtenido en 2012, el peor año de la crisis para nosotros. En cifras absolutas, en 2017 el número de trabajadores desempleados, aunque todavía superaba los 4 millones, era 1 millón y medio inferior al de 2012. 

En Alemania, por mencionar un país que se suele presentar como ejemplo de un buen balance ocupacional y como modelo a seguir, la ratio de desempleo era en 2017 del 3,8%, muy lejos de la española y unos cuatro puntos porcentuales por debajo del dato de 2008, el año más desfavorable para esta economía. En ese periodo, la cifra de desempleados se aminoró en, aproximadamente, 800 mil personas.

Llegados a este punto, me hago dos preguntas que traslado al lector: ¿Deben ser consideradas personas desempleadas o subempleadas las que trabajan a tiempo parcial de manera involuntaria, pero desearían estar ocupados más horas con un contrato a tiempo completo? ¿Pertenecen a la categoría de desempleados quienes -por cansancio, por frustración, por haber agotado el subsidio por desempleo- no aparecen estadísticamente como buscadores de empleo, pero estarían dispuestas a trabajar? 

La contestación que, en mi opinión, procede dar a ambas preguntas es claramente afirmativa. Desde esta perspectiva, en absoluto podemos dar por buenas las estadísticas oficiales, pues infravaloran (maquillan) la realidad del desempleo. Veamos qué sucede con las mismas si las rectificamos atendiendo a ambos criterios (gráfico). La tasa de desempleo e infraempleo de nuestra economía en 2017 casi se duplica, pasando desde el 17,3% (oficial) al 30,6% (real). El número de personas sin trabajo y subempleadas aumenta de manera sustancial hasta alcanzar en 2017 una cifra próxima a los 3 millones. Otro tanto sucede en Alemania. Ya no estaríamos hablando de una tasa de desempleo en 2017 del 3,8% sino del 10,7%. El número de personas desempleadas e infraocupadas en este año también se habría situado cerca de los 3 millones.

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 FUENTE: ELABORACIÓN PROPIA A PARTIR DE EUROSTAT

Téngase en cuenta que sólo he considerado el “desempleo oculto”, para el cual Eurostat ofrece información estadística. Para tener una visión más completa de la situación habría que considerar asimismo aquellas personas –sobre todo, mujeres– que cargan sobre sus espaldas con los trabajos de cuidados, realizados fuera de las lógicas mercantiles, que estarían en disposición de aceptar un empleo. Tampoco se contabilizan las personas en edad de trabajar -jóvenes en su mayor parte- que, ante la ausencia de un horizonte ocupacional para ellos, se han visto obligados a emigrar. El resultado de integrar estos planos situaría el desempleo en cotas todavía más altas.

El discurso oficial y dominante se entrega sin descanso, con el apoyo propagandístico de los grandes medios de comunicación, a presentar un escenario que habría dejado atrás la crisis; la reducción de la tasa de desempleo así lo confirmaría. La realidad, sin embargo, es considerablemente más sombría que lo sugerido por esta sesgada interpretación. El desempleo real -a pesar de que durante los últimos años se han creado un buen número de puestos de trabajo, precarios en su mayor parte- continúa siendo muy elevado. Por ello, urge poner en el centro de la política económica la creación de empleo decente: estable, dignamente remunerado, vinculado a actividades sostenibles, que atienda a la equidad de género y que garantice el derecho a la negociación colectiva. Nada que ver con la deriva actual.

https://www.lamarea.com/2018/10/01/que-ocultan-las-estadisticas-de-desempleo/


Las cifras que rebaten la imagen idílica de la Transición

12/09/2018

1536407739_283790_1536408682_sumario_normal_recorte1“En la Transición ni hubo ocultación, ni sometimiento, ni miedo. Hubo grandeza moral, sentido de la historia, reconciliación y concordia”. El nuevo líder del PP, Pablo Casado, describió así el periodo posterior a la muerte del dictador Francisco Franco en un tuit el pasado 2 de septiembre, el mismo día en el que anunció que impulsaría la “ley de la concordia” para “derogar la sectaria relectura de la Historia” impuesta, según considera, por la Ley de la Memoria Histórica. Sin embargo, los cientos de vidas que se cobró la violencia política en aquel periodo, que a falta de un registro oficial los investigadores calculan entre 600 y 700, rebaten esa imagen idílica de la Transición.

De sobra son conocidos acontecimientos como la matanza de Atocha, cuando el 24 de enero de 1977 un comando ultraderechista asesinó en Madrid a cinco abogados laboralistas, o los cientos de crímenes de ETA. Sin embargo, hubo muchas más víctimas. “¿Quién se acuerda hoy, con la excepción de quienes las vivieron en propia carne, de las incursiones, extremadamente violentas, e incluso letales, de los grupos de extrema derecha? ¿De las manifestaciones que degeneraron en disturbios? ¿De los asesinatos de refugiados vascos que perpetró el Batallón Vasco Español? ¿De los guardias civiles que mataron los GRAPO? ¿De los civiles segados por los disparos de la policía?”, se pregunta la investigadora Sophie Baby en el recién publicado El mito de la transición pacífica: violencia y política en España 1975-1982 (Akal, 2018).

Sin la existencia de un registro oficial de víctimas, el primer problema para determinar el número de muertos como consecuencia de la violencia política durante la Transición es, precisamente, el tiempo durante el cual se extendió este periodo. Aunque existe un cierto consenso en situar su comienzo en la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, no existe un acuerdo que especifique cuándo concluyó: algunos historiadores consideran que fue un periodo corto que se extendió hasta las primeras elecciones democráticas del 15 de junio de 1977 o la aprobación de la Constitución (el 6 de diciembre de 1978), mientras que otros lo prolongan hasta el intento de golpe de Estado (el 23 de febrero de 1981) o incluso la primera victoria del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), en 1982.

El escritor y periodista Mariano Sánchez Soler calcula en una investigación publicada en el libro La Transición sangrienta (Península, 2010), que entre 1975 y 1983 “la violencia política” se cobró la vida de 591 personas. De ellas, ETA y el terrorismo de izquierdas fueron los responsables de 344 muertes (58,2%) y el GRAPO de 51 (8,6%). Además, según Sánchez Soler, otras 51 murieron en enfrentamientos policiales, 49 fueron asesinadas a manos de grupos de extrema derecha y 54 perdieron la vida a causa de la represión policial.

Sophie Baby, en El mito de la transición pacífica, eleva el número de víctimas mortales a 714, ocurridas entre las “más de 3.000 acciones violentas” que se produjeron en un periodo comprendido entre 1975 y 1982. De ellas, lo que la investigadora denomina “violencia contestataria”, es decir, los actores “que protestaban” fueron responsables de 536 muertes, mientras que la “violencia del Estado” causó la muerte de 178 personas. Dentro de la “violencia contestataria” figuran ETA, con 376 muertos, Terra Lliure (1), GRAPO (66), y la extrema derecha (67), de acuerdo con la investigación de Baby.

“La violencia política ocurrida a lo largo de la Transición constituye un fenómeno generalizado. Estas cifras, que no representan más que un volumen mínimo, aquel del que tenemos constancia fehaciente, son lo suficientemente abultadas para afirmarlo”, estima Baby. Según la investigadora, es preciso desterrar la idea preconcebida de que “la violencia terrorista vasca monopoliza la cuestión de la violencia durante la Transición”. Aunque fue el grupo más mortífero, es preciso tener también en cuenta “la violencia antiterrorista perpetrada por la extrema derecha y la violencia imputable a las fuerzas del orden”, considera.

¿Fue por tanto la Transición, como afirma Pablo Casado, un periodo en el que “no hubo ni ocultación, ni sometimiento, ni miedo”? Según Sophie Baby, “la violencia estatal es la que más se oculta” y, en el caso de la Transición, “una vez consolidado el marco democrático, no pareció ya pertinente centrarse en unos gestos que venían a poner en peligro los esfuerzos realizados en pro de la legitimación del nuevo régimen”. De este modo, “la violencia estatal se convirtió en un espacio de silencio”. En cuanto al sometimiento, solo en 1977 hubo cargas policiales en 788 manifestaciones en España, de acuerdo con los cálculos de Mariano Sánchez Soler. Medir el miedo no es posible. Pero la muerte de entre 600 y 700 personas como consecuencia de la violencia política, según los estudios de Sánchez y Baby, descarta la existencia de una sociedad libre de temores.

https://elpais.com/elpais/2018/09/08/hechos/1536407739_283790.html

 


El gasto por estudiante en España es un 14% menor que la media de la Unión Europea

12/09/2018

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En 2015, el gasto total por alumno en instituciones educativas españolas fue de alrededor de 7.300 euros (8.432 dólares), una cuantía inferior al promedio de los países de la OCDE y al de la UE22, en un 14% y 12%, respectivamente.

Estos son algunos de los datos que recoge el informe anual ‘Panorama de la Educación 2018: Indicadores de la OCDE’ elaborado por esta organización con datos de 2015 a 2017 dados a conocer este martes por el Ministerio de Educación y Formación Profesional.

El menor gasto en educación por alumno en España queda reflejado en el porcentaje del presupuesto público dedicado a la educación, un 8,4%, por debajo de la media de la OCDE (11,1%) y de la UE22 (9,5%).

La necesidad de que la educación en España gane en equidad y en recursos también se pone de manifiesto en la Formación Profesional, un área que el Gobierno quiere impulsar tal y como transmitió a los agentes sociales en una reunión celebrada este lunes en La Moncloa.

En un comunicado, el Ministerio que dirige Isabel Celaá, hace hincapié en que España se sitúa entre los 35 países de la OCDE con menor proporción de alumnos entre 16 y 18 años que eligen la Formación Profesional, un 35% frente a un 44% de la OCDE y un 48% de la UE22.

En los primeros puestos de la lista, se colocan Finlandia, Países Bajos, Italia y Reino Unido. Alemania lidera el ranking de la Formación Profesional Dual (modalidad que combina la formación teórica práctica recibida en un centro educativo con la actividad práctica en un centro de trabajo) con el 31% de alumnos matriculados en 2016, frente al 1% de España.

De entre los jóvenes españoles de 15 a 29 años, el 51,2% está estudiando, el 28,9% no estudia pero trabaja, y el 19,9% ni estudia ni trabaja, según datos de 2017.

En comparación con el promedio de los países de la OCDE, el porcentaje en España es superior en el caso de los jóvenes que están estudiando (OCDE 47,4%), inferior en aquellos que no estudian y están ocupados (OCDE 39,1%) y mayor en el caso de los jóvenes que ni estudian ni trabajan (OCDE 13,4%).

Un dato positivo para España es respecto a las tasas de escolarización, de las más elevadas, principalmente en educación infantil. En 2015, la escolarización en España era ya prácticamente total a los 3 años ya que alcanzó el 96%, mientras que la media de los países de la OCDE se situó en el 76%, y la de la UE22, en el 82%.

https://www.nuevatribuna.es/articulo/espana/presupuesto-educacion-espana-ue/20180911164950155564.html


¿Decreto dignidad? Fascismo en Italia (y aquí) artículo de Jovi Langa y Manel Marco.

11/09/2018

 

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Illueca, Monereo y Anguita nos vuelven a iluminar con un artículo en cuartopoder.es en el que se preguntan retóricamente “¿fascismo en Italia?” y que inmediatamente responden con un rotundo “Decreto Dignidad”. Estamos ante una defensa del gobierno italiano formado por la derechista Liga Norte y el “apolítico” Movimiento 5 Estrellas, ante la acusación de “fascismo” como consecuencia de su comportamiento insolidario y xenófobo impidiendo la entrada de barcos cargados de emigrantes/refugiados.

Resulta curioso que los tres ilustres (jubilado, diputado e inspector de trabajo) no desmientan la acusación de fascismo mediante argumentos sobre el tema en cuestión. No dan ni una explicación de lo que ocurre en las costas italianas, ni buscan la causa de que miles de seres humanos circulen por el Mediterráneo con una mano delante y otra detrás, muriendo ahogados en muchos casos o sobreviviendo para acabar en la prostitución. Nada. No buscan el origen de la acusación sino justificar lo equivocado del adjetivo fascista para quienes a pesar de su execrable comportamiento fronterizo se dedican a “dignificar” la vida de la clase obrera con sus decretos. Estos tres elementos nos dicen: ¡mirad! aquel gobierno al que acusáis de fascista por cerrar las fronteras (eso no lo discuten) tiene un comportamiento digno, o más bien dignificante, pues legisla a favor de las clases populares. Concretamente defienden la labor del “joven” ministro Luigi di Maio como ministro de trabajo. Otra vez la juventud como justificación de lo moderno, de lo dinámico, como en los viejos tiempos. “Hasta los sindicatos han manifestado su oposición al Decreto” sostienen aquellos que nunca han perdido la ocasión de oponerse con sus argumentos a la organización de la clase obrera. Es decir, la labor de su “joven” ministro defiende los intereses de los trabajadores más allá de donde las propias organizaciones obreras están dispuestas a defenderlos. Con este intento de desmentir la tendencia fascista del gobierno italiano, el “trío cívico” da con una de las principales características del movimiento nacido en los años veinte del siglo pasado: el fascismo y su movimiento nacional que, al margen del movimento obrero, contrapone las necesidades y aspiraciones de la clase obrera nacional con las de la extranjera. Podríamos actualizarnos y sostener que este planteamiento tiene que ver con el “American First” de Trump. Esto sería equivalente a decir que aunque el tratamiento del fenómeno migratorio sea execrable, el gobierno de “la nueva política” defiende los intereses de los trabajadores como ningún gobierno, es más, mejor que las propias organizaciones de trabajadores.

Vayamos a los contenidos del “Decreto de la Dignidad” que escoge el “Trío Cívico” para combatir la acusación de fascismo sobre el gobierno italiano. En primer lugar nos hablan de una medida que obliga a las grandes empresas subvencionadas por el estado a devolver las subvenciones si optan por deslocalizar la producción. La medida nos puede parecer justa, pues si el estado subvenciona a una empresa es para que desarrolle las fuerzas productivas en su territorio y no para que aproveche esos fondos para irse a otro lugar. Se nos presenta como una medida que se enfrenta a los intereses de las grandes corporaciones pero realmente solo les resta libertad de movimiento. Sería un error confundir esto con los intereses de las clase obrera puesto que el cumplimiento de la medida persigue que las grandes empresas sigan explotando mano de obra (italiana, eso sí, la extranjera se supone que no ha desembarcado), y además recibiendo subvenciones estatales (si no deslocalizan la actividad). La medida introduce seriedad a la concesión de subvenciones a la actividad productiva privada pero no defiende los intereses de las clase obrera pues no supone ni la mejora salarial, ni la reducción de explotación, ni plantea la socialización de los medios de producción ni nada por el estilo. Pero insistimos, que los autores sientan simpatía por la medida no le resta un ápice de fascista a la misma puesto que el fascismo en lo económico fue un régimen exageradamente proteccionista. Estamos ante una medida que no se enfrenta al sistema capitalista sino que enfrenta dos visiones del mismo sistema, proteccionismo frente a librecambismo. Nada de defender nuestros intereses.

Otro de los contenidos “dignificantes” para el trío cívico que contiene el decreto es la prohibición de publicidad de las casas de apuestas. Se sugiere que el gobierno italiano va a impedir así que los obreros italianos pobres gasten su exiguo salario en el sucio juego en lugar de mantener y dar un futuro a sus hijos. Para los autores el juego es la “lacra social que golpea las familias italianas”, y por tanto la medida supone una “defensa de las clases populares frente a grupos de presión que controlan medios de comunicación, etc”. Esperemos que no sigan los adjetivos hasta llegar a decir que quienes criticamos la medida somos partidarios de la ludopatía. Si no llegamos a tal exageración goebbeliana podremos observar que la medida se limita a poner cortapisas a la publicidad, no al juego. Podemos observar que se ha reducido el tabaquismo desde que se prohibió su publicidad, aunque no se abordó la raíz del problema y millones de personas siguen fumando. No ocurrió lo mismo cuando se prohibió la publicidad de prostitución en los periódicos, pues ésta llenó aún más rotondas, polígonos y caminos cuando la crisis de 2008 trajo la miseria a los hogares de las clases populares. Por tanto, negar la realidad, esconderla, no resuelve problemas que tienen una raíz más profunda y que requieren de un enfrentamiento con el sistema. Las clases populares italianas podrán seguir jugando aunque las ganas de jugar no les entren mientras ven el partido de fútbol o la carrera de motociclismo. Eso sí, quienes se jueguen el pan de sus hijos podrán ser considerados tranquilamente como irresponsables por el Trío Cívico, porque un decreto prohíbe la publicidad y evita que se expongan al vicio. Les ha faltado decir que el juego es para los ricos, o que solo los pobres son irresponsables y por eso necesitan un “joven” ministro que sea responsable por ellos. Pero más allá del juicio moral que nos inspiren los obreros jugadores no se aborda la raíz del problema: el empeoramiento de las condiciones de vida provocado por la explotación y las falsas expectativas que genera el juego entre quienes tienen un exiguo acceso al reparto de la riqueza que producen. Independientemente de si el resto de gobiernos europeos se preocupen o se planteen el problema o no, esta medida tampoco sirve frente a la acusación de fascista. Otra de las características del fascismo clásico era negar u ocultar la existencia de los problemas sociales, el establecimiento de una doble moral.

Para terminar decir que aunque no dejen pasar barcos de migrantes/refugiados, por mucho que prohiban la publicidad del juego o tomen medidas proteccionistas, Italia va a seguir teniendo población inmigrante que vende su fuerza de trabajo en las condiciones más miserables, continuarán los problemas de ludopatía y seguirán explotando a trabajadores/as, sean de donde sean.

Al final lo que el “trío cívico” intenta es seguir confundiendo a la clase obrera. Impedir que los que trabajamos para vivir seamos capaces de identificar el fascismo. O lo que es más grave, darnos a entender que la violación de derechos humanos consumada en las costas italianas es justificable a cambio de “dignidades” distintas (que además están vacías). El “trío cívico”, o el Movimiento 5 Estrellas, Podemos o Syriza, que se reclaman espacios sin ideología, – y que sí la tienen como también la tenían los fascistas clásicos-, han conseguido confundir a la clase obrera y convertirse en intérpretes electorales de la voluntad popular, sin contar con la clase obrera ni con sus organizaciones políticas y sindicales. No debemos confluir con esto. Los trabajadores y las trabajadoras no podemos confundir al fascismo ante el cuál solo nos queda sacar las garras.

https://larepublica.es/2018/09/07/decreto-dignidad-fascismo-italia-aqui/


EN MEMORIA DEL HISTORIADOR JOSEP FONTANA. ARTICULO APARECIDO EN EL DIARIO CTXT.ES

29/08/2018

Prólogo al ‘Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, 1936-1978’, de Pedro L. Angosto
JOSEP FONTANA.
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La forma en que se produjo en España el pacto de la “transición” contribuyó a que se hiciera el silencio sobre la historia del franquismo, puesto que no se podían airear las responsabilidades de los mismos con quienes se pactaba, ni depurar las culpas de miembros de la jerarquía militar o judicial que seguían desempeñando sus cargos.

Y aunque ha habido en las últimas décadas un volumen considerable de investigación que ha permitido conocer a fondo la realidad de los crímenes y desmanes de la dictadura, se sigue manteniendo desde los organismos públicos y desde los medios de comunicación una especie de neutralidad que ha favorecido la aparición de un revisionismo histórico que pretende demostrar que la guerra civil no fue más que un enfrentamiento entre dos bandos igualmente culpables.

La confusión creada por esa indefinición explica escándalos intelectuales como el del Diccionario Biográfico Español, publicado por la Real Academia de la Historia entre 2009 y 2013, o la confusión que ha hecho posible que se difundiera recientemente por los medios la desgraciada ocurrencia de Daron Acemoglu de comparar la transición española con la “primavera árabe”.

Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros.

Pero así deben pensar quienes alientan esta ola de revisionismo, apoyada por autoridades tan dudosas como la de Stanley Payne, dispuesto siempres a apadrinar cualquier engendro contra la República y en defensa del franquismo.

Conocí a Payne en los años sesenta, en una ocasión que pasó por Barcelona y se reunió con un grupo de jóvenes historiadores. Era por entonces un autor de moda. Había publicado en 1962 Falange. A history of Spanish fascism, que Ruedo Ibérico tradujo en París tres años más tarde. Nos estuvo describiendo a los falangistas de los años de la Segunda república como un grupo de jóvenes intelectuales amantes de la poesía. Se me ocurrió preguntarle cuál era en aquellos años la fuente de ingresos de que vivía José Antonio y me contestó: “Eso no lo sé”. Me pareció poco serio que montase todo un tinglado interpretativo prescindiendo de asentarlo sobre la realidad y perdí desde aquel momento la confianza en la calidad de su investigación.

Pero es que la calidad de la investigación no cuenta en las valoraciones del revisionismo. Podemos verlo en la forma en que reaccionan contra quienes les contradicen. Uno de los objetos de su furor es, por ejemplo, Ángel Viñas, un investigador que tiene una obra posiblemente tan copiosa como la de Payne, pero que se distingue netamente de la de éste por la ingente cantidad de nueva documentación que ha sacado a la luz y ha publicado.

En un reciente alegato contra Viñas, Carlos González Cuevas, cuya interpretación del régimen franquista se expresa en afirmaciones como “Franco era, como aparecía en las monedas de la época, ‘Caudillo por la Gracia de Dios’; lo que suponía unos límites claros a su capacidad de decisión” o “el pluralismo inherente al régimen político nacido de la guerra civil”, se dedica sistemáticamente a la tarea de denostar las obras de Viñas, sin argumentos sólidos para fundamentar la crítica. Un ejemplo de ello lo tenemos en la condena de que haya publicado las memorias de Francisco Serrat Bonastre, “con el solo objetivo de fundamentar sus prejuicios antifranquistas”. Pero Serrat era un embajador al servicio de la República, que abandonó su puesto en Varsovia para unirse al régimen franquista, que le nombró Secretario de Relaciones Exteriores. Si tenemos en cuenta, además, que sus memorias no estaban destinadas a la publicidad, sino que permanecían en manos de la familia, para descalificarlas, y para criticar a Ángel Viñas por haberlas publicado, se necesita cuando menos aportar evidencias que lo justifiquen.

Lo que realmente necesitamos es más documentación y más conocimiento. De ahí que me parezca oportuno celebrar la publicación de este diccionario bibliográfico del franquismo que Pedro L. Angosto ha realizado con un notable esfuerzo de documentación. Si los grandes nombres cuentan con una bibliografía más o menos accesible, es difícil encontrar información de otros muchos cuya trayectoria vital se recoge en estas páginas. Será, en suma, una nueva herramienta que nos ayude a conocer mejor la historia de una época.

http://ctxt.es/es/20180516/Politica/19628/memoria-franquismo-josep-fontana-stanley-payne-dictadura-transicion.htm