Los planes de estudio «técnicos y prácticos» de Celaá siembran una nueva generación de incultos. José Antequera

31/03/2021

La ministra Isabel Celaá quiere adelgazar los “contenidos enciclopédicos” de los planes de estudio y sustituirlos por un saber “práctico y técnico”. Su frase “no queremos cabezas llenas sino mejor estructuradas” es toda una declaración de intenciones de hacia dónde va la escuela light del futuro. Ahora bien, ¿se puede imbuir de cultura a nuestros escolares negándoles el saber memorístico y acumulativo? Difícilmente. Desde hace años, y por influencia de los psicólogos y pedagogos posmodernos, hemos asistido a un lento y progresivo adelgazamiento de esas enciclopedias necesarias que no le gustan a la señora ministra y a fuerza de adelgazar los libros y los planes de estudio hemos terminado por enflaquecer también el intelecto de nuestras criaturas. La prueba de ello es que seguimos estando a la cabeza en todas las listas de fracaso escolar de la OCDE, lo cual debe llevarnos a pensar, inevitablemente, que algo estamos haciendo mal.

Por lo visto, con los nuevos planes educativos se trata de transmitir conocimientos fáciles de digerir, conceptos claros y sencillos, cuatro ideas básicas para que los niños no se hagan un lío, sean buenos mecánicos de la globalización y tengan tiempo para las llamadas actividades extraescolares (artesanías con barro, inglés comercial o judo). Es decir, se impone la educación a píldoras, la educación líquida para tiempos líquidos.

En España lo hemos intentado todo sin éxito: el conductivismo, el aprendizaje cognitivo, el cognitivismo social, el enfoque constructivista, el cibernético y otras moderneces pedagógicas. Nada ha dado resultado. Por alguna razón, nuestros jóvenes escolares pierden el interés por los estudios a las primeras de cambio y acaban arrojándose a las aguas peligrosas del mercado laboral en oficios mal remunerados que exigen poca o ninguna cualificación. La sociedad ha instaurado el único valor del dinero, el éxito rápido y fácil, relegando el esfuerzo intelectual y la cultura como antiguallas del pasado. La mejor prueba de que la formación humanista no garantiza el éxito es Ángel Gabilondo, un filósofo que se sabe de memoria El discurso del método de Descartes pero que probablemente nunca llegará a nada, al menos mientras Isabel Díaz Ayuso siga vendiendo bulos, mezquindad, trumpismo y pan y circo a raudales, que es lo que piden los madrileños.   

El fracaso de un país hay que buscarlo en la escuela y desde los tiempos de aquella exitosa EGB de la Transición sin duda hemos ido para atrás. Desterrar el conocimiento memorístico de los planes de estudio fue un grave error porque al final los niños salen del colegio sin saber cosas esenciales para la formación del espíritu y los valores humanistas, como la teoría de las ideas de Platón, quién escribió el Quijote o qué fue eso de la dictadura franquista. Hemos arrinconado la filosofía, la literatura y la historia en el desván polvoriento de nuestras escuelas, tratamos las lenguas clásicas como muertas y las humanidades como asignaturas inútiles solo porque exigen dedicación y memoria y porque no sirven para colocarse en una compañía de seguros o en un banco y ganar mucha pasta. Al final, siguiendo esa concepción de la instrucción pública, pasa lo que pasa, que llega un señor engominado con el brazo en alto, lo cuenta todo al revés, tergiversando la historia, y acaba convenciendo al personal de que Las Trece Rosas eran unas malvadas que torturaban valientes españoles en las checas y que Franco fue un gran defensor de los derechos humanos. Nadie le rebate porque nadie sabe nada sobre nuestra Guerra Civil.

Primero sacamos la lista de los reyes Godos de las aulas (amputando una parte esencial de nuestra historia); después decidimos que leer a los clásicos aburre a los niños y sustituimos La Celestina por Harry Potter (que es más divertido y menos trágico); y al final, en el lento y progresivo proceso de aligeramiento de contenidos (más bien estupidización, alienación cultural o promoción del analfabetismo integral) hemos terminado por enseñarles lo justo para que no se cansen, no se esfuercen, ni se frustren. Hemos dejado de impartir filosofía, humanismo y civismo del bueno en las aulas y ahora nos encontramos con que nuestra muchachada, que lo ha tenido todo en la vida sin esfuerzo, huye de la Policía como los gánsteres de Chicago para refugiarse en el piso turístico y montarse el fiestón suicida y sin mascarilla que puede matar al padre o a la abuela al volver mamado a casa. Las imágenes de los agentes sacando a niñatos insolidarios hechos y derechos de debajo de la cama o de un armario empotrado dicen muy poco del futuro que nos aguarda con esta “generación covid”, más bien “generación botellón”.

A cambio de desterrar lo bueno de la cultura, gran alimento del espíritu, hemos asumido lo técnico sin rechistar (ahora lo llaman innovación), o sea el lenguaje digital, las computadoras, las tablets, las app y cómo manejarse en Twitter o Instagram, que está muy bien porque es el nuevo lenguaje planetario, pero que nunca debería sustituir a la enseñanza clásica y convencional, sino en todo caso complementar lo esencial. Lo que el maestro es, es más importante que lo que enseña, decía el psiquiatra Menninger, y ninguna clase de nuevas tecnologías producirá jamás el efecto cautivador e hipnótico de un buen profesor con una tiza y con sensibilidad leyendo en alto un verso de Machado o Federico.

Puede que el éxito de la educación no esté en memorizarlo todo, como en los tiempos de la escolástica medieval, ni en volver a aquello rancio de la letra con sangre entra. Pero a fin de cuentas uno recuerda con aprecio a sus maestros brillantes y con gratitud a aquellos que tocaron nuestros sentimientos, ya lo dijo Jung. Recordar una poesía puede salvarnos la vida. Leer 1984 puede librarnos del fantasma del fascismo. No hay aprendizaje solo con técnica y habilidad, es preciso que el niño memorice, que sude tinta delante del libro, que se empape y ame la cultura, que interiorice esa visión global de la existencia humana y la haga suya, que imprima los nobles principios en la mente porque de lo contrario estamos perdidos. Una cabeza llena de ideas siempre será menos manipulable que otra hueca aunque especializada en apretar tornillos, como aquel Chaplin de Tiempos Modernos.

Olvidar siempre es desaprender. Una de las escenas más emocionantes de la historia del cine está en Esta tierra es mía, la maravillosa película de Renoir en la que un lúcido maestro (Charles Laughton) aprovecha sus últimos momentos en la escuela pública (antes de ser detenido por la Gestapo) para dar a sus alumnos la más importante lección: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. A cada niño le inculca un artículo mientras le acaricia el cabello o la frente; a cada uno de ellos le ilumina con un soplo de humanismo en su corazón. Y entonces el espectador comprende que esos pequeños serán verdaderos demócratas ya para siempre. “Artículo 1. Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”, reza el más hermoso texto que haya alumbrado la especie humana y que todos deberíamos haber memorizado en nuestra más tierna infancia. Nada de eso se aprende en una clase de robótica.


Qué nos enseña Francia sobre la canción protesta y la libertad de expresión. Ana María Iglesias Botrán

29/03/2021
Qué pasó en mayo de 1968 en Francia

La guerra, la monarquía, la Resistencia, la marginación, los políticos… Las canciones cuentan lo que pasa en la sociedad, y Francia es un ejemplo enorme de canciones comprometidas, subversivas y ofensivas.

A las canciones francesas les ha pasado de todo: juicios y apelaciones, debates políticos… Pero también alguna es Monumento Histórico Nacional. A los cantantes, desde ser encarcelados a homenajeados con funerales de estado.

Las canciones y los cantantes de todo tipo se consideran un tesoro nacional. Esto se entiende, en términos de Morgan Jouvenet, porque el artista no sólo manipula instrumentos o escribe textos, sino que es también un miembro de una comunidad cultural, que expone con sus canciones un punto de vista sobre la sociedad.

Béranger: a la cárcel por criticar a la monarquía

Dos veces encarcelado por sus canciones comprometidas, considerado el poeta nacional, el autor Pierre-Jean de Béranger fue uno de los artistas más importantes de la primera mitad del siglo XIX.

Tenía una enorme popularidad; era admirado por sus letras subversivas y desafiantes, a la vez sensibles y profundas. En ellas criticó al clero, a la nobleza y a Napoleón; pero sus ataques más duros fueron contra la Restauración de la monarquía de los Borbones, que volvieron a reinar desde 1814 y 1815 hasta 1830.

Sus letras antimonárquicas y en defensa de la libertad de prensa fueron castigadas por la justicia. Primero estuvo tres meses en prisión (1821). La segunda vez llegó a estar diez meses (1829). No fue el único: durante los años veinte del siglo XIX más de dos mil personas fueron encarceladas por delitos de opinión.

Su segundo encarcelamiento provocó un enorme rechazo popular y la consagración de su leyenda. Cientos de personas le visitaron, incluidos los intelectuales, novelistas y poetas más prestigiosos del momento. En prisión, siguió escribiendo y publicando letras desafiantes que fueron casi más influyentes que en libertad.

Según el crítico literario Visarión Belinski, gracias a Béranger, la poesía era política, y la política era poesía.

Monumento Histórico Nacional

Durante la Segunda Guerra Mundial y la Ocupación nazi en Francia, se publicaron canciones que representaban al bando que se apoyaba. El himno de la Resistencia era Le Chant des partisans (1943). En las montañas, ocultos en los bosques planeando sabotajes, los maquis sabían que estaban acompañados silbándose en la lejanía las notas de esta canción

Cantar era una forma de extender el apoyo a la Resistencia. Pero había que tener cuidado y esquivar la censura. Para difundir las canciones, se enviaban por carta sólo a tres personas cercanas y afines a la ideología. Dentro del sobre se incluía la partitura, la letra y las instrucciones precisas para no ser descubiertos al aprenderla.

Francia considera fundamental la labor de estas canciones para la Liberación. Por eso, el manuscrito de la letra de Le Chant des partisans, compuesta por Maurice Druon y Joseph Kessel, fue declarado en 2006 Monumento Histórico Nacional, y se conserva desde entonces en el Museo de la Legión de Honor.

El ruido y el olor

El 20 de junio de 1991, el entonces alcalde de París, Jacques Chirac, en su discurso durante una cena del partido, habló de la inmigración y se refirió “al ruido y el olor” que tienen que soportar los vecinos, e insistió en que “no es racista decir esto”.

Estas palabras suscitaron mucha polémica. La protesta musical la materializó el grupo Zebda en una canción titulada precisamente Le bruit et l’odeur (El ruido y el olor).

La letra recuerda la historia reciente de la inmigración en Francia, cuyos trabajadores fueron claves en la reconstrucción del país tras la Segunda Guerra Mundial.

“¿Quién ha construido esta carretera? ¿Quién ha edificado esta ciudad? ¿Y quién no la habita? A los que se quejan del ruido, a los que condenan el olor, me presento: Me llamo Larbi, Mamadou y Juan. Abran paso”

Decir “Ruido y olor” en Francia recuerda tanto al discurso de Chirac como a la canción de Zebda, y supone una designación racista por sí misma. Jacques Chirac reconoció su error en 2009 en una entrevista en la radio.

Contra el Frente Nacional y la extrema derecha

En el libro Cette chanson qui emmerde le Front National (“Esta canción que jode al Frente Nacional”) se recopilan 50 canciones que se refieren a este partido político de ideología de extrema derecha.

Grupos famosísimos como como IAM, Assassin, NTM, Zebda y cantantes como Francis Cabrel, Renaud o Diam’s atacan con sus letras tanto a las ideas racistas y xenófobas del Frente Nacional, como a sus representantes, sin ahorrar insultos.

Como en Nique le système (“Que le jodan al sistema”):

“Si Auschwitz sólo es un detalle, es porque Le Pen es un cerdo.”

En la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de 2002 se enfrentaron el partido de derecha de Jacques Chirac y el Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen. Muchos artistas organizaron conciertos en contra de Le Pen. Los raperos franceses se unieron para publicar juntos el álbum Sachons dire non (“Sepamos decir no”) en el que pedían con insistencia ir a votar, y exponían su tajante rechazo al Frente Nacional. Finalmente, fue Chirac quien ganó las elecciones.

Insultos y amenazas a la República

“Francia es una zorra y nos ha traicionado (…) es este sistema el que nos hace odiarla (…) como misión exterminar a los ministros y a todos los fachas (…) la única forma de hacerse escuchar es quemar coches (…) al Estado que le jodan.”

Estos versos pertenecen al tema La France (2001), del grupo de rap Sniper. La letra denuncia el racismo, la discriminación, pero también insulta a la República y amenaza a sus políticos.

En 2003, el entonces ministro del Interior, Nicolas Sarkozy, habló de esta canción en la Asamblea Nacional por considerar que la letra era inadmisible e injuriosa. También declaró que les llevaría ante la justicia. Por su parte, el grupo musical exigió una disculpa del ministro, amenazando con denunciarle por estimar sus declaraciones populistas y difamatorias.

Poco después, Sniper publicó una nueva versión de la canción con el título “Francia, itinerario de una polémica”. La letra dice lo mismo, pero de distinta forma:

“Francia es una farsa, nos ha traicionado; lo sabes, han intentado descreditarnos; Sí, yo hablé de fulanas, sobre todo de Francia; Ellos me prohíben decirlo a las claras, pero no te preocupes, lo pienso.”

Además de esto, en 2005, el Ministerio de Interior llevó al grupo a juicio. En esta ocasión les acusaban de alentar la violencia contra la policía en un concierto celebrado en Rouen. Fueron absueltos: no se pudo demostrar que incitaran con sus canciones a agredir físicamente a las personas.

Funerales de Estado para sus artistas

Tras el fallecimiento de los míticos cantantes Johnny Hallyday (2017) y Charles Aznavour (2018), el clamor popular pidió un funeral de Estado, y así fue.

El homenaje nacional al rockero Johnny Hallyday se emitió en directo en la televisión pública y otros canales nacionales; asistieron multitud de representantes de la cultura y la política francesa, incluidos todos los expresidentes del Gobierno. Congregó a más de un millón de personas, dejando impresionantes imágenes de todo París acompañando el féretro escoltado, aplaudiendo, llorando y cantando.

Un solemne último adiós en el que el presidente, Emmanuel Macron, dejó claro que el cantante Johnny Hallyday es un héroe nacional. En el funeral de Charles Aznavour, terminó su discurso afirmando que, en Francia, los poetas no mueren nunca.


El centro político: breve historia de una leyenda. Daniel Bernabé

26/03/2021
Análisis de SEMANA: ¿existe el centro? I Videos Semana - YouTube

No sé si han escuchado ustedes hablar alguna vez de las fantásticas islas evanescentes, ínsulas con las que los marineros se cruzaban sólo en algunas ocasiones, apareciendo sorpresivamente pese a que en las cartas de navegación no estaban marcadas o, aun ya habiendo sido registradas, ocultándose de la vista del navegante sin dejar rastro. Las islas evanescentes incluso tenían la facultad de desplazarse, no apareciendo siempre en el mismo lugar, lo que creaba aún más confusión a los que intentaban cartografiarlas. La mayoría no pasaron de ser nunca meras leyendas, algunas producto de volcanes submarinos que conseguían emerger tras una erupción para luego desmoronarse al cabo de los años, muchas producto de anotaciones rudimentarias de expediciones que tenían suficiente con sobrevivir regresando a destino. En las Canarias tienen la suya, se llama San Borondón.

Tranquilos, no transformaremos, por el momento, esta columna en un espacio para el misterio y lo insólito, pese a que nuestra sociedad parece cada vez más llena de fenómenos paranormales: les dejo a ustedes el chiste. Les traigo a colación el fenómeno de las islas evanescentes porque siempre me ha recordado mucho a eso que se denomina centro político: algo que existe en gran medida dependiendo del punto de vista del observador, algo terriblemente mitificado, algo que pensamos estable pero que desaparece dependiendo del momento y algo que, sin duda alguna, no está siempre situado en la misma posición de nuestras cartas de navegación ideológicas.

En España, si atendemos a los partidos que han intentado ocupar esa posición, podríamos aventurarnos a decir que el centro es simplemente la derecha que ha querido pasar por moderna dejando de dar gritos y guardando en el cajón el rosario, al menos antes, cuando el catolicismo tenía un cierto peso y a misa iba todo el mundo, unos a la parroquia de su barrio y otros a la ermita antes de la montería. El centro, así, ha podido ser una coartada, una forma de hacer pasar a aquella derecha que aún daba miedo porque los que votaban se acordaban del franquismo, por unos tipos juveniles y razonables que sólo venían a gestionar. Aznar, si recuerdan, fue de centro, y lo primero que hizo al llegar al Gobierno en 1996 fue editar los diarios de Azaña, firmar el pacto del Majestic con CiU y decir en los mítines, aquellos en plaza de toros a los que iban Julio y Norma, que de joven había sido un “simpático progre”. La señora Botella le miraba, tan atónita como morena, entre el público.

Más tarde el centro fue saltando entre UPyD y Ciudadanos, ambos partidos nacionalistas españoles, salvo que uno impulsado desde Euskadi y otro desde Cataluña, hasta la política nacional. Salvando las diferencias entre Rosa Díez, aquella señora que era del PSOE y hoy deja a Vox como ejemplo de moderación, y Albert Rivera, que a mí me recordó siempre a esos mandos intermedios que tenían en su habitación de adolescente un poster de Mario Conde en vez de uno de Rosendo, los magentas y los naranjas intentaron siempre jugar a aquello de “huir de las etiquetas”, es decir, de las ideologías, que equivaldría a que un carpintero huye de la madera o un panadero de la harina: no hay nada fuera de la ideología, que no es más que un criterio ordenado sobre el que se entiende la vida y del que se tratan de obtener unas soluciones.

Decirte ni derechas ni de izquierdas no significa ser exactamente de centro. Los fascistas, los de los años 30, también lo decían, declarándose tercerposicionistas. Simple y llanamente porque, en el primer tercio del pasado siglo, el movimiento obrero era tan fuerte que ocupaba el centro del tablero, obligando a las opciones radicales de la derecha a catalogarse de revolucionarias y emplear una retórica obrerista que aunque condenaba a los banqueros lo hacía sólo con los que eran judíos. A sus burguesías nacionales hacían siempre como que nos las veían, más que nada porque solían ser las que aflojaban el parné para que los aguerridos muchachos de clase media, para-militarizados, se dedicaran a ir dando palizas y practicando el pistolerismo contra sindicalistas y, en general, contra cualquiera que tuviera apego a la justicia social. A quien se declara de centro en España, país que de fascismo ha entendido un rato, siempre hay que mirarle un poco de reojo a ver si es de centro o del centro plus ultra.

La izquierda también se dice de centro, imbuida en la creencia, machacada durante años desde los púlpitos de los editoriales y los consejos de los mandarines del backstage electoral, de que es ahí donde se ganan las elecciones. Incluso Podemos, en su época inicial, siguiendo aquella manía del 15M de intentar gustar a todo el mundo creyendo que eran el 99%, se decía también al margen del eje ideológico izquierda y derecha. Todo esto, de hecho, me ha venido a la cabeza al escuchar a Ángel Gabilondo diciendo que él no iba a aumentar los impuestos ni pactar con “este Iglesias”, como si hubiera muchos diseminados por Madrid, al estilo de unos gnomos de jardín, unos con coleta, otros con moño y alguno, incluso, levantando el puño, algo muy poco de centro, claro está.

Nos encontramos, así, con una valiosa enseñanza de nuestro pasado reciente que no nos debería pasar desapercibida. Mientras que hace 25 años era Aznar, la derecha, la que se decía de centro para no asustar el votante, hoy, realmente ya desde hace mucho, es el progresismo el que tiene que decirse de centro, probablemente además de una forma bastante más honrada que el propio presidente del bigote y expresión ceniza: unos sólo lo decían porque era lo que tenían que decir, los otros de tanto decirlo se lo han creído y van casi como pidiendo perdón por ser quienes eran, haciendo políticas que se corresponden poco con los valores que dicen defender. No hace tanto, de hecho, Pedro Sánchez reclamaba la izquierda porque tenía a un Podemos fuerte que le pisaba los talones. El centro no siempre significa lo mismo, tiene los mismos efectos ni se sitúa en la misma posición: de tan a la derecha que nos estamos volcando pronto será considerada radical la propia idea de democracia.

El votante, que no es más que un papel que el ciudadano interpreta en unas elecciones, existe en la medida que existen desigualdades sociales, diferente acceso al trabajo, la vivienda, el estudio o incluso la calidad de vida, que se alarga o empequeñece de manera notable dependiendo de a qué clase social se pertenezca. Las diferencias de clase siguen existiendo, probablemente en nuestros días de una manera más notable, tras la Gran Recesión de 2008, tras estos meses pandémicos, que en la primera década del siglo. Pero no se perciben como tales, sino como resultados de nuestras capacidades individuales, en el mejor caso de la fortuna. Si nadie nos ha recordado este hecho es porque todos, durante demasiado tiempo, han querido ser de centro; los trabajadores, ausentes de sí mismos, se han visto como clase media, que es en esto del análisis social el equivalente al centro en lo político.

Y en este contexto, evidentemente, cuando tú quieres ser otra cosa, educando a tus votantes para que sean otra cosa, las elecciones sí se deciden por el centro, sobre todo porque la mayoría de los que no votan ya ni siquiera ven, no sólo a la izquierda, sino a la política como algo que pueda mejorar sus vidas. Los mayores índices de abstención coinciden justo con las zonas de clase trabajadora más afectadas por una crisis que en algunos lugares, y para algunas vidas, duró una década hasta enlazar con esta. Es entonces cuando, atendiendo a los estudios, la izquierda renuncia a los suyos buscando a los otros. Y así entramos en un bucle que, con el devenir de los años, no ha hecho más que profundizar el problema: ni el cantante se dirige a su público ni a su público le interesa la música.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2021/03/24/el_centro_politico_breve_historia_una_leyenda_118403_1023.html


La deriva antidemocrática. Javier Gallego

24/03/2021
PP y Cs habrían quedado por delante de Vox el 14-F si se hubieran  presentado juntos - Elecciones Catalanas - COPE

La moción de censura en Murcia por casos de corrupción ha terminado con el PP comprando a tres tránsfugas de Ciudadanos y regalando a Vox la Consejería de Educación para que impongan el pin neanderthal que ellos llaman “parental”. La ultraderecha impedirá a los niños y niñas murcianos recibir formación en valores como la diversidad sexual o la igualdad de género. La enseñanza pública garantiza precisamente el derecho de los menores a tener una educación democrática más allá de sus familias. Vox ya había entrado en las instituciones, ahora también en las aulas. Lo siguiente es la invitación de Ayuso a entrar en el gobierno de Madrid. 

Los talibanes van colonizando espacios paso a paso, se infiltran en el discurso y calan en las mentes. Hace sólo unos años daban risa sus desvaríos desfasados, hoy millones de españoles jalean a esta manada de misóginos, racistas, clasistas y homófobos. Vuelve la rancia retórica reaccionaria que creíamos desterrada después de siglos de represión católica y cuarenta años de franquismo. Como en Estados Unidos, Brasil o Hungría, la extrema derecha se ha normalizado. Ya no les da vergüenza mostrarse, al contrario, ahora lo cacarean. Ya no dan risa, dan miedo. 

Una amiga me contaba asustada cómo gente diversa a la que sigue en redes ha pasado de posturas plurales y moderadas, a defender a estos extremistas con vehemente intolerancia. Todo se pega, también sus maneras. Los algoritmos que rigen las redes, los medios y los partidos están favoreciendo el regreso a ese fanatismo de aire fascistoide. Parece increíble que suceda después de las heridas que dejó el fascismo en España y en el mundo. La Historia se contagia pero no vacuna. 

Lo que aterra es la pasmosa pasividad con la que nos deslizamos por esa peligrosa pendiente. Leía hace bien poco la novela gráfica Irmina, en la que la autora alemana Barbara Yelin cuenta, a través de la biografía de su abuela, cómo la sociedad germana acabó aceptando, acatando y en su mayoría, abrazando el nazismo.El cambio se produce de manera gradual, en sigilo aunque ruidosa, por el bombardeo de mensajes que primero se desprecian, después se popularizan y finalmente se generalizan. Por miedo a la autoridad y a quedarse fuera que termina convirtiéndose en convicción. No creo que se repita, pero sí que se replica con formas menos bélicas, más sutiles, más capitalistas, pero tan ultranacionalistas como antaño. Igual que no pretendo trivializar un pasado tan atroz, creo que no deberíamos banalizar la deriva antidemocrática que recorre el planeta. 

Leía también al escritor Andrés Trapiello anunciar en tuiter de forma rotunda que no pensaba votar pero que Pablo Iglesias le había hecho cambiar de opinión para votar en su contra. Habrá que felicitar al Coletas por promover el voto, pero resulta inquietante que un intelectual caiga tan groseramente en la burda propaganda que ha convertido a Iglesias en el mismo demonio. No encuentro expropiación o nacionalización que explique tanta inquina en el escritor. Tampoco el tuit de Trapiello abominando del vulgar trumpismo de Ayuso y su alianza con Vox.   

Así se normaliza la anomalía que significa dar entrada a la extrema derecha en las instituciones. A través del discurso. Se llama ‘golpe de Estado’ a un proceso plenamente democrático como es una moción y ‘juego político’ a la compra de diputados, al tiempo que se acepta que el pensamiento ultra, valga el oxímoron, fiscalice la educación pública. En Madrid, Ayuso desprecia a quienes lucharon por devolver la democracia y celebra a quienes quieren limitarla y lo hace en nombre de la ‘libertad’. Podemos, un partido a lo sumo reformista, que gobierna sin que se rompa España y defiende derechos básicos como la vivienda, es poco menos que el Anticristo, pero al neofranquismo se le invita a gobernar. 

Llamar a esto democracia plena, a un sistema con cloacas políticas, mediáticas, policiales y judiciales, es tener un concepto muy estrecho de la democracia y hacerle el caldo gordo a la extrema derecha. Un día nos preguntarán cómo permitimos que llegara al poder un partido homófobo que niega la violencia contra las mujeres, ataca al feminismo, criminaliza a la inmigración pobre, señala entre ellos a los menores y quiere adoctrinar a los niños en la intolerancia y la desigualdad. Como Irmina, la abuela de Barbara Yelin, muchos no sabrán qué contestar. 

https://www.eldiario.es/carnecruda/lo-llevamos-crudo/deriva-antidemocratica_132_7335468.html


El odio de Franco: la represión fue todavía más cruel que la Guerra Civil. José Antequera

22/03/2021

Los estudios historiográficos cifran en 270.000 el número de españoles encarcelados a partir de 1940, en la cruel represión franquista. Muchos de ellos terminaron siendo ejecutados por vía del juicio sumarísimo y sus cuerpos sepultados en lugares desconocidos. Los cadáveres de otros tantos (se calcula que más de 33.000) fueron sepultados en el Valle de los Caídos sin que sus familias lo supieran, como complemento y relleno perfecto a la obra faraónica del megalómano dictador. Ni que decir tiene que los Consejos de Guerra que se organizaron a tal efecto no reunían unas mínimas garantías procesales para los acusados.

En la mayoría de los casos la sentencia ya estaba dictada de antemano, puesto que bastaba y sobraba con la declaración de algún testigo rencoroso, con el informe secreto de algún cura resabiado que hacía las veces de confidente franquista o simplemente con el atestado de la Guardia Civil. El peor delito era el de rebelión, que la mayoría de las ocasiones conllevaba la pena capital. A fecha de hoy decenas de miles de juicios sumarísimos, farsas con las que el Gobierno trataba de justificar y dar apariencia de legalidad a sus fusilamientos indiscriminados, aún no han sido derogados.

A esa inmensa tragedia hay que unir el otro genocidio, el silencioso, no el provocado por el pelotón de fusilamiento sino el que tuvo lugar a causa del hambre y la enfermedad en las lóbregas prisiones y en los macabros campos de concentración repartidos por todo el territorio nacional. Si crueles fueron las sentencias que condenaron a miles de españoles a la pena de muerte, no menos lo fueron los juicios contra represaliados por “delitos menores”, una práctica que también tuvo un enorme coste en vidas humanas, ya que las sórdidas cárceles de aquellos años, por sus condiciones infrahumanas de habitabilidad, se terminaban convirtiendo en auténticos centros de exterminio masivo.

La memoria recuperada hasta el momento nos habla de miles de casos de férrea represión. Como la historia de Genara Fernández García, que quería ser maestra pero Franco truncó su sueño y le prohibió ejercer. “No es persona de confianza para el nuevo Estado español”, sentenciaron los informes que se instruyeron sobre ella a los tres días de ser detenida en diciembre de 1939. Desposeída de su empleo como profesora, empezó a trabajar como taquillera en el Cine Mary de León. Unos panfletos supuestamente subversivos fueron la coartada del régimen para condenarla a muerte tras el consejo de guerra celebrado en febrero de 1940. Genara fue ejecutada en el campo de tiro de Puente Castro un año más tarde. En su expediente judicial aún se pueden leer los testimonios de los que la delataron: “Se la conoce aquí con el apodo de la Pasionaria por su afán de intervenir, chillar y propagar y ser acaso la única (no sé si había otra) mujer afiliada a partidos de izquierda”. Genara es uno de los miles de desaparecidos en la Guerra Civil cuyo rastro ha sido seguido por la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH). Cuando los técnicos procedieron a la apertura de la fosa número 6 encontraron el esqueleto de una mujer de mediana edad y ahora será el ADN el que resuelva la identidad definitiva del cuerpo exhumado.

Voces enterradas

Lejos de allí, en el cementerio de Celeiros, la familia de Benigno Fraga Pita, alias Alejandro, guerrillero antifranquista muerto a manos de la Guardia Civil en Candedo el 27 de abril de 1949, lleva a cabo las gestiones necesarias para recuperar los restos. En este caso el expediente estaba depositado en el Archivo Militar de Ferrol y gracias al legajo se pudo localizar el lugar donde posiblemente fue enterrado Benigno. El represaliado fue comisario político, miembro del Comité Provincial del PCE de A Coruña y enviado a Ourense para fundar la II Agrupación. Maestro armero en los arsenales de Ferrol, tuvo que huir e incorporarse a la guerrilla cuando se descubrió su pertenencia al Partido Comunista. Hoy su nombre, como el de otros muchos, emerge desde las entrañas de la tierra. Después de varias catas manuales, los técnicos han hallado dos entierros diferenciados (ambos sin caja) en la parte derecha de la puerta de una iglesia. Los restos se han trasladado al laboratorio de Ponferrada para su estudio antropológico y su posterior análisis genético. Setenta años después, se empieza a hacer justicia con Benigno.

Julio Calzada Blasco, Emilio Gutiérrez Pascual, Esteban Mateos Mateos y Tiburcio Mateos Mateos fueron detenidos y sacados de sus casas, a la fuerza, el 12 de agosto de 1936.  En uno de los habituales “paseos” del ejército nacional, de camino a la localidad de Muñoz, fueron asesinados a la altura de la población de Boadilla. No eran gente con altas responsabilidades políticas en el Gobierno de la República, solo modestos albañiles, jornaleros y labradores afiliados a organizaciones sindicales. Todos ellos terminaron siendo fusilados y trasladados en un carro a la parte civil del cementerio de su localidad. “Recientemente, las tareas de exhumación de sus cuerpos han sufrido un nuevo retraso, ya que el decreto que regula las exhumaciones de fosas comunes promovido por la Junta de Castilla y León, que supuestamente iba a agilizar los trámites, se ha acabado convirtiendo en un laberinto burocrático”, aseguran fuentes de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica.

En el momento en el que se encontraron los restos estaban presentes las nietas de dos de los represaliados. La intervención, dirigida por el arqueólogo Serxio Castro y en la que ha participado un equipo formado por una docena de voluntarios, se desarrolló a lo largo de cinco días. Los huesos han sido trasladados al laboratorio de la Asociación en Ponferrada para estudiar y determinar el sexo, la edad y las causas exactas de la muerte mediante un complejo estudio antropológico. Posteriormente se realizarán las pruebas de ADN para determinar la identidad de los fallecidos.

Estos tres ejemplos se unen a centenares de proyectos de exhumación actualmente en marcha en todo el país para descubrir qué pasó con los miles de represaliados y desaparecidos. Tal avalancha de casos corrobora, una vez más, que España necesitaba una ley que regulara las exhumaciones y pusiera orden en el asunto pendiente de la memoria histórica. El texto legal anunciado hace solo unos días por la vicepresidenta primera del Gobierno, Carmen Calvo, tiene como principal objetivo el reconocimiento de la dignidad de quienes padecieron el totalitarismo fascista y la defensa de los valores democráticos, derechos y libertades fundamentales.

Pero la norma no nace solo con la pretensión de hacer justicia con los años turbulentos de la Guerra Civil y la dictadura franquista, trata de extender su ámbito de aplicación hasta la Transición y aún más allá, hasta la actualidad, ya que potenciará la Justicia Universal y la persecución de los delitos de lesa humanidad, como no podía ser de otra manera tratándose de España, un país democrático y avanzado. La ley parte del reconocimiento de la verdad como un derecho de las víctimas y tiene como noble misión que la guerra y sus crímenes no vuelvan a ocurrir nunca más en nuestro país.

Por supuesto, la futura regulación supondrá el repudio y la condena total, sin paliativos, del golpe de Estado de 1936 que dio lugar a la execrable dictadura franquista. Desde ese punto de vista, la ley Zapatero de 2007 sentó las bases de la nueva legislación, pero la llegada del PP al poder frenó cualquier avance en el terreno de la recuperación de la memoria histórica democrática. Y no solo porque el partido conservador se mostró abiertamente en contra, desde el principio, de cualquier tipo de condena del fascismo franquista, sino porque el presupuesto que adjudicó a la exhumación de los cadáveres de las fosas comunes fue “exactamente cero”, tal como presumía en su día Mariano Rajoy.

Trece años después de la ley Zapatero, aquel primer intento había quedado en buena medida frustrado y era necesario dar un nuevo impulso a la recuperación de la memoria histórica, en especial porque con el actual marco legal resultaba imposible cubrir los objetivos marcados por el Gobierno de coalición. El escenario había cambiado radicalmente en relación a 2007, en primer lugar, porque no se habían incluido en nuestro ordenamiento jurídico las recomendaciones de los organismos internacionales especializados en Derecho Humanitario −sobre todo el informe del Relator Especial de Naciones Unidas sobre la promoción de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición confeccionado por Pablo de Greiff− que instaban a España a ponerse al día con las políticas de memoria.

En segundo término, las leyes autonómicas promulgadas en los últimos años (hasta 12) habían modificado sustancialmente el panorama de la memoria histórica, e iban más allá de la protección otorgada por la propia ley de Zapatero. En tercer lugar, los movimientos memorialistas han ejercido tal presión en demanda del reconocimiento de la dignidad de los represaliados que resultaba imposible no atender a sus reivindicaciones. Y por último, algo se había movido también en el Parlamento español, donde se habían tramitado numerosas propuestas relacionadas con la memoria, un hecho inédito en democracia que ha obligado el Gobierno a tomar la iniciativa.


Décadas sin respuesta del Estado español a miles de denuncias de desaparición forzada y apropiación de niños y niñas.

19/03/2021

En el Estado español, cientos de madres están buscando a sus hijos perdidos hace décadas. Aseguran que sus bebés fueron robados al nacer para ser dados o vendidos en adopción. Durante el franquismo, algunos bebés les fueron quitados a opositores políticos, madres solteras o familias pobres y entregados a familias consideradas capaces de darles un crianza “preferible”. En algunos sitios, los casos de robo y tráfico de menores fueron reportados hasta después de la muerte de Franco y la transición democrática. A mediados de junio el Tribunal Supremo español dejó abierta la puerta a la investigación de los casos de bebés robados en España desde la dictadura franquista hasta avanzada la democracia.

INFORME DE AMNISTÍA INTERNACIONAL

El Parlamento tiene una oportunidad histórica de aprobar una Ley sobre bebés robados que permita la búsqueda e identificación de niños y niñas, y garantice verdad, justicia y reparación.

Durante más de 50 años, desde finales de la Guerra Civil hasta los 90, miles de personas pudieron ser objeto de desaparición forzada, o de sustracción y sustitución de sus identidades. Se vulneró, también, el derecho a la protección de la vida familiar, el derecho a la identidad, a la nacionalidad, al nombre, y a las relaciones familiares sin injerencias ilícitas. Son los conocidos como “bebés robados”. La respuesta por parte del Estado ha ido desde la autoría o complicidad en los primeros años, hasta la actual atención desinteresada, inadecuada e insuficiente a los miles de procesos de búsqueda iniciados por personas que no conocen su identidad ni la de su familia biológica; o por madres y padres, hermanos o hermanas, que desconocen la suerte y paradero de sus hijos o hijas, o familiares.

Las sustracciones ilegales denunciadas se habrían producido primero en cárceles, y luego en hospitales, maternidades, casas  cuna, centros de beneficencia, en algunos casos directamente gestionados por congregaciones religiosas, que carecían de una adecuada supervisión por parte del Estado. Amnistía Internacional ha constatado cómo bebés llegaron a ser entregados a familias de México o Chile, siendo registrados como hijos e hijas biológicos. La ideología de género franquista que puso el foco en el control de las mujeres, su sexualidad y su maternidad, impuso la creación de leyes, algunas vigentes hasta finales de los 90, que permitieron amparar la sustracción ilegal de bebés. Estas son algunas de las principales conclusiones del informe, ‘Tiempo de verdad y de justicia’. Vulneraciones de derechos humanos en los casos de «bebés robados», presentado hoy por Amnistía Internacional.

«Durante la investigación, hemos documentado casos en los que hay indicios de que se den los tres elementos que establece el derecho internacional para considerar que podemos hablar de desaparición forzada: primero, la sustracción del bebé; segundo, con la participación, o con la tolerancia o aquiescencia del Estado; y, tercero, la negativa por parte de las autoridades para revelar la suerte o el paradero de la persona desaparecida», explica Daniel Canales, investigador del informe.

Décadas sin respuesta

«Lo que busco es un bebé muerto, como no lo encuentro, lo busco vivo», son palabras de Marga Calvo que busca a su hijo nacido en julio de 1975.

Siempre que hay sospecha de que puede darse un caso de desaparición forzada, el Estado tiene la obligación absoluta de investigar estos delitos, que no prescriben hasta que se esclarezca la suerte y paradero de las personas desaparecidas, y se les garantiza la posibilidad real y legal de restablecer su verdadera identidad.

Sin embargo, Amnistía Internacional ha podido constatar que los procesos de búsqueda continúan encontrando obstáculos, y resultan ser en su mayoría, infructuosos. Aunque en los últimos años se han puesto en marcha algunos recursos para abordar este tema, como el Servicio de Afectados del Ministerio de Justicia, no cuenta con los medios suficientes, no hacen acompañamiento a las víctimas, apenas siguen los casos, y no proporcionan apoyo psicológico, ni orientación jurídica.

«Pese a los esfuerzos realizados, la mayoría de las investigaciones emprendidas por la Fiscalía fueron cerradas sin haber podido proporcionar certeza ni avances significativos en la búsqueda de verdad, justicia y reparación de las víctimas. Desde 2011 hasta enero de 2021, se emprendieron 2.138 diligencias, de éstas solo una, que se inició en Barcelona en febrero de 2020, permanece todavía abierta. Del total de estas diligencias, 526 llegaron a ser judicializadas. Sin embargo, múltiples juzgados aplicaron la prescripción de los hechos, negando con ello el carácter continuo de la desaparición forzada y cerrando los casos sin una mínima actividad de investigación para esclarecer los hechos», señaló Daniel Canales.

El peso de los procesos de búsqueda sigue recayendo en las propias familias y en las personas en búsqueda de su identidad, que se encuentran con que ni el Estado, ni la Iglesia (que archiva documentos relacionados con adopciones anteriores a la Ley de Adopción de 1987les facilitan el acceso a información relevante que podría contribuir al esclarecimiento de los hechos.

Durante la investigación, Amnistía Internacional ha identificado algunos elementos comunes en estos casos. Es recurrente encontrar que las mujeres que denuncian la sustracción de sus hijos/as eran de origen humilde, madres jóvenes, e incluso madres solteras, en un contexto en el que se negaba a la mujer capacidad de decisión sobre su vida, su maternidad y sus hijos. Las denuncias por estos hechos alegan circunstancias que se repiten con frecuencia: se informaba de la muerte del bebé, que en muchos casos no se podía ver, y/o de cuyo entierro se encargaba el hospital. En los procesos de búsqueda se une la falta de información, o la documentación errónea o falsa, y un acompañamiento inexistente o escaso por parte de las autoridades a quienes emprenden la búsqueda.

Ideología contra la mujer
A lo largo de la investigación, hemos podido constatar una ideología de género franquista que explica y da contexto a los hechos denunciados como sustracciones ilegales de bebés. Comienza en la posguerra, con una represión que incide de forma particular en la mujer represaliada, y continúa durante el franquismo, a través del control sobre la mujer, cuya única función es ser madre, y a la que se priva de autonomía y capacidad de decisión, también respecto de su propia maternidad.

«Más allá de esta ideología franquista, desde el fin de la Guerra Civil se aprobaron leyes, muchas de ellas vigentes hasta finales de los 90, que sometían y limitaban los derechos de las mujeres, regulaban el registro de los y las menores, y permitieron que la adopción fuera un negocio entre particulares hasta 1987. También hasta 1963 se publicaron numerosos informes médicos que pretendían demostrar que la mortalidad infantil era mayor cuando la madre era pobre, trabajadora, o madre soltera. Un entramado legal e ideológico en el que pudieron ampararse estas violaciones de derechos humanos», relató Daniel Canales.

La desconfianza hacia las madres, el discurso de que quienes no superan la muerte de su bebé pueden terminar locas, se ha prolongado en el tiempo, y sigue teniendo especial impacto en las mujeres que todavía hoy buscan a sus hijos e hijas: no se las cree, se las considera locas, e incluso se les achaca haberse arrepentido de haber entregado a sus bebés en adopción.

Ruth Puertas, presuntamente le sustrajeron su bebé en 1993, se trata del último caso documentado por la organización. A lo largo de años de búsqueda solo ha encontrado falta de información, falta de respuestas, y un cuestionamiento constante a su testimonio. «Yo quiero verdad, quiero que se sepa que no estamos locas», contaba Ruth a Amnistía Internacional.

No es un tema del pasado
Para Amnistía Internacional, no se trata de una violación de derechos humanos del pasado, sus efectos no han cesado y persisten hoy. Si algo ha podido constatar Amnistía Internacional a lo largo de esta investigación es el profundo dolor que soportan las familias y personas inmersas en estos procesos de búsqueda, incrementado por la falta de respuestas y la impunidad. Este sufrimiento moral y psicológico puede llegar a alcanzar el umbral de la tortura y otros malos tratos, tal y como han señalado mecanismos internacionales como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, o el Grupo de Trabajo sobre desapariciones forzadas de Naciones Unidas.
Momento histórico
El Estado español debe adoptar medidas con un enfoque global para dar respuesta a estos procesos de búsqueda en su totalidad, y proporcionar de forma proactiva  acompañamiento a las víctimas. Esto requiere que todas las autoridades implicadas garanticen mecanismos adecuados de acceso a la información, rendición de cuentas, así como apoyo jurídico y psicológico.

«En estos momentos estamos ante una oportunidad histórica para impulsar el esclarecimiento efectivo de estas violaciones de derechos humanos. Esperamos que el Parlamento apruebe una Ley sobre bebés robados destinada a la búsqueda e identificación de niños y niñas; que el Ejecutivo garantice una asistencia integral, tanto jurídica como psicosocial para las víctimas y se reconozca públicamente el impacto que este tipo de violencia ha tenido específicamente contra las mujeres; y que desde tribunales y fiscalía se impulsen investigaciones exhaustivas e independientes para esclarecer los hechos», manifestó Esteban Beltrán, director de Amnistía Internacional España.

Información de contexto
La investigación de Amnistía Internacional se ha llevado a cabo en Andalucía, Comunidad de Madrid, Comunidad Valenciana, Cataluña y País Vasco por concentrar más del 80 por cien de las diligencias de investigación emprendidas por las Fiscalía General del Estado desde 2011.

Amnistía Internacional


Pandemia, año I: más desigualdad, más desafección, más ultraderecha. Cristina Monge

17/03/2021
Los sanitarios se manifiestan en defensa de una Salud Pública de calidad -  Noticias de enfermería y salud

Hace ahora un año escribía en infoLibre esta columna enumerando las que eran cinco grandes encrucijadas que definirían la sociedad post-covid. Hoy, con la pandemia todavía en nuestras vidas, hay dudas que se han despejado y suponen avances importantes como la apuesta por la economía verde, deberes pendientes como un nuevo multilateralismo y unas bases económicas que hagan sostenible el bienestar; pero también se contabilizan grandes fracasos, como el incremento de las desigualdades. Spoiler: la foto final no es muy esperanzadora.

1. Avances: La economía moderna es verde y digital

Thank you for watching

Una de las preguntas que emergía con fuerza hace un año apuntaba a lo que luego ha derivado en los dos grandes ejes de la recuperación en Europa, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo tecnológico: “¿cómo repensar un modelo económico capaz de mantener la biodiversidad y la calidad de los ecosistemas lo suficiente como para proteger nuestras vidas, sin dejarlo en manos de los gigantes tecnológicos y sus mecanismos de control social?”

La buena noticia es que estos dos asuntos, la sostenibilidad ambiental y el desarrollo tecnológico dentro de parámetros democráticos, han ocupado cientos de debates, informes y se sitúan en el centro de las preocupaciones de quienes toman las decisiones. Ambos asuntos son las columnas sobre las que descansa la recuperación económica desde Europa, que entiende que la modernización económica pasa por lo verde y lo digital. El programa Next Generation UE así lo sostiene. Veremos qué sucede en su ejecución, y será necesario vigilar y evaluar sus efectos; pero eso no puede ocultar que supone un giro de 180º en las políticas comunitarias. Si no, compárese con la respuesta dada por la UE a la crisis de 2008, cuando desplegó brutalmente el “austericidio”.

2. Deberes pendientes: Sin bases para un nuevo multilateralismo desde lo público y sin alternativas para el día que se cierre el grifo de la deuda

Me preguntaba entonces si estábamos ante la “¿vuelta a las fronteras nacionales o reconstrucción de una globalización inteligente con una gobernanza lo más común posible?” y este sigue siendo uno de los aspectos más debatidos en multitud de foros. Las estructuras que podrían servir de base a esa gobernanza global y común ni siquiera se intuyen de momento. Es cierto que el año I de la pandemia ha sido el último de Trump, quien boicoteó cuanto pudo los foros de cooperación internacional que han aguantado a duras penas, pero en ningún sitio se están sentando las bases políticas para un nuevo multilateralismo capaz de gestionar los grandes retos. Al menos desde lo público, porque otra cosa es el ámbito empresarial, donde la cooperación entre centros de investigación y laboratorios farmacéuticos ha hecho posible el milagro de disponer de vacunas en apenas nueve meses. Es cierto que ha habido abundante dinero público para engrasar esa colaboración, pero de ahí no se están derivando estructuras de gobernanza global capaces de dotar de legitimidad democrática a muchas de las decisiones. El bochornoso espectáculo de la negociación para la compra de vacunas es buen ejemplo.

En el caso de España hay que entender que la Unión Europea es ya parte indisoluble de nuestra política “interna”, aspecto que se ha visto reforzado al comprobar que tanto la compra de vacunas como los fondos de recuperación han llegado desde el ámbito comunitario. ¿Alguien se imagina cómo se hubieran conseguido las vacunas si España hubiera estado al margen de la UE? ¿O cómo se estarían planteando los planes de recuperación? Desde esta concepción, por tanto, de que la UE es España y España la UE, se puede decir que la nueva gobernanza global no avanza, pero estructuras como la europea son fundamentales para sobrevivir en la jungla global.

En el plano económico los grandes interrogantes siguen sin resolverse. Ya entonces se intuía que era importante entender “¿cómo hacer sostenible un Estado del Bienestar capaz de mantener lo público y lo colectivo sin reestructurar de arriba abajo sus políticas económicas y fiscales?”. La urgencia y excepcionalidad del momento han abierto el grifo de la deuda pública para poder financiar las políticas mínimas necesarias para hacer frente a la crisis. No hace falta insistir en que esto, tarde o temprano, terminará, y habrá que responder a la pregunta de fondo. Permanece en suspenso, por tanto, la resolución de esta encrucijada, pero empiezan a aparecer propuestas dignas de ser pensadas y debatidas, como esta encabezada por Piketty y un centenar de reconocidos economistas europeos de cambiar la deuda pública del BCE por inversiones relacionadas con la transición ecológica y la cohesión social. Puede que ahora parezca una quimera, pero también lo parecían hace unos meses las ayudas directas a las empresas y se aprobaron en el pasado Consejo de Ministros.

3. El gran fracaso: Las distintas desigualdades se han multiplicado, y han surgido otras nuevas

Correlato de lo económico, aparecían ya entonces las cuestiones sociales: “¿Cómo hacer compatibles las medidas económicas y de restricción de movimientos con la protección de estas vulnerabilidades?”. Esta duda tampoco ha sido resuelta. Las medidas de restricción de movimientos golpearon entonces y golpean hoy con más fuerza a lo sectores más vulnerables. El celebrado Ingreso Mínimo Vital apenas llega al 15% de los solicitantes, la violencia contra las mujeres se ha incrementado en la intimidad de los confinamientos domiciliarios, los profesionales no dejan de alertar sobre cómo han crecido los problemas de salud mental –sobre todo en los más pobres, como se cuenta aquí-, etc. El resultado es un incremento de la desigualdad que escala sobre las grietas abiertas ya tras la crisis del 2008. Además, han aparecido nuevas brechas, como las que distinguen entre quienes pueden teletrabajar y quienes no. Los primeros tienen más opciones de sobrevivir y navegar en un entorno cada vez más tecnológico. Los segundos, aunque a muchos les hemos dicho que son “esenciales”, sabemos que están poniendo el cuerpo, y por tanto, arriesgando sus vidas. Ni siquiera han sido, algunos de ellos, prioritarios en el orden de vacunación. Es cierto que sin los ERTE o sin este IMV que al menos está llegando a una pequeña parte de quienes lo necesitan la situación sería peor. Pero no podemos conformarnos con esto. La desigualdad hace que la distancia personal se convierta en social.

Foto final: La sociedad de la distancia es más polarizada y más desafectada

Como se ha enumerado ya en otras ocasiones en esta columna, –aquí una serie de cinco artículos al respecto- el año I de la pandemia ha sido el de la distancia. Una distancia física que ha imposibilitado el imprescindible encuentro y conversación que requieren las democracias y que no han podido paliar las alternativas tecnológicas. Y una distancia social producida por el incremento de la desigualdad.

Todo ello ha dejado una política más polarizada y una sociedad más desafecta. Alarma comprobar en cada entrega del barómetro del CIS cómo la política y los políticos han ido escalando puestos en las preocupaciones de los españoles hasta consolidarse en el pódium. Resultado de ello, la abstención ha crecido de forma muy considerable en todos los comicios convocados durante la pandemia. Y el miedo al virus solo ha sido una causa menor de tal fenómeno.

El descontento con la política y la sensación de desprotección ante un entorno cada vez más incierto hacen las delicias de esos hombres fuertes capaces de llenar de gente las plazas para vocear consignas fáciles y mentiras flagrantes que simulan respuestas y soluciones. A lomos de la antipolítica, la ultraderecha cabalga.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2021/03/15/pandemia_ano_mas_desigualdad_mas_desafeccion_mas_ultraderecha_118004_1023.html


¿Democracia plena o plana? Sabino Cuadra Lasarte

15/03/2021

Lo que sigue tiene que ver con la afirmación reciente del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, afirmando que “España es una democracia plena”. Contestaba así a Pablo Iglesias, quien, a cuenta de la condena del rapero Pablo Hasel, había puesto en una cierta solfa la calidad de la democracia española. 

No entiendo muy bien eso de la democracia plena. En los cinco años de la carrera de Derecho, yo no oí hablar nunca de semejante concepto. Sí de la democracia “orgánica” (la de Franco), “popular” (países socialistas), “directa” (asamblearia y consejista), “formal” (puramente electoral), “participativa” (abierta, consultiva y refrendataria)…, pero de la “plena”, era la primera vez. 

Diccionario de la Real Academia Española: “Pleno: completo, lleno”. Me quedo igual que antes, porque, ¿qué es una democracia completa o llena? Por otro lado, ¿llena de qué?, ¿de aire, como los buñuelos?, ¿de tentáculos, como los txipirones?, ¿de lo que quieras, como los pimientos? Pedro Sánchez, como tantos políticos, juega con las palabras. Es como la Constitución, que afirma el derecho al trabajo sin discriminación de sexo (art. 35) y a una vivienda digna y adecuada (art. 47), y ya ves luego lo que hay. O sea, democracia buñuelo, rellena de nada en muchos casos.

 Procusto era un posadero y bandido del Ática, Grecia. Ofrecía estancia al viajero solitario invitándole a pasar la noche y cuando éste dormía, lo ataba e inmovilizaba en la cama. Luego, si su cuerpo sobresalía de ésta, le serraba las partes del cuerpo sobrantes. Por el contrario, si le quedaba grande el lecho, lo descoyuntaba a fin ajustarlo a sus medidas. Eso sí, los que se ajustaban a su tamaño, dormían como dios. 

La democracia española es bastante procusteana. Estira algunos derechos y cercena otros a fin de adecuarlos a los cánones del poder. La Administración, la Judicatura y, no digamos aún, el Ejército-Guardia Civil-Policía, están plagados de posaderos áticos, que no éticos. El último ejemplo han sido las prohibidas manifestaciones del 8 de marzo en Madrid, primeras en todo un año de pandemia. Miles de mujeres en la calle eran mucho para la cama del Delegado del Gobierno, así que ha aplicado serrucho constitucional. Otra cosa fueron las concentraciones señoritingas del barrio de Salamanca, en contra de las medidas de confinamiento, o la concentración nazi-atapuercana en homenaje a la División Azul española, con toda su parafernalia fascista (“preconstitucional” le llaman a eso) y su griterío xenófobo. 

La Fiscalía, también de Madrid, acaba de archivar la investigación abierta sobre un chat ampliamente difundido por todo tipo de medios. En él, altos ex-cargos militares, golpistas francogenéticos ellos, hablaban de la necesidad de fusilar a “26 millones de hijos de puta”, entre los que se encuentran probablemente la inmensa mayor parte de las lectoras y lectores de este artículo. El fiscal afirma que “no existen elementos que permitan inferir que el chat fue creado al objeto de promover, fomentar o incitar al odio, hostilidad o violencia hacia un colectivo”. ¡Amén! Otra cosa son, por supuesto, los “ongi etorri” a expresos de ETA, que tras cumplir 30 años de cárcel, alejados y en régimen de aislamiento, son recibidos en su pueblo por sus familiares, amistades y conocidas para decirles que se alegran de verlos en libertad y decirles que se les quiere.  

Tras reconocer Juan Carlos I, el héroe del 23-F, sus lapsus tributarios con Hacienda, e ingresar cuatro millones de euros para regularizar su fraudulenta situación, el presidente del Gobierno de la democracia plena española, Pedro Sánchez, se ha puesto serio y ha criticado al emérito -¡fíjateee!- por lo que ha llamado “sus conductas incívicas”. Parece así como si sus distraimientos fiscales fueran similares a tirar un papel al suelo en la calle, cruzar un semáforo en rojo o dejar las cacas del perro sin recoger. Mientras tanto, el PSOE vota una y otra vez en el Congreso en contra de investigar las cuentas y cuentos del emérito, por entender que la Constitución lo inmuniza frente a tamañas ordinarieces parlamentarias. Complicidad pura y dura, llaman a eso. 

La democracia española, entiendo yo, más que plena es plana. Infectada de arriba abajo por procustos togados, uniformados, ensotanados y endinerados posaderos, decreta conforme a su gusto e interés las medidas de la politicamente correcta cama constitucional. Y una vez hecho esto, cercena cuantas exigencias sociales, nacionales, juveniles o feministas puedan contravenir la paz, la justicia, la libertad y la igualdad hechas a su medida. 

Se criminaliza políticamente, primero, y se recorta legalmente, después, las libertades democráticas (reformas del código penal, ley mordaza, ley de extranjería), y todo cuanto sobresale de su catre cuartelero. Leyes autonómicas vascas y catalanas que regulan las consultas ciudadanas son declaradas anticonstitucionales y el democrático referéndum catalán es tomado al asalto (¡a por ellos, oe…!) por sedicioso. Mientras tanto, la Fundación Francisco Franco recibe subvenciones a espuertas, a mejor gloria del genocida y sus hazañas. 

En la democracia plena de Pedro Sánchez, más de seis mil personas torturadas en Euskal Herria esperan que algún fiscal o juez se acuerde de ellas. También lo hacen las familias de Joxian Lasa, Joxe Zabala y Mikel Zabalza, torturados hasta la muerte por beneméritas manos y bañeras. Democracia txipiron, llena de tentáculos franquistas por dentro.

Democracia buñuelo también, de mucha igualdad constitucional de boquilla, pero en la que las brechas salariales y de pensiones entre hombres y mujeres son de escándalo y más de un 40% de la juventud se encuentra en el paro; en la que bajo el gobierno autodenominado más de izquierdas de la historia de su España, en el reparto del PIB, las rentas del capital siguen creciendo a costa de las del trabajo,

Si Pedro Sánchez repitiera eso de la “democracia plena” frente a un espejo, hasta él se partiría de risa. También el espejo, por supuesto.


Ibai y esa cosa llamada conciencia de clase. Quique Peinado

12/03/2021
De una vida alienada a la conciencia de clase | Análisis

Explicaba Ángel Cappa en el libro Futbolistas de Izquierdas (es un asco citarme a mí mismo, pero es que no he encontrado otro ejemplo mejor para abrir este texto) el proceso por el cual un chico humilde que llega a ser una estrella de fútbol se desclasa: “Los meten en una trampa. Les hacen vivir la ilusión de un ascenso social, aunque en realidad no es así. Los quitan de su clase social y los dejan en el aire, los apartan de la realidad a conciencia. No es que se olviden de dónde provienen, sino que se alejan. Toman las costumbres (…) del opresor. O digamos que, de otra clase social, por no ser tan drástico. Y quedan desplazados, quedan perdidos, porque jamás son admitidos en esa élite a la que ilusamente les hacen creer que pertenecen. Solamente se les acercan por fama, y después de los cinco minutos que dura la fama quedan otra vez en el aire, ni son del barrio ni son de la alta sociedad”.

Que gente de clase obrera asuma lo que Cappa llama “las costumbres del opresor” no es tan grave como que asuma el discurso del opresor. Cuando tienes una voz y un lugar prominente en la sociedad, con posibilidad de ser un altavoz en el que se fije otra gente, y eres de clase obrera, exigir una absoluta coherencia (como en casi todo) es suicida y falsario, pero mantener la brújula es obligatorio. Tener conciencia de clase es asumir que perteneces a una colectividad. Si tu conciencia es la de la clase obrera, que perteneces a una colectividad atravesada por opresiones y que requiere de la solidaridad y la colectividad para tener una vida digna. Ya que tú la tienes, debes usar tu posición para, al menos, no ayudar a la opresión de los tuyos.

Ibai Llanos es un chaval de clase obrera que pertenece a un mundo en el que, desde tu habitación, sin ayuda de nadie, puedes ser millonario. Lo logran decenas entre cientos de miles y él es, simplemente, el mejor en lo suyo.

Que tiene conciencia de clase es una evidencia. Yo me pongo su canal de vez en cuando. Me entretiene él, es muy bueno. Un día estaba enseñando la casa en la que vivía con sus compañeros, la que dejaron antes de la que tienen ahora. Una de las cosas que destacaba es que tenía un baño propio en su habitación. “Eh, si tienes baño en tu habitación es que la vida te va muy bien“, decía. Con toda la razón. Yo de pequeño nunca lo tuve. Mis hijos ahora sí. Les enseñaré que la vida les va muy bien, que son unos privilegiados. Puedo quedarme tranquilo con que vean mucho a Ibai, porque de él no aprenderán un mundo de mentira.

En Lo de Évole Ibai maravilló a un país. Es normal porque ese chico es una bendición. Es un líder de opinión para miles de personas y lo es desde la conciencia de clase. Yo agradezco de verdad que exista.

Ahora, lo adelanto: Ibai se equivocará. Transmite muchas horas al día y la cagará, dirá o hará algo que nos indigne, saldrán informaciones sobre él que nos harán pensar que no es “tan bueno”. Pues desde aquí lo digo: sí es tan bueno. Tiene lo básico. Lo que me gustaría que aprendieran mis hijos. Y el día que la cague trataré de decirles que sí, que eso que haya hecho estará mal, como lo están cosas que hago yo u otra gente que deben ser sus referentes. Que las personas, seres erráticos en su inmensísima mayoría, sean referentes para otras personas es un inmenso error de la civilización, pero eso ya no lo podemos evitar. Funciona así. Así que más nos vale que salgan los Ibais como setas, que nuestros hijos los quieran como yo le quiero a él, porque mantenerse en la conciencia de clase cuando la vida te da tantas razones para no hacerlo tiene mucho mérito. Le doy las gracias y, sobre todo, se las doy a sus padres. Ojalá servidor sea capaz de hacerlo tan bien como ellos.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2021/03/09/ibai_esa_cosa_llamada_conciencia_clase_117739_1023.html


Nueva asignatura de cultura religiosa: otro troyano religioso en la escuela. Antonio Gómez Movellán

10/03/2021
Religión y escuela pública: un conflicto de valores - La Réplica

Nueva asignatura de cultura religiosa: otro troyano religioso en la escuela.

La  frustrada reforma educativa  que ha supuesto la denominada Ley Celaá no  solo no ha acabado con el adoctrinamiento confesional de los menores,  manteniendo dentro del currículo el catecismo católico  y a más de 18.000 catequistas sufragados con fondo públicos ( unos 800 millones de euros al año ), además de favorecer la incursión de imanes y pastores evangélicos,  sino que también ha consolidado el segregacionismo escolar que supone el mantenimiento de un sistema escolar concertado, mayoritariamente católico, huyendo del concepto, que habrá sin duda que recuperar, de una escuela universal, pública  y laica. Cada año se verá con más claridad que es necesario acabar con esa superchería de utilizar el concepto de la libertad de educación para justificar un sistema escolar segregado. Como dijo recientemente filosofo Emilio Lledó “El permitir que el poder económico pueda determinar la calidad de la enseñanza o, lo que es más sarcástico, que el Estado subvencione con dinero público ciertos intereses ideológicos de una buena parte de colegios más o menos elitistas parece, en principio, no solo una aberración pedagógica sino una clamorosa injusticia(..). El mal más terrible que puede instalarse en la consciencia democrática es, por el contario, el cultivo solapado e hipócrita de la diferencia y la desigualdad”.

Los legisladores, con esta chapuza de reforma educativa, han dado una buena patada en el trasero a nuestro insigne filósofo.

Pero esta ley no solo ha mantenido, como decimos, el catecismo en la enseñanza, sino que, además, pretende obligar a todos los menores a estudiar una nueva asignatura con el extraño nombre de “cultura religiosa”.

¿Pero qué historia es ésta de la “cultura religiosa”? y ¿por qué se aprobó a última hora, en una enmienda transaccional entre el PSOE y ERC, la posibilidad de esta extraña asignatura que vino precedida de declaraciones favorables de portavoces de la Conferencia episcopal?

¿Se quiere decir que los menores tienen que aprender los ritos religiosos de las religiones o que se tiene que conocer los libros sagrados y los valores religiosos? ¿o que se quiere decir con eso? En realidad, esta asignatura de cultura de las religiones es un nuevo caballo de Troya confesional en el currículo escolar. En aquellos países donde las iglesias han sido relegadas donde deben de estar, es decir, a la puerta de los colegios, la Iglesia católica no se ha conformado y ha comenzado a desarrollar la idea de que había que estudiar el “hecho religioso”, expresión típicamente criptoconfesional, que quiere remarcar, en una expresión, el carácter material y no meramente espiritual de la religión; ¿pero por qué no se habla, por ejemplo, del hecho ateo o del hecho humanista y si del hecho religioso?   En verdad lo que se pretende es dar más relevancia a la religión como si fuera esta imprescindible para el ser humano como si éste no pudiera vivir sin religión.

Por eso se quiere dar la importancia de la religión desde la infancia, como un campo epistemológico aislado e imprescindible, incluso benéfico y civilizatorio, y por eso se asocia a la cultura. Es decir, se pretende incrustar, en el currículo escolar, una asignatura que supuestamente también va a educar en la supuesta tolerancia de los valores religiosos; se trata de introducir al alumno en una especie de nuevo ecumenismo promovido por el Estado para fomentar el respeto a las religiones. No, muchas gracias; si se impone este descabellado proyecto como obligatorio no faltarán los abstencionistas y desobedientes a esta patraña pseudoconfesional y desde aquí llamamos a los profesores de humanidades y a sus colegios profesionales y a los sindicatos a que se rebelen contra tamaño desatino. Desde luego que las religiones, como fenómeno social, se pueden y de hecho se estudian en las asignaturas ya establecidas de humanidades, como la historia, la filosofía o la literatura y ello desde una deontología humanista, pero, por el contrario, el estudio aislado del “hecho religioso” o de la “cultura religiosa” etc en el currículo escolar significa la introducción de un troyano multiconfesional en la escuela, con la complacencia de las jerarquías eclesiásticas. El que lo hayan colado, en esta última reforma educativa, indica también la penetración del lobby religioso en los partidos políticos de nuestro país, en este caso en el PSOE y ERC, que son los que promovieron la enmienda de la mano de la conferencia episcopal española.