NO MAS TRANSICIONES, NI TRANSACCIONES

En la actual tesitura política por la que trascurre España y por lo tanto en la que se ven inmersos la gran mayoría de  los ciudadanos y ciudadanas de este país que son a la postre los que sufren los rigores de la actuación de los políticos del turnismo heredado de la Transición, se empiezan a levantar conciencias más o menos organizadas que tratan de dar respuesta a una situación de crisis no solo económica, sino ética en el sentido más clásico del termino, es decir lo que afecta al comportamiento de la generalidad de las personas que componemos la estructura social de este país.

Estas propuestas se organizan desde diversos ámbitos y atendiendo a sus manifiestos o programas, podemos considerarlas acertadas en términos generales, pues proponen planteamientos que cualquier persona cabal y que tenga un sentimiento equitativo de la sociedad no se puede negar a llevar a la práctica, solo citaré unos pocos puntos, pues no se trata de trasladar aquí lo que ya está escrito en otros lugares, entre los que admitirían un consenso generalizado se encuentran: salario mínimo interprofesional justo, banca pública, eliminar de las leyes injustas que regulan el mercado laboral, democracia más cercana, no pagar la deuda privada, sanidad pública, Estado laico, educación pública, etc. ¿Quién se puede negar a apoyar esto? Creo que nadie en su sano juicio. Pero lo que no veo en ningún lado es cómo vamos a conseguir esto. Sino me equivoco la mayoría cree que con una movilización sostenida de la población será suficiente, la movilización está bien como creadora de conciencia, como medio de dotar a la ciudadanía de una base para que conozca los desmanes de las élites a las que están sometidas. Pero es insuficiente pues nadie puede olvidarse que la aristocracia del capital y sus socios en el actual sistema monárquico-parlamentario, bajo ningún concepto van a permitir perder sus privilegios. Otros piensan que bajo la reconstrucción de los fenecidos pactos de la Moncloa, volveremos a la senda del progreso,  pero nadie dice que de reproducirse los mismos, las élites de antaño seguirán en la cúspide, cediendo algo, pero no el poder político y económico, por lo tanto el pueblo sufriría un nuevo fraude, que sería mortal para sus intereses.

En cambio lo que no recoge ninguno de estos bien intencionados manifiestos es que el poder para conseguirlo solo tiene dos caminos, nos guste o nos disguste. Por un lado está la revolución y por otro la participación en el sistema electoral actual, mediante un frente amplio que agrupe al mayor número posible de organizaciones, políticas, sociales y sindicales, que mediante un programa de mínimos pueda llegar a la ciudadanía y participar con grarantías de triunfo en una confrontación electoral.

Dicho programa debería ser claro, bajo ningún concepto cabría en el mismo  el pactismo con el actual bloque que sustenta el entramado monárquico, pues este conglomerado, bajo ningún concepto está dispuesto a perder sus cuantiosos privilegios.

Por lo tanto claridad, ruptura democrática que traiga un sistema republicano que sea capaz de producir una regeneración que tan necesaria es, ante la debacle a la que nos conducen las políticas del turnismo nacidas de la Transición.

José J. Davía Herranz.

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