El rey de la baraja deslucida. El rey de la baraja deslucida. Johari Gautier Carmona

31/08/2018

thumb (2)

El día en que se hizo pública la noticia del safari del rey Juan Carlos I en Botsuana, la monarquía española sabía que se enfrentaba a un cataclismo de dimensiones colosales. Pero no se imaginaba que lo que se avecinaba era el fin de una época.

Ese 14 de abril de 2012 los españoles amanecieron con los primeros informes de la caída sufrida por el rey durante su periplo en tierras africanas y de la operación de cadera que se había realizado. También se enteraron del contexto en el que había ocurrido todo esto: un safari lujoso donde se cazaban elefantes.

Como no podía ser de otra forma, el grito se hizo grande y hondo. Desgarrado. Vino de todas partes. Primero de los ambientalistas que vieron cómo el representante de una nación desarrollada se dedicaba a eliminar los pocos ejemplares de una especie animal en vía de extinción. Y luego de los que, preocupados por el estado de una economía deplorable, veían a su monarca, campante y desconectado de la realidad, disfrutando de un paseo en tierras lejanas.

Era obvio que la realeza encaraba un periodo delicado en el que se transparentaba su rostro agrietado. Pero no era el primero. En 2007, cuando en la Sesión Plenaria de la XVII Cumbre Iberoamericana el gobernante lanzó el famoso “¿Por qué no te callas?” a Hugo Chávez, algo indicaba que la realeza había llegado a un punto de quiebre. Enojado, impotente y poco diplomático, el Rey de España mostró en ese momento hasta qué punto su papel de mediador estaba limitado y cómo le era imposible superar los estragos del pasado colonial.

Las disculpas públicas presentadas por Juan Carlos I después de la caída en su viaje a Botsuana reforzaron esa imagen de monarca incapaz de hilvanar un diálogo argumentado, concienzudo y seductor. Con ese nuevo episodio embarazoso, volaban por lo alto años y años de trabajo propagandístico de la Casa Real con las que se buscaba poner en adelante las virtudes del rey. Y en efecto, ¿Quién podía recordar ahora el héroe del 23-F? ¿Dónde estaba el hombre que había logrado mediar en 1981 y salvar la incipiente democracia española?

El rey que alegraba las páginas de las revistas de corazón, aquel que provocaba sentimientos de gracia y simpatía en las tardes de fin de semana, ya sólo era una quimérica construcción que desentonaba con el entorno y, esto fue acelerándose a medida que salían a la luz nuevos detalles de cada caso que atenazaba a la Casa Real.

Las revelaciones sobre la relación del rey con la princesa Corinna Zu Sayn-Wittgenstein –a quien conoció en otra cacería en 2004–, destapaba otro suceso de infidelidad tolerada dentro de la familia real. Era imposible ya esconder la irrefrenable vida amorosa del soberano, y tampoco defender la moralidad “cristiana” alimentada durante décadas. Ni siquiera la reina Sofía lo intentó.

Pero lo más aterrador fue lo que vino más adelante con el caso Urdangarín y unas revelaciones que no dejaban a Juan Carlos muy bien parado. El yerno ideal, alto y elegante, un señor venido del mundo del deporte, terminó implicado en un torbellino de escándalos en el que resaltaban los cargos de malversación, fraude y blanqueo de capitales.

El caso Noos fue determinante en el distanciamiento (o disgregación) reciente de la familia real, pero también en el descalabro del relato construido entorno a la figura de Juan Carlos I. El proceso judicial no sólo destapó el hecho que el monarca orientara Urdangarín en sus primeros pasos, sino que también lo acompañara y recomendara en su papel de “traficante de influencias” con cartas firmadas de su puño. Esto precipitó definitivamente la abdicación del soberano el 02 de junio de 2014.

No obstante, esta semblanza sería incompleta si no tuviéramos en cuenta las declaraciones de Corinna de julio de 2018, en las que explicó que fue usada como testaferro por el rey debido a que residía en Mónaco (lugar en el que no se reclama declaración pública sobre el patrimonio). También comentó que Juan Carlos I habría recurrido a la amnistía fiscal aprobada por el gobierno de Rajoy en el 2012 para repatriar fondos opacos con un coste tributario mínimo.

Finalmente, si a todo esto añadimos las declaraciones del periodista Jaime Peñafiel –uno de los que mejor conoce la monarquía–, en las que habla de las comisiones que el rey cobraría desde hace décadas sobre las transacciones con Arabia Saudita, un país que pisotea los derechos humanos y que aniquila el país vecino, el retrato se desmorona sin posibilidad de recuperarlo. Defender el legado del primer rey de la democracia ya es algo de valientes. En realidad, es cosa de póker (y de faroles).

https://www.nuevatribuna.es/opinion/johari-gautier-carmona/el-rey-de-la-baraja-deslucida/20180830121155155224.html


Escuela laica, en aulas públicas. Txomin Angós

31/08/2018

mujeres-masonas-01777Necesitamos decir alto y claro que lo que realmente queremos es que la escuela pública sea totalmente laica.

El problema es que nos acostumbramos a todo. Nuestros hijos e hijas han crecido con la religión en las aulas. Cada año, nos encontramos con la misma casilla para rellenar con un crucecita (curioso), si queremos que nuestros hijos e hijas estudien religión, como si fuera un conocimiento.

Hace unos días, la ministra de Educación, Isabel Celaá, puso los signos de interrogación, al principio y final de frase sobre el valor de la religión en las aulas. Unos signos de interrogación que para muchos se convirtieron en signos de exclamación y «clamaron al cielo» en el minuto siguiente a la noticia.

 

Y ante la sorpresa de los sorprendidos, de los que dibujan cada año su crucecita en el cuadradito de la hoja de matrícula con la inercia correspondiente, los padres y madres de la escuela pública de la Confederación Gonzalo Anaya, nos hacemos otra pregunta a colación de la de la ministra, ¿por qué se ha tardado tanto en plantearnos una educación basada más en valores cívicos que religiosos en un Estado aconfesional?

Creemos que es una cuestión de tener claros los ámbitos. Para las familias de la escuela pública, la religión pertenece al ámbito privado y personal, no es un ámbito común, existen muchas religiones; ni encaja dentro del conocimiento laico. Las normas éticas y morales, en un Estado moderno, se establecen más allá de las creencias personales. La educación, entendemos que es otra cosa, la educación es formar en el sentido amplio de la palabra. Formar desde la convivencia, los valores cívicos y los conocimientos. Educar es acompañar en el crecimiento de los alumnos y alumnas en muchos ámbitos, como la colaboración, el entendimiento, el conocimiento, el trabajo, el esfuerzo, el tener en cuenta a los demás, la reflexión?

Entendemos que la escuela pública, gestionada con dinero público, debe garantizar ese crecimiento personal pensando en hacer una sociedad más libre. Por eso, nos satisface saber que se ha dado un paso hacia adelante con nuevos planteamientos sobre el papel de la religión en las aulas, pero al mismo tiempo, necesitamos decir alto y claro que lo que realmente queremos es que la escuela pública sea totalmente laica. No queremos, que el dinero público destinado al material escolar, a construir pistas deportivas, a mejorar la enseñanza cada día, el bienestar de nuestros hijos e hijas; se destine a financiar clases de religión, de ninguna religión, vaya por delante.

La religión ya tiene sus propias instituciones que la representa dentro de la sociedad, sus propias vías de expansión y de acercamiento a la ciudadanía. Dejemos que los alumnos y alumnas dediquen su tiempo en las aulas a pensar y a reflexionar. Destinemos los recursos públicos para darles las herramientas que necesitan para ello.

Para creer, rezar y vivir la vida desde la vertiente espiritual ya tenemos las iglesias, las mezquitas, las sinagogas? lugares de culto, venerados y reconocidos socialmente como punto de encuentro para compartir sentimientos más personales y privados.

No entendemos ni compartimos el reciente anuncio del Gobierno autonómico en el sentido de impartir en algunos centros educativos religión islámica. Nos parece un paso atrás con respecto a lo anunciado por la ministra de Educación. En este punto, somos los padres y madres de la escuela pública los que ponemos los signos de interrogación a la frase: ¿por qué ampliar la variedad de religiones en los colegios cuando el Ministerio empieza a apostar por una educación más enfocada en los valores cívicos que en los religiosos? No entendemos ese cruce de caminos de los dos gobiernos, el autonómico y el central, a qué se debe, precisamente ahora, en este momento.

Por todo lo que he comentado hasta ahora, es evidente que estamos en contra de la presencia de símbolos religiosos en los centros, y del mismo modo, en contra de que los menús escolares se elaboren a partir de criterios religiosos. Además del caos que este hecho puede originar en los comedores de los centros, entendemos que se dejaría, de forma subliminal, una puerta abierta a la clasificación ideológica de los alumnos en función de su credo religioso, por todo ello, animamos a las autoridades educativas a continuar dando pasos tendentes a la progresiva eliminación en los centros educativos de las materias religiosas. Un importante y primer paso consistiría en la derogación de la LOMCE y la reversión de los recortes, pasos absolutamente necesarios en el camino hacia la escuela totalmente laica que nuestra confederación reclama.

 

Txomin Angós. Confederación de AMPAS Gonzalo Anaya

http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/laicismo/estado-laico/19000-escuela-laica-en-aulas-publicas


El Papa debería volver al psiquiatra. David Torres

30/08/2018

imagen_1122Si es usted católico y homosexual, lo siento mucho, pero tiene usted un problema bien serio y debería consultar a un psiquiatra. No lo digo yo, lo dice el Papa, cabeza visible de la Iglesia católica, lengua infalible del rebaño y una verdadera autoridad en cuestión de enfermedades mentales desde los tiempos en que el Vaticano ordenaba pegar fuego a libros, brujas, filósofos y científicos. Eso sí, si acude a la consulta de un especialista serio, no descarte que en vez de intentar corregir sus gustos desviados, lo trate directamente del catolicismo. La homosexualidad no se puede curar: la gilipollez sí, aunque es difícil.

A muchos ingenuos, no todos ellos católicos, les han podido sorprender las declaraciones de Bergoglio, un hombre al que suponían revestido de buena fe y armado de una escoba mágica capaz de limpiar la podredumbre secular de la iglesia gracias a su genuino acento latinoamericano. Más aun cuando Bergoglio ha especificado que lo mejor es empezar el tratamiento desde la más tierna infancia, en cuanto asomen los primeros síntomas de mariconería o tortillerismo, porque a partir de los 20 años la cosa ya se pone muy cuesta arriba y no queda más remedio que recurrir a un exorcista.

Como se ve, el Papa Francisco sigue al pie de las letras las enseñanzas evangélicas: que tu mano derecha no sepa lo que hace tu mano izquierda. Con la izquierda pide perdón y enjuga lágrimas de cocodrilo por los miles de abusos cometidos y amparados en el seno de la iglesia católica; con la derecha repite el mazazo homófobo de siempre, condenando la homosexualidad al reino del pecado, la enfermedad y la impudicia. Dejad que los niños se acerquen a Freud. Tan intempestivas han sonado las palabras papales que el Vaticano, en la versión corregida de sus declaraciones, ha suprimido las referencias psiquiátricas. El mismo Bergoglio contó en cierta ocasión que, como buen argentino, durante una temporada visitó a una psicoanalista judía una vez a la semana, “para aclarar algunas cosas”. No dijo si fue para intentar remediar una infancia marcada por impulsos homosexuales latentes o por un Edipo mal resuelto, pero parece que aclararse no se ha aclarado mucho.

Para terminar de arreglar las cosas, el Papa ha recetado las excursiones infantiles al diván justo en mitad de la tempestad de mierda que vuelve a caer encima de la iglesia católica a raíz del escándalo de Pensilvania. Al igual que a otros ilustres jerarcas eclesiásticos, Bergoglio ve un niño y se le va el santo al sexo. Al Papa Francisco no lo tragan en el Vaticano por razones que tienen muy poco que ver con la teología y todo con el poder: por eso sus detractores están usando toda la artillería disponible, incluida la acusación de encubrir personalmente los abusos del cardenal Thedore McCarrick. Como el que está libre de pecado tira la primera piedra, el arzobispo Carlo Maria Viganò ha lanzado una carta de once páginas directa a la apostólica yugular del Sumo Pontífice. De este modo, las puñaladas traperas contra el Papa Francisco en los pasillos del Vaticano van dejando en pañales las intrigas contra Jude Law en la teleserie de Sorrentino. Son más bien los sacerdotes pederastas y sus cómplices y encubridores quienes deberían visitar no al psiquiatra sino a un capador de cerdos.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2018/08/29/el-papa-deberia-volver-al-psiquiatra/


EN MEMORIA DEL HISTORIADOR JOSEP FONTANA. ARTICULO APARECIDO EN EL DIARIO CTXT.ES

29/08/2018

Prólogo al ‘Diccionario del franquismo. Protagonistas y cómplices, 1936-1978’, de Pedro L. Angosto
JOSEP FONTANA.
images-cms-image-000011630

La forma en que se produjo en España el pacto de la “transición” contribuyó a que se hiciera el silencio sobre la historia del franquismo, puesto que no se podían airear las responsabilidades de los mismos con quienes se pactaba, ni depurar las culpas de miembros de la jerarquía militar o judicial que seguían desempeñando sus cargos.

Y aunque ha habido en las últimas décadas un volumen considerable de investigación que ha permitido conocer a fondo la realidad de los crímenes y desmanes de la dictadura, se sigue manteniendo desde los organismos públicos y desde los medios de comunicación una especie de neutralidad que ha favorecido la aparición de un revisionismo histórico que pretende demostrar que la guerra civil no fue más que un enfrentamiento entre dos bandos igualmente culpables.

La confusión creada por esa indefinición explica escándalos intelectuales como el del Diccionario Biográfico Español, publicado por la Real Academia de la Historia entre 2009 y 2013, o la confusión que ha hecho posible que se difundiera recientemente por los medios la desgraciada ocurrencia de Daron Acemoglu de comparar la transición española con la “primavera árabe”.

Confieso que nunca he entendido que se pueda valorar del mismo modo una república que formó maestros, abrió escuelas y creó bibliotecas públicas en los pueblos, y un régimen militar que asesinó a maestros, cerró escuelas y bibliotecas y quemó libros.

Pero así deben pensar quienes alientan esta ola de revisionismo, apoyada por autoridades tan dudosas como la de Stanley Payne, dispuesto siempres a apadrinar cualquier engendro contra la República y en defensa del franquismo.

Conocí a Payne en los años sesenta, en una ocasión que pasó por Barcelona y se reunió con un grupo de jóvenes historiadores. Era por entonces un autor de moda. Había publicado en 1962 Falange. A history of Spanish fascism, que Ruedo Ibérico tradujo en París tres años más tarde. Nos estuvo describiendo a los falangistas de los años de la Segunda república como un grupo de jóvenes intelectuales amantes de la poesía. Se me ocurrió preguntarle cuál era en aquellos años la fuente de ingresos de que vivía José Antonio y me contestó: “Eso no lo sé”. Me pareció poco serio que montase todo un tinglado interpretativo prescindiendo de asentarlo sobre la realidad y perdí desde aquel momento la confianza en la calidad de su investigación.

Pero es que la calidad de la investigación no cuenta en las valoraciones del revisionismo. Podemos verlo en la forma en que reaccionan contra quienes les contradicen. Uno de los objetos de su furor es, por ejemplo, Ángel Viñas, un investigador que tiene una obra posiblemente tan copiosa como la de Payne, pero que se distingue netamente de la de éste por la ingente cantidad de nueva documentación que ha sacado a la luz y ha publicado.

En un reciente alegato contra Viñas, Carlos González Cuevas, cuya interpretación del régimen franquista se expresa en afirmaciones como “Franco era, como aparecía en las monedas de la época, ‘Caudillo por la Gracia de Dios’; lo que suponía unos límites claros a su capacidad de decisión” o “el pluralismo inherente al régimen político nacido de la guerra civil”, se dedica sistemáticamente a la tarea de denostar las obras de Viñas, sin argumentos sólidos para fundamentar la crítica. Un ejemplo de ello lo tenemos en la condena de que haya publicado las memorias de Francisco Serrat Bonastre, “con el solo objetivo de fundamentar sus prejuicios antifranquistas”. Pero Serrat era un embajador al servicio de la República, que abandonó su puesto en Varsovia para unirse al régimen franquista, que le nombró Secretario de Relaciones Exteriores. Si tenemos en cuenta, además, que sus memorias no estaban destinadas a la publicidad, sino que permanecían en manos de la familia, para descalificarlas, y para criticar a Ángel Viñas por haberlas publicado, se necesita cuando menos aportar evidencias que lo justifiquen.

Lo que realmente necesitamos es más documentación y más conocimiento. De ahí que me parezca oportuno celebrar la publicación de este diccionario bibliográfico del franquismo que Pedro L. Angosto ha realizado con un notable esfuerzo de documentación. Si los grandes nombres cuentan con una bibliografía más o menos accesible, es difícil encontrar información de otros muchos cuya trayectoria vital se recoge en estas páginas. Será, en suma, una nueva herramienta que nos ayude a conocer mejor la historia de una época.

http://ctxt.es/es/20180516/Politica/19628/memoria-franquismo-josep-fontana-stanley-payne-dictadura-transicion.htm


Tercer momento histórico para una monarquía sin futuro. Domingo Sanz

28/08/2018

felipedurmiendo-200x300En países como España, o quizás precisamente en un país por tantos motivos único en el mundo como España, los cambios a mejor con los que durante decenios sueñan millones porque parecen imposibles se convierten, de repente, en indiscutibles e imparables, aunque después nunca salgan tal como se desean. No es extraño que esos momentos de cambio exciten las mejores imaginaciones y den lugar a placeres colectivos que hasta disfrutaron los que hoy se apuntan otra vez al equipo de meter miedo, cosa que les ocurre, probablemente, porque la libertad duradera termina arañando el “espíritu nacional” grabado en sus ADN’s. Los que tenemos una edad nos equivocamos con muchas de las cosas que ocurrieron, y también cuando pensamos que nunca se crisparían las carcajadas de algunos de los que, jóvenes, optimistas y amigos todos, compartieron con nosotros gozadas como “La escopeta nacional”. Por ejemplo.

Pero no huyamos del título, que es lo que nos compromete con usted durante los próximos minutos, pocos. Ocurrió, hace casi 90 años, que unas simples elecciones de alcaldes y concejales, pacíficas por supuesto, consiguieron que cambiara la forma política del Estado, facilitando el propio rey de entonces aquella transición al darse cuenta de que podía ser factor de división y conflicto y, por tanto, decidió desaparecer de la escena. Sin problemas. Otra cosa fue lo que siguieron tramando aquellos a los que no les gustaba el nuevo panorama, tan republicano.

Ocurrió también, hace poco más de 40 años, que la muerte no violenta de un viejo golpista, que llevaba años chocheando autoritariamente, fue lo único que provocó que, de repente, hasta el penúltimo cómplice de sus infamias y crímenes se subiera al carro de una democracia atada, pero nueva y, sobre todo, inevitable. Pero en esta ocasión el rey, ya padre del actual pero entonces joven, ambicioso y recién nombrado por el dictador, no hizo nada para darle una oportunidad a la legalidad asesinada. No en vano, sin tal crimen él no habría sido casi nadie. Bien al contrario, maniobró todo lo que pudo para blindarse, forzando la dimisión de la única persona que podía hablarle de tú a tú, porque era quién le había asegurado el lujo y los excesos que después se pudo permitir sin descanso. Aún vive quien todo se lo debe a Suárez, un presidente que, como sabía que saldría “República”, impidió la celebración de un referéndum sobre la forma de Estado que pusiera en riesgo la Corona de quien lo nombró: Juan Carlos I, Borbón y mil veces deshonesto.

Aquella gran distancia entre la voluntad popular silenciada y el comportamiento de los líderes políticos, todos sin excepción, que se fraguó durante la Primera Transición, se consolidó con la deuda impagable que Felipe González y el PSOE contrajeron con aquel rey que traicionó a Suárez y se apuntó al fracaso del 23F, pero solo a partir del momento en que ya no podía triunfar. Este chantaje político, fatal para el progreso de la democracia y permanente, construido con verdades inconfesables y compartidas por una élite mínima es lo que ha envenenado los decenios de un bipartidismo que solo podía ser corrupto y que ha desembocado en este momento histórico, el tercero clave para una Monarquía imposible.

¿Ocurrirá ahora que alguno, o varios, de los nuevos e importantes conflictos que se mantienen vivos, y crecientes, pueda precipitar el final de una Monarquía que muy pocos cuestionaban activamente, pero que tampoco nadie ha defendido nunca con elocuencia? Ni ahora, ni antes, esta institución ha contado con el apoyo de una mayoría social indiscutible, condición “sine qua non” para no dividir. En cambio, su existencia en España siempre ha implicado cierta dosis de violencia. Pero en este país tan distinto, igual que hay quienes dicen que esto está resuelto desde el referéndum de la Constitución en 1978, podrían aparecer incluso los que se atrevan a defender que cada vez que alguien vota en cualquiera de las elecciones que se celebran está diciendo sí a la Monarquía. La osadía demagógica de algunos políticos nunca conocerá medida, pero hasta el último español sabe, por poner otro ejemplo, que la participación de los partidos independentistas, incluida la CUP, en unas elecciones autonómicas catalanas en estado de excepción modelo 155, no quita ni un solo ápice a su voluntad de construir una República.

Si algo diferencia a los políticos de firmes convicciones democráticas del resto es que limitan su estrategia para llegar al gobierno a lo que puedan conseguir con las mayorías parlamentarias que nazcan de las urnas, renunciando a orquestar maniobras desde otros poderes del Estado con gran capacidad de presión sobre el Ejecutivo. Por eso, para ayudar a diferenciar a los demócratas del resto de los políticos, ha dado en el clavo lo último que le hemos leído a Carlos Hernández, cuyo título, sin duda compartido intuitivamente por millones de personas, dice: “PP y Ciudadanos: el brazo político de Franco”. ¿Como no afirmarlo, si ni Casado ni Rivera han dicho nada en defensa de la democracia y contra los militares franquistas y, además, defienden ahora al Llarena de sus incompatibles declaraciones privadas con el principal de los asuntos judiciales que tiene en su propia cartera?

Las preocupantes derivadas del conflicto que está poniendo en cuestión hasta la estabilidad de la geografía política en la península ibérica, heredadas del Gobierno Rajoy, constituyen también una extraordinaria oportunidad para enviar a los libros de historia los peligros de retroceso político que agarrotan la acción del gobierno. Pero hay que ser muy valiente.

Mucho le está costando al equipo de Sánchez limitarse a aplicar la legalidad vigente, pero superada por los tiempos y la crisis, para doblegar a unos particulares, llámense prior del Valle de los Caídos o familia de un dictador que les hizo millonarios con su violencia selectiva. Más difícil todavía le será resistir los ataques que está recibiendo desde lo más rancio de la milicia y de la judicatura con unos argumentos, la honorabilidad de Franco o los desvaríos de Llarena, que nadie, por vergüenza ajena, se atrevería ni a insinuar.

Hay dos motivos evidentes por los que Felipe VI debería renunciar a su función institucional y facilitar un futuro tan inevitable como lo fueron la república del 31 o el cambio político del 77.

Por una parte, cada día resulta más preocupante que el propio rey, que tanto defiende la unidad de España, siendo plenamente consciente de que la monarquía es el único obstáculo insalvable para que la tal unidad se mantenga con los de la otra orilla del Ebro, no tome la iniciativa y comunique al Congreso de los Diputados su renuncia definitiva. Más teniendo en cuenta que, tras 40 años de monarquía, es indiscutible el fracaso absoluto de esa institución a la hora de mantener la unidad en libertad, es decir, excluyendo una violencia en España que hoy sería menos aceptable por Europa que una república independiente en Catalunya.

Por otra parte, un rey que salió por TV a las órdenes de un Gobierno hoy derrotado, para amenazar a los catalanes que votaban en paz para saber cuántos querían largarse de España debería haber salido, también por TV, para echar una mano al Gobierno vigente condenando la declaración franquista firmada por 181 militares, que ya son más de 700, con incorporaciones que no paran como la de Luis Alejandre, un ex muy importante del momento Aznar. Sujetos que le encontraron el gusto a las armas y a esa obediencia debida que tanto crimen disculpa, mucho más peligroso cada uno de ellos, para la paz y la democracia, que todos los republicanos catalanes juntos.

Salvo que el sorprendente Sánchez consiga del Rey que abandone por decencia, lo que permitiría gestionar en paz la implantación de una república normal en España, resulta tan imposible imaginar que la derecha españolista, y muchos del PSOE, puedan aceptar la celebración de un referéndum sobre la forma de Estado, como que los catalanes dejen de votar lo suficiente a sus independentistas como para que no puedan formar gobierno en Catalunya.

Y a Felipe VI, por si sabía algo de los 181 antes de que saliera a la luz el documento, recordarle, y aquello fue un juego de niños, que ya tuvo que romper públicamente su amistad con el “compi yogui” de Leticia.

Porque en libertad todo se termina sabiendo, y solo se salvan los delincuentes a quienes el paso del tiempo les concede suerte. Mientras tanto, puede elegir entre largarse ya, con cierta dignidad, o en un futuro cada vez más cercano, pero por la puerta de atrás.

http://kaosenlared.net/tercer-momento-historico-para-una-monarquia-sin-futuro/


NOTA DEL COLECTIVO REPUBLICANO ANTONIO MACHADO Y DE LA FEDERACIÓN REPUBLICANOS ANTE EL ATAQUE FASCISTA CONTRA LA SEDE DEL PSOE DE SEGOVIA

27/08/2018

LOGOCRAMLOGO RPSDesde el Colectivo Republicano “Antonio Machado” y la Federación Republicanos queremos expresar nuestra solidadaridad con el PSOE de Segovia por el acto fascista perpetrado contra su sede, además de mostrar nuestra más enérgica repulsa y condena a este tipo de actos reaccionarios. Que viene a poner a las claras, cual es el concepto que tienen algunas organizaciones de la palabra democracia y libertad. Todo ello demuestra que cualquier medida, por tibia que sea, para hacer cumplir la Ley de Memoria Histórica será vista por los franquistas como una agresión. Lo cual incide en la necesidad de la unidad de las fuerzas de izquierda contra el fascismo y por la democracia, lo que conlleva a trabajar unidos por un régimen realmente democrático, por la República. De la misma forma repudiar la actitud tanto de Ciudadanos, como del PP que con su deriva antidemocrática crean las condiciones idóneas para este tipo de actos.

Salud y República.

Colectivo Republicano Antonio Machado.

Federación Republicanos.


Resuenan palabras contra el olvido en Sepúlveda

24/08/2018

sepulveda-cementerio-kRBG-U60711844349VjH-624x385@El Norte

Donde las acciones no alcanzan, al menos llegan las palabras. Reflexiones y pensamientos que se sucedieron como un carrusel de la memoria histórica (y familiar) en el cementerio de Sepúlveda. Allí, vecinos, algunos de ellos parientes de personas que fueron fusiladas por el régimen franquista en la Guerra Civil, se congregaron en torno a los ecos de las palabras de homenaje que rompieron el solemne silencio del camposanto.

La iniciativa de este encuentro fue de Elisa Serna, cantautorade una de las asociaciones que empeñadas en que las muertes de los represaliados no caigan en otro cementerio simbólico, el del olvido. Murieron abuelos, tíos, padres de sepulvedanos, evoca la promotora de este tributo, que contó con el respaldo del alcalde de la localidad, Ramón López, quien sumó también unas palabras al acto. Pero fue cuando los descendientes de los cinco concejales fusilados desplegaron sus recuerdos de viva voz cuando las emociones encogieron los corazones de los presentes. «Han sido unos testimonios muy valientes y correctos», subraya Serna.

Y Riego en el móvil

Esas palabras resonaron en el cementerio, al igual que el himno de Riego haciéndose fuerte en el «estremecedor» minuto de silencio que arrancó más de una lágrima en un «acto más ciudadano que político», destacó Elisa Serna.

También participó la otra parte promotora de este memorial, la catedrática Elsa Osaba, quien aportó una visión más global de las actuaciones que se están efectuando en el ámbito de la recuperación de la memoria histórica.

https://www.elnortedecastilla.es/segovia/resuenan-palabras-olvido-20180823123134-nt.html


La represion sexual del clero catolico y los abusos sexuales. Antonio Gómez Movellán

24/08/2018

abusos-australia

El  último escándalo de los abusos sexuales a menores en la iglesia  católica de Estados Unidos ha confrontado a la sociedad con un problema que ya viene coleando desde hace muchos años; para encubrir y amortiguar el daño que al catolicismo pueda estar significando este asunto, la Iglesia católica, sobre todo en los países protestantes,  ha ido indemnizando, reconociendo y al mismo tiempo, encubriendo, esta realidad. Solamente baste recordar la actitud que tuvo el Papa Francisco del encubrimiento de los abusos sexuales en su última visita a Chile. También y menos conocido y  aún más encubierto por la institución   católica, es la violación de miles de monjas en la misiones del mundo en desarrollo, realizadas por los misioneros católicos.

La iglesia católica y otras religiones en el mundo están obsesionadas por el sexo. Incluso se podría afirmar, si la iglesia fuera una persona física, que su obsesión tiene características de delirio. La batalla que lleva la iglesia católica en contra de la libertad sexual hace que se enfrente con la sociedad civil y también con la comunidad científica. La legislación restrictiva en estos asuntos que existe en muchos países  del mundo, así como la legislación sobre matrimonio y divorcio y aborto, ha estado condicionada por las injerencias de las iglesias y particularmente de la iglesia católica, como recientemente hemos visto en Argentina.

Uno de los rasgos distintivos del catolicismo  es la imposición de la represión sexual al clero; el clero de otras religiones no tienen unos patrones tan represivos de la sexualidad y aunque la mayoría de religiones comparten su carácter machista y de desprecio a la igualdad la mujer y una homofobia intolerable, el clero de otras religiones, incluso los católicos de rito oriental, pueden casarse y no existe el celibato como norma. No cabe duda que en los esquemas de la represión sexual del clero católico están en la raíz del abuso sexual. En general, en todas lo sociedades donde hay esquemas de represión sexual y se restringe la libertad sexual  hay abusos sexuales.

El que organizaciones privadas como la iglesia católica impongan a sus miembros unas pautas de represión sexual obligatoria   no debiera permitirse en una sociedad democrática ya que la libertad sexual es un derecho humano que debe protegerse, de igual manera que las organizaciones que marginan a la mujer o los homosexual deberían ser sancionadas y reprimidas ya que van contra las leyes comunes. La idea que las organizaciones privadas pueda violar las libertades y derechos de las personas en su interior, en aras de una supuesta libertad, es una idea reaccionaria y las sectas de todo tipo y también la católica realizan prácticas de coacción a sus miembros que transgreden los derechos humanos y uno de ellos es la libertad sexual de las personas.

Una observación que debemos realizar en el asunto de los abusos sexuales del clero católico  es que estos casos están apareciendo, si exceptuamos Irlanda,  mayoritariamente en países protestante o evangélicos o donde los evangélicos tiene gran influencia: es el caso de EEUU o  Australia y ello tiene también mucho que ver con la guerra del mercado religioso que se está produciendo en esas sociedades donde los evangélicos saben utilizar ese talón de Aquiles que es el abuso sexual en el clero católico; también debemos preguntarnos porque estos casos no  están apareciendo tanto  en los países católicos donde el clero católico es el mayoritario ( caso de Italia, Grecia, España o Portugal)  y quizás ello tenga que ver con una ocultación social de los abusos sexuales.  Lo que es vergonzoso es que en España se  siga amparado y fomentado  la educación de los niños y jóvenes en colegios católicos y que, en nombre de la libertad religiosa, se inculque una ideología represora de la sexualidad, machista y homófoba. Lo que es intolerable es que más de 9.000 menores  tutelados por las administraciones públicas estén siendo cedidos -con dinero público-,   a organizaciones religiosas  y sectas, sometidos estos menores  a una ideología reaccionaria en contra de la sexualidad libre y la igualdad y que, por su represión ,es la base del abuso sexual.

Antonio Gómez Movellán

https://laicismo.org/2018/08/la-represion-sexual-del-clero-catolico-y-los-abusos-sexuales/


La monarquía no puede ser tabú.Francisco Carantoña

23/08/2018

no-a-la-monarquia

Es poco discutible que la monarquía es un anacronismo que solo pervive, en un número cada vez menor de países, por inercia histórica o porque resulta un poderoso instrumento de poder para las clases, o castas, dominantes. Lo primero puede aplicarse a las escasas democracias coronadas europeas, lo segundo a los despotismos africanos o asiáticos, por mucho que algunos se cubran con ropajes pseudoconstitucionales y otros ejerzan un paternalismo más o menos modernizador.

Incluso en las democracias juega un papel ideológico claramente conservador. Representa un vínculo con el pasado que la convierte en símbolo de valores tradicionales y, aunque ya no sea de derecho divino, siempre aparece ligada a la religión predominante en el país. El ceremonial que la acompaña puede servir para aumentar su popularidad, en todas partes se disfruta con el carnaval, pero el boato monárquico no deja de ser una exaltación de la desigualdad.

Rechina que en una democracia la primera magistratura del Estado sea vitalicia y hereditaria, lo hizo desde que se estableció la primera Constitución monárquica en 1791. Aunque había proclamado que la soberanía residía en la nación, la mayoría liberal de la asamblea constituyente francesa pretendió atemperar el conflicto con los privilegiados del antiguo régimen y frenar la tendencia hacia la democracia poniendo a un rey al frente del poder ejecutivo. El choque entre un poder no elegido y cuya legitimidad, a pesar de la Constitución, procedía de la herencia familiar y el votado por los ciudadanos activos, el parlamento, acabó, como es bien conocido, de forma trágica para el primero. Tras la experiencia radical de la revolución, el liberalismo moderado, ya claramente burgués, abandonó la idea de que la nación era soberana y reforzó las funciones de los monarcas en las constituciones decimonónicas. La monarquía fue vista como un factor de estabilidad, como una eficaz barrera contra la peligrosa democracia, que parecía una puerta abierta hacia el socialismo.

Ni siquiera resultó fácil la convivencia entre los reyes y el liberalismo burgués, pero los cambios que provocó la revolución industrial en las sociedades europeas, como el crecimiento de las clases asalariadas urbanas, entre ellas la obrera, o el aumento de la alfabetización, reforzaron a las corrientes democráticas y socialistas. En el siglo XX las monarquías se democratizaron o desaparecieron. Las pocas que sobrevivieron lo hicieron en los raros países que no conocieron movimientos revolucionarios significativos durante la Edad Contemporánea, o sea que se democratizaron pronto y sin grandes convulsiones, o en pequeños estados, incluso minúsculos, en los que constituyen un elemento decisivo de su identidad. Realmente, solo tres grandes estados la conservan: Reino Unido, Suecia, extenso aunque poco poblado, y España. El nuestro es el caso más excepcional.

No hay ningún otro país europeo en el que la monarquía haya sido restaurada después de la Segunda Guerra Mundial. España, república desde 1931 y simplemente Estado desde 1939, fue definida por Franco como reino en 1947, aunque sin determinar quién y cuándo ocuparía la corona; hasta 1969 no designó el dictador, con el novedoso y efímero título de Príncipe de España, a quien debía sucederle a título de rey.

Esa tardía y anacrónica restauración de la monarquía se produjo en una dictadura, sin que el pueblo pudiera pronunciarse directamente o por medio de sus representantes, y la posterior democracia la aceptó porque las fuerzas más importantes de la oposición consideraron que era la única forma de que el todavía poderoso Estado franquista pudiese transformarse en una democracia. Es cierto que la Constitución de 1978, ratificada en un referéndum, legitimó la monarquía restaurada por Franco, pero también que la alternativa era votar sí o no a la democracia. No era nada evidente el entusiasmo monárquico de los españoles, el propio Adolfo Suárez confesó que no se había atrevido a someter a referéndum la monarquía porque las encuestas de que disponía daban a entender que podría ser rechazada.

El golpe del 23 de febrero de 1981 confirmó en cierto modo la utilidad de haberla conservado, pero no eliminó su carácter de anacrónica anomalía. Algo que ha corroborado durante estos cuarenta años la derecha más conservadora, supuestamente la mayor defensora del sistema, que ha pretendido con contumaz reiteración que el rey se extralimitase en sus funciones constitucionales.

Un rey es un jefe de estado no elegido y vitalicio, que ocupa el cargo por herencia, independientemente de su capacidad o cualidades personales, y en una democracia, por principio, pero también como medida profiláctica, no puede intervenir en la actividad política. Sus tareas deben ser solo formales y de representación, sometidas al gobierno elegido por el parlamento, e indirectamente por el pueblo, y siempre tiene que ser neutral ante las diversas opciones políticas. Eso lastra sus funciones en crisis como la que se vivió tras las elecciones de 2015, algo que no sucede con un presidente de la república, que, independientemente de cómo sea elegido, siempre tendrá la legitimidad de ser un cargo democrático y temporal, que no será reelegido si actúa contra la voluntad de sus electores.

Esa anómala condición de los monarcas les exige que lleven al extremo lo que se le debe pedir a cualquier cargo público: la honestidad y el cumplimiento de las leyes. Si un rey se enriquece de forma ilícita, defrauda a la hacienda pública y mantiene cuentas secretas en el extranjero amparado en su inviolabilidad, está demostrando que dejar en manos de una familia, a título hereditario, la jefatura del estado es un error que debe ser corregido cuanto antes. Especialmente cuando acaba de recibir sentencia el caso Nóos, que no solo implicó al yerno y a la hija de Juan Carlos I, sino que ahora se afirma que incluso contó con su colaboración.

Las denuncias de Corinna Larsen pueden ser ciertas o no, pero deben ser investigadas y, si resultan verdaderas, no solo el anterior rey debe ser procesado, será la ocasión de plantear la propia continuidad de la monarquía. Podría hacerse sin necesidad de escándalo alguno, aunque también se puede comprender que se considere un asunto conflictivo y no prioritario cuando existen otros problemas, pero si la dinastía, como tantas veces en el pasado, vuelve a violar las leyes, la única conclusión posible es que ha llegado el momento de establecer una república.

Es cierto que una república ha llevado a la jefatura del estado a Donald Trump, pero los norteamericanos no lo soportarán más de ocho años, con un poco de suerte, solo cuatro; a Fernando VII los españoles lo sufrieron treinta años y solo porque, afortunadamente, murió joven; para cesar a Isabel II fue necesaria una revolución.


Así fue la dictadura. David Torres

23/08/2018

ffranco1

Llevo varios años escribiendo una novela en la que el alzheimer se revela como síntoma y símbolo de España y de su historia reciente, un país donde la memoria ha sido sustituida por fantasías impúdicas y fábulas mayororejescas, cuando no por un vacío atroz. Cuando se compara con otros países (especialmente con Alemania o Italia) la absoluta desvergüenza que significan los miles y miles de muertos anónimos enterrados todavía en las cunetas, la infame sombra de una cruz colosal apaciguando el sueño de un genocida gallináceo o la perduración de una inverosímil fundación destinada a limpiar sus crímenes, se olvida un hecho fundamental: España es el único país de Europa donde el fascismo triunfó y campó a sus anchas durante cuatro décadas, gracias entre otras cosas a la tutela del amigo americano. Con ser bestiales e intolerables, lo verdaderamente imperdonable del franquismo no son los crímenes cometidos durante la contienda, sino los treinta y tantos años de asesinatos, torturas y violaciones inflingidas a una población indefensa por las fuerzas del estado y bajo el imperio de la ley.

Así fue la dictadura, el libro de Pablo Ordaz y Antonio Jiménez Barca publicado por editorial Debate, da voz a diez españoles que en un momento u otro de sus vidas (a veces ese momento duró décadas) sufrieron la violencia arbitraria del régimen franquista. Una muestra necesariamente breve y fragmentaria, pero también perentoria e imprescindible, de lo que en verdad suponía vivir en ese país ceniciento, humillante y brutal: la falta de derechos, el desamparo institucional, el miedo constante.

Por sus páginas desfilan Juana Doña, una militante comunista cuya condena a muerte fue conmutada por treinta años de prisión; Domingo Malagón, un pintor que sacrificó su vocación de pintor para falsificar documentos; Gerardo Iglesias, un minero que participó en las huelgas de Asturias; Ignacio Latierro, el librero de San Sebastián que luchó contra la censura, fundó la librería Lagun y soportó primero la violencia de los guerrilleros de Cristo Rey y después la de ETA; Víctor Díaz-Cardiel, el sindicalista que pasó nueve años en la cárcel por difundir propaganda contra la dictadura; Mariano Gamo; un cura cuyo padre fue asesinado por los anarquistas en 1936 y que acabó por prestar su parroquia a diversas organizaciones obreras; Paca Sauquillo, la abogada laboralista que se especializó en defender a trajadores represaliados y cuyo hermano Javier fue una de las víctimas de la matanza de Atocha; Gonzalo Sánchez, un jornalero sevillano que se pasó la vida luchando por reivindicar derechos laborales básicos; Federico Armenteros, un homosexual que sufrió los estigmas impuestos desde el catolicismo oficial y a quien le costó décadas aceptar su naturaleza; Azucena Rodríguez, una directora de cine que en la adolescencia pisó varias cárceles.

Escucharlos es aprender de sus labios una parte hurtada a nuestra historia reciente, la más dolorosa, la más olvidada, la más apremiante. Como le respondió Gonzalo Sánchez a un vecino que le afeó en plena calle, al estilo de Pablo Casado, que ya habían pasado ochenta años y siempre estaba acordándose de los muertos sin nombre: “Sí, es verdad, han pasado ochenta años, pero todavía no se ha hecho justicia. Nuestros abuelos están enterrados por ahí y no sabemos dónde. Y mira, ese canal (se refiere al Canal de los Presos, terminado por presos políticos y que alimentaba gratis las cosechas de los terratenientes) lleva toda la vida regando cientos de hectáreas gracias al esfuerzo de tantos hombres que, después de perder una guerra, después de ser machacados, tuvieron que quedarse seis, siete o muchos años más trabajando a la fuerza. ¿Tú sabes lo que es eso, que en la flor de la vida pierdas una guerra y encima te condenen a trabajar de esclavo?”

Kundera escribió que la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido. Santayana actualizó una vieja sentencia de Confucio: “El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla”. Este libro, uno de los pocos en su género sobre la dictadura franquista, es un remedio contra ese alzheimer pertinaz que se empeña en reescribir la historia como no ocurrió y en tachar los horrores que durante tanto tiempo sucedieron.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2018/08/22/asi-fue-la-dictadura/