Un coronavirus asesino salvando la Monarquía. Domingo Sanz

08/03/2021

Mientras en Hacienda alguien inventa lo que sea para explicar cuatro millones que son muchos más, el resto sabemos que nos ha caído encima otra de las injusticias divinas que cada cierto tiempo condenan a los habitantes del Reino de España. Esta vez en forma de pandemia que mata inocentes a miles, pero salva los privilegios de la familia menos ejemplar, esa cuyo emérito regresó en 1947 para dar forma a un Estado que convierte cada día en la vergüenza del mundo desarrollado.

Sin lo muy distanciados de cualquier vecino que nos tiene este virus maldito, es imposible imaginar que no se hubieran sucedido manifestaciones en decenas de ciudades reclamando cuatro décadas seguidas de República. Es lo mínimo que merecemos para probar a que sabe lo que nos robó aquel despreciable español, el mayor asesino de españoles de la historia de España que tuteló al rey corrupto desde los 9 años de edad y que, para triunfar, necesitó de Hitler, Mussolini y al resto de Europa mirando a otro lado. Y dentro de 40 años, si alguien quiere regresar a un reino que nunca será de los cielos, que pida un referéndum.

Desde aquel día de marzo de 2020 en que el virus nos encerró en casa y Felipe VI aprovechó la ocasión para emitir un comunicado sin valor legal ninguno que tendría que haber sido el de su abdicación, estaría siendo tal el clamor producido por el ejercicio de las libertades que este rey habría salido huyendo con su padre del palacio que ninguno de ambos merece, para susto fatal de tantos añorantes del miedo como sistema de gobierno. En cambio, unos ocupan escaños en el Congreso y otros llenan Internet con millones de fusilados imaginarios.

¿Y qué hemos hecho para padecer tanta desgracia, que hasta las pandemias se permiten el lujo de atacarnos para salvar a nuestros peores símbolos?

Incapaces de derrotar lo más abyecto de nosotros mismos, seguimos sin pedir ayuda verdadera al mundo que nos rodea y mantenemos en el poder real a aquellos que sueñan con volver a conquistarlo.


8 DE MARZO DIA DE LA MUJER TRABAJADORA: POR UN FEMINISMO ORGANIZADO, SOLIDARIO Y DE CLASE

04/03/2021

El 8 de Marzo, un día dedicado a la reivindicación feminista, pero, ¿Qué es el feminismo? La política Angela Davis dijo una vez que “El feminismo es la idea radical que sostiene que las mujeres somos personas”. El feminismo es un movimiento de transformación social que, poco a poco, nos está haciendo abrir los ojos y tomar consciencia de la opresión que sufre un sector de la población solo por su género, y exige la igualdad de derechos entre mujeres y hombres.

El discurso feminista ha ganado fuerza en los últimos años, convirtiéndose no solo en la lucha sino también en un nicho de mercado, una “nueva moda” que, al vivir en una sociedad tan capitalista, no se ha tardado en explotar. De aquí nace el concepto “purplewashing”, palabra acuñada por la activista Brigitte Vasallo. El purplewashing no es más una estrategia de marketing que presenta un “filtro violeta” a la imagen pública de empresas, personas, instituciones o países, un filtro que no es más que un reflejo deformado, manipulado e instrumentalizado de la lucha feminista.

Ciertamente “lavar de morado” un sistema clasista opresor, falsear su imagen, para semejar una práctica feminista y “a la moda” no solo deja muy clara la injusticia social en sí, sino que deja patente una gran misoginia e incomprensión del movimiento feminista.

El discurso liberal del empoderamiento de la mujer, que en resumidas cuentas no es más que una instrumentalización del feminismo, refuerza la dominación por las élites y ayudar a mantener el actual estados de cosas que representa el actual marco político que tenemos en España, representado por la Constitución de 1978 y la monarquía que sustenta y apoya el actual estado de cosas.

El feminismo debe ser progresista para proteger y empoderar TODAS las mujeres. No es suficiente un lavado de cara que aparente que todo está bien. Despojar la lucha de las mujeres de todo contenido ligado a su condición social para conseguir la igualdad es una de las formas más segura para su control y prolongación de la opresión a la que nuestra sociedad se ve sometida.

Por ello el feminismo por el que luchamos plantea soluciones para la mujer, pero no en un marco individualista, sino exigiendo responsabilidades al Estado que es en última instancia  el que debería garantizar la igualdad de derechos y oportunidades entre todas las ciudadanas y ciudadanos. En definitiva, ir a la raíz de las condiciones materiales que determinan la opresión y la injusticia social. Luchemos por revertir este estado de cosas, luchemos por dar cada día un paso más hacia la verdadera igualdad entre hombre y mujeres.

Colectivo Republicano Antonio Machado


Concentración por una “Iniciativa por una Ley que Garantice el Derecho a la Vivienda”

02/03/2021

Desde la PAH una vez conocida la intención del Gobierno de la presentación inminente de una Ley de Vivienda Estatal, se hizo un llamamiento a la sociedad civil, sindicatos, organizaciones del tercer sector y distintos colectivos, a la que han dado respuesta más de 50 de ellos de muchas partes del Estado a la cual también se ha sumado el Colectivo Republicano Antonio Machado. Todo ello ha dado como resultado la elaboración de la “Iniciativa por una Ley que Garantice el Derecho a la Vivienda”

Esta Iniciativa ha elaborado un manifiesto conjuntamente que presentaremos en Segovia el próximo día 3 de Marzo, a las 11:00h en la Plaza Mayor frente al Ayuntamiento.

#IniciativaLeyVivienda


Quien silencia al historiador manipula el pasado. Francisco J. Leira-Castiñeira

01/03/2021

Reseñamos «Soldados de Franco» de Francisco J. Leira Castiñeira - Archivos  de la Historia | Tu página de divulgación

Recientemente, el historiador Fernando Mikelarena ha sido denunciado por publicar, con base documental, que durante el periodo de tiempo en que estuvo en el poder uno de los jefes de los requetés de Navarra se produjo la mayor matanza y persecución de personas favorables al Frente Popular. La denuncia la realiza el nieto del jefe de los requetés, quien a su vez es hijo de un antiguo dirigente de Unión del Pueblo Navarro. Este despropósito se une al ocurrido hace unos años, cuando la Universidad de Alicante accedido a borrar dos artículos de Juan Antonio Ríos Carratalá porque citaba el nombre del alférez y secretario del juicio sumarísimo de guerra que condenó a muerte al poeta Miguel Hernández. Por si no fuese suficiente, hace relativamente pocas semanas, en Polonia, denunciaron y condenaron a dos historiadores, Barbara Engelking y Jan Grabowski, por afirmar, también con datos, la supuesta colaboración de un alcalde de un distrito de Varsovia durante la ocupación nazi. Otro ejemplo, ya más distante y sin ánimo de ser exhaustivo, es el caso del historiador Dionisio Pereira, que en 2007 tuvo que pasar el mal trago de ir a juicio por afirmar que los alcaldes de una localidad habían colaborado en el proceso represivo golpista de 1936. Todos estos ejemplos tienen dos puntos en común. En primer lugar, de alguna manera señalan la desprotección jurídica que padecemos los historiadores e historiadoras ante los descendientes de aquellos a quienes investigamos y, en segundo lugar, muestran el imposible deseo de estos «herederos» de que los investigadores expliquemos el pasado sin aludir a sus protagonistas, como acabo de intentar hacer ahora al citar los casos expuestos.

Hay que poner negro sobre blanco que, como señalaba en un tuit el catedrático de la Universidade de Santiago de Compostela, Lourenzo Fernández Prieto, «ni la honra ni la deshonra deben heredarse». La investigación histórica no tiene como meta manchar ningún nombre o reputación. Como expliqué en una tribuna, tampoco ninguno de estos familiares, que se ve acusado por los descubrimientos que han realizado estos estudiosos, debería sentirse avergonzado: las posibles faltas que cometieran nuestros antepasados ni nos hacen «culpables» de aquello que hicieran, ni deberían legitimarnos para ocultarlo en tanto que «herederos de su memoria». Ese sentimiento de herederos de la (des)honra, tal como comenté en una entrevista con Sebastiaan Faber de reciente publicación, es el problema principal que tenemos en tanto que sociedad: nos consideramos portadores políticos del pasado, cuando no debemos ser herederos incondicionales de ningún suceso histórico. Ni siquiera los que tienen que ver con nuestros familiares o personas cercanas.

En este sentido, se debería tomar nota de la honestidad de Julie Lindahl quien, investigando sobre la vida de su abuelo, descubrió lo que el resto de su familia había intentado ocultar durante años: que aquel hombre había sido un alto jerarca nazi. Incluso fue hasta Polonia a hablar con las víctimas de su abuelo y nos ha dejado por escrito todo este proceso y el resultado de su investigación en un magnífico libro titulado The Pendulum: A Granddaughter’s Search for Her Family’s Forbidden Nazi Past. Un ejemplo similar es el de Silvia Foti, quien comenzó a realizar una investigación sobre su abuelo, el general Storm, un supuesto héroe nacional lituano. Según avanzó en sus pesquisas, descubrió partes oscuras, como que colaboró con los nazis y ayudó a matar a judíos en la Segunda Guerra Mundial, algo que no dudó en dejar por escrito en un imprescindible libro The Nazi’s Granddaughter. No me puedo olvidar del libro de Martín Davidson El nazi perfecto. El descubrimiento del secreto de mi abuelo y del modo en que Hitler sedujo a una generación, cuyo título ya indica las líneas generales de su contenido. O como Géraldine Schwarz narra cómo sus abuelos compraron una fábrica a unos judíos a un precio irrisorio, una familia que luego fue asesinada en Auschwitz y su familia negó la reparación moral a los descendientes de los judíos asesinados, quedó relatado en la impactante Los amnésicos. Historia de una familia europea. Estas dos personas entendieron que los actos de sus antepasados no les hacían herederos de la deshonra y por ello fueron honestas con lo que hallaron en el desarrollo de su investigación.

Estos trabajos escenifican la labor del estudio de los acontecimientos históricos, en todas sus vertientes, y la diferencia con la memoria. La necesidad del estudio reside en que hay una aplicación de una metodología para que con todas las memorias se articule un discurso comprensible sobre el pasado. El deber de los historiadores es escuchar –labor que considero crucial– todas las voces posibles, pero después aplicar un análisis riguroso para explicar las causas y consecuencias de un acontecimiento, sin juzgar los actos de una determinada persona. En Soldados de Franco. Reclutamiento forzoso, experiencia de guerra y desmovilización militar (Siglo XXI España, 2020) me dediqué a estudiar, con todo el respeto y rigor del que fui capaz, a los reclutas forzosos del bando golpista de 1936. Lo hice escuchando a más de un centenar de excombatientes, consultando documentación de archivo y leyendo memorias. Por eso, el estudio de la Historia es una labor que parte desde la sociedad civil, pero aplicando un método para articular el pasado, dotarlo de sentido y ampliar el horizonte democrático del presente. La mera memoria en «bruto» no basta. Fue gracias a la investigación que algunos ciudadanos, como los antes citados, descubrieron una realidad distinta sobre sus antepasados a la que existía –o algunos intentaron que prevaleciese– en el núcleo familiar. Otro ejemplo fundamental es el modo en que el Pazo de Meirás fue recuperado por la sociedad civil –en manos de la familia Franco–, en parte gracias a un informe técnico redactado por los historiadores Emilio Grandío y Manuel Pérez Lorenzo. Por eso, la Historia nunca busca honrar ni deshonrar a nadie, solo explicar, analizar e interpretar el pasado. Quienes genuinamente la estudian no aplican el sentimiento de «herederos incondicionales» que sí tienen los demandantes citados y que consideran que se está manchando la memoria de su familia.

Por otro lado, si se da cabida a estas denuncias, a aquellos que nos dedicamos al estudio del pasado se nos empuja a una completa indefensión jurídica. ¿Qué podemos podemos estudiar? ¿Podemos publicar lo que vemos en un expediente que consultamos legalmente? ¿Debemos preocuparnos los historiadores? Sí, deberíamos estar inquietos: nos exponemos a que nos ocurra lo mismo que a los demandados. Si ya existen problemas intolerables con el acceso a la documentación que hace referencia a nuestro pasado reciente –algo inconcebible en otros países de nuestro entorno–, estas denuncias acrecientan las dificultades a las que nos enfrentamos. Ya no solo es que el acceso a la documentación histórica debiera ser un derecho garantizado por la democracia –no un derecho que debamos seguir reclamando desde la sociedad civil, y que debería estar amparado ya por la ley de transparencia–, sino que ahora nos exponemos a ser denunciados por publicar nombres de personas que aparecen en expedientes a los que sí tenemos acceso. Si normalizamos esta situación, acabaremos aceptando la peor de las censuras, la autocensura, y negando los fundamentos de la sociedad democrática.

Cabe preguntarse por qué sucede esto en pleno siglo xxi, pasados 80 años de la guerra y más de 40 de la llegada de la democracia. ¿No ha sido suficiente tiempo? En mi opinión, esto sucede porque, en tanto que sociedad, y a pesar de las conquistas democráticas, no hemos terminado de romper con los lazos que nos unen al franquismo ni en el plano legislativo, ni en el jurídico, ni en el cultural: no solucionamos los problemas que tenemos con nuestro pasado reciente y eso pone de relieve un déficit democrático. Es incomprensible que aún haya cadáveres en las cunetas, que se censuren artículos o que se denuncie a investigadores, como si viviésemos en la década de los cincuenta. Considero que debemos, como sociedad, mirar hacia un horizonte, el marcado por la democracia y la defensa de los derechos humanos, y comprender que el hecho de legislar sobre el pasado no implica una imposición de ningún pensamiento que no sea el democrático (recuerdo que con la ley de memoria histórica de 2007 pudieron escribir libremente intelectuales contrarios a la ley de memoria histórica como Andrés Trapiello o Javier Cercas, o historiadores revisionistas como Pio Moa). Evidentemente, todo pasa por condenar el golpe de estado, la violencia indiscriminada, la represión franquista y la dictadura. No es algo que me invente yo. Es algo que nos pide –y que debería abochornarnos– en un informe recientemente Pablo de Greiff, relator especial de las Naciones Unidas para el «fomento de la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición» y miembro de Centro Internacional para la Justicia Transicional (ICTJ). También nos pide la elaboración de una ley acorde a nuestro tiempo, que repare a todas las víctimas y sirva para fortalecer los cimientos de nuestro sistema político.

Con sus actos, aquellos que se consideran «incondicionales herederos del pasado» lo que buscan es silenciar al mensajero, para perpetuar la crispación e instrumentar el pasado con fines exclusivamente personales y partidistas. Lo vemos en el congreso, en algunos medios de comunicación, en el lenguaje guerracivilista, en los actos de enaltecimiento del fascismo y, por su puesto, en la actitud de estos denunciantes. Desde la sociedad civil, quien investiga la Historia no lo hace para abrir heridas, sino para cerrarlas, creando una sociedad conocedora de su pasado, no «heredera» de sus errores y educada en una cultura de respeto a la diferencia. Es eso, acaso ¿un delito?

Desde aquí mi apoyo a Dionisio Pereira, Juan Antonio Ríos Carratalá y, ahora, a Fernando Mikelarena. Los historiadores Fernando Mendiola y César Layana de la Universidad Pública de Navarra, han redactado un manifiesto contra la judicialización de la investigación histórica. Yo no puedo permitirme (ni quiero) mirar a otro lado. manifiestojudicializacion@gmail.com.

Doctor en Historia. Investigador de Histagra-Universidade de Santiago y Visiting Fellow en la University College Dublin. Autor de ‘Soldados de Franco. Reclutamiento forzoso, experiencia de guerra y desmovilización militar’ (Siglo XXI España, 2020).

https://blogs.publico.es/dominiopublico/36588/quien-silencia-al-historiador-manipula-el-pasado/


Somos Conscientes. Informar sobre el Sáhara Occidental

26/02/2021
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La historia del Sáhara Occidental está intrínsecamente relacionada con la del Estado español y las personas que lo habitan. Por un lado, la colonización de este territorio durante casi un siglo ha dejado a la antigua metrópolis un legado de responsabilidad por su situación irresuelta. Por otro, la posición de subalternidad a la que quedaba relegada la población saharaui por este hecho no evitó que se crearan vínculos sentimentales y emocionales, culturales, sociales, económicos, familiares… con personas españolas. La historia reciente del pueblo saharaui está ligada a la nuestra en esa doble dimensión.

Como periodistas, narradores y narradoras de lo que acontece en el mundo, somos conscientes del marco en el que se inscribe esa relación, y de que sigue condicionando lo que ocurre en el Sáhara Occidental, también ahora.

El Estado español tiene una responsabilidad con el pueblo saharaui. Los Acuerdos Tripartitos de Madrid en ningún momento transfirieron la soberanía ni a Marruecos ni a Mauritania. Como reconocen los organismos internacionales y la propia Justicia española, el Estado español sigue siendo la potencia administradora del proceso de descolonización del Sáhara Occidental, un territorio no autónomo según la definición de Naciones Unidas. En este sentido, la Audiencia Nacional declaró en 2014 en un auto de la Sala de lo Penal presidida por Fernando Grande-Marlaska Gómez que:

España al ingresar en las NN.UU., y firmar la Carta de las Naciones, San Francisco, 26 junio 1945 -publicado en BOE el 16 de noviembre 1990- reconoció el hecho colonial del Sahara español, contrayendo una serie de obligaciones, y convirtiéndose en Potencia administradora. En esta dirección, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución 2072, de 16 de diciembre de 1965, por la que se considera a España potencia administradora sobre el Sahara español. Como potencia administradora se obliga según el apartado a) del artículo 73: «a asegurar, con el debido respeto a la cultura de los pueblos, su adelanto político, económico, social y educativo, el justo tratamiento de dichos pueblos y su protección contra todo abuso…”

Pero España ha dejado caer en la desmemoria su relación con las colonias que durante siglos ocupó de una forma extractiva, un pasado oscuro que sigue sin abordarse. La cuestión saharaui es el caso en el que las consecuencias de ese pasado irresuelto se muestran de un modo más paradigmático y más claro. Al no resolverla, el Estado español sigue instalado en una página negra de la historia de la humanidad, la colonización, que todavía no ha sido capaz de cerrar.

España abocó a los saharauis a la guerra en 1975, al vender el territorio del Sáhara Occidental a Marruecos y Mauritania. La guerra duró hasta 1991, cuando se firmó el alto el fuego bajo la promesa de Naciones Unidas de celebrar un referéndum de autodeterminación para que el pueblo saharaui decidiera su futuro político. Una consulta que nunca se llegó a celebrar por el bloqueo de Marruecos.

Ahora, la guerra ha vuelto al Sáhara Occidental. Fue Marruecos quien violó el alto el fuego el pasado 13 de noviembre, cuando soldados marroquíes entraron a zona neutral para disolver una manifestación pacífica de civiles saharauis. El regreso a las armas del Frente Polisario, tras 29 años apostando por una solución pacífica y diplomática, es un fracaso de la humanidad, más concretamente de Naciones Unidas y de la gobernanza global basada en el multilateralismo; así como de España, que sigue siendo legalmente la potencia administradora del territorio.

El Sáhara Occidental es un territorio no autónomo según la definición de las Naciones Unidas, y su derecho de autodeterminación está refrendado por los tribunales internacionales. Por ello, el reciente anuncio en que el presidente saliente de los Estados Unidos, Donald Trump, afirmaba la soberanía marroquí sobre el Sáhara está fuera de derecho y no puede ser considerado como aceptable por las propias Naciones Unidas —organización responsable de encontrar una solución aceptable por las partes basada en el derecho a la libre determinación del pueblo saharaui—. Trump ha actuado contra el multilateralismo, contra una forma de gobernanza y de convivencia global que nos hace partícipes a todas las personas del mundo en el que vivimos.

Durante cuarenta y cinco añosel pueblo saharaui ha sido sometido a las duras condiciones del exilio y el refugio o de la ocupación. Las zonas ocupadas por Marruecos son “una cárcel a cielo abierto” para la población saharaui. Se han violado sistemáticamente sus derechos más elementales: reunión, expresión, identidad, culturales, sociales, económicos, a la integridad física, a la propia vida. Desapariciones, encarcelamientos arbitrarios, juicios sin garantías procesales…

Desde la ruptura del alto el fuego, la situación en los territorios ocupados se ha hecho más peligrosa y dura para la población saharaui, en especial para activistas que defienden los Derechos Humanos y para periodistas. Informes de organizaciones como la Organización Mundial Contra la Tortura o Reporteros Sin Fronteras han dado a conocer los recientes asedios a las casas de periodistas saharauis de colectivos como Equipe Media o la Fundación Nushatta, así como intentos de secuestros de estos periodistas saharauis, residentes en las zonas ocupadas. También la Instancia Saharaui contra la Ocupación Marroquí, de la que forman parte activistas de reconocido prestigio internacional como Aminatou Haidar o El Ghalia Djimi, se ha hecho eco de esta situación. Las amenazas y coacciones a través de redes sociales contra estas personas que se dedican a la información y la comunicación son habituales.

Tampoco debe olvidarse, en este sentido, que siete periodistas saharauis se ven privados de su libertad, dispersos en prisiones marroquíes. Cuatro de ellos forman parte del conocido grupo de Gdeim Izik: Bachir Khada (Equipe Media, 20 años de cárcel), Hassan Dah (TV RASD y Equipe Media, 25 años de cárcel), Mohamed Lamine Haddi (RASD Radio, 25 años de cárcel) y Abdalahi Lechfauni (colaborador de Equipe Media, cadena perpetua). Los otros tres son Mohamed Bambari (6 años de cárcel), Oualid El Batal (2 años de cárcel) y Faraji Khatri Dadda (20 años de cárcel). Esta situación también contraviene la legislación internacional. El derecho a la información, libertad de expresión y comunicación están reconocidos en diversos tratados y compromisos, especialmente cuando se trata de una zona en conflicto, como el Sáhara. Así lo indican la propia Declaración Universal de los Derechos Humanos, en su artículo 19; el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, en su artículo 19; y la norma 34 del Derecho Internacional Humanitario.

Todo el sufrimiento generado al pueblo saharaui desde hace décadas es consecuencia de los deberes y obligaciones incumplidas por España. Por ello, el Estado español tiene la posibilidad y la responsabilidad de tomar y liderar la iniciativa que dé una solución acorde al Derecho Internacional. Una postura valiente, que devuelva a España a una política exterior activa que cumpla con la Carta Universal de los Derechos Humanos y con lo indicado por el Comité Especial de Descolonización de Naciones Unidas. Una política responsable con su papel en el mundo y con su historia.

Más allá de la responsabilidad jurídica, el vínculo entre la sociedad española y la saharaui se revela en muchos ámbitos. Culturalmente, se trata de un pueblo hermano con el que compartimos lengua, arte e imaginario colectivo. Iniciativas como el FiSahara, Artifariti, ArTifariti y Un micro por el Sáhara han unido a la cultura española con la saharaui durante años. Esos lazos también tienen que ver con la memoria histórica y democrática: es necesario recordar que, igual que tenemos la responsabilidad de abrir las cunetas para resolver nuestro pasado en la Península, también hay cunetas en el desierto. También hay cuerpos con DNI español enterrados bajo aquella arena.

Los lazos solidarios duran hasta hoy. El programa Vacaciones en Paz ha hecho que decenas de miles de familias españolas hayan acogido a menores saharauis durante décadas. Familias que ahora ven cómo esos jóvenes se visten de soldados, van al frente, ante la carencia de perspectivas de futuro y de posibilidades

En cuanto a los vínculos económicos, el Sáhara es un territorio rico en recursos naturales. Estos están siendo explotados por Marruecos y por empresas multinacionales (muchas de ellas españolas), sin que la población saharaui se beneficie, en contra de lo que establece la legislación sobre territorios no autónomos. Es un expolio constante. La política exterior española no solo puede servir a grandes empresas: tiene que tener en cuenta los derechos humanos.

Es curioso observar que en el momento en que se cerraba el régimen franquista y se iniciaba la Transición democrática el Sáhara estaba en el centro del momento político; y que también ahora, cuando la historia política española vive un nuevo punto de inflexión, el Sáhara vuelve a estar presente. En aquel momento, la solución no fue tal y el problema y el sufrimiento de todo un pueblo se mantuvo durante décadas. Hoy, aunque tarde, puede ser el momento para empezar a buscar soluciones acordes a la legalidad internacional.

Si el problema es político, la solución es política. El Estado español ha de asumir la responsabilidad y ser un agente activo en la solución de este problema; y la sociedad civil y la opinión pública son elementos fundamentales para conseguir ese objetivo. Si no se actúa hoy, el conflicto del Sáhara Occidental seguirá siendo un bochorno, una hipoteca para la dignidad de España.

Somos conscientes de los lazos históricos y de los lazos presentes. Somos conscientes de la responsabilidad con la memoria y con el futuro. Y porque somos conscientes, lo hemos de reflejar a la hora de informar y narrar lo que acontece. No podemos permitir que un silencio informativo arroje más olvido sobre este pueblo.


Manifiesto: ‘Somos Conscientes. Informar sobre el Sáhara Occidental


Lista de firmantes

Rosa Montero, Javier Gallego, Virginia P. Alonso, Antonio Maestre, Andrea Momoitio, Pascual Serrano, Olga Rodríguez, Daniel Bernabé, Ana Pardo de Vera, Pedro Vallín, Edurne Portela, Miguel Mora, Yolanda Sobero, Gerardo Tecé, Pepa Blanes, Raimundo Castro, Alejandro Torrús, Ana Camacho Urtiaga, Pablo Elorduy, Miquel Ramos, Anita Botwin, Guillem Pujol, Fabiola Barranco, Sato Díaz, Carmen Domingo Soriano, Manu Tomillo, Teresa Villaverde Martínez, Aitor Albizua, Ebbabba Hameida, Pablo Morán Martínez, Leila Nachawati, Ignacio Pato, Ary Suárez, David Bollero, Isabel García Caballero, Miguel Muñoz, Laura Casielles, Xosé Manuel Pereiro, Mónica Santos Carrillo, Manuel Martorell, Beatriz Asuar Gallego, José Antonio Bautista García, Sarah Babiker, Rafa Panadero, Sara Montero, Jalil Mohamed, María F. Sánchez, Fernando Íñiguez, Esther Ferrero, Luis Díez Álvarez, Tato Puerto, Mª Ángeles Fernández González, José Ovejero, Violeta Muñoz, Santiago Escribano López, Clara Asín, Gorka Andraka, Kristina Berasain Tristan, Santi Donaire, Isabel Cadenas Cañón, Marcelo Ortega Picazo, Silvia Casado Arenas, Emilio Martínez, Naciu Varillas, Manolo Ballesteros, María José Fal Miyar, Pedro Menéndez González, David Artime Coto, Marisol Flórez Borges, Iván G. Fernández, Cristina Natal, Francisco Álvarez González, Xicu Ariza Fernández, Javier Cuevas Domínguez, Miguel Ángel Pérez Suárez, Germán Rodríguez Lourenço, Diego Díaz, Raúl Álvarez Rodríguez, Pablo Zariquiegui, José Pérez, Míguel Fernandi García, Fernando García de Dios, Alfonso Suárez Rodríguez, Luis Ordóñez, David Orihuela Sancho, Isidoro Vegue García, Esther Rebollo y Daniel Domínguez

https://www.nuevatribuna.es/articulo/global/informar-saharaoccidental-somosconscientes-marruecos/20210224203250184963.html


Este 23F Pablo Iglesias no debe ser cómplice de tanto secreto – por Domingo Sanz

23/02/2021
Franco, 38; Juan Carlos, 49; Felipe, -1 - Reino de Corazones

Este 23F Pablo Iglesias no debe ser cómplice de tanto secreto – por Domingo Sanz, politólogo

Para el 23F de cuarenta años después se ha organizado en el Congreso un evento al que asistirán Felipe VI y otros que ocuparán sus escaños, pero no los de ERC, ni los de Bildu, ni los de Junts, ni los del PdCat, ni los del BNG ni los de la CUP.. Ni los del PNV.

Demostrado que los gobiernos nacidos de las urnas desde 1982 no se han atrevido a abrir la caja que sigue conteniendo nombres y apellidos aún no conocidos, pero sí implicados en los prolegómenos del golpe de Tejero, los que solo miramos la política desde fuera tenemos derecho a pensar que quienes acudan al Congreso a celebrar un misterio no aclarado serán cómplices del delito de mantener oculta a la sociedad una parte decisiva de su historia.

Y como también somos malpensados cuando pensamos en maldades, estamos convencidos que quien algo oculta es porque sabe que, si se desvela, saldrá mal parado.

Pero el tiempo todo lo pudre, lo que se pudre, huele, y lo que huele, se descubre.

Siempre olió mal el 23F, pero incluso Santiago Carrillo esperó a escribir sus memorias para contarnos que en la reunión que los líderes mantuvieron con el rey, hoy huido, tras el golpe de Estado, éste les pidió que la investigación judicial se ciñera a los golpistas conocidos. Para todos aquellos líderes, unos aún acojonados y el resto implicados, el deseo de un borbón borboneando era una orden de obligado cumplimiento. Como hace cientos de años.

Otros no han soltado prenda. Por ejemplo, ese jarrón chino hablador que, por citar uno de sus “éxitos”, no paró de intrigar hasta que consiguió cargarse a Pedro Sánchez en 2016. En cambio, mira por donde, se había negado a colaborar con el Jordi Evole que le buscó para que a su “Operación Palace” no le faltara de nada, aquella ficción sobre el 23F que estrenó en 2014. ¿Tenía miedo Felipe González, con 72 años entonces, a que el ego que siempre le ha llenado la cabeza le traicionara y delante de terceros se le escapara algún secreto de los que aún ocultan él mismo y el gobierno de su enemigo íntimo? Imposible olvidar el encuentro entre Alfonso Armada y Enrique Múgica antes del 23F de 1981. 

También tenemos a José Antonio Zarzalejos concediendo entrevistas para promocionar su libro y a su rey de ahora, pero fracasando hoy mismo ante Marta Nebot, de Público, cuando las preguntas no le gustan, que qué gusto, afirmo, lo de ver como terminan errando hasta los más inteligentes defensores de una Monarquía que nos ha ensuciado la vida.

Hasta lo del “Elefante blanco”, tantas veces mencionado en busca de Armada o el propio Juan Carlos I, se ha caído del pedestal de los enigmas. Antonio J. Candil dice en su libro “23 F. El golpe del rey” que tal paquidermo era, en realidad, el nombre de un bar de citas eróticas al que el capitán Cortina llevaba de incógnito al “salvador de la democracia” cuando aún era príncipe. Se lo he leído a Partal, de Vilaweb.

Mientras el gobierno mantenga la Ley de Secretos oficiales negando a la sociedad su derecho a conocer los momentos más importantes de sí misma, cualquier concesión, como la de contribuir al cinismo de un evento que, si nos atenemos al resultado de lo que conmemora, solo podemos concluir que consiguió lo que los golpistas, todos, estaban buscando: consolidar a su titular en un trono atado y bien atado por el innombrable que lo nombró.

Y, desde una inviolabilidad doblemente blindada, por la Constitución y por su condición de jefe máximo de los Ejércitos, a ese Juan Carlos I no le dio vergüenza lo de intrigar con militares peligrosos, dispuestos a todo y añorantes de la dictadura, contra un Adolfo Suárez que había ganado dos elecciones generales.

Dijo un sabio antiguo que somos esclavos de nuestras palabras, pero sin duda lo somos mucho más de nuestros actos. Y un acto evidente de Iglesias y los suyos es contribuir, con su presencia en el Congreso, a que siga la confusión sobre un golpe de Estado al que nada deben. La continuidad de la dictadura era imposible, y el primero en saberlo era el propio Juan Carlos I por ser rey de todos los potenciales golpistas con el aval definitivo de un dictador asesino.

Eso sí, salvo que él mismo hubiera decidido asumir la doble condición de rey y dictador a través de un general Armada presidiendo un gobierno de concentración.

¿Por qué será que ahora me vienen a la cabeza Alfonso XIII y el general Primo de Rivera?

Quizás era lo que Juan Carlos I tenía previsto, pero la dimisión de Suárez, un mes antes, le rompió los planes. En cualquier caso, me temo que la historia no le habría concedido tanto tiempo como a su abuelo.

Me temo que, a Iglesias, a Garzón y a todos los suyos, tanta complicidad y tan notoria con la ocultación de nuestro pasado inmediato les terminará dañando.

Quizás los de UP deberían mirar la lista de los partidos que este 23F dejarán vacíos sus escaños del Congreso: todos han conseguido más votos en las últimas elecciones. Algunos muchos más, y bastantes se los han “robado” a Unidas Podemos con la justa ley de las urnas en la mano.

Tal como dice el propio Pablo Iglesias, esta democracia deja mucho que desear. Por eso mismo, cualquier acto que pueda ser interpretado, por un electorado contrario a la mala política, como aval de un sistema podrido terminara pasando factura.

Por mucho que estés en el Gobierno, Pablo Iglesias, la libertad de conciencia es causa justa contra vientos, mareas e incluso formalismos y protocolos que parecen obligaciones incluidas con las posiciones de privilegio legalmente conseguidas.

Por cierto, hablando de mantener los principios, no se pierda “Una vida oculta”, la historia de un campesino austriaco durante la Segunda Guerra Mundial que Terrence Malick nos regaló en 2019. Mantener la dignidad sale hoy mucho más barato, y por eso es lógico desconfiar de quien actúa como si la vendiera.

http://www.lacasademitia.es/articulo/firmas/23f-pablo-iglesias-debe-ser-complice-tanto-secreto-domingo-sanz/20210223072951109642.html


23F: homenajear la democracia con leyes franquistas. David Bollero

22/02/2021

Se cumplen 40 años del intento de golpe de Estado del 23F y mañana el Congreso organiza un homenaje con la ausencia de hasta siete partidos políticos. Se pretende conmemorar la fortaleza de nuestra democracia, con un rey más cuestionado que nunca, un emérito corrupto huído y un 23F cuya historia real se desconoce puesto que, al amparo de la ley franquista de secretos oficiales, ningún gobierno ha querido arrojar luz sobre él.

Todo cuanto rodea al 23F es turbio. Las teorías son diversas, pero yo mismo entrevisté hace años a un ex alto cargo del CESID (ahora CNI) que llegó a facilitar, incluso, la lista completa del gobierno de concentración que, según él, tendría que haber surgido tras el golpe. Todas las versiones que hemos oído en estos 40 años presentan lagunas, especialmente la versión oficial, que no hay por dónde cogerla, con hechos que rozan lo humorístico como el de la revista que un día antes del golpe ya lo anticipó.

Creer en la versión oficial es un puro acto de fe, como quien cree en el espíritu santo, y el hecho de que ningún gobierno desclasifique los papeles del 23F no sólo refuerza las teorías de la conspiración, sino que debilita la versión transmitida por quienes mañana conmemoran aquella infausta jornada de 1981. Nada bueno hay cuando existe tanto recelo a la transparencia.

Por todo ello, el homenaje que tendrá lugar mañana es un despropósito. Se desea lanzar un mensaje de fortaleza democrática mientras se nos niega a la ciudadanía información gracias a una ley franquista de 1968. De no modificarse este ley, no será hasta 2030 cuando sepamos qué sucedió realmente en aquel golpe de Estado.

Y como guinda del pastel, con la ausencia del emérito, al que la versión oficial sitúa como el héroe del 23F, y con el temor de que Felipe VI ensalce su figura pese a estar huído y con la mancha de la corrupción que le cala hasta los huesos. El mejor homenaje de 23F es desclasificar sus papeles, pero no interesa. Por algo será, cuatro décadas después.

https://blogs.publico.es/david-bollero/2021/02/22/23f-homenajear-la-democracia-con-leyes-franquistas/


COMUNICADO: EN APOYO DEL ACTO “POR NUESTRO TEJIDO SOCIAL Y COMERCIAL”

19/02/2021

La crisis económica, la pandemia y la falta de ayudas y protección necesaria por parte del Estado están golpeando duramente a muchos sectores sociales.

Empezando por la clase obrera, pero también a los pequeños comerciantes, bares, restaurantes, y a la pequeña y mediana empresa, en general. Estos últimos ven cómo tienen que cerrar o echar antes la persiana, llevando a muchos a la ruina, sin que haya para ellos una cobertura económica adecuada.

Al calor de la crisis, avanzan el discurso y las fuerzas fascistas. Vox en Cataluña es un claro ejemplo. Ayudados por la impunidad que les ofrece el Estado y promocionados por medios de comunicación, se aprovechan mezquina y demagógicamente de la penuria y angustiosa situación de estos sectores sociales para atraérselos, ellos, que siempre han sido firmes defensores del gran capital, responsable de estado en que se encuentran la pequeña y mediana empresa.

Recientemente hemos visto en Segovia una movilización del sector de la restauración con una destacada presencia de Vox.

Cualquier acción o campaña que obstaculice, frene, el avance del fascismo y vaya en defensa de los intereses de aquellos que viven de su trabajo contará con el apoyo de nuestra Asamblea. Es por ello que apoyamos el acto que Acción Ciudadana de Segovia bajo el lema “Por nuestro tejido social y comercial” ha convocado para este sábado 20 de febrero, a las 18 h., en José Zorrilla.

Pero es preciso señalar la salida, las alternativas, si de verdad queremos superar la situación de ruina económica de estos sectores sociales:

– Una Banca pública, que financie a la pequeña y mediana empresa.

– Fuerte fiscalidad progresiva: Reducción de cuotas e impuestos a los pequeños comercios y empresas, e importante aumento de los impuestos a las grandes fortunas y grandes corporaciones empresariales, que puedan destinarse a la cobertura de comercios de barrio, bares y restaurantes.

– Un potente desarrollo de tejido productivo, que de empleo seguro y poder adquisitivo a los trabajadores, y clientes y trabajo a las pequeñas empresas.

– Nacionalización de las empresas energéticas, para, entre otras cosas, reducir el precio de la luz.

– Un Banco Central propio, para tener soberanía monetaria como instrumento anticrisis.

– Un nuevo marco político, que no puede ser el de una monarquía que sirve a los grandes magnates y multinacionales, que haga realidad estas medidas.

Segovia, 18 de febrero de 2021.

Contacto: apr.segovia@gmail.com


Ponga una nazi en su vida. David Torres

18/02/2021
Resultado de imagen de manifestacion nazis madrid culpa judios

Con exultante alegría, como corresponde a las ocasiones históricas, la prensa patria ha saludado la aparición de Isabel Medina Peralta, la muchachita neonazi que participó en el homenaje a los caídos de la División Azul en Madrid. La han entrevistado, para que comparta su sabiduría con todos los españoles, y la han bautizado con titulares dignos del NODO: “la joven musa del falangismo” y “el nuevo rostro del fascismo español”, entre otras enhorabuenas. Debe de ser que a los viejos rostros ya estábamos acostumbrados y que además Isabel resulta una musa cien por cien hispánica, no como esos modelos rancios importados de Cuba o de Argentina. Esta gente, si tuviera la oportunidad de convocar desde el más allá a Adolf Hitler, le preguntaría cómo lleva lo de no ser Führer, qué le parece la subida del alquiler en Baviera y qué acondicionador de pelo utilizaba Eva Braun.

En cualquier caso, no se veía un entusiasmo periodístico así desde la eclosión estelar de Belén Esteban después de follarse a un torero. Tal vez porque la muchachita se atrevió a cruzar el último puente hacia el nazismo y dijo en voz bien alta la palabra prohibida, la que todos los fachas, voxeros, falangistas y franquistas del país sólo murmuran en la intimidad o que ni siquiera piensan por miedo a las consecuencias. La palabra “judío”, la idea delirante de que el judío es el culpable (exactamente así lo vociferó la muchachita: “El judío es el culpable”) de todos los males de este mundo, el panfleto infecto de los Protocolos de Sión, el antisemitismo puro y duro, el mismo que alentó el cristianismo durante siglos, el que provocó guetos, pogromos y matanzas y que desembocó en los hornos de Auschwitz y Treblinka.

Creíamos que el nazismo había terminado en Auschwitz y Treblinka, pero qué va, sólo se estaba tomando unas vacaciones. Uno de los mejores lugares donde veranear fue la España de Franco, a donde llegó a través de las líneas aéreas del Vaticano, porque a la iglesia católica, desde que se fundó hasta Jasenovac, siempre se le ha dado fenomenal matar judíos. Sí, entre las fábulas que nos cuentan del franquismo está la paparrucha de que Franco era amigo de los judíos, una invención que, la verdad, funciona muy mal con ese sintagma que los prebostes del régimen pronunciaban a todas horas: el “contubernio judeo-masónico internacional”. Un contubernio que abarcaba también a los comunistas, a los homosexuales y a lo que hiciera falta, ya que lo de “judío” es una etiqueta que pega muy bien con todo lo que sea exótico, distinto, con lo otro, con lo extranjero, siempre que sea pobre, se entiende.

Por ejemplo, con los inmigrantes, el plato fuerte del discurso de Vox, pero de repente viene esta muchachita de 18 años y le enmienda la plana a Abascal, se declara admiradora de Wagner y de Nietzsche, seguidora de Hitler y Mussolini, y proclama que odia a Vox más que a Podemos (que ya es odiar), esa gente capaz de poner a un negro al frente de una formación autonómica para arañar más votos. Es normal que la prensa esté fascinada por una jovencita que se folla al toro de Vox igual que Belén Esteban se follaba a un torero, se quita el antifaz democrático y desenmascara por fin, de una vez por todas, a la ultraderechita cobarde, al fascismo que no se atreve a decir su nombre. La escena tiene algo tierno, adolescente, nostálgico, tanto que ya la habíamos visto en la mejor película jamás hecha sobre el ascenso del nazismo, Cabaret, ese momento en que un muchachito rubio y hermoso se levanta en un café y canta Tomorrow Belongs to Me, y los hombres y mujeres, los jóvenes y viejos, los niños y las niñas, se sienten extasiados ante el eco del futuro: la esvástica y el brazo en alto, el saludo hitleriano, el mañana de la raza, los campos de exterminio.

https://blogs.publico.es/davidtorres/2021/02/18/ponga-una-nazi-en-su-vida/


HOMENAJE A ANTONIO MACHADO 22-2-2021

16/02/2021

Lamentablemente este año no vamos a poder estar con vosotr@s homenajeando al insigne poeta y republicano Antonio Machado, lo cual no significa que nos olvidemos del día 22 de febrero, un triste día, en el que el poeta falleció enfermo y triste después de abandonar su querida España, a consecuencia del fascismo. Por ello os dejamos el poema de nuestra amiga Cristina Gallego.

Hasta Colliure caminando versos.

Huellas de exilio,

pretérito aliento,

sepulcro inmortal.

Cada alborada flores frescas,

colores de República

laten sobre la piedra,

palpitan sobre la senda

de una historia por andar.

Vida.

Libertad.

Legado de caminos,

caminos sin camino,

versos

que florecen al caminar.