HOMENAJE A LAS BRIGADAS INTERNACIONALES.

31/10/2020

Un año más, el Colectivo Republicano Antonio Machado nos sumamos al homenaje que nuestras compañeras y nuestros compañeros de la Agrupación Republicana de Móstoles hacen a las Brigadas Internacionales.

Hoy, a pesar del tiempo transcurrido, nos gustaría que nuestras palabras fueran otras, pero muy a nuestro pesar tenemos que seguir reclamando lo mismo que en el año 1936, y lo mismo que exigíamos el año pasado: la lucha como el único freno al fascismo y sus secuaces, a quienes hoy vemos campar a sus anchas por todo el país. Han perdido el miedo y se sienten poderosos, como se ha podido comprobar en Madrid, no han tenido ningún reparo en denigrar las figuras de Largo Caballero e Indalecio Prieto. En todo ello tienen mucho que ver las políticas auspiciadas por la izquierda institucional y cierta intelectualidad que sigue hablando de equidistancia, de asimilación de la violencia como patrimonio de los republicanos y los sublevados. Esta mezcolanza, como ya anunciábamos y estamos comprobando, no podía traer nada bueno.

Pero no debemos desanimarnos ni dejar de perseverar en nuestra lucha y en nuestros ideales, ahora más que nunca debemos ser fuertes, buscar la unidad de las clases populares, con criterio y seriedad, y no a cualquier precio. El único camino para ello es el camino de la República; sin República no podremos poner remedio a los anhelos de los pueblos de España, a una recuperación económica digna de las clases populares o unos servicios públicos de calidad al servicio del pueblo.

No debemos olvidar la senda que nos marcaron las voluntarias y los voluntarios de las Brigadas Internacionales en la lucha para vencer al fascismo, es el mejor homenaje que podemos dedicar a aquellos que dieron su vida por un mundo mejor, sin importarles el lugar donde debían acudir.

¡¡¡Viva las Brigadas Internacionales!!! ¡¡¡Viva la República!!!


En Memoria de Miguel Hernández Poeta del Pueblo

29/10/2020

El pueblo tiene poetas. Ellos son su boca, sus oídos, su pluma. Porque a veces, el pueblo no sabe expresar lo que siente: le duele la guerra, el hambre, la cárcel, el olvido…pero no sabe escribirlo y ahí es donde el poeta actúa, ahí llora por el pueblo, grita por el pueblo, ríe por el pueblo, ama por el pueblo… con palabras, con poemas. Porque el poeta también es pueblo. Por eso nunca podrán callar a los poetas, aunque borren sus palabras de las paredes y las lápidas, porque sus palabras están grabadas en la memoria del pueblo y esa jamás podrán borrarla. Carne talada que retoña, eso somos, eso es el pueblo.


Mayores, menores y mujeres frente a la pandemia social. Francisco Javier López Martín

29/10/2020

a pandemia del Covid-19 sigue golpeando a nuestro país con brutalidad, a Madrid con ensañamiento. Hay quien dice que ya habrá tiempo de reflexionar sobre lo que nos están pasando ahora mismo, ya llegará el momento de extraer conclusiones y demostrar que hemos aprendido las lecciones.

El problema es que ese tiempo para el pensamiento ya no lo tenemos, ni lo tendremos. Sin solución de continuidad tras la pandemia vino una segunda oleada de la misma y ya hay países que embocan la tercera andanada. La reflexión que tenemos por delante hay que hacerla ahora, pensando en quienes están padeciendo las consecuencias más duras del desastre en curso.

Para empezar, la pérdida de empleos, el cierre de empresas y centros de trabajo, las medidas de confinamiento en los momentos difíciles, las precauciones de mantener la distancia física, el uso de mascarillas y geles, los cambios en el sistema educativo, en la convivencia cotidiana, han producido un descontrolado, e incontrolable, aumento de la sensación de soledad, de ansiedad, miedo, agotamiento mental, estrés.

Un día podremos valorar los daños que la pandemia ha producido en términos de vidas, dentro de cada uno de nosotros y en nuestras formas de relacionarnos. Toda la sociedad ha sufrido el golpe y ha tenido suficientes pruebas de las debilidades, carencias y riesgos del modelo económico, social y político en el que habíamos confiado a ciegas, sin darnos cuenta de las amenazas que se cernían en el horizonte cercano.

El personal sanitario en primera línea, pero también todas aquellas personas que han tenido que seguir sosteniendo los servicios esenciales para el funcionamiento de la sociedad, han sufrido el riesgo de infección y contagio, pero también las tensiones psicosociales, afrontando los retos, mejorando el trabajo en equipo, cambiando los ritmos, los protocolos de la actividad laboral cotidiana.

Pero junto a estos colectivos de riesgo hemos constatado el abandono al que la sociedad ha sometido a nuestros mayores. El número espantoso de personas fallecidas en soledad, de cadáveres encontrados en las residencias, en la soledad de los domicilios, en una habitación de hospital, sometidos a un insoportable triaje sanitario, o social, han hecho exclamar a los expertos de las Naciones Unidas,

-Todos nosotros, sin excepción, tenemos derecho a intervenciones que nos salven la vida. Esta responsabilidad recae en el gobierno. La escasez de recursos, o el uso de planes de seguros públicos o privados jamás deberían justificar  la discriminación de determinados grupos de pacientes. Todos tenemos derecho a la salud.

Un derecho que un mundo entregado al dinero y a las convicciones ultraliberales de  competencia desbocada no puede garantizar.

Las mujeres soportan las mayores cargas del hogar, incluso cuando trabajan fuera de casa. La presión de atender las necesidades familiares, el cuidado de la infancia y de las personas dependientes, se ha incrementado de forma desproporcionada a lo largo de estos largos meses.

Aún no hay estudios definitivos, pero todo indica el ascenso de la violencia doméstica, el aumento del maltrato. Tampoco sabemos el impacto que el miedo provocado por el fiero rostro de la pandemia va a tener sobre las mujeres embarazadas, sobre los niños y niñas que vendrán al mundo.

Los niños, las niñas, son otro de esos colectivos especialmente vulnerables en estos tiempos de pandemia, no sólo por el golpe de ver morir a personas cercanas, ni por el encierro al que se han visto sometidos en sus hogares confinados sin preguntas, sin consultas, como para que vayan aprendiendo algo sobre su papel obediente en el mundo que se avecina, víctimas colaterales cuando la violencia de género se desencadena. 

También por la imposibilidad de acudir a sus colegios, o de tener que ir obligatoriamente sin las suficientes medidas de seguridad, mientras cientos de millones de niños en el planeta se ven privados de escolarización, o sin  un auténtico derecho a la educación, sin poder asumir los costes de esta nueva modalidad educativa que utiliza medios digitales y que ha llegado para quedarse, sin poder asegurar condiciones de igualdad, sin poder afrontar con éxito la superación de la brecha digital.

Pero, sobre todo y por encima de todo, los más débiles han sufrido las esencias de un mundo carente de afectos, hasta en los momentos más decisivos, incapaz de cuidar a quienes más lo necesitan. Mientras tanto, hay quienes siguen atentos a lo importante y propio de la capital, al dinero que fluye a borbotones pagando el montaje y las celebraciones de desmontaje de hospitales de campaña, contratando hoteles, seudomedicalizando instalaciones, pagando al sector privado la realización de pruebas serológicas, o la contratación de rastreadores.

Hay quienes siguen cantando desde los altavoces de los medios de comunicación las bondades de las rebajas de impuestos a los ricos y de la insolidaridad del ultraliberalismo, la competencia desleal, la mentira sistémica. Los tertulianos siguen cobrando por defender lo ya indefendible, por alentar el desastre humano.

Cuando lo importante, lo único importante, ahora y también antes de ahora, aunque lo hubiéramos olvidado, es el afecto, un cierto grado de sensibilidad, mucha capacidad de compasión, solidaridad y no fallar mirando a los ojos, decir la verdad, por dura que sea, informar, preguntar, también a los niños, también a los mayores, equivocarnos juntos y aprender a rectificar, corregir, hacerlo mejor. No hay más, no es poco.


Rosario Sánchez Mora, «la dinamitera». María Torres Celada

26/10/2020

Miguel Hernández la inmortalizó en su poemario Vientos del pueblo (1936-1937): “Rosario, dinamitera, sobre tu mano bonita, celaba la dinamita sus atributos de fiera […] ¡Bien conoció el enemigo la mano de esta doncella, que hoy no es mano porque de ella, que ni un solo dedo agita, se prendó la dinamita y la convirtió en estrella!”. Ese poema detalla en unas líneas un día de 1936, al poco estallar la Guerra española. Aquel día Rosario perdió su mano derecha manipulando dinamita. Apenas tenía experiencia. Unas semanas antes, el 19 de julio de 1936, con 17 años, se había incorporado a las milicias populares para detener desde el frente de Somosierra a las tropas rebeldes del general Emilio Mola.

Rosario Sánchez Mora nació en Villarejo de Salvanés, Madrid, el 21 de abril de 1919. Su padre, Andrés Sánchez, se dedicaba a fabricar carros, galeras y aperos de labranza. Huérfana de madre desde muy joven, cuando tiene 16 años se traslada a Madrid para vivir con unos vecinos de Villajero, que se la habían traído con ellos para cuidar a sus hijos. Ellos habían cuidado de Rosario cuando murió su madre. Su padre no quería que se marchara del pueblo, pero al final accedió con la condición de que aprendiera corte y confección. Él hubiese preferido que estudiara para comadrona o maestra, pero sin dinero para pagar los estudios, un oficio era lo más que podía ofrecerle. Andrés se había vuelto a casar y tenía otros cinco hijos de su segundo matrimonio, de modo que no le pareció mal que su hija mayor se marchara a la capital para labrarse un futuro.

Nada más llegar a la ciudad Rosario se hace militante comunista y comienza a trabajar como aprendiz de corte y confección en un Círculo Cultural de las Juventudes Socialistas Unificadas en Madrid. Esa era su vida cuando estalla la Guerra de España.

En la madrugada del 19 de julio de 1936, decenas de camionetas partieron rumbo a Buitrago repletas de jóvenes que se habían ofrecido voluntarios para combatir. Entre ellos viajaba una muchacha de diecisiete años, Rosario Sánchez Mora. Se había alistado la tarde anterior, sin decir nada a su familia, en el centro cultural Aída Lafuente de la Juventud Socialista Unificada. Fue una de las primeras.

Rosario y sus compañeros fueron encuadrados en una de las unidades de choque que se batían con el enemigo en primera línea de fuego, a las órdenes de un muchacho de veintiséis años, robusto, de mediana estatura y barba cerrada: Valentín González, al que todos apodaban El Campesino. Con un mosquetón de siete kilos de peso y sin otras nociones de armas que las que recibió en la trinchera, Rosario comenzó a pelear como un miliciano más en una línea del frente que se prolongaba a través de kilómetros.

Tras dos semanas de enfrentamientos, en los que lograron contener a los rebeldes, Rosario fue destinada a la sección de dinamiteros. El grupo tenía su base en una casa abandonada a unos cinco kilómetros de la línea de fuego, donde disponían de un pequeño polvorín en el que almacenaban los explosivos y se confeccionaban unas rudimentarias bombas. Los artefactos eran botes de leche condensada reciclados hasta convertirse en granadas de mano. El proceso era simple: se llenaba la lata con clavos, tornillos y cristales, y sobre ellos se vertía la dinamita. Después se cerraba el bote con su propia tapa y se ataba con una cuerda y trapos para que no se derramase el contenido. La tarea más peligrosa era colocar el fulminante y la mecha para que aquello estallara.

La mañana del 15 de septiembre, Rosario y diez compañeros aprendían a efectuar una descarga con cartuchos de dinamita, mucho más fáciles de manejar que las bombas lata. Rosario estaba situada la última a la izquierda. Cuando prendió su mecha, la oyó silbar. La noche anterior había llovido y estaba húmeda. Se quemaba por dentro, pero no por fuera, y no sintió el calor de la llama en la uña de su dedo pulgar, que indicaba el momento de lanzarla. El cartucho estalló en su mano derecha, que quedó destrozada por encima de la muñeca. Herida de gravedad, la operaron en el hospital de la Cruz Roja en La Cabrera, donde consiguieron salvarle la vida.

Llevaba varios días convaleciente en el hospital cuando el filósofo y catedrático de la Universidad Central de Madrid José Ortega y Gasset acudió a visitarla al conocer la historia de una muchacha muy joven que había perdido una mano en el frente. Iba camino de Valencia y aprovechó el viaje para informar de lo ocurrido al padre de Rosario, que esa misma noche se desplazó al hospital. A Andrés, ferviente republicano y presidente de Izquierda Republicana en Villarejo de Salvanés, el valor de su hija le llenaba de orgullo.

La unidad de choque de El Campesino se había convertido en la 10ª Brigada Mixta, con más de tres mil hombres, y su comandancia estaba en el convento de las clarisas de Alcalá de Henares. Rosario fue recibida como una heroína y destinada al Comité de Agitación y Propaganda. La estancia en Alcalá fue corta, apenas unas semanas, porque El Campesino trasladó su Estado Mayor a Ciudad Lineal, primero, y a un chalé en el número 11 de la calle de O’Donnell de Madrid, después, y Rosario se fue con él como encargada de la centralita del edificio. Antonio Aparicio, el joven poeta sevillano al que había conocido en Alcalá, se convirtió en uno de los habituales del lugar y pronto entablaron amistad. Un día vino acompañado de otro poeta y amigo al que, por sus palabras, rendía veneración. Éste no era otro que Miguel Hernández, que había escrito un poema a aquella joven de cuyas hazañas en el frente tanto le hablaba su compañero. Se lo presentó y le dio a leer los versos. La amistad con Antonio se amplió también a Miguel y con el tiempo a Vicente Aleixandre.

Una mañana irrumpió en las oficinas un joven al que Rosario no había visto nunca. Era alto y apuesto, de pelo ondulado y ojos claros. Un latigazo le recorrió el corazón. Desde entonces esperaba con impaciencia sus visitas, que comenzaron a hacerse cada vez más frecuentes. Del cruce de miradas pasaron a los saludos y a animadas charlas. Se llamaba Francisco Burcet Lucini, tenía veinte años y era sargento de la Sección de Muleros de la Brigada. Comenzó a cortejarla y semanas después, azorado y nervioso, le pidió relaciones. Rosario aceptó. Su recién estrenado noviazgo se limitaba a encuentros fugaces y a algún breve paseo por el Retiro. Nunca fueron juntos al cine, ni ella le dejó que la cogiera de la mano, y mucho menos que le diera un beso.

Había transcurrido un año de guerra cuando se le presentó la ocasión de volver al frente. La 10ª Brigada Mixta de El Campesino en el verano de 1937 intervino en una ofensiva hacia Brunete para intentar atrapar a las fuerzas nacionales que sitiaban Madrid desde el suroeste. Rosario fue elegida para convertirse en cartera del frente, encargada de ser el nexo de unión con el Estado Mayor en la capital y de llevar la correspondencia de los soldados. Las cartas para el frente se recibían en una dependencia situada en el número 18 del paseo del Prado.

Un grupo de muchachas las ordenaban la correspondencia por brigadas, batallones y compañías, y las introducían en sacas debidamente identificadas. A las ocho de la mañana, Rosario y sus compañeros acudían puntuales a recoger la correspondencia, y sin demora se dirigían dando un rodeo para evitar las zonas más próximas a las posiciones enemigas, aunque en más de una ocasión fueron tiroteados al introducirse por error en territorio controlado por los franquistas. Hasta que el 25 de julio, que los sublevados recuperaron Brunete.

Rosario regresó a Alcalá y se casó con Paco. El enlace por lo civil se celebró el 12 de septiembre, acompañados de familiares y amigos. Alquilaron una modesta vivienda en la localidad, donde vivieron su pasión durante unas semanas intensas. Rosario se quedó embarazada, pero su felicidad duró poco. El 21 de enero de 1938, Paco partió rumbo a Teruel. Durante meses su único contacto fueron las cartas que se escribían. Angustiada por semanas de espera, sin nada que hacer, limitándose a ver pasar los días desde su estado de gravidez, Rosario comenzó a trabajar en la oficina que Dolores Ibárruri, La Pasionaria, había organizado en el número 5 de la calle de Zurbano para reclutar mujeres que cubrieran los puestos de trabajo que los hombres dejaban libres cuando marchaban al frente. Estuvo hasta el 22 de julio, cuando dio a luz a una niña en el hospital de Santa Cristina, a la que puso de nombre Elena.

Las cartas de Paco dejaron de llegar y Rosario no supo si había muerto, había logrado escapar a Francia o era uno de los miles de prisioneros que hicieron los franquistas en su avance. El 26 de enero de 1939, las tropas de Franco entraban en Cataluña, y tres meses más tarde lo hacían en Madrid. La guerra había terminado. Rosario dejó a su hija en buenas manos e intentó escapar por Alicante con su padre, donde fueron capturados con otros quince mil republicanos que esperaban exiliarse a bordo de barcos de la Sociedad de Naciones que nunca llegaron a puerto. Fueron conducidos al campo de los Almendros, donde fusilaron a Andrés. Rosario fue liberada y trasladada semanas después a Madrid, donde fue detenida de nuevo por vecinos falangistas de su pueblo, que la encarcelaron en la prisión de Villarejo y después en la de Getafe mientras se incoaba el procedimiento sumarísimo de urgencia. La petición fiscal de muerte fue conmutada por 30 años de reclusión por un delito de adhesión a la rebelión. Ella, que había defendido la legalidad republicana, era acusada de haberse levantado contra quienes la violentaron.

Su primer destino fue la prisión de Ventas, convertida en un enorme almacén humano en el que se hacinaban más de cuatro mil mujeres, pese a que su capacidad era de cuatrocientas. En ella permaneció por espacio de dos meses y medio, hasta su traslado a la prisión de Durango, un antiguo convento de monjas. Comenzaba un periplo carcelario que habría de llevarla a las cárceles de Orúe y finalmente a la de Saturrarán, donde el 28 de marzo de 1942, tras sufrir tres años de encierro y todo tipo de calamidades, fue puesta en libertad gracias a los beneficios penitenciarios que el nuevo régimen se veía obligado a decretar periódicamente para aliviar sus prisiones. El mismo día en que ella pisaba de nuevo la calle moría en la prisión de Alicante Miguel Hernández.

Desterrada a doscientos kilómetros de Villarejo, Rosario marchó a Samprón, una pequeña aldea del Bierzo leonés, en el que vivía una compañera de prisión que había recuperado la libertad antes que ella. Durante dos meses, la guerra se convirtió en un recuerdo lejano, hasta que el instinto por recuperar a su hija le hizo regresar a Madrid pese a la prohibición de hacerlo. En la capital buscó la ayuda de otra compañera, Rufina Núñez, que la acogió en su domicilio. Las semanas siguientes descubrió que su hija Elena estaba al cargo de su suegra. Acababa de cumplir cuatro años y era una niña espigada y flaca que rompió a llorar cuando aquella desconocida que decía que era su madre la abrazó con toda la fuerza de que fue capaz. La vida pareció recuperar el sentido, Tan sólo faltaba Paco, de quien su suegra le aseguró que no sabía nada desde el final de la guerra. Tuvo que ser su cuñado José Luis quien le desvelara que su marido vivía en Oviedo, se había vuelto a casar y tenía dos hijos. El régimen de Franco había anulado los matrimonios civiles de la República y ella era, a efectos legales, una madre soltera.

Viajó a Asturias en su busca, pero tampoco lo encontró. Le dijeron que hacía nueve días que se había mudado con su familia a Barcelona en busca de trabajo. Pensó que todo había terminado. Rehízo su vida con un hermano del marido de Rufina, con quien tuvo otra hija, se separaron al cabo de dos años y para sobrevivir ella comenzó a vender tabaco americano de contrabando en la plaza de Cibeles. Hasta allí fue a su encuentro Paco. Cuando se encontraron habían transcurrido quince años desde su despedida en marzo de 1938. Demasiado tiempo para que todo volviera a ser igual.

Rosario falleció el 17 de abril de 2008. Fue enterrada en el cementerio civil de Madrid. Rosario Dinamitera, el poema, pronunciado en los primeros minutos del sepelio, fue el mejor responso y el mejor homenaje.

Rosario se fue diciendo que la lucha por la III República no había muerto en su corazón.


Carta abierta a la Asociación Española de Abogados Cristianos. Marcos Llamas

23/10/2020
La presidenta de Abogados Cristianos, la letrada Apolonia Castellanos, en una imagen de archivo. EFE

Estimados/as miembros/as de la Asociación de Abogados/as Cristianos/as:

En el Evangelio según San Mateo, capítulo 10, versículo 8, se puede leer: «Curad enfermos, resucitad muertos, purificad leprosos, expulsad demonios. Gratis lo recibisteis; dadlo gratis.» Mateo, que fue recaudador de impuestos, conocía muy bien el poder de atracción que el dinero puede causar en los corazones débiles y cómo la fe y la verdad se tambalean cuando el vil metal se interpone en su camino.

San Lucas, que era médico, nos cuenta en Hechos de los apóstoles, capítulo 8, versículos 17 al 23: «Entonces les imponían las manos y recibían al Espíritu Santo. Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu, les ofreció dinero diciendo: “dadme a mí también este poder para que reciba el Espíritu Santo aquel a quien yo imponga las manos”. Pedro le contestó: “Vaya tu dinero a la perdición y tú con él, pues has pensado que el don de Dios se compra con dinero. En este asunto no tienes tú parte ni herencia, pues tu corazón no es recto delante de Dios. Arrepiéntete, pues, de esa tu maldad y ruega al Señor, a ver si se te perdona ese pensamiento de tu corazón; porque veo que tú estás en hiel de amargura y en ataduras de iniquidad”.»

Se estarán preguntando ustedes la razón de esta misiva y el porqué de tan apostólicas citas. Pues bien, la razón es de peso y el porqué, como enseguida comprobarán, muy fácil de entender.

El pasado día 22 de julio de 2020, se publicó en el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid el convenio entre la Consejería de Salud y la Provincia Eclesiástica de Madrid para la asistencia religioso-católica en los centros hospitalarios del Servicio Madrileño de Salud. Según dicho convenio, se procedía, por un período de ocho años, a garantizar la presencia de 73 capellanes en dichos centros, asegurándose así el citado auxilio espiritual.

En el «Anexo III» de dicho convenio se estipulan las cantidades a percibir por los mencionados capellanes y por la Provincia eclesiástica de Madrid. Dicho anexo empieza con la siguiente frase: “La aportación económica a la Provincia Eclesiástica por los servicios que presten los capellanes, etc.”

Pues bien, es éste y no otro el motivo por el que nos dirigimos a ustedes, ya que en su doble condición de «abogados/as» y de «cristianos/as», y en tanto que miembros/as de una asociación que promueve la defensa de los valores del Evangelio, deben saber, sin duda, que la Simonía es un delito contemplado en el Derecho Canónico. Por eso nos preguntamos, ¿no piensan hacer nada al respecto?, ¿van a dejar que algo tan punible y ominoso para la Iglesia madrileña pase de rondón y a hurtadillas ante los ojos de sus feligreses? Estamos seguros de que no permanecerán callados/as por más tiempo, pues conocemos lo diligentes que pueden llegar a ser a la hora de actuar incluso contra las personas que no son creyentes.

Para terminar, nos gustaría apelar a su conciencia con dos versículos de san Pablo en su Epístola a los romanos:

“No reine pues el pecado en vuestro cuerpo mortal de modo que obedezcáis a sus apetencias.”  (6, 12)

“Pues el pecado no dominará ya sobre vosotros, ya que no estáis bajo la ley sino bajo la gracia.” (6,14)

Quedamos, pues, a la espera de noticias, y no perdemos la esperanza ni la confianza en ser escuchados, pues la bondad de Dios es infinita.

https://blogs.publico.es/otrasmiradas/35495/carta-abierta-a-la-asociacion-espanola-de-abogados-cristianos/


La libertad no va en coche. Aroa Moreno Durán

20/10/2020
Blog de Ética y Filosofía: LIBERTAD Y FILOSOFÍA: UN ESBOZO

Hace un tiempo que el cariz político de la pandemia ha tomado, de todos, el más extravagante de los caminos. La seguridad sanitaria se ha convertido en ideología y opinión. En hacer el máximo ruido posible. Los partidos de derechas, en pleno puente de octubre, se pusieron a clamar por la libertad individual, sin complejos y sin complejidad, en plena crisis de salud pública.

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez Almeida, en la misma línea que personajes como Carmen Lomana, que apelaba caricaturescamente al espíritu del 2 de mayo para rebelarse contra las medidas sanitarias, dijo que a esta ciudad no la va a doblegar ni la pandemia ni Pedro Sánchez. Braveheart. El viernes por la tarde, Santiago Abascal arengaba a sus tropas en Twitter, así son hoy en día las cosas, contra un Gobierno “criminal y totalitario”, a recorrer las calles de la ciudad en coche. Y así lo hicieron. Isabel Díaz Ayuso, la mujer de negro con las manos cruzadas sobre el pecho y los brazos también cruzados hasta que alguien que no sea su Gobierno haga algo, la que cree en la libertad por encima de todo, 36 muertos diarios de media en Madrid según las cifras desde que se reunió con Pedro Sánchez aquel día de las banderas, dice que si Madrid no es libre, no es Madrid. España dentro de España. Pablo Casado, respuestas inmediatas a todo lo que pueda suceder, nunca desde la línea del frente, siempre desde la cómoda y abanderada retaguardia, dijo que el Gobierno demoniza a los madrileños.

Lo grave es que estas realidades paralelas se han vuelto realidades perpendiculares que inciden en nuestra vida y en nuestra muerte desde el momento en que la seguridad depende de sus decisiones. El mensaje: nos encierran para imponer un cambio en el país. A veces, van más allá y a ese cambio lo llaman dictadura socialcomunista. Por las grietas que se abren entre las incoherencias que se han dado en la lucha contra el coronavirus, entre los errores, las demoras, la foto y las ruedas de prensa, se adentra este populismo de derechas. Traen, claro, un enemigo, unos símbolos, mucha rabia y mensajes que los medios estamos encantados de recoger por su exotismo.

El odio y la confrontación sistemática siempre han sido el motor de los que no tienen consigo la razón para recuperar el poder. Cuando empezamos a nombrar algo, ese algo empieza a tomar consistencia y respira, y más si lo hacemos con ahínco y en según qué púlpitos. El lanzamiento de ocurrencias sin contrastar. Nadie mirará hacia atrás en el futuro para señalar cómo se hicieron las cosas, si fuimos responsables públicos y decidimos formar parte del caos o hicimos lo que consideramos mejor para la mayoría. Ellos eligen cada día: virus o vacuna.

En una escena de la película chilena Machuca (Andrés Wood, 2004), se ve una manifestación en las calles de Santiago de Chile en los días previos al golpe de estado militar. Golpeando cacerolas, montados en sus coches, la clase alta, enfundada en sus trajes rosa Chanel, grita: ˝Comunistas, desgraciados, cafiches del Estado”. Cafiche es una forma despectiva en Chile de decir proxeneta. Van contra el Gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende, una coalición de los partidos políticos de izquierda. El desenlace lo conocemos. Libertades, pocas.

Esto no es página antigua o caricatura, el lunes la patria y la libertad fueron bandeadas también aquí, en el siglo XXI, a bordo de coches por la Castellana, por una parte de los ciudadanos de esa España de la que siempre se habla en nombre de todos.

Hombres y mujeres, políticos y ciudadanos que se adueñan, no de los símbolos, sino de las diferentes formas de sentirse parte de este país para imponer una sola definición. Paradójicamente, a esta gente de la patria en la boca parece no importarle la vida de muchos de sus compatriotas.

La obsesión radica en indicarte cuál es la relevancia que le das al hecho de haber nacido aquí para poder ejercer tu libre albedrío. El caos está llegando cuando no es solamente la gente que monta vídeos caseros con vivas a la monarquía, que se ata la bandera al cuello, sino cuando gente supuestamente informada y concienciada con la situación sanitaria también se toma la norma por su mano aprovechando esa idea de caos que nos va calando. A lo mejor esto no va tanto de ideologías y sí de clase social. A lo mejor va de hacer el máximo ruido posible para que nadie repare en la falta de médicos, de pruebas, de vidas que no se pierden.

Cuídense y sálvese quien pueda de esas banderas y esas libertades porque las enarbolan sobre el silencio y la libertad de los demás.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2020/10/14/la_libertad_no_coche_112001_1023.html


EL DIARIO DE LUIS. TERESA SANTOS

18/10/2020

El día 16 de marzo, el Gobierno decreta el Estado de Alarma y cierran el colegio. Luis estudia cuarto de primaria. Su tutora, Mónica, les ha propuesto hacer un diario. El sábado 21 de marzo, recibe el de Luis. A medida que lee, el dolor que le producen las palabras del niño le va subiendo a la garganta convirtiéndose en un grito de rabia.

Lunes 16. Esta mañana me he despertado porque mi madre lloraba muy alto. Bueno, todos los días llora. Me ha dicho que hoy quería llorar más bajito, pero que no ha podido. No me gusta que mi padre esté en casa, pero ahora no trabaja por culpa del bicho ese y encima no podemos salir, así que hemos tenido que aguantar sus gritos todo el día.

Martes 17. Me he despertado al oír un golpe muy fuerte en la cocina y he visto a mi madre en el suelo muy quieta y con los ojos cerrados. Mi padre me ha dicho que se ha caído y que está tumbada para que se le pase el dolor. Como me ha echado de la cocina, no he podido desayunar. Por la noche, mi madre me ha abrazado muy fuerte y ha llorado, esta vez muy bajito, con la cara apoyada en mi almohada.

Miércoles 18. Hoy mi madre no me ha dejado salir de mi habitación en todo el día. Dice que aquí estoy más seguro y que lleva puesta una mascarilla por si está enferma, para no contagiarme. Pero yo le he visto un moratón que le sale por encima y creo que debajo hay más, aunque no me deja verlo. ¿Se habrá vuelto a caer?

Jueves 19. Mi madre sigue con la mascarilla y el moratón se le ha puesto amarillo. Me ha dicho que, sin hacer ruido, vaya metiendo en mi bolsa de deporte la ropa que más me guste, el pijama y mis zapatillas preferidas y que prepare también mi mochila del cole.  Hoy tampoco he desayunado, pero no me importa. Mientras mi padre está en la ducha, mi madre y yo hemos bajado corriendo las escaleras. En la calle nos ha esperado mi abuelo con el coche. Hoy vamos a dormir juntos en la habitación que era de mi madre.

Viernes 20. Estoy escribiendo mi diario en la casa de mis abuelos. He desayunado muy bien y mi madre no ha llorado. Tengo más ganas de hacer los deberes y mi abuelo me ha prestado su ordenador. Por la tarde ha venido mi padre dando gritos y ha llamado al portero automático pero mi abuela no le ha querido abrir. A lo mejor, la policía viene mañana y nos dice que no podemos estar aquí. Pero mi madre y yo ya no queremos volver a casa.

Mónica apaga el ordenador y secándose las lágrimas, marca en su móvil el 016.


De cerrar filas a quedar acorralado. David Bollero

16/10/2020

El modo en que continúan cerrando filas en torno a la figura del rey, lejos de mostrar la fortaleza de la monarquía, evidencia su debilidad. Sus pilares, cada vez más frágiles, tiemblan ante una demanda de mayor democracia, ante resultados de encuestas como la impulsada por 16 medios de comunicación independientes que revela cómo la opción republicana ganaría en un referéndum. Tanto han cerrado filas, que ya se encuentra acorralado.

Es triste que sea necesario un micromecenazgo y que 16 medios de comunicación tengan que impulsar una encuesta porque el Estado lleva casi seis años privándonos de saber que opina la ciudadanía de una Corona tan salpicada por los escándalos que viene siendo complicado no taparse la nariz con sólo mencionarla. Supongo que es en estos momentos en los que se demuestra quién es más demócrata y quien no teme la transparencia, y la encuesta realizada por 40dB tiene mucha más fuerza que el vídeo cayetano.

Cayetana Álvarez de Toledo padece el complejo de Albert Rivera, ese síndrome de abstinencia cuando se alejan de los focos, y precisa del faranduleo para llenar ausencias. Su vídeo de cayetanos reúne a tantos personajes de diferente pelaje y, muchos de ellos, dudosa moralidad, que más que hacer un favor al Borbón supone precisamente lo contrario: demuestra qué clase de personas se aferran al enchufe real.

Ver en días como ayer tanta banderita y tantos mensajes en las redes sociales defendiendo al rey es signo inequívoco de cuán arrinconado se encuentra el Borbón. Leer las críticas encendidas por el sobrio saludo de Pablo Iglesias al monarca resulta divertido: ¿quién tendría que rendir más pleitesía a quién, el que ha sido elegido en unas elecciones democráticas o el que se pega la vida padre sólo por su apellido? Yo, lo tengo claro y, afortunadamente como demuestra la encuesta de 40dB, la mayoría de los españoles también.

https://blogs.publico.es/david-bollero/2020/10/13/monarquia-republica/


Tercer aviso. Benjamín Prado

13/10/2020

Stop Fascismo on Twitter: "Pues que la cultura de la violación nace  directamente de la educación machista, es decir, debemos cambiar la forma  en que entendemos la sociedad y la sexualidad desde

“Las únicas urnas en las que creen los ultras son las urnas funerarias”.

Otra vuelta de tuerca. La ultraderecha siempre da otra vuelta de tuerca cuando no se le paran los pies, y salta de las bravuconadas a las amenazas si se es condescendiente con ella. Cuando se le echa leña a su fuego, monta una pira de la inquisición, porque sus llamas no calientan, sólo abrasan, no dan luz, destruyen lo que tocan, lo reducen a cenizas. Con las banderas, fabrican antifaces para ellos y mordazas para los demás. Su peor enemigo es la democracia y si participan en ella no es más que para carcomerla desde dentro. Sus caudillos no tienen proyecto de futuro sino nostalgia del pasado, siempre y cuando éste haya estado en manos de un régimen totalitario y gobernado por un asesino que les ofreciese a sus lacayos el papel de cómplices y algunos privilegios y beneficios. No tienen moral sino dogmas, ni tampoco ideología, sólo una ambición enfermiza por llegar al poder y la seguridad de que para alcanzarlo sirve cualquier camino.

Sus argumentos, en realidad, no son políticos, sino paramilitares, y su táctica es la de los matones, dado que no quieren convencer a nadie de nada, sino atemorizarlo, hacer que se someta, que no pregunte, que renuncie a sí mismo y no se defienda, que se entregue al miedo. Las únicas urnas en las que creen son las funerarias. Buscan partidarios y votantes entre quienes están insatisfechos y les ofrecen formar parte de una clase dominante a cambio de su apoyo. Son racistas por convicción, pero también por interés, porque necesitan un adversario contra el que luchar, un peligro que ofrecerse a combatir. A menudo, se ofrecen de guardaespaldas de instituciones como la monarquía, pero igual el rey Felipe VI debiese recordar que también el Funeralísimo dijo que venía a devolverle el trono a su bisabuelo Alfonso XIII. Se lo otorgó con condiciones, treinta y ocho años más tarde, a su nieto, Juan Carlos I.

Ahora los extremistas han ido un paso más allá, y Vox ha lanzado una advertencia: “Derogad la Ley de Memoria Histórica; primer aviso.” Sería inconcebible que la Justicia no actuara contra semejante atentado a la convivencia e intento de extorsión al Estado de Derecho, cuando para otras cosas, algunas de ellas inocuas cuando no ridículas, se mueve a toda velocidad. Si no lo hace, la cuenta atrás seguirá avanzando y tendremos que empezar a preguntarnos qué preparan como segundo aviso y tercero, que es cuando suele acabar el plazo de cualquier ultimátum. Hasta ahora, han hecho pintadas en algunas estatuas de republicanos, han pedido el gobierno de concentración nacional que piden todos los involucionistas y se han dado unas vueltas en coche el día de la Fiesta Nacional; pero ¿qué van a hacer ahora? Ya sabemos que van a hacerle perder el tiempo que no nos queda al Congreso, con una moción de censura en la que van a estar con toda probabilidad solos y que demuestra lo poco que les importan la pandemia de coronavirus y sus víctimas. También sabemos que aquí hay quienes le piden al ejército rastreadores y quienes le piden que se subleve, pero también que nuestras fuerzas del orden no están aquí para invadirnos sino para protegernos. Pero seguro que guardan una carta en la manga y que es la de siempre: un esqueleto con la guadaña al hombro.

¿Y el tercer y último aviso? ¿Será una manifestación? ¿Otra denuncia de algún sindicato u organización afín? ¿Una huelga? ¿Otra fotografía de grupo en las escaleras de la plaza de Colón? Porque las declaraciones públicas van perdiendo gas, ya se les han gastado los insultos, empiezan a repetirse y la gente cambia de canal o emisora. Y lo de las caravanas patrióticas no logra mucho impacto en los medios. Y casi todo lo que le arrebatan al PP va a parar a Ciudadanos. No les salen las cuentas ni les creen el cuento, salvo unas y unos pocos. Si Pablo Casado no fuera él, sería capaz de aprovecharse de todo esto para dejar de hundir a su partido, pero resulta que la única cosa que se le ocurre es ponerse a su nivel y buscar atajos que lo lleven de mal en peor. Y ya sabemos lo bien que les ha funcionado el lema de la derechita cobarde, su gran acierto publicitario hasta el día de hoy.

Estamos amenazados, que no se nos olvide, nos han dado un primer aviso. La cabeza del caballo está en la cama. Y ellos tienen preparada la llave inglesa para ir más allá, para dar otra vuelta de tuerca si nadie se lo impide. Llegarán hasta donde les permitan los tribunales y las instituciones. Y hasta donde finjan no verlos avanzar quienes guardan silencio, les pintan de blanco, les regalan titulares, les endulzan el veneno.

https://www.infolibre.es/noticias/opinion/columnas/2020/10/13/tercer_aviso_111971_1023.html


¿POR QUÉ NOS MANIFESTAMOS ANTE LA DIRECCIÓN PROVINCIAL?

09/10/2020

Coordinadora de la Asamblea de Trabajadores del IES Ezequiel González

Porque queremos una educación pública al alcance de todos, de calidad y con todas las garantías sanitarias requeridas en estos momentos de pandemia. Y esto no se está cumpliendo.

Los equipos directivos trabajaron durante todo el mes de julio, finales de agosto y primera semana de septiembre para organizar el nuevo curso escolar, según el protocolo publicado el 6 de julio de 2020. En este, las ratios de alumnos por grupo en los cursos a partir de 6 años no se modificaba y el uso de mascarilla era obligatorio si no se podía mantener la distancia de seguridad de 1,5 metros. Y la distancia de seguridad era imposible de mantener con esas ratios.

Pero a una semana de empezar las clases todo cambió. Ahora, en una adaptación del protocolo se establecía el uso obligatorio de mascarilla y, a la vez, el mantenimiento de una distancia de seguridad de 1,5 m. ¿Cómo hacerlo cuando ya se habían distribuido los alumnos por grupos y adjudicado a estos su correspondiente profesorado? Todo el trabajo realizado no servía para nada y, lo que es peor, nos encontramos con que no había ni aulas ni profesorado suficiente para llevar a cabo las nuevas instrucciones.

Había que redistribuir al alumnado en grupos más pequeños, rehacer los horarios, improvisar nuevas aulas… Este principio de curso ha sido un caos y sigue siendo un caos, por más que se esfuercen los equipos directivos en reinventar lo que no es reinventable.

Se están habilitando como aulas los gimnasios, los laboratorios, las bibliotecas y aún así nos faltan espacios. El nuevo profesorado ha tardado en llegar y todavía faltan profesores por incorporarse. En algunos centros, como la Casa de los Picos y el IES Ezequiel González, nos encontramos con grupos que han tenido que trasladarse a la tarde, cuando los alumnos se habían matriculado en turno de mañana. Muchos de los horarios de los grupos trasladados a la tarde son antipedagógicos, casi demenciales. Alumnos de Ciclos de Formación Profesional, como los que cursan Emergencias Sanitarias o Farmacia –por poner un ejemplo-, no pueden realizar sus prácticas por falta de espacio en las aulas específicas y otros las realizan en condiciones que no garantizan su seguridad ni la de su profesor.

El personal de limpieza es insuficiente para las tareas de desinfección de las aulas cada vez que estas son utilizadas por un grupo de alumnos diferente. El trabajo de las ordenanzas de nuestro centro se ha multiplicado, así como el del personal de administración.

Y nos preguntamos por qué no se previó lo que iba a pasar, cuando a lo largo del verano estaban aumentando los casos de coronavirus.

¿Por qué se ha esperado hasta el último momento, con los alumnos prácticamente a las puertas de los centros, para improvisar nuevos protocolos?

¿Por qué las altas instancias no han tenido en cuenta las propuestas de los equipos directivos de los centros de enseñanza, como aquellas referidas a la habilitación de aulas en otros edificios de la ciudad?

Solo nos cabe la protesta con la esperanza de ser, por fin, escuchados. Llevamos años con recortes en la educación pública, la única capaz de garantizar la igualdad de oportunidades de todos los niños y jóvenes, sea cual sea su situación socioeconómica de partida.