LAS CLAVES DEL 29 DE SEPTIEMBRE

Se avecina un otoño caliente con la convocatoria de huelga general para el 29 de septiembre, la cual es justa y proporcionada ante la deriva ideológica que mantiene el PSOE al cargar la recuperación económica sobre las clases asalariadas a costa de recortar derechos ganados desde hace décadas. Pero el problema no radica en la medida sino en las condiciones en las cuales se van a enfrentar los sindicatos, los partidos de izquierda y los grupos que la están dando apoyo y cobertura sobre todo a través de diferentes medios alternativos, especialmente en soporte digital. El problema radica en que la misma va a estar convocada ante una clase trabajadora que se encuentra maniatada ideológicamente y culturalmente por los dictados neoliberales que a través de los últimos años (desde la época de Ronald Reagan y Margaret Thatcher) no han hecho nada más que extender sus tentáculos conservadores sobre una sociedad adormecida, todo ello aderezado por el trabajo de una maquinaria propagandística bien engrasada por sus medios de comunicación afines, que no han parado en ningún momento de extender sus dictados como una gran mancha de aceite en todos los países del mundo, sobre unos colectivos sociales perdidos y desorientados por una izquierda que a finales de los ochenta y principios de los noventa fue desprendiéndose de todo bagaje ideológico y clasista en busca de resultados electorales y de obtener cuotas de poder a costa de dejar en el camino la lucha y la educación de la clase trabajadora en manos precisamente de sus enemigos, los cuales emprendieron programas ideológicos adecuados, de los cuales están recogiendo unos sabrosos frutos en el presente.

Por eso nos encontramos con una clase asalariada desgajada de sus auténticas metas, a la cual se ha embaucado con una serie de mitos a cerca de la igualdad solo accesible desde una visión económica, solo posible con un consumo desmedido que ha propiciado que esta clase busque desesperadamente en la adquisición de bienes la superación de las diferencias de carácter social y de clase, sin darse cuenta que está cayendo en las redes del capital al ir poco a poco buscando crédito para conseguir esa pretendida equidad. Del mismo modo se ha repetido hasta la saciedad la inoperancia y el descrédito de los sindicatos desde la derecha, siendo una de los mejores argumentos que las clases trabajadoras han aceptado como válido, como verdad absoluta, sin darse cuenta que si desaparecen nadie se interpondrá entre ellos y los capitalistas.

Pero repito lo más grave es que en estos años estas batallas han sido ganadas hábilmente por la derecha mediática y política, y asumidas sin sonrojo por ciertos partidos de la izquierda institucional, siendo esto grave, lo más grave es que el problema radica en que el rearme ideológico no ha empezado a tiempo, es necesario un trabajo de campo profundo entre los trabajadores para articular un discurso coherente y dar una respuesta acorde a los ataques del neoliberalismo y sus aliados.

A pesar de estas diferencias y desajustes es necesario apoyar la huelga, hacer llegar un mensaje claro y pedagógico a todos los trabajadores/as, dar presencia en todos los centros a los representantes sindicales y lo que es una de las grandes bazas para el éxito mostrar firmeza y unidad de todos los sindicatos de clases sin distinción, pues el enemigo no reside dentro del movimiento sindical, sino en el mundo empresarial y financiero que con su avaricia desmedida ha provocado esta crisis.

José Javier Davía Herranz.

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