¿Resistirá Pedro Sánchez los borboneos de Felipe VI? Domingo Sanz

31/05/2019

¿O se intentará blindar con Europa, donde en un solo día ha conseguido ser importante? Porque no han pasado ni 24 horas y lo primero que ha hecho ha sido volar a París para cenar con Macron, que no se podía negar, para asustar a un Pablo Iglesias más que tocado enseñándole el muñeco de su odiado Rivera. Alguien que, por cierto, viene de fracasar en su particular intento de “sorpassar” al PP. Pero sin duda, y aunque no lo contará, Sánchez ha ido a defenderse de los independentistas catalanes, que estos sí que han avanzado el 26 de mayo. Por eso Merkel después de París, haciendo de ministro de Exteriores.

Como no recordar marzo de 2016 y lo mucho que aquella “cal viva”, tan antigua, sirvió para blanquear la maldad que hubo en una votación contra Sánchez, y “contra natura”, de consecuencias incalculables. Y que, tiene bemoles, aún justifican algunos de los hoy muy perdedores culpando a la demoscopia de los tiempos revueltos. Como si no tuvieran la obligación de desconfiar de las encuestas.

El título alternativo era parecido, pero no idéntico: ¿Se atreverá Felipe VI a borbonear a Pedro Sánchez?, pero tal duda implicaba poner en cuestión las investigaciones sobre la herencia genética. Y también despreciar uno de los lugares comunes más usados en castellano durante siglos, por mucho que la RAE, no aceptando el término, haga su aportación al oscurantismo en español.  Todo sea para no cuestionar un símbolo principal del peor autoritarismo.

Como no recordar, en este punto, a Franco restaurando la Monarquía en 1947, nombrando sucesor a Juan Carlos I en julio de 1969 y atando definitivamente España a su trayectoria asesina al conseguir que, más de 40 años después de muerto, nadie se haya atrevido a poner en cuestión la forma de Estado, como si tal cosa fuera una plaga divina.

No paro de reír desde que mi amigo FV, que me conoce y, por tanto, no lo ha podido hacer con otra intención, me ha enviado un chiste de 1.274 palabras titulado “La tercera República española y la izquierda” firmado por García Manrique, profesor de Filosofía del Derecho de la Universidad de Barcelona, que dice cosas como la siguiente:

“Los republicanos españoles estamos de enhorabuena. Después de dos intentos que se frustraron muy pronto, a la tercera parece que ha ido la vencida, y la República española está a punto de cumplir cuarenta años”.

En este punto me pregunto si el profesor es un enfermo mental. Más adelante, dice:

“Bien, pero… tenemos un rey. ¿No es esta la mejor prueba de que no somos una república? Pues no, porque no es cierto que tengamos un rey de verdad.”

Mientras me pregunto dónde viven los reyes de mentira, entiendo que García Manrique piensa que quienes queremos una República que no se llame Monarquía somos unos ignorantes, y creemos que Felipe VI es como Fernando VII o, en el mejor de los casos, como su bisabuelo, Alfonso XIII.

García Manrique, el profesor universitario, hace demagogia cuando confunde de manera consciente conceptos diferentes que comparten la misma palabra en el diccionario. Abusando, sin advertirlo, de la idea de “res pública” afirma:

“Una república, por si hay que recordarlo, no es otra cosa que una comunidad de ciudadanos”.

Pero para no dejar coja la lógica argumental, el autor termina confesando que no es sino miedo lo que le lleva a ofender a la inteligencia. Disculpe que con esta última cita no pueda ser tan breve, pero es la clave:

“Sin embargo, la política es una práctica compleja que ha de tener en cuenta factores múltiples, y bien pudiera ser que, en 1978 e incluso todavía hoy, la estabilidad o la salud de la república pase por mantener el nombre de monarquía (constitucional). Se trata, pues, de una cuestión estratégica que no cabe analizar aquí, pero que no puede empañar el hecho esencial de que España es una república, por muy coronada que se nos presente”.

He elegido este artículo, recibido al azar, porque crea la teoría necesaria, aunque simplista, para justificar la coartada mental que la izquierda española ha compartido desde la Transición. Sería un chiste si no fuera porque tal autoengaño colectivo ha envenenado de debilidad esencial la denominada España, hasta el punto de que hoy se encuentra en los prolegómenos de su descomposición.

A la vista de que, como decía al principio, el independentismo catalán ha vuelto a mejorar sus resultados electorales y, por tanto, Felipe VI ya tiene que estar otra vez que no se soporta a sí mismo, con todo lo que eso significa de peligro para vidas y haciendas de los españoles inocentes, para finalizar es imprescindible decirle cuatro cosas a Sánchez.

A ver, presidente, ¿vas a seguir compartiendo los esquemas baratos de García Manrique para no vaciar La Zarzuela, o vas a comprender de una vez que merece la pena desatar ese nudo envenenado que nos dejó el fantasma que aún vive en el Valle?

¿No te parece poco atreverte solo con el muerto?

No olvides que hubo uno, antes que tú, que también decidió salvar al rey, pero que ese mismo rey salvado no tuvo la menor compasión a la hora de intrigar contra él hasta conseguir que dimitiera. También con peligro para vidas de terceros en un 23 de febrero.

Se llamaba Adolfo Suarez, y ya sabes que quien acabó con él es el padre de quien intentará, puedes estar seguro, acabar contigo.

Porque nunca podrás ni intentar lo de Catalunya si antes no nos libras de él.

Tú mismo, Pedro, pero no será fácil que tengas una ocasión mejor que esta.

¿Resistirá Pedro Sánchez los borboneos de Felipe VI?

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EE.UU. La caridad es la única esperanza para millones de personas excluidas del sistema sanitario

28/05/2019


Huele a derrota de la peor España. Domingo Sanz

23/05/2019

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La peor España es esa derecha de España que nunca se atrevió a condenar el crimen franquista con todas las consecuencias.

La peor España no soporta el fracaso, y la peor España está fracasando.

La peor España es la que perdió un 28, y volverá a perder un 26.

La peor España no está perdiendo porque esté rota. Está rota porque la división es el mapa de la derrota.

La peor España no se ha roto porque su tiempo acabara. Su unidad de pacotilla acabó con el tiempo de la España que conocimos.

La peor España eligió terminar cuando aplicó leyes viejas para responder a los españoles que pedían leyes nuevas.

La peor España comenzó a morir cuando prefirió fuerza en lugar de inteligencia contra una Catalunya que le obligaba a pensar.

La peor España no dudó en usar al rey que presumía de España para implicarse contra una parte de España que aún era España.

La peor España grita desde sus escaños para salvar a ese rey del trance de dar la cara ante los líderes de la España a la que amenazó en persona.

Una niebla extraña apagó la luz de la peor España el día tres de un mes de octubre, y ni siquiera su rey se libró de olvidar que volverían las urnas cargadas de vida.

La peor España quiere arrastrar a la España que no sabe elegir primero la libertad, y después todo lo demás.

La peor España ha tardado ochenta años en perder la paz, porque nunca será capaz de ganar sin guerra.

La peor España está confundida, porque ya nadie se la quiere encontrar.

Huele a derrota de la peor España


ANSELMO CARRETERO JIMÉNEZ

22/05/2019

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Segovia 09/04/1908 – México DF 22/05/2002. Ingeniero industrial y escritor. Estudió el bachillerato en León, trasladándose posteriormente a Madrid para ingresar en la Escuela de Ingenieros Industriales. Se alojó en la Residencia de Estudiantes y se formó políticamente en la Casa del Pueblo de Madrid. En 1926 ingresó en la UGT y en las Juventudes Socialistas de Madrid, militando desde 1934 en la Agrupación Socialista Madrileña. Participó en la fundación de la Federación Universitaria Española. En 1932 concluyó sus estudios de ingeniero industrial. En 1933 pertenecía a la Junta Directiva del Sindicato Nacional de Arquitectura e Ingeniería (UGT) y se especializó en oceanografía ingresando como ingeniero en la Dirección General de Pesca. En 1934 estuvo becado en Alemania, donde visitó sus principales puestos pesqueros y vivió seis meses en Berlín, siendo espectador de la ascensión de Hitler al poder. A su regreso se reincorporó como ingeniero en la Dirección General de Pesca. El golpe de Estado del 18 de julio de 1936 le sorprendió en México donde se encontraba en viaje familiar visitando a su suegro Félix Gordón Ordás, embajador de España en la citada República. A los pocos días participó como orador en un mitin de apoyo al pueblo español organizado por los sindicatos mexicanos. Poco después regresó a España, donde se hizo cargo de la nueva oficina de claves del Ministerio de Estado. Posteriormente se le encomendó la creación del Departamento de Información Diplomática, encargado de obtener toda clase de información del exterior, tanto a través de las embajadas como por toda clase de medios, lo que le hizo mantener estrechos contactos con los servicios secretos de la Unión Soviética. Finalizada la guerra pasó a Francia y de allí marchó hacia México, donde llegó en la primavera de 1939 vía Nueva York. Su primera ocupación fue la de profesor de física y matemáticas en los centros de enseñanza fundados por los exiliados españoles: Instituto Ruiz de Alarcón, Instituto Luis Vives y Academia Hispano-Mexicana. Entre 1943 y 1945 trabajó como ingeniero en una empresa agrícola de capital norteamericano en Holcatzin (Campeche) cultivando ricino, que por entonces era considerado el mejor lubricante para los motores de avión. En 1946 se trasladó a Loma Bonita (Oaxaca) como director de una empacadora de piña perteneciente a la Sociedad Mexicana de Crédito Industrial. En 1948 regresó a la capital para trabajar en Sosa Texcoco, industria también perteneciente a la Sociedad Mexicana de Crédito Industrial que al ser nacionalizada se llamó Somex, trabajando en la misma hasta su jubilación en 1985. Perteneció a la Agrupación Socialista Española en México, de la cual fue presidente en sus últimos años. En el exilio simultaneó su actividad profesional con el estudio de la formación histórica de la nación española, fruto de lo cual es su copiosa bibliografía sobre el problema nacionalista en España. Formó parte del grupo editor de la revista Las Españas, creada en 1946 por José Ramón Arana y Manuel Andújar y que con su continuación Diálogo de las Españas fue, durante casi dos décadas, un referente cultural del exilio español. En los últimos años del franquismo y durante la transición fue miembro del Comité Nacional del PSOE, representando a la organización socialista española de México y en el cual fue uno de los principales

defensores de la configuración federal de España. Falleció en México el 22 de mayo de 2002.


HUELGA 21 DE MAYO EDUCACIÓN INFANTIL.

21/05/2019

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La doble revolución de las mujeres republicanas

17/05/2019

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Hubo un día en que los bailes eran canteras de sindicalistas y la historia obligaba a crecer más deprisa. Entonces la revolución estaba en la boca de todos y Josefina Carpena-Amada (Barcelona, 1919 – Marsella, 2005), mejor conocida como Pepita Carpena, tenía claro que se entregaría a ella. Obrera en una fábrica textil desde los 12 años, se inició a la política de la mano de la CNT y se unió al movimiento Mujeres Libres en la época más turbulenta de la España contemporánea. Vivió el golpe de Estado, la barbarie del mayo de 1937, la Guerra Civil, la dictadura y el exilio. Siempre luchó. Lo hizo al lado de otras muchas mujeres casi invisibles para los anales, pero que lograron estrepitosos avances en igualdad peleando tanto dentro como fuera de casa. “Para ellas fue normal ir al frente, disparar balas, crear un grupo de más de 20.000 mujeres, luchar contra sus padres, la homofobia y el machismo”, resume Isabella Lorusso, que ha publicado en España el libro Mujeres en Lucha (Altamarea), 11 entrevistas realizadas a lo largo de 15 años a activistas españolas, mujeres feministas que vivieron la Guerra Civil y sus duras consecuencias en sus propias carnes.

Lorusso (Apulia, Italia, 52 años) recorrió kilómetros para dar con mujeres como Pepita Carpena, Teresa Rebull o Blanca Navarro y escribir el libro que le hubiera gustado encontrar cuando llegó a Barcelona en los años noventa. Entonces era una estudiante universitaria involucrada en el movimiento feminista y se apasionó por el POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) y los movimientos izquierdistas de ese período. Rascó en la historia para encontrar a las mujeres republicanas que habían luchado con uñas y dientes durante el conflicto y de las que se perdió la memoria. Mujeres anarquistas, milicianas, marxistas o comunistas, de distintas ideologías pero con el mismo denominador común: hacer escuchar su voz. “No encontré el libro, encontré a la gente real”, resume Lorusso en Madrid, donde ha presentado su obra.

Porque si la historia olvida a los perdedores, aún peor es la suerte de aquellos que son apartados dentro del mismo bando derrotado. Carpena admite en su entrevista con la autora, en 1997, que existían actitudes machistas dentro del movimiento, pese a que la Segunda República representó una de las máximas expresiones de igualdad de género de la época —reconoció el voto femenino y despenalizó el aborto, entre otras cosas—. Confiesa que lo más duro fue enfrentarse a sus propios compañeros, que tampoco entendían del todo —y llegaron a confundirlo con el libertinaje— el papel del grupo Mujeres Libres, nacido en el seno del anarcosindicalismo para lograr la liberación de las mujeres y la igualdad, y que llegó a tener más afiliados que el Partido Comunista en su momento más álgido.

“Ponían a los hombres ante una contradicción cotidiana, porque ellos mismos hablaban de cómo cambiar el mundo y luego volvían a casa y el mundo que hubieran podido cambiar no lo cambiaban”, analiza la autora. Fue así que el choque entre guerra y revolución asumió otra dimensión, más oculta, que trascendía la lucha de clase y de la cual las mujeres fueron protagonistas involuntarias. “Como los estalinistas pensaban que antes había que ganar la guerra y después hacer la revolución, muchos hombres creían que si ganaban la revolución las mujeres automáticamente se liberarían, pero no era así. Fue también una revolución en casa”, continúa. “Había una discriminación dentro del mismo grupo y había que hacer la revolución al mismo tiempo”.

Esta discriminación acabó sin embargo por ser interiorizada por muchas de las mujeres militantes e hizo que Lorusso se enfrentara a un doble obstáculo: a las dificultades técnicas se sumó el hecho de que ellas mismas se restaban importancia. Teresa Carbó (Begur, 1908 – Le Soler, 2010), la última persona en ver con vida al dirigente del POUM Andreu Nin, es ejemplo de ello. Inicialmente rechazó la entrevista alegando que no tenía nada que contar. Lorusso la encontró en 2010, poco antes de que falleciera, en una residencia de mayores en Francia. Tenía 102 años, la mayoría de ellos pasados en el exilio.

Ni Carbó ni Carpena se definían feministas. Suceso Portales (Zahínos, 1904 – Sevilla, 1999), quien fue vicesecretaria de Mujeres Libres, explicaba que entonces eran las mujeres de clase media, sufragistas, quienes se apropiaron del término, y que en el movimiento anarcosindicalista preferían definirse femeninas. “A nosotras nos interesaban las mujeres que luchaban dentro y fuera de las paredes domésticas”, dijo a la autora durante la entrevista. “Los compañeros no nos dieron elección y nosotras decidimos cambiar nuestras vidas antes de cambiar el mundo”. Para Lorusso, solo se trata de un tecnicismo: “Yo me defino feminista y considero que ellas eran mucho más feministas que yo”.

Ellas, mujeres ocultas en historias ocultas, lucharon con la escopeta al hombro, se organizaron, exigieron más derechos, estuvieron en la cárcel, ayudaron a sus compañeros y los vieron morir, abandonaron sus tierras y cruzaron la frontera cargando a sus hijos. “La libertad es para todos o no es”, señalaba a la autora Concha Pérez (Barcelona, 1915 – 2014), una de las pocas mujeres que combatieron en el frente durante la Guerra Civil.

De las mujeres que aparecen en el libro solo queda viva una, María Teresa Carbonell (Barcelona, 1926), antigua militante del POUM y presidenta de la Fundació Andreu Nin de Barcelona. Pero permanecen su legado y su lucha. Lorusso admite que no solo encontró barreras para reconstruir la memoria histórica de las entrevistadas, tampoco fue fácil hacer llegar su obra al gran público. “Hay que valorizarlas”, reflexiona. “Yo solo las entrevisté y escribí el libro que hubiera querido encontrar, un libro sobre el coraje del que nadie ha hablado”.

https://elpais.com/cultura/2019/05/10/actualidad/1557501221_887968.html

 


COMITÉ PRO-CONSULTA DE SEGOVIA. ASAMBLEA ABIERTA

15/05/2019

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Asamblea abierta a particulares y colectivos para la preparación de la consulta popular República/Monarquía el próximo octubre en Segovia. Jueves 16 de mayo. 20h. Centro Cívicio El Carmen/LaAlbuera. C/ Pintor Herrera nº2. Segovia.