REFLEXIONES BENEDICTINAS

Sobre la pasada visita del Jefe de la Iglesia Católica

José Mª Lafora

 

Mucho se ha escrito en los días previos a la visita, durante la visita y tras la visita de tan santo varón. Pocas veces los blogs, foros de discusión de todas las especialidades y tendencias, Facebook, tuenti, twiter, etc., habían logrado participaciones tan masivas. Estaba la red lo que se dice al rojo vivo, más calentita que una sábana de la casa de “Gran Hermano”. No es el momento ahora, en plena resaca, de reeditar, ni de resumir, toda esa dialéctica porque, quien más, quien menos, hemos leído, cuando no intervenido activamente, en alguno o algunos de esos foros. La verdad, poco margen queda para nuevas reflexiones porque, como decimos, se han volcado todas y de todos los colores y pelajes. Los posicionamientos han quedado nítidamente definidos. Improvisando un balance, unos, los imperturbables abanderados del dogma y de la fe, han visto multiplicada la gracia divina a través del privilegio de ver, oir (y hasta los más afortunados, oler y tocar) de cerca a su jefe. Una celestial gracia, además, potenciada, como si de milagroso soplo del santo espíritu se tratara, por el beatífico efecto propiciado por la ambigüedad, timidez, dejadez y capacidad de encajar insultos de que ha alardeado nuestro gobierno central. Otros, entre los que nos contamos, hemos acabado indignados, por la visita papal, por sus antecedentes y por sus soportes ideológicos, por lo que nos ha costado en contra de nuestra voluntad y por lo que nos seguirá costando, eso nos tememos, en un cercano devenir. Sigue sin caernos simpático Benito por mucho que se empeñe. Nos hiere, en la dignidad de pueblo que quiere ser libre, por su continua agresión al espacio común de convivencia, por su cansino empeño salvífico, por su falta de respeto hacia personas, colectivos e instituciones, por su cinismo sonrojante, por su perseverante y magistral utilización de la mentira y la tergiversación, por su presencia, por su séquito y………por todo lo que representa: su Iglesia y su oscuro pasado, su gris presente y su descolorido futuro. Una última agrupación de intereses la han formado políticos y gobernantes, con el presidente de la Xunta encabezando la procesión, empeñados en convencernos del gran negocio, espiritual y económico,  que nos iba a colmar de bendiciones. En este grupo, “el pesetero”, al margen de querencias, más o menos confesadas o intuidas, hacia altares y sacristías, estaba cumplidamente representada una pléyade de comerciantes, transportistas y negociantes de todo tipo que esperaban a su papa, cual hebreos de sus fantasiosos relatos bíblicos en el desierto, el maná en forma de euros (“el euro maná”). Fuera de concurso (pero formando parte de la parafernalia), por tratarse de la, hoy por hoy, intocable corona, hemos de situar a Juan Carlos y Sofía, a Felipe y Leticia que, despreciando sensibilidades de muchos ciudadanos, han corrido, entusiasmados, para saludarle y agasajarle, verbalizando en tan humillantes escenas unos discursos torpes y sesgados que destilaban docilidad, sometimiento y acatamiento hacia su persona y hacia la institución que representa.

Sería saludable, no obstante, reflexionar brevemente sobre el meollo de la visita, sobre algunas de las gloriosas declaraciones de Benedicto. Previamente, hemos de convenir que se ha tratado, sin lugar a dudas, de una visita pastoral puesto que en una “visita de estado” no caben, no forman parte del guión, intervenciones de un jefe de estado extranjero, dirigiéndose a las masas autóctonas del país anfitrión, para, siendo generosos en la apreciación, injerir de manera grosera, abusiva y desleal en asuntos internos ajenos a su supuesto cometido, contraviniendo las más elementales normas de la diplomacia internacional. Así, ante miles de seguidores, el führer de la Iglesia Católica, manifestó que “España necesita una reevangelización”. A priori, conocedores de la sangre que ha sido vertida por la santa alianza crucifijo-espada en tareas evangelizadoras en cualquier momento y lugar, aterra pensar lo que puede suponernos una reevangelización. ¿Permitiría (sí, ya se que es tonta, muy tonta, la pregunta) la curia romana que un jefe de estado invitado a visitar el Vaticano (por supuesto, en visita pastoral); mandara instalar un  escenario en el corazón de la Plaza de San Pedro y, ante las cámaras de TV y dirigiéndose al público congregado, con la misma autoridad y derecho que Benedicto se otorga en las visitas con que obsequia al sufrido personal; proclamara a los cuatro vientos, que la iglesia católica necesita una “liquidación por cese de negocio”?. ¿Y que, además, ese jefe de estado recibiera cada año, para su mantenimiento y el de su ciudadanía, fondos y privilegios del Vaticano? ¿Le consentirían, incluso, el poder abrir escuelas (centros concertados se llamarían) en territorio vaticano donde, mediante la financiación recibida de la Iglesia pudiera impartir enseñanzas ideológicamente hostiles a la doctrina católica? Sí, en efecto, es el colmo del absurdo pero en España funciona.

 

Mientras se entregaba a su incondicional y sumisa feligresía, beodo de la espiritualidad que parecía insuflarle el cansino vaivén del botafumeiro, Ratzinger se mostró hondamente preocupado por la existencia en España de un “laicismo agresivo”, íntimamente relacionado con el supuestamente exhibido durante la Segunda República, en los años treinta: “En España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como se vio en la década de los años treinta de la II República española”, aseguró. Inmediatamente después lo identificó con la España actual: “Y ese enfrentamiento, disputa entre fe y modernidad, ocurre también hoy de manera muy vivaz”. Sin embargo, no es justo ni equitativo Benedicto cuando, acusando de laicismo a la sociedad española, mete en el mismo saco al gobierno central, al gobierno Zapatero. ¡Pobrecitos!, pero si no han movido un dedo por contrariarles en nada, por desposeerles del más pequeño de sus privilegios. Se han desvivido (y se desviven) por corresponder, gustosos, a todos sus deseos y caprichos. El gobierno español, lo sabe Benedicto, es su mayor valedor, su soporte financiero, su refugio y protección, su baluarte en Occidente. Pero hace bien en reconocer que la sociedad española avanza, pese a su gobierno sería justo añadir, hacia una sociedad laica en la que los católicos, como los seguidores de cualquier otra religión o secta, ejerzan sus ritos y mantengan sus creencias pero sin invadir ni contaminar el espacio público común a todos y, por supuesto, sin poner el cazo. Deducir de este avance imparable de la Sociedad un comportamiento agresivo es, simplemente, hacer gárgaras con agua bendita. Hoy día la Iglesia no necesita enfrente una excesiva demostración de hostilidad. Se desmorona por sí sola, por su propia inercia, por el peso de la Historia, víctima de sus miserias internas. Pero a algo tenía que recurrir Benito para seguir apareciendo ante la sociedad como la víctima propiciatoria de la modernidad. Se nos presenta como articulador de una espiritualidad enfrentada a la Humanidad, a sus formas de organización política, a su forma de ejercer su libertad, su sexualidad….  para acabar siempre concluyendo (¡qué pobreza argumental!) que la razón está de su lado porque dios está con ellos. Ya no solo insultan a la razón sino que ejercen de palo en la rueda, de dedo en el ojo y de perro del hortelano. Su posesión exclusivista de la verdad absoluta les lleva a negar una realidad social que desborda su estrechez de miras. La familia es lo que su modelo establece, invalidando otras formas de entenderla. Lo mismo podemos afirmar de la sexualidad, de la educación, de las artes, de las ciencias, de la moral,  etc…. Para los católicos, la moral católica es, simplemente, “la moral” y la familia católica, “la familia”, despreciando y negando otras realidades. Lo que no es conforme a su modelo, radicalmente no es. Por ello, por ser inútil el razonamiento con quienes al razonamiento renuncian, cualquier manifestación o expresión no convergente, cualquier idea que traspase la compresa de doble capa y con alas de la fe, deviene, conforme a su raquítico entender, en hostil y agresiva, ayer, hoy y siempre.

 

Consecuentemente con lo apuntado, como burdo instrumento de su pobre argumentación comparativa, recurrió Benito (¡sin asomo de sonrojo alguno en sus pálidas mejillas!) a supuesta agresividad hacia su institución en los años treinta, durante la II República. En este momento conviene diferenciar, de manera clara y rotunda, dos estrategias, nítidamente diferenciadas, en el tratamiento del entonces llamado “problema religioso” durante el quinquenio 1.931-36. Podríamos hablar de una estrategia legal y de otra al margen de la Ley. A esta última responde la  quema de templos y agresiones y asesinatos de religiosos. A día de hoy nadie, con rigor, ha establecido aún la identificación definitiva de los autores de este tipo de acciones por lo que hay que atribuirlas a lo que hoy llamaríamos “elementos incontrolados”, en cualquier caso, sin conexión alguna con la República. Se trataba de criminal barbarie ejercida contra personas y contra el patrimonio histórico-artístico de todos que, torpe y malintencionadamente, desde los múltiples resortes propagandísticos del holding Iglesia Católica, se ha tratado de atribuir a la legalidad republicana. Conviene que recordemos que los días (días, no meses ni años) en los que se producen las quemas de templos y conventos; principalmente entre el 10 y el 13 de mayo de 1.931 y precedidas de una “incendiaria” y hostil pastoral, publicada el 1 de mayo, del cardenal Segura (1); se sitúan dentro del mandato del gobierno provisional, es decir, desde abril hasta octubre de dicho año, período en el que el ministro de la Gobernación, ¡¡qué curioso!! , era, nada menos, que Don Miguel Maura, hombre de Iglesia, de hondas convicciones, junto a Alcalá-Zamora, católicas y conservadoras. El gobierno de la República; lejos de las canallescas interpretaciones afines a la Iglesia y al historicismo revisionista que insinúan de manera desleal y grosera su aliento y permisividad; actuó con contundencia, reprimió estos hechos y hasta llegó a  proclamar el estado de guerra en varias capitales. Fueron, además, muchas las voces republicanas que, desde la cordura, condenaron sin resquicios estos actos vandálicos, a pesar de la extendida y justificada indignación popular frente a la abierta guerra declarada por la Iglesia Católica a los avances sociales y políticos de la República. Actos deplorables y condenables; una vez más hay que decirlo sin vacilar, que no iban a reproducirse, salvo esporádicos rebrotes, hasta la Revolución de Asturias en 1.934; porque, entre otras cosas, a las religiones no se las debe combatir con sus armas, la sinrazón, la mentira y la manipulación de conciencias, sino justo con lo contrario, con la razón, con el compromiso de la Sociedad democrática con su proceso histórico y con la Ley de tal Sociedad emanada.

 

Y es aquí, en este punto, donde entramos en la primera de las estrategias antes apuntadas, la que se correspondía con legislación y disposiciones emanadas de los legítimos órganos de poder de la República. Se trataba de remediar una injusticia histórica, así de sencillo. Por otra parte, para contrastar la, para algunos, radicalidad de las medidas adoptadas, conviene no extraerlas de su contexto espacio-tiempo y someterlas a rigurosa comparación analítica con la actitud beligerante y provocadora mantenida por la Iglesia en aquellos momentos. Atestigua esta afirmación la interminable relación de pastorales (ya citada la del cardenal Segura de 1-5-1931), cartas y publicaciones con que cualquier buena hemeroteca puede ilustrarnos, firmadas por obispos y cardenales; principalmente desde la proclamación de la República, el 14 de abril, hasta la publicación de la Constitución, el 9 de diciembre; en las que, a veces velada pero machaconamente, se llamaba a los católicos a la rebeldía, y a “cumplir con su sagrado deber” frente a la legislación republicana. Algunos obispos, los más moderados, para cubrirse las espaldas, de manera sibilina,  llamaban al sometimiento, pero no a la obediencia, de tal legislación. A estos últimos se agarran los historiadores de la escuela revisionista para negar lo irrefutable, la abierta hostilidad de la Iglesia a la legalidad democrática. No obstante, en estos primeros momentos de la República, parece destilarse del discurso desplegado por la Iglesia un cierto autocontrol, como si se mantuvieran expectantes ante el presumible y pronto triunfo electoral de la derecha católica (El bienio conservador 1.933-35) que recondujera todo a su cauce, al divino cauce. En efecto, se aprecian contradicciones en el lenguaje de los obispos quienes, a veces en un mismo texto, oscilan entre el no posicionamiento, a manera de graciosa concesión de la Iglesia ante la República, hasta manifestaciones que rebasan la hostilidad adentrándose en el terreno de la insurrección. Con sus altibajos, el discurso eclesial va decantándose paulatinamente pero sin disimulos ni tropiezos hacia la consolidación de los resortes ideológicos que materializan el golpe militar sedicioso que prestos rebautizan como “cruzada”. Por evidente cuestión de espacio resulta inabordable una recopilación de extractos de textos incidiendo en tal observación. Incidiremos, pues, como por otra parte es la pretensión de estas “reflexiones”, en resaltar el exponente máximo, el “primus inter pares” de la pretendida agresividad laica republicana, la espina clavada en el corazón de Roma, el texto mil veces invocado como pretexto de deslealtades, traiciones y sublevaciones. Nos estamos refiriendo a los artículos 3 y 26 (inicialmente 24) de la Constitución de 1.931 que, sin más preámbulo transcribimos:

 

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Artículo 3.- El Estado español no tiene religión oficial.

Artículo 26. Todas las confesiones religiosas serán consideradas como Asociaciones sometidas a una ley especial.

El Estado, las regiones, las provincias y los Municipios, no mantendrán, favorecerán, ni auxiliarán económicamente a las iglesias, Asociaciones e Instituciones religiosas.

Una ley especial regulará la total extinción, en un plazo máximo de dos años, del presupuesto del Clero.

Quedan disueltas aquellas Ordenes religiosas que estatutariamente impongan, además de los tres votos canónicos, otro especial de obediencia a autoridad distinta de la legítima del Estado.  Sus bienes serán nacionalizados y afectados a fines benéficos y docentes.

Las demás órdenes religiosas se someterán a una ley especial votada por estas Cortes Constituyentes y ajustada a las siguientes bases:

1. Disolución de las que, por sus actividades, constituyan un peligro para la seguridad del Estado,

2. Inscripción de las que deban subsistir, en un Registro especial dependiente del Ministerio de justicia.

3. Incapacidad de adquirir y conservar, por sí o por persona interpuesta, más bienes que los que, previa justificación, se destinen a su vivienda o al cumplimiento directo de sus fines privativos.

4. Prohibición de ejercer la industria el comercio o la enseñanza.

5. Sumisión a todas las leyes tributarias del país.

6. Obligación de rendir anualmente cuentas al Estado de la inversión de sus bienes en relación con los fines de la Asociación.   Los bienes de las órdenes religiosas podrán ser nacionalizados.

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El redactado de estos artículos es tan nítido y elocuente, tan claro, tan justo y tan lógico (en cuanto responde a lógica democrática) que afirmaríamos, sin temor a grave error, que pocos alegatos a la igualdad ante la Ley democrática y al sometimiento de todos a la Ley democrática se han escrito en la Historia constitucional universal de tan contundente contenido y tan parco en palabras. En su aspecto pedagógico, queda delimitado, además, lo que hoy, en líneas generales, entendemos por aconfesionalidad (artículo 3) y laicidad (artículo 26) del Estado.

Y es que, se trataba tan solo de situar a la Sociedad española en el lugar que el proceso histórico de los pueblos libres le tenía reservado, ese lugar durante tantos siglos de oscurantismo negado por la Iglesia Católica y por la Monarquía, también católica. Se trataba, consecuentemente, de poner a la  Iglesia Católica al mismo nivel jurídico que al resto de confesiones religiosas y sectas y, a todas ellas, en un lugar común diferenciado del reservado al ejercicio de la ciudadanía.  Para ello había que desproveerla de sus sangrantes y ancestrales privilegios. Cualquier comentario que se quisiera añadir al redactado de los artículos 3 y 26 solo serviría para estropearlos y desnaturalizarlos.

Pues bien, estos artículos constituyen, a los ojos de Benedicto y de toda su Iglesia, la de antes y la de ahora, todo un manual de odio y revanchismo. No dan para más. Se ve que su vocacional dedicación a materias de tan hondo calado científico como teología, antropología teológica, mariología, cristología, etc… les absorbe de tal modo su tiempo y energías que no les queda resquicio para una mínima formación democrática.

Repasemos pues, muy de pasada, en qué consistió el dócil, pasivo y comedido posicionamiento de la Iglesia y de sus apéndices ante el contenido del artículo 26, en fechas previas a su redactado final y aprobación y, en consecuencia, su evolución hasta constituirse en armazón espiritual y moral de la sublevación de 1.936 y, posteriormente, empujada por su propia indisimulable inercia, en cómplice (casi siempre jugando el sucio papel de delatora a través de su maraña de curas en nómina del Estado) y punto de apoyo esencial, junto a ejército, policía y Falange, del aparato represor y criminal, durante casi cuatro décadas, del régimen franquista.

 

(1) La pastoral de Segura decía: “ (………)La Iglesia nos enseña, en primer lugar, que, cuando los enemigos del reinado de Jesucristo avanzan resueltamente, ningún católico puede permanecer inactivo, retirado en su hogar y dedicado solamente a sus negocios particulares”. Eso es, ¡A las barricadas, a las barricadas, por el triunfo de la cristianización…”

Y luego:

“(…) la actuación de los católicos debería encaminarse de manera especial a que tanto a las asambleas administrativas como a las políticas vayan aquellos que, consideradas las condiciones de cada elección, parezca que han de mirar mejor por los intereses de la Religión y de la Patria en el ejercicio de su cargo. (…) cuando el orden social está en peligro, cuando los derechos de la Religión están amenazados, es deber imprescindible de todos unirnos para defenderla y salvarla”. Es decir, enfrentarse a la legalidad republicana.

– El arzobispo de Toledo, Gomá, en julio de 1.933, afirmaba: «Si la nación dio el poder a quienes lo ejercen contra Dios, que se lo dé, cuando pueda, a otros que legislen según la voluntad de Dios».

 

– El 19 de agosto de 1.931 se publica una Pastoral firmada el 25 de julio por todos los obispos de España. En ella, entre otras lindezas, se alude a lo que para la Iglesia consiste la libertad de cultos. Transcribiendo palabras de León XIII (Encíclica “Libertas”) la libertad de cultos “da a cada uno la facultad de profesar la religión que más le agrade o de no profesar ninguna. Lo cual es darles facultad para pervertir o abandonar una obligación santísima y tornarse al mal volviendo la espalda al bien inmutable……. Esto no es libertad, sino depravación de la libertad……”. Es decir, ser protestante o ateo, por ejemplo, además de constituir una perversión, no es consecuencia de una opción personal y libre sino que es hacer mal uso de la libertad, una depravación. Ya lo decíamos antes, para la Iglesia, lo que no es conforme a su esquema, no es.

– Con fecha 21 de Octubre de 1.931, una vez conocido el redactado del texto constitucional, se publica en la prensa un escrito que dirige la Asociación Católica Nacional de Padres de Familia al nuncio en Madrid, monseñor Tedeschini en las que, refiriéndose a las declaraciones previas de Pío XI, ruegan le haga llegar “….nuestra adhesión……a la vez que nos requiere para que concurramos por las vías justas y legítimas a la reparación de los daños causados a la Iglesia en su jerarquía, en su Clero, en sus Órdenes religiosas, en la familia y en la enseñanza. No desoimos el llamamiento del Papa y renovamos el propósito de recontribuir con nuestra acción…………..”. ¿No es una premonición ?.

– En la pastoral colectiva de los prelados españoles, publicada el 1º de enero de 1.932, se adivina ya lo que Benedicto va a ratificar 78 años después, en Santiago. Veamos: “Quienes conozcan la santa dignidad de la Iglesia católica no habrán extrañado la actitud contenida y paciente con que han obrado la Sede Apostólica y el Episcopado durante la primera etapa constituyente de la República española (……).Los principios y preceptos constitucionales en materia confesional, no solo responden al mínimun de respeto a la libertad religiosa y de reconocimiento de los derechos esenciales de la Iglesia……  sino que, inspirados por un criterio sectario, representan una verdadera oposición agresiva a aquellas mínimas exigencias.”. Sigue empeñada la Iglesia en confundir sus derechos con sus privilegios. ¿Con qué autoridad hablan de sectarismo los que por secular sectarismo han dispuesto de vidas y haciendas con total impunidad?.

– Reinicia la Iglesia su ofensiva final a partir del triunfo del Frente Popular en Febrero de 1.936. La hostilidad hasta ese momento demostrada se torna en desesperado llamamiento, en instigación material, en coartada de la criminal sublevación contra la legalidad republicana el 18 de julio. De cara al exterior y durante toda la contienda, la Iglesia católica ejercerá, en la práctica, de embajadora y de soporte espiritual de la traición y la sedición. Sin embargo, convertido el golpe en movimiento católico, el alineamiento con la legalidad republicana de un partido de base católica como era el PNV, y junto a él el de numerosos sacerdotes y religiosos, no dejaba de suponer una seria complicación ante la opinión pública internacional, un grano en su santo culo. Así las cosas, los militares rebeldes solicitaron al cardenal Gomá, arzobispo de Toledo y primado de España, que pusiera orden en la Iglesia vasca. Isidro Gomá no dudó un momento y redactó él mismo una carta pastoral conjunta que impuso para su firma a los obispos de Vitoria y Pamplona. En esta carta, profusamente publicada y divulgada, se decía que, además de no ser lícito “fraccionar las fuerzas católicas ante el común enemigo”, era “absolutamente ilícito, después de dividir, sumarse al enemigo para combatir al hermano”, llegando esta ilicitud a la “monstruosidad cuando el enemigo es ese monstruo moderno, el marxismo o comunismo, hidra de siete cabezas síntesis de toda herejía”. Conviene no olvidar que, solo en los primeros meses de la guerra civil fueron 16 los sacerdotes vascos asesinados por las tropas facciosas y más de 200 los sacerdotes exiliados, unos, por nacionalistas y otros por mantenerse fieles a la legalidad. Tal “contratiempo” fue solventado con magistral cinismo por la jerarquía católica en santa comunión con la militar rebelde para seguir manteniendo ante el mundo católico la fantochada que llamaron cruzada. <<El historiador Hilari Raguer, de la abadía de Montserrat (Barcelona), es uno de los máximos expertos en la Iglesia de la guerra civil y el franquismo. “He visto los archivos secretos vaticanos, recientemente abiertos a los investigadores. Pues bien, en el fondo Antoniutti están las listas de sacerdotes represaliados”, confirma. Hildebrando Antoniutti fue enviado por Pío XI a Euskadi para proteger al clero. Como dijo este pontífice durante la guerra civil, “en la España de Franco se fusila a los sacerdotes igual que en la zona republicana”, recuerda Raguer. >>(Ver El País de 27/10/2007).

Para finalizar, es importante acudir a otro texto “modélico donde los haya” que vió la luz el 9 de Julio de 1.937 del que transcribiremos ciertos pasajes cuidadosamente seleccionados. Se trata de la “Carta colectiva del episcopado español a los obispos del Mundo entero” una carta profusamente publicada en los medios de todo el orbe y que tuvo gran repercusión (mediática diríamos hoy).  Hemos elegido este texto con cierta intención: Se trata de un texto “Light” pues iba dirigido a la opinión pública mundial con el objeto de justificar el posicionamiento de la Iglesia Católica Española junto a la sedición  y, no olvidemos, que amplios sectores populares del extranjero, incluso catolicos, manifestaban sus simpatías por la República. Es en fin, un texto que intentaba aparecer “suave” y “conciliador”. Por ello, podremos darnos cuenta, sin necesidad de recurrir a más textos, a los duros, de cómo era, cómo fue la realidad del discurso diario, de la publicación cotidiana y de las intervenciones en los púlpitos cuando no les condicionaba la prudencia, cuando se mostraban tal cual eran y parecían ser.

Veamos:

“(……).Cumplimos con (……) un triple deber de religión, de patriotismo y de humanidad,(……), porque, ya que Dios ha permitido que fuese nuestro país el lugar de experimentación de ideas y procedimientos que aspiran a conquistar el mundo, quisiéramos que el daño se redujese al ámbito de nuestra patria y se salvaran de la ruina las demás naciones. Nótese cómo se presentan ante el mundo como pantalla salvífica.

“Al estallar la guerra hemos lamentado el doloroso hecho, más que nadie, porque ella es siempre un mal gravísimo, que muchas veces no compensan bienes problemáticos,(……). Con nuestros votos de paz juntamos nuestro perdón generoso para nuestros perseguidores y nuestros sentimientos de caridad para todos “. Fragmento que evidencia el interés de la Iglesia española por aparecer con un revestimiento de moderación y generosidad que, evidentemente, no se correspondía con la realidad.

“(…..) siendo la guerra uno de los azotes más tremendos de la humanidad, es a veces el remedio heroico, único, para centrar las cosas en el quicio de la justicia y volverlas al reinado de la paz. Por esto la Iglesia, aun siendo hija del Príncipe de la Paz, bendice los emblemas (pf) de la guerra, ha fundado las Ordenes Militares y ha organizado cruzadas contra los enemigos de la fe.

No este nuestro caso. La Iglesia no ha querido esta guerra ni la buscó, ………..pero quien la acuse de haber provocado esta guerra, o de haber conspirado para ella, y aun de no haber hecho cuanto en su mano estuvo para evitarla, desconoce o falsea la realidad. Alegato pocas veces superado por discursos belicistas. Aflora la verdadera esencia de la perversa historia de la Iglesia. En castizo sería ¡Se les ve el plumero!

“…..Afirmamos, ante todo, que esta guerra la ha acarreado la temeridad, los errores, tal vez la malicia o la cobardía de quien hubiesen podido evitarla gobernando la nación según justicia…………Fueron los legisladores de 1931……….., los que se empeñaron en torcer bruscamente la ruta de nuestra historia en un sentido totalmente contrario a la naturaleza y exigencias del espíritu nacional, y especialmente opuesto al sentido religioso predominante en el país. La Constitución y las leyes laicas que desarrollaron su espíritu fueron un ataque violento y continuado a la conciencia nacional. Anulando los derechos de Dios y vejada la Iglesia, quedaba nuestra sociedad enervada, en el orden legal, en lo que tiene de más sustantivo la vida social, que es la religión. ¡¡Qué desfachatez!!. El gobierno de la República habría actuado con justicia y, por ello, habría evitado la guerra, si se hubiese plegado a los designios de la justicia divina. Con total cara dura y prepotencia, antes y ahora, siguen pretendiendo mostrarnos e imponernos algo que llaman  dios como sujeto de derechos. Y ¿por qué no, también, al Pato Donald o el Oso Yogui?.

(……) Estos son los hechos. Cotéjense con la doctrina de Santo Tomás sobre el derecho a la resistencia defensiva por la fuerza y falle cada cual en justo juicio. Eso, cotéjese. Lo exijimos.

(……) Quede, pues, asentado, como primera afirmación de este Escrito, que (……), agotados ya los medios legales, no había más recurso que el de la fuerza para sostener el orden y la paz. Lo que no se puede ganar en las urnas ni en la dialéctica parlamentaria ha de ganarse por la fuerza. Tal es el grado de mezquindad y degradación moral  en que se sigue manteniendo esta santa institución.

(……( Pero nótese, primero, que la sublevación militar no se produjo, ya desde sus comienzos, sin colaboración con el pueblo sano, que se incorporó en grandes masas al movimiento que, por ello, debe calificarse de cívico-militar; y segundo, que este movimiento y la revolución comunista son dos hechos que no pueden separarse. Muy apropiada, por tratarse de la Iglesia, esa dialéctica entre los buenos y los malos, los sanos y los enfermos. Nos ahorran el esfuerzo de comprobar quienes eran unos y quienes otros.

(…..) Aún hay más: el movimiento no se produjo sin que los que lo iniciaron intimaran previamente a los poderes públicos a oponerse por los recursos legales a la revolución marxista inminente. La tentativa fue ineficaz y estalló el conflicto
. ¡Qué poca vergüenza!. Seguro que hasta ellos se lo creen, después de la sanjurjada.  Como decía su correligionario, el doctor Joseph Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, “Una mentira, mil veces repetida, se transforma en verdad”.

(….)  Rusia, lo sabe el mundo, se injertó en el ejército gubernamental tomando parte en sus mandos, . Qué diferencia con la Legión Cóndor que pasaba por aquí y… Lo malo es que también pasó por Guernica. Y ¿los fascistas italianos?. Pero ya, para reírse, lo de los regulares de Marruecos, musulmanes, combatientes para restaurar el reino de Jesucristo en España.


La guerra es, pues, como un plebiscito armado (……),la lucha cruenta de un pueblo partido en dos tendencias: la espiritual, del lado de los sublevados, que salió a la defensa del orden, la paz social, la civilización tradicional y la patria, y muy ostensiblemente, en un gran sector, para la defensa de la religión; y de la otra parte, la materialista, llámese marxista, comunista o anarquista, que quiso sustituir la vieja civilización de España, con todos sus factores, por la novísima “civilización” de los soviets rusos.
Muy aleccionador que la Iglesia anteponga al plebiscito que supone el resultado en las urnas el plebiscito que ellos inciensan, el de la rebelión militar. Resulta enfermiza la machacona referencia de la Iglesia y del Régimen de Franco al marxismo, a Rusia, al comunismo, al contubernio judeo-masónico, etc.. para ocultar, con ello, su vil traición a una legalidad a la que, por cierto, habían jurado fidelidad, la II República, que estaba muy por encima de la composición socio-política de los españoles.
(……) la Iglesia, a pesar de su espíritu de paz, y de no haber querido la guerra ni haber colaborado en ella, no podía ser indiferente en la lucha (….).
En fin, más claro, el caldo de un asilo.

(…..) Hoy, por hoy, no hay en España más esperanza para reconquistar la justicia y la paz y los bienes que de ellas deriva, que el triunfo del movimiento nacional (……) .Ahí está, con dos… bonetes


(….) Fue “cruelísima” la revolución. Las formas de asesinato revistieron caracteres de barbarie horrenda. En su número: se calculan en número superior de 300.000 los seglares que han sucumbido asesinados, sólo por sus ideas políticas y especialmente religiosas (……). Por la falta de forma: sin acusación, sin pruebas, las más de las veces sin juicio. Por los vejámenes: a muchos se les han amputado los miembros o se les ha mutilado espantosamente antes de matarlos; se les han vaciados los ojos, cortado la lengua, abierto en canal, quemado o enterrado vivos, matado a hachazos (……). Aseguraría que este párrafo lo extrajeron de la Historia del Santo Oficio, volumen primero, capítulo 1º.

(…..) Conculcó la revolución los más elementales principios del “derecho de gentes” (….) el bombardeo de ciudades indefensas, sin objetivo militar. ¡Qué cinismo! El bombardeo de Guernica, el 26 de abril de 1.937, es decir, dos meses antes que esta carta, ha pasado a la Historia como prototipo de aniquilamiento de población civil, de ciudades indefensas, sin objetivo militar como dicen los muy hipócritas.

(…..) Dentro del movimiento nacional se ha producido el fenómeno, maravilloso, del martirio – verdadero martirio, como ha dicho el Papa – de millares de españoles, sacerdotes, religiosos y seglares; y este testimonio de sangre deberá condicionar en lo futuro, so pena de inmensa responsabilidad política, la actuación de quienes, depuestas las armas, hayan de construir el nuevo estado en el sosiego de la paz. Ya, lo de calificar el martirio como fenómeno maravilloso es para hacérselo mirar pero, al margen de semejante perversión, muy probablemente Franco se inspiró en este párrafo para aplicar esa “responsabilidad política” y sembrar, con incuestionable espíritu cristiano hay que añadir, las cunetas de España de miles de cadáveres.

El movimiento ha garantizado el orden en el territorio por él dominado. Contraponemos la situación de las regiones en que ha prevalecido el movimiento nacional a las dominadas aún por los comunistas. (….). En cambio, en medio del esfuerzo y del dolor terrible de la guerra, las otras regiones viven en la tranquilidad del orden interno, bajo la tutela de una verdadera autoridad, que es el principio de la justicia, de la paz y del progreso que prometen la fecundidad de la vida social. Mientras en la España marxista se vive sin Dios, en las regiones indemnes o reconquistadas se celebra profusamente el culto divino y pululan y florecen nuevas manifestaciones de la vida cristiana.

Esta situación permite esperar un régimen de justicia y paz para el futuro.(….) encontraremos otra vez nuestro verdadero espíritu nacional. Entramos en él paulatinamente por una legislación en que predomina el sentido cristiano en la cultura, en la moral, en la justicia social y en el honor y culto que se debe a Dios. Por eso será, sin duda, que cada vez hay menos cristianos.

(…) La iglesia, antes de perecer totalmente en manos del comunismo, como ha ocurrido en las regiones por él dominadas, se siente amparada por un poder que hasta ahora ha garantizado los principios fundamentales de toda sociedad, sin miramiento ninguno a sus tendencias políticas. Lo del comunismo es algo obsesivo en esta gente. Por otra parte es reconfortante que la Iglesia defina al poder franquista, sublevado, como garantes de los principios fundamentales de toda sociedad. Así, de tal guisa, para nadie habrá equívocos.

Se imputan a los dirigentes del movimiento nacional crímenes semejantes a los cometidos por los del Frente Popular.  Reprobando en nombre de la justicia y de la caridad cristianas todo exceso que se hubiese cometido, por error o por gente subalterna y que metódicamente ha abultado la información extranjera, (….) afirmamos que va una distancia enorme, infranqueable, y entre los principios de justicia, de su administración y de la forma de aplicarla entre una y otra parte.(….) No puede haber justicia cuando se elimina a Dios, principio de toda justicia.(….), he aquí lo que se puede afirmar de los unos con razón y no se puede imputar a los otros sin injusticia. Está clarísimo. Los excesos de los sublevados han sido errores sin importancia cometidos por subalternos. Imputar crímenes a las tropas franquistas es injusto.

(……) Hemos sido mal gobernados, porque, como dice Santo Tomás, Dios hace reinar al hombre hipócrita por causa de los pecados del pueblo. En esto no estamos muy en desacuerdo porque, atendiendo a nuestra Historia, hemos tenido que ser muy, pero que muy pecadores. Por otro lado La Iglesia nos está dando toda una lección de Derecho Constitucional.

Os escribimos desde España, haciendo memoria de los Hermanos difuntos y ausentes de la patria, en la fiesta de la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, 1º de Julio de 1937. Amén

*******

Conclusión:

El propósito de lo anteriormente expresado, como no puede ser de otra forma, es que cada cual extraiga sus propias conclusiones. Las nuestras, creemos, han quedado nítidamente reflejadas lo que nos da fuerza moral para exigir a los gobiernos que se vayan sucediendo que aboguen por una legislación, en materia religiosa, si cabe de mayor calado progresista que la promulgada por los gobiernos de la II República. Las actitudes antidemocráticas (por utilizar el calificativo menos agrio a los ojos de inevitables susceptibilidades) demostradas permanentemente por la Iglesia Católica no hacen más que confirmarnos que los que propugnamos una sociedad laica vamos por el buen camino. La verborrea barata de Benedicto XVI nos indica que lo estamos haciendo bien.  Cuanto más avancemos más agresivos apareceremos ante ellos.

José Mª Lafora

Diciembre/2.010

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2 Responses to REFLEXIONES BENEDICTINAS

  1. Manuel Iglesias Sueiro dice:

    Este articulo no merece más que agradecimiento y admiración por el trabajo en él contenido y la información que proporciona.
    Gracias José María.
    No quiero hacer más largo este comentario ya que un exceso de atención a esa, un tanto siniestra, organización de gestión de poder le conviene. La contra la fortaleza la desatención la hunde. Con la contra se sienten fortalecidos, da la impresión de que siguen influyendo como antaño.
    No es así, en el propio texto se dice: “Hoy día la Iglesia no necesita enfrente una excesiva demostración de hostilidad. Se desmorona por sí sola, por su propia inercia, por el peso de la Historia, víctima de sus miserias internas”.
    No quiero darle combustible a la Iglesia católica pero si quiero agradecer la claridad de ideas y el esfuerzo documental de José María Lafora.

    • En primer lugar darte las gracias por visitar nuestro blog y que los contenidos que en el vamos dejando sean del agrado de los visitantes que se acercan al mismo, pues es nuestra modesta tarea ir trasladando a la sociedad los ideales republicanos y progresistas a la adormecida sociedad ante los acontecimientos que estamos viviendo.Nos gustaría saber si vives en Segovia o eres de fuera, para ello nos puedes contestar al correo particular del Colectivo (colectivorepublicanoamachado@yahoo.com).
      Un saludo republicano desde Segovia.
      José (En representación del Colectivo Republicano Antonio Machado)

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